Encuentro con... Lina de Feria

“Hago poesía de la existencia”

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La destacada poetisa y ensayista Lina de Feria fue entrevistada en el espacio “Encuentro con…”, que semanalmente conduce la periodista Magda Resik en el Salón de Mayo del Pabellón Cuba, durante la Feria Arte en La Rampa. Estos diálogos han devenido referentes dentro de las amplias opciones culturales de la feria, ya que propicia un diálogo directo entre los entrevistados —algunos de los creadores más reconocidos de nuestro país— y los jóvenes artistas de la AHS, junto al público general.

Imagen: La Jiribilla

Magda Resik presentó a la autora de Casa que no existía como “una gran poetisa y mujer de hoy” para quien la poesía es el mejor leguaje y manera de expresarse. Ante una nutrida audiencia, integrada por seguidores de la poetisa de varias generaciones, la conversación recorrió diversas etapas de su evolución literaria y profesional.

Nacida en Santiago de Cuba en 1945, Lina rememoró su niñez y juventud, y la marca que dejó en ella su ciudad natal: “Santiago fue para mí el descubrimiento de la poesía”. Sus incursiones comenzaron a los 12 o 13 años, inspirada por Juan Ramón Jiménez, y alrededor de los 16 ya escribía con un estilo específico: “Tuve la suerte de que siendo muy joven, en el taller literario de la Universidad de Santiago, José Antonio Portuondo se interesara en mí”.

Su viaje a La Habana marcó un salto sustancial en su desarrollo como escritora y en el estilo de su poesía. Sobre ello relató: “Santiago está impreso en mí como una huella, pero yo quería conocer más, terminar la carrera, estudiar con aquellos grandes profesores de la Universidad. (…) Cuando vine para la capital fui directamente a la UNEAC [fue fundadora de su sede en Santiago] y ellos me recibieron y me guiaron. También entro en contacto en la universidad con Roberto Fernández Retamar, quien me presenta a Nicolás Guillén. Fue una cadena de desarrollo y gracias a eso se creó un interés por mi poesía y pude abrirme camino”.

Tuvieron mucha influencia en su formación los integrantes de Ediciones El Puente, entre los que figuraban Nancy Morejón, Georgina Herrera, Gerardo Fulleda León y la Dra. Josefina Suárez, entre otros, quienes le recomendaron lecturas nuevas que fueron vitales para su poética: “Este fue el momento formativo que me hace avanzar a saltos en cuanto al estilo, que mejoró y se enraizó”.

Este cúmulo de experiencias le valió a muy temprana edad el Premio David con Casa que no existía, en 1967, compartido con Wichy Nogueras, un reconocimiento que la consagró dentro de la poética cubana actual.

Imagen: La Jiribilla

Aunque la poesía ha sido su ámbito por excelencia, también su capacidad como crítica y ensayista, su escritura reflexiva, floreció en aquellos años, cuando comenzó su trabajo en la página cultural de Juventud Rebelde: “Me dio una fuerza extraordinaria porque pude ejercitar el periodismo más especializado que se puedan imaginar: tenía que publicar diariamente una crítica sobre un libro publicado por Casa de las Américas. Fue un ejercicio enorme para mi formación intelectual”. Tiempo después, su época al frente de la revista El Caimán Barbudo fue una nueva escuela a la que se consagró durante cuatro años, de la que recuerda la gran carga de trabajo pero también las satisfacciones cuando precisó: “tuve que sacar a flote algo que se pensaba que iba a desaparecer”.

La lectura es para Lina de Feria la vía imprescindible para comprender y sentir respeto por el lenguaje: “no se puede escribir gratuitamente”, alertó, tras recordar sus esfuerzos por lograr una poesía auténtica y una voz propia. “Al principio me dejé influir por el estilo de algunos miembros del grupo. Fue la peor poesía que he escrito en mi vida. Tenía que ser una escritora que se definiera por sí misma.” 

La vocación para ella es “una necesidad imperiosa de proyectar con belleza (…) la captación del mundo que nos rodea”. Reconoció que críticos literarios como Jorge Luis Arcos y Beatriz Maggi le brindaron las herramientas para entender su propio acto creativo: en su poesía descubre “el nivel de asociación entre cosas remotas, y esto hace novedosa la imagen”.

Cuando Magda la convenció para que describiera su propio estilo, que en 2005 la hizo merecedora de una nominación al Premio Nacional de Literatura, Lina contestó con la seguridad de quien ha logrado consolidar una mirada propia y un lenguaje perdurable, y se ha convertido en una de las voces femeninas insignes de la creación poética en el país: “Hago una poesía de la existencia. No existencialismo, tiene más que ver con el surrealismo”.

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