La cultura del vestir

Graziella Pogolotti • La Habana, Cuba

Lamentablemente, ya no podemos contar con la colaboración de María Elena Molinet, precursora entre nosotros de la renovación del pensamiento en torno a un tema, de importancia capital para ella cuando otros nos conformábamos con incluirlo en el batiburrillo de la frivolidad. Era evidente, desde entonces, la manipulación del gusto y la moda por los sofisticados mecanismos del gran mercado. Nos percatamos ahora, con el apoyo del instrumental antropológico, que estamos ante un asunto que atañe a la cultura, permea la vida cotidiana y expresa zonas poco exploradas del ser humano. Trasciende categorías estéticas abstractas, intentos infructuosos por establecer valores eternos en cuanto a lo bello y lo feo.

En la comunidad primitiva, la ropa era la única propiedad privada de los integrantes del grupo, medio de protección ante las inclemencias del tiempo. Con el desarrollo de la sociedad, adquirió sentido ornamental para el intercambio entre los sexos y estableció señal externa de jerarquía. Las órdenes religiosas y las funciones eclesiásticas se asociaron a símbolos externos, muchos de ellos vigentes en la actualidad. Algo similar ocurrió con la realeza, los estamentos nobiliarios y militares. Mientras tanto, el campesino lograba a duras penas hacerse de lo necesario, sin cambios sustanciales a lo largo de los siglos. La Revolución Industrial mecanizó las tejedurías, abarató costos y difundió el empleo del algodón producido a gran escala por los esclavos de la plantación y por los obreros sobre explotados en las fábricas.

Imagen: La Jiribilla

Poco después, otra revolución, la francesa, introduciría nuevos cambios en los códigos prevalecientes para el vestuario. Los descamisados encarnaron la representación del ciudadano. Al cabo, el triunfo de los valores burgueses desplazó encajes y pelucas. Los hombres exhibirían sus barbas en armonía con saco y pantalón de color oscuro. Para las mujeres de las clases pudientes, confinadas a un papel secundario, las carnes permanecían aprisionadas por corsets; se mantuvo el valor de lo ornamental.

Desde el siglo XIX el mercado había irrumpido en el mundo de la moda. La Primera Guerra Mundial provocó una ruptura drástica en el panorama de las mujeres. La ausencia de los hombres involucrados en los combates abrió espacio al acceso femenino a la vida profesional y al empleo en las oficinas. Se configuró el perfil clásico de la secretaria diseñado por Coco Chanel, el traje sastre marcó una era bajo el signo de un vestuario práctico que no limitara la libertad de movimientos en el andar rápido. Las tiendas por departamentos popularizaron el pret-a porter producidas en series atemperadas a los lineamientos de la moda en el colorido, el largo de las faldas y el acento en la cintura. De esa manera, la uniformidad caracterizó a las capas medias trabajadoras. Los círculos privilegiados asumían su diferencia jerárquica a través de la distinción, originalidad del modelo exclusivo, primicia elaborada en las boutiques de modistos que alcanzaron nombradía internacional, asociados también a la perfumería y a los accesorios —carteras, zapatos, joyas.

Imagen: La Jiribilla

Renovadas las convenciones sociales, el gusto dominante acentuó diferencias etarias que afirmaban la audacia juvenil y el progresivo conservadurismo en armonía con el debilitamiento de las carnes, los cambios en la silueta y la creciente lentitud de los movimientos. El horario determina también sus normas. El tiempo laboral exige discreción en la ropa y el maquillaje. Corresponde a las noches el despliegue de las mayores galas. Las cubanas de escasos recursos observaban los escaparates de las tiendas, compraban retazos en Muralla y se valían de figurines para la confección casera de la ropa.

