Coloquio Internacional sobre Culturas Originarias de América

Desafíos de los pueblos indígenas en la voz
de sus protagonistas

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba

José Martí escribió en el siglo XIX: `Hasta que no se haga andar al indio, no comenzará a andar bien la América´”, recordaba el intelectual Roberto Fernández Retamar, presidente de Casa de las Américas, en sus palabras inaugurales al Coloquio Internacional sobre Culturas Originarias de América que sesiona en la institución desde el 5 hasta el 9 de agosto.

Como antesala de la Conferencia Mundial de la ONU de los Pueblos Indígenas, a efectuarse en septiembre próximo, líderes, activistas e intelectuales indígenas de Bolivia, Canadá, Guatemala, México, Perú, Argentina, Chile, Ecuador, Trinidad y Tobago, Nicaragua, Panamá, Venezuela y Cuba, unen sus voces en Casa para debatir e intercambiar experiencias sobre los actuales desafíos de estos pueblos de América.

Por primera vez, se dan cita en nuestro país representantes de la pluralidad cultural originaria de nuestro continente, gracias a la iniciativa del Programa de Estudios sobre Culturas Originarias de América, dirigido por el teatrólogo Jaime Gómez Triana.

Una agenda múltiple de tópicos que, sin duda, no agotan el inmenso caudal de problemáticas y retos que enfrentan en el contexto actual de globalización los pueblos indígenas de Nuestra América, abarcan los debates del presente encuentro: Derechos indígenas y políticas nacionales, territorio y consulta, libre determinación; Construcción de paradigmas alternativos al desarrollo desde la cosmovisión de los pueblos indígenas y protección de la Madre Tierra; Estrategias pluriculturales de autoafirmación; Descolonización e integración plurinacional; Mujer indígena: participación y liderazgo; Derecho a la comunicación, redes de comunicación propias y desafíos de los comunicadores indígenas; Avances, retrocesos y desafíos en la materialización de las propuestas y negociaciones de los pueblos indígenas, y la agenda en vía a la Conferencia Mundial de la ONU.

En torno a algunos de estos temas, La Jiribilla dialogó con la líder amuzga de la Costa Chica de Guerrero, Martha Sánchez Néstor, representante alterna por América Latina y el Caribe para la Conferencia Mundial sobre los Pueblos Indígenas 2014.

Imagen: La Jiribilla

La historia de Martha ha estado integrada a la lucha por los derechos y la emancipación de los pueblos indígenas y, en particular, de la mujer indígena. Su acción social le ha merecido varios reconocimientos, tanto en su país, México, como a nivel internacional. Se define feminista, aunque reconoce no coincidir en la totalidad de los puntos con este movimiento; sin embargo, lo esencial la identifica y representa.

Ha sido integrante del Consejo Guerrerense 500 Años de Resistencia Indígena y de la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas, representante del Enlace Continental de Mujeres Indígenas en la Región Norte y coordinadora de la Alianza de Mujeres Indígenas de Centroamérica y México. Actualmente se desempeña como Coordinadora del Programa de Mujeres Indígenas del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir.

En su conferencia inaugural al presente evento, usted señalaba algunas de las problemáticas que se abordarán en la próxima Conferencia Mundial de los Pueblos Indígenas y llamaba la atención acerca de otras que han quedado fuera, como las migraciones y desplazamientos forzosos, la inseguridad y la violencia estructural. En este sentido, ¿cuáles considera los tópicos más acuciantes a discutir en la agenda de la conferencia de la ONU?

Los temas primordiales para los derechos de los pueblos indígenas en este momento son la tierra, el territorio y los recursos naturales; la libre determinación y autonomía; la educación propia de nuestros pueblos; el desarrollo de la cultura; la participación política en los espacios de toma de decisión, y el derecho a la consulta bajo el consentimiento libre previamente informado.

Hay otras temáticas, por supuesto, pero estas son las más importantes para garantizar la vida de nuestras comunidades y un instrumento nuevo en la Conferencia Mundial que nos permita cobijar la lucha de los pueblos indígenas en los países y tener un referente, como lo es ahora la Declaración de la ONU sobre los derechos de los pueblos indígenas y el Convenio 169 de la OIT.

Aunque este primer borrador de la declaración nos garantiza algunas cosas, aún es un documento débil. Buscamos uno más incidente hacia los países, más referencial, más avanzado y vigente en estos momentos para garantizar la continuidad de los derechos colectivos.

