Lo cubano en el vestir

Diana Fernández • La Habana, Cuba

Considerada como un elemento demasiado cercano a la cotidianidad del ser humano, la indumentaria, vestimenta o su manifestación como “moda en el vestir” es generalmente asumida superficialmente al no ser evidentes sus profundas implicaciones psicosociológicas1. No obstante su esencia cambiante y temporal, la indumentaria constituye parte inseparable de la cultura material y se relaciona con varias manifestaciones de las llamadas “artes menores”.

El vestido refleja el síntoma de la sociedad que lo genera, como suma de la contradicción dialéctica de las individualidades y las generalidades, entre las expresiones del “yo”, propias del fenómeno moda y las imposiciones de las “normas de la sociedad”. Solamente considerando a la vestimenta como un complejo fenómeno psicosociológico, estrechamente vinculado a la historia, la cultura, la economía, la sociedad y el individuo, se podrá profundizar en cualquier estudio sobre el tema.

Imagen: La Jiribilla
El Quitrín, 1859. Federico Mialhe.
 

Aún con las limitaciones en el acceso a la información, el cubano del siglo XXI está inserto en el actual sistema mundial de la moda, en el que la fuerza de las nuevas tecnologías ha integrado el mundo en redes globales, implicando nuevas estructuras en los roles sociales, ampliando sin límites las fronteras de las naciones, la cultura, el conocimiento y la información con el consecuente cambio en la demanda del consumidor. La globalización cultural nos enfrenta a un nuevo individualismo multicultural, a la estética como expresión del ambiente tribal…el sentido de pertenencia se diluye dentro de la amplia gama de propuestas de ‘moda’ emanadas de los más disímiles focos que se unen produciendo un mestizaje estético sin precedentes… ¿se refleja en el vestir del cubano actual estos aspectos? … ¿ha existido y existe algún rasgo de propio en su imagen vestimentaria?

La valoración de la indumentaria del cubano en la actualidad requiere de un complejo estudio que comprenda una investigación a fondo de la sociedad cubana en las últimas décadas, y para responder a lo cubano en el vestir, se necesita sintetizar al menos algunos aspectos sobre el desarrollo de las formas del vestir en Cuba2, con el fin de que sirva como un acercamiento a su historia y poder concluir con una reflexión genérica del tema.

La poca tradición artesanal en lo referente a textiles e indumen­taria anterior a la conquista y la casi total destruc­ción de la expresión de la cultura material y espiritual de los indígenas, explica la inexisten­cia en Cuba de una indumentaria típica como ocurre en la mayoría de los países latinoamericanos.

Imagen: La Jiribilla
Década del 30. Hombres con trajes de dril
 

Desde finales del siglo XVIII, consolidada la nueva clase oligarca criolla en Cuba, esta se destacó por una manera de vestir muy cercana a la moda europea, gozando del reconocimiento general por la elegancia y el buen gusto. El poder económico alcanzado, la actividad social y cultural de la Isla y el afán de ostentar su poder adquisitivo frente a los peninsulares propiciaron una atención especial al cuidado y arreglo de su atuendo.

"...en los teatros, conciertos, bailes y reuniones se observa un buen gusto general y con placer oímos diariamente a los extranjeros decir que el bello sexo habanero puede rivalizar por su elegancia con el de la parte más culta de Europa”3.

A partir de mediados del siglo XIX ya se evidencian rasgos en el vestir de los criollos que podemos considerar una manera de vestir "a la cubana". Gracias a los grabados o las referencias escritas de viajeras que dejaron sus impresiones sobre esta manera de vestir “diferente” de los cubanos, se conoce de la ausencia del uso del sombrero en la cubana o la preferencia por los vestidos claros y escotados o la calidad de las labores manuales. Y en ellos, la introducción gradual del dril como género predilecto para la confección de sus prendas.

Estas pequeñas adecuaciones podemos interpretarlas como revelación de la búsqueda de nacionalidad en el traje del cubano del siglo XIX, de un "modo" de vestir "a la cubana".

Las contradicciones del escaso y desigual desarrollo legado por la colonia al sistema capitalista, como neo-colonia, a comienzos del siglo XX, derivaría incuestionablemente en crisis manifestadas en los distintos órdenes de la sociedad. No obstante este contexto, y en pleno período de ascendente penetración económica y cultural norteamericana, para las criollas, el canon de elegancia aún seguía siendo Europa, especialmente, París.

Imagen: La Jiribilla
Club de mujeres cubanas en Tampa. Principios siglo XX
 

El reclamo de información sobre moda por las altas clases se hizo posible no sólo a través de sus viajes a Europa sino, sobre todo, gracias a no más de media docena de casas de comercio de mujeres francesas quienes sostuvieron a lo largo de 20 años la tradición de la elegancia parisina entre la sociedad acaudalada cubana y al igual que en las casas de alta-costura europeas, su producción estaba dirigida a una elite reducida.

“Corría el año 1925 (...) Era una época en la  cual  todavía  el cubano miraba hacia Francia como punto  focal  de la cultura;  se aprendía  preferentemente  el francés; se importaban telas,  comestibles, vinos, modistas  y  sombrereras,  francesas.  Lo yanqui aún era ignorado o despreciado como cosa inferior.  En el terreno de la costura, no había mujer cubana, rica, mediana o pobre, que concibiera siquiera la idea de aceptar las confecciones norteamericanas, que estaban todavía lejos de haber conquistado el mercado cubano"4.

Esto hace que fuera necesario otro medio que suministrara las prendas a la moda al resto de la sociedad, cuya vida activa reducía cada vez más la posibilidad de continuar la tradición de costura en el hogar, en un país donde aún no existía un desarrollo confeccionista que garantizara la calidad y estabilidad en las ofertas.

Esta situación propició el florecimiento de la llamada "clase costureril" cubana, formada por una nueva mano de obra producto de las condicionantes históricas de la época: mujeres de la alta sociedad cubana e hispana que, a causa de las guerras de independencia, se vieron arruinadas por la pérdida de sus bienes. Años después se les sumarían otras mujeres de diversos sectores pobres del tejido social, entre las que se destacaron las mestizas.

Los hombres cubanos no se hallaban en situación muy diferente. El traje masculino había adquirido, bajo la influencia inglesa, una sobriedad y uniformidad que no abandonaría hasta muy entrado el siglo XX. La corrección en el corte y un ajuste impecable requería de sastres con experiencia y habilidad en su oficio, profesión que continuaba atendida por cubanos blancos y mestizos generalmente con talleres propios.

Imagen: La Jiribilla
TiendaWoolworth-Ten-Cent. Década de 1950.
 

El auge de estos sastres y modistas y el nacimiento de las casas de costura en Cuba, incrementó la entrada de publicaciones sobre modas, que en su mayoría llegaban de España y servían de orientación a costureras y a clientes. Las casