Piedad Subirats:

“Soy una mujer que se viste de manera atemporal”

Eyder La O Toledano • La Habana, Cuba

Piedad ha pasado su vida entre telas, ropas y diseños. El arte de vestir a otros es una de sus pasiones. A eso se dedicó por más de 30 años en la televisión cubana. Importantes series y telenovelas que marcan la historia del audiovisual nacional tienen su sello.

Imagen: La Jiribilla

El diseño de vestuario quizá sea una de las especialidades menos valoradas por el televidente, pero para que un personaje sea verosímil, independientemente de la caracterización que el actor o actriz le impregne, el cómo se viste y qué usa es un aspecto decisivo desde el punto de vista dramatúrgico.

Sol de batey, Cumbres borrascosas, Un bolero para Eduardo, Tato y Carmina, Pasión y prejuicio, con el que obtuvo el premio Caracol por vestuario en 1993; el docu-drama La peregrina, dedicado a la poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda, filmada en Cuba y España y que también fuera reconocido con igual lauro, pero en 1995. Además, figuran teleteatros, cuentos, teleplays y filmes como Chachacha, figuran en el amplio recorrido de Subirats, en el arte de diseñar para vestir y desvestir personajes.

Esta mujer puede estar horas hablando del universo del diseño, de tal y más cual vestido, pantalón, camisa o blusa. Ella se sabe experta de cómo vestir bien, porque también ha llegado a las pasarelas, imparte clases a futuros modelos y a estudiantes del ISA.

“La raíz del asunto radica en saber cómo me vestiré de acuerdo al momento y el lugar, hora del día y la actividad a la que asistiré”, así lo define Subirats, quien no pudo concluir sus estudios de diseño de modas en la extinta Escuela Taller de Diseño, pero pasado el tiempo pudo graduarse de diseño escénico en la Escuela Nacional de Diseño del Ministerio de Cultura.

Sentencia que no hay otras cosas que inciden en el buen o mal gusto a la hora de lucir una ropa o estar a la moda: “El dinero no es lo más importante, determina la cultura y la información que tenga cada individuo. Con poco dinero puedes lucir bien y con mucho puedes hacer el ridículo y es algo que veo a diario”.

Por eso no sale de su asombro, es de las que suele decir: “los cubanos siempre nos caracterizamos por el buen gusto al vestir”; sin embargo, reconoce que en la actualidad no es tan así, pues “se ha generalizado un mal gusto, cierta vulgaridad, cuando de se trata de ser elegante, sencillo y para determinada ocasión”.

“Lo que sucede no es precisamente un problema de los ingresos económicos de las personas, lo cual no quiere decir que no incida en determinados grupos poblacionales; insisto que todo tiene que ver con la información, la cultura y los referentes que se posea, ¿a quién o quiénes imitan la gente?

“Si no tienes referentes en tu familia o en el medio en el que te desenvuelves sobre el buen vestir, no tienes a quién imitar en ese sentido, porque careces de esa primera información”.

Piedad confiesa que no es de las que asume una posición radical al respecto. No obstante, no compraría todo lo que ve ni de las tiendas ni de las manos de particulares, por una cuestión de gusto y de identificación.

“En el caso de la juventud se visten a fuerza de lo que le ofrecen los medios de comunicación. Siempre ha sido así, es una vía expedita de influencia de la moda, pero también del mal gusto y tristemente eso engancha. Son los artistas del momento los que más promocionan las tendencias, pero algunos lo hacen desde una óptica distorsionada, que tal vez funciona en el video clip o espectáculo, pero los chicos no se detienen a pensar en eso, ellos lo asumen.

“Por otra parte, también está lo que se oferta en las tiendas o lo que tú consideras que está muy actual porque lo trajo una persona del extranjero para comercializarlos aquí. Generalmente esos compradores son desconocedores de la moda y adquieren las ropas más baratas, de pésimo tejido, con diseños afocantes y de mal gusto, porque en esos lugares no tienen salida en los mercados populares. Entonces como viene de afuera la gente piensa que es la tendencia”.

La casa de Piedad es un almacén de tejidos, ropas guardadas de su extensa familia, muchas, confiesa, han desfilado en teleseries, novelas y películas. Ella no bota nada. Asume la moda como un bumerang: “siempre se va y regresa con ligeros cambios”. Sin embargo, destaca otra vez que lo que más pesa hoy en el buen o mal gusto de los cubanos es la falta de información.

“No hay revistas en Cuba que informen sobre lo que se usa y cómo vestir. Tal vez porque hay prejuicios en algunas personas que deciden y lo miren como algo frívolo, no le prestan atención y por eso tampoco se habla del tema en la radio o la televisión.

“Tampoco existe el Buró de información de la moda. En décadas pasadas todo eso funcionaba en el país, hoy creo que no, y es una pena porque eso puede contribuir en el arte del buen vestir. En la actualidad lo que tú tienes es lo que compras y generalmente prendas importadas de muy mal gusto, a altos precios; por eso te digo que no creo que el problema sea de dinero”.

En ese punto, Subirats, es enfática, con gestos gráciles, dice resuelta que buena parte de la población tiene mal gusto.

“Estoy absolutamente convencida de que hay un rejuego del mal gusto en muchas personas. Claro, no generalizo, porque hay jóvenes, incluso, que se visten bien de muchas maneras y estilos, a la moda. Pero sucede que ese mal gusto está en la programación de los medios de comunicación, lo que aparece delante de las cámaras siempre será un referente, salvo algunas excepciones, no hay cuidado en ese sentido en nuestra televisión.

“Cada programa debe tener su modo, imagínate el noticiero con una locutora con bisutería de brillo y ropa festinada, por muy elegante que sea el vestido no se ajusta al espacio, de eso se trata. De saber escoger qué me voy a poner y para qué.

“Hay conductores, locutores, artistas que se ponen algo para salir en la televisión sencillamente porque ellos lo consideran bonito, pero es todo lo contrario al buen gusto del vestir. También los jóvenes usan cosas que vieron en algún artista o modelo de un video clip extranjero o de alguna agrupación nacional y piensan que así pueden ir a cualquier lugar. Creo que están faltos de la orientación de los especialistas que dirigen el personal de la televisión”.

Sus años como diseñadora de vestuarios en la televisión, le dan crédito para ahondar en el tema; no obstante, se detiene por ética, prefiere no continuar, no se trata de buscar culpables, dice, pero reconoce que algo no anda bien en ese sentido.

A pesar de que la moda atrae más a los jóvenes, reconoce que nadie está exento de ella. Confiesa que su estilo de vestir se ajusta a todos los tiempos: “Me he ido acomodando a mis años, sigo prefiriendo las blusas y los jeans, solo los uso en invierno. Siempre aposté por una manera sencilla: sayas largas de telas informales, de bambula, de la india, es lo que más uso a cualquier hora del día para ir a donde quiera, blusas frescas, un maquillaje y tacone. Si tuviera 25 años llevaría la misma línea que antes. Soy una mujer atemporal”.

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