Mediado el siglo XX se anunciaban los primeros síntomas de la transformación que sigue repercutiendo en nosotros. El despertar del anticolonialismo fue rápidamente asumido y mercantilizado por los hacedores de la moda. Con el triunfo de la Revolución cubana, reverdecieron barbas y melenas. La chaqueta azul a lo Mao disfrutó su etapa de popularidad. La operación más compleja se produjo con la aparición del movimiento hippie. Tradicional ropa de faena subestimada, el jean y la mezclilla se impusieron. El estilo informal rompió fronteras y el gran comercio se apoderó del falso zurcido y del parche también falso. Los especialistas en márquetin elaboraron las formas requeridas para impulsar la globalización neoliberal. Naomi Lein ha desentrañado el mecanismo que convirtió la marca en objeto del deseo, mediante una singular simbiosis de lo aparentemente exclusivo con la homogeneización de valores y de expectativas de vida, todo ello orientado a la captación, a escala planetaria, de las nuevas generaciones.

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A lo largo de este proceso de medio siglo, Cuba recorrió un camino propio. Semejante a lo sucedido con la Francia jacobina del siglo XVIII, entraron en crisis los valores simbólicos de la clase dominante. De manera espontánea, el uniforme miliciano, las botas y pantalones de trabajo productivo se avinieron a todas las horas y a todas las circunstancias. Pasado el primer lustro de los 60, los más jóvenes, atraídos por modas asociadas a ideas radicales, reivindicaron la melena, el jean apretado y la sandalia. Una lectura ideológica equivocada convirtió en problema actitudes que no expresaban conflicto alguno con los principios fundamentales de la Revolución. Pero el deseo de seguir las pautas de la moda no se atenuó y se buscaron soluciones caseras con resultados que traspasaban en ocasiones la barrera de lo grotesco.

La definición de los gustos se relativiza a lo largo de la historia, porque responde a causas multifactoriales, enrarecidas aún más en la actualidad por la sofisticada manipulación del mercado y de los medios. Por su complejidad histórica y social, nuestro contexto merece una investigación profunda a la que debieran incorporarse artistas e historiadores del arte. Me atrevo tan solo a sugerir algunas propuestas como punto de partida para un debate más amplio.

La Europa socialista subestimó el valor cultural del diseño y de la industria ligera en su relación con el vivir cotidiano y la afirmación de la identidad personal y colectiva, componentes necesarios para la instauración de un nuevo paradigma. El bloqueo y las ventajas de un intercambio económico favorable concentraron en esa área el comercio exterior de la Isla. De esa manera circularon en el país artículos que no correspondían a las condiciones del clima y rompían la continuidad de una tradición. Algunas iniciativas locales en artesanía y en textiles diseñados por artistas como en el caso de TELARTE, tuvieron acogida favorable, pero no lograron sostenerse. La escasez, agravada en los 90, agudizó el problema con la introducción de un pacotilleo indiscriminado.

Imagen: La Jiribilla

La apertura de un mercado paralelo en divisa con la irrupción de productos adquiridos por compradores carentes de la debida calificación ensanchó la crisis de los paradigmas en el vestuario, la ornamentación, el mobiliario y los objetos de uso común. Como consecuencia imprevista, el acceso privilegiado a tales recursos contribuyó a convertirlos en modelos, imagen reforzada por la ostentación de una capa favorecida por ventajas procedentes de fuentes marginales, responsables de modificaciones improcedentes en viviendas de barrios residenciales, lo que instituyó falsas jerarquías.

El gusto no se impone desde arriba. Es el resultado de una interacción armónica entre el ser humano y su medio. Puede constituirse en reflejo de una crisis de valores. El equilibrio se restaura mediante la acción conjugada del conjunto de la sociedad. En este aspecto, como en tantos otros, el equilibrio necesario se restaura mediante el rescate de paradigmas, a través de la educación, el respaldo al desarrollo de la artesanía más cualificada, el empleo eficiente de los egresados del Instituto Superior de Diseño (ISDI) y el estímulo a una industria capacitada para responder a la demanda interna y, en algunos casos, para reconquistar espacios en el mercado exterior.

Fotos tomadas de Internet

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