Existe hoy un gran movimiento de desplazamiento e imposición de megaproyectos dentro de este genocidio contra los pueblos indígenas. Todo lo que le están haciendo no solo a la Madre Tierra, sino lo que afecta la salud la contaminación de los ríos, los desplazamientos forzados, están llevando poco a poco a la desintegración comunitaria y de pueblos, y eso nos preocupa. Por eso creo que los temas álgidos que estamos nombrando tienen que ver con la toma de decisión de los pueblos indígenas en cualquier ámbito que los afecte: la salud, la educación, la cultura, la participación o aquello que se llama democracia participativa del territorio.

La privatización y violación de estos derechos no tiene por qué darse en las naciones que han firmado instrumentos internacionales sobre los derechos indígenas, o que brindan un respeto, reconocimiento y salvaguarda de los derechos de los colectivos. A veces, las leyes nacionales van contrarias en los países con los que se firma una ley a nivel internacional.

La agenda que se lleva en este siglo, en esta segunda década de los pueblos indígenas que ahora termina, va a generar una expectativa grande en los desarrollos de los derechos de las autonomías locales que nos corresponden, y que no se hacen fuera de un estado, sino dentro de un territorio y pensando también en la humanidad.  

Es responsabilidad de toda la humanidad, porque si los derechos colectivos desaparecen, se individualiza cada vez más la vida de los pueblos, de las ciudades. Si hay un retroceso en la agricultura ancestral, se contamina cada vez más con los químicos la salud de la población en general. Cada vez que desaparece una danza, una banda, una cultura, una forma de hablar o de tejer un telar de cintura, desaparece una parte de la riqueza de la humanidad.

Es un impacto que hay que crear en la conciencia de toda la gente, no solo en la lucha de los pueblos. Las nuevas generaciones podrían perder esa visión de la diversidad cultural, de los valores que han sido riqueza en diversos lugares, como la misma gastronomía, por ejemplo. Hay varios temas que eran difíciles de colocar, pero que han sido la defensa de los pueblos indígenas para no desaparecer.

Existe una atracción por toda la cultura indígena, pero cuando se habla de derechos civiles, políticos, sociales, económicos, hay una resistencia y oposición de los países. Restan el reconocimiento de los pueblos indígenas a la autonomía y la libre determinación que son capaces de ejercer en el acceso a la justicia, entre otras cosas muy primordiales.

En relación con ello, ¿qué propuestas concretas y planes de acción se han concebido para dar respuesta a los desafíos actuales de los pueblos indígenas?

En algunos procesos de diálogo se ha definido el cabildeo con nuestros propios gobiernos y otros países que han estado participando muy débilmente, para lograr la colaboración y el convencimiento de que los gobiernos no se opongan a esta declaración de la ONU.

La otra estrategia es la articulación entre todas las voces indígenas, que en algún momento se debilitó. Cuando suceda la conferencia, no todos vamos a poder estar participando con voz, habrá muy pocos oradores y muy concretos. Por ello le estamos pidiendo a Evo Morales, que al parecer va a tener voz en la conferencia, que sea quien transmita nuestro sentir en ese momento.

Estas reuniones previas al encuentro de la ONU son muy importantes. Nosotros vamos a hacer la de México el 15 de este mes, porque queremos sentar una postura nacional, no solamente de los que estamos yendo a Naciones Unidas, para analizar los avances en el documento y qué cosas sentimos como debilidades que marcan un retroceso en la lucha de los pueblos indígenas a nivel internacional.

Imagen: La Jiribilla

¿Cómo vislumbra la descolonización e integración plurinacional en el contexto actual?

Se está produciendo en contextos muy adversos. Creo que hay pocos países en América Latina que lo han logrado, y para eso han tenido que llegar al gobierno también. En el caso de Bolivia fue así, de lo contrario hubiera sido más tardado y más complejo crear un estado plurinacional.

Existe una adversidad económica global que nos lleva hacia la imposición de un modelo único con un proceso llamado neoliberal que implica, en nuestros países, el crecimiento de aquellas cadenas económicas fuertes que están llegando hacia nuestros territorios y llevando nuevas formas.

Nosotros creemos, desde nuestra humildad, que se está individualizando cada vez más a las personas y las formas de actuar e incidir en las decisiones del país. Pienso que hay que crear ciudadanías cada vez más informadas desde nosotros mismos, porque también hay temas nacionales como la reforma de la energía eléctrica y sobre el petróleo en México, por ejemplo, que parecería no formar parte de nuestra agenda, pero al final nos va a impactar. Hay lugares donde una casa chica de una comunidad paga más luz que una ciudad o algún negocio más grande, por eso México y otros países han emprendido la lucha contra estos cobros que se están haciendo, muy lejanos de la realidad.  

Luego está el tema de la militarización y la secuela de las guerras en varios países, y otros como Colombia, donde todavía sigue vigente toda una estrategia militar y de violencia estructurada.

Ecuador ha intentado conformar un estado plurinacional, han constituido algunos partidos políticos y movilizaciones desde las organizaciones para llevar a cabo una práctica similar a la de Bolivia. Otras naciones, como Guatemala, son sensibles cuando hay funcionarias y funcionarios indígenas, pero creo que el estado plurinacional finalmente va a depender, tanto de la movilización social consciente de las personas a través de la participación y las proposiciones, como de la transformación de la mentalidad de quienes toman decisiones en este momento en el poder.

Sin lugar a duda, hay un debate, pero tenemos que tener poder de decisión, si no los estados plurinacionales no se darán, porque existe un racismo y una discriminación estructural en los distintos países.

¿Qué políticas nacionales se han establecido hasta el momento y cuáles restan por aplicarse para la defensa de los derechos indígenas?

Hay políticas relacionadas con lo que llamamos reforma institucional, que consiste en la creación de instituciones públicas para preservar y fortalecer las lenguas indígenas y para que se erijan como lenguas oficiales en el territorio nacional. Se han creado comisiones para el desarrollo de los pueblos indígenas en varios países, también sistemas institucionales que, aunque son débiles en presupuesto, tratan de preservar la medicina tradicional. El sistema de educación ha fundado unidades para impulsar la educación bilingüe intercultural; existen algunas otras iniciativas que tienen que ver con el sistema de representación política y de personas indígenas en los sistemas electorales, pero que se vuelven acciones afirmativas muy temporales, no estructurales todavía desde una democracia más nacional.

Debe entenderse que la interculturalidad no es efectuar solamente eventos y foros, sino crear de manera estructural. Es el caso, por ejemplo, de las intérpretes interculturales que buscamos para el sistema de salud, de justicia y de educación. Los estados nacionales deben incorporar recursos humanos indígenas ya preparados con la visión de derecho indígena, de interculturalidad, salud, género, que contemplen en su estructura desde lo general hasta lo local. Eso implica dinero para el estado, y por eso no lo ha querido hacer.

Estamos planteando que los censos de población en los países de las Américas tengan preguntas más estratégicas o coherentes para recabar datos de quiénes son los indígenas en su país, lo que tiene que ver con el número de población y después con políticas públicas y asignación de presupuestos, es decir, con desarrollo. Esas son decisiones fuertes de estado que tendrían que integrarse y son planteamientos también en foros con ellos.

Lo otro tiene que ver con el seguimiento de algunas recomendaciones, como la Convención para la eliminación de toda forma de discriminación contra la mujer, que ha tenido acciones afirmativas para las mujeres indígenas en la participación política electoral a nivel municipal.

Queremos que haya un monitoreo de políticas públicas para mujeres indígenas en el tema de salud materna, que es muy grave en las zonas indígenas de varios países. No solo hay que sensibilizar a los médicos y médicas para que entiendan la cultura de las mujeres indígenas, sino que se debe tomar una política interna para contemplar el reconocimiento a las parteras en esta atención elegida de las mujeres, es decir, que haya una coordinación del sistema de salud con las parteras. En estos últimos catorce años hemos creado redes de promotoras bilingües interculturales que conocen sobre salud sexual y reproductiva, y son acompañantes de las mujeres indígenas a los hospitales para interpretarlas frente a los médicos que no entienden su lengua, pero, a su vez, para garantizar que los derechos ya contemplados como servicios gratuitos se ejerzan, y para que no se permita la discriminación. Son mecanismos todavía invisibles ante toda esta gama de cambios, pero que van transformando sustantivamente la vida de las mujeres para el acceso a esos derechos. Ahí está una de las claves, garantizar no solo el derecho a la implementación y que se armonice la ley, sino el acceso cotidiano en la realidad y que si no se aplica se documente la violación de derechos.

Imagen: La Jiribilla

En la sociedad contemporánea, ¿cómo se manifiesta la identidad y el sentido de pertenencia en los miembros de los pueblos indígenas y, en particular, en las mujeres?

La espiritualidad es un proceso muy importante que no lo vemos solo desde el lado cultural, sino desde la reivindicación política. Se han hecho esfuerzos que tienen que ver con un proceso de organización, muchas indígenas hemos tenido que juntarnos en colectivo para empezar a discutir cómo vivimos la cuestión indígena en nuestro ser, la decisión de sentirnos mujeres, de sentirnos indígenas, cuáles son los alcances de esto y, por supuesto, los desafíos.

La radio comunitaria está jugando un rol muy importante en la generación de una conciencia mucho más vivencial y cercana de aquello que implica la diversidad. Hace muchos años, nosotros trabajábamos solo la autoestima, y hubo un momento en que nos dimos cuenta de que teníamos que trabajar autoestima e identidad a partir de las raíces indígenas, y hacer el proceso de reconocimiento en retrospectiva. Por eso los diplomados que hemos creado con muchas mujeres son muy importantes en este trabajo y han tenido que ver con las preguntas detonadoras de quién soy, de dónde vengo, cómo me constituyo ahora, qué nuevas identidades tengo, hacia dónde voy, cómo me reivindico, cómo me adscribo, y desde ese momento estallan múltiples dudas y valores, porque numerosas mujeres han sufrido procesos de migración forzada, no elegidos, en los cuales se van aprendiendo otras cosas y dejando a un lado muchos de sus vínculos territoriales, comunitarios, ideológicos, orales, etc.  

Yo, por ejemplo, me reivindico feminista porque fui encontrando vínculos con los movimientos feministas. Tengo muchos temas álgidos de debate con ellas, pero tengo muchos otros donde me reivindico, como la ciudadanía, el derecho a votar, que lo ejerzo en cualquiera de los contextos que estén abiertos en nuestra democracia, muy lejana aún de lo que buscamos, pero son derechos que otras ganaron para que nosotras ahora los pudiéramos ejercer.

La identidad, entonces, en esta modernidad, no tiene un solo rostro; hay muchas personas que la reivindican desde la música, la poesía, la radio comunitaria, la literatura, la partería, desde su identidad como mujeres profesionistas.

Incluso, hemos revalorado que la identidad no es estática, sino que se transforma y enriquece. No es que todo lo de afuera la dañe, pero sí hay mucho desde adentro que se ha contaminado por otras prácticas que hemos adquirido en este camino por la vida, el cual nos ha llevado a la zona urbana.

Desde dentro, hemos tenido una violencia que se sigue reproduciendo desde los pueblos indígenas también, y que subordina a las mujeres. En ese sentido, debemos cuestionarnos algunas prácticas que se dan cuando se obliga a las mujeres a casarse a temprana edad: ¿Es una dote, un asunto sagrado, o será una práctica que se incrustó y que la vamos reproduciendo colectivamente? Es el momento para que nosotras empecemos a hablar, por eso el derecho a la palabra es una herramienta básica para construir nuestros derechos y empezar a comunicarnos, cuestionarnos y debatir entre nosotros cómo vemos nuestra identidad.

Algunas dicen: nuestra identidad es portar todos los días nuestros trajes, no cortarnos el pelo, ir a todas las fiestas tradicionales. Otras decimos que la identidad es un proceso intangible también, que no solo se ve en la ropa o en la lengua, sino en el pensamiento que cada día se construye de manera individual y colectiva, para avanzar finalmente hacia los derechos humanos de las mujeres y de los pueblos indígenas en general, revalorar aquello que nos ha servido en esas prácticas y reflexionar sobre lo que otros llaman la descolonización del pensamiento. Que no tengamos miedo de usar la tecnología, pero que tampoco nos avergüence bailar la música tradicional;  que no tengamos miedo a escuchar ópera o jazz, pero que no nos avergoncemos de escuchar la música de nuestras tierras.

Creo que la clave está en la reconstrucción de tu raíz y la aceptación de lo que somos ahora y, finalmente, la transmisión de eso que somos hacia la humanidad, pero también hacia las nuevas generaciones.

En esta lucha contra el racismo y la discriminación, debemos plantear los caminos de la identidad indígena desde una cosmovisión ligada a la lucha colectiva ancestral de los pueblos. Hay que crear e innovar, pero hay que reivindicar también luchas históricas que van a retar siempre a los estados a reconstruirse o a hacerse plurinacionales.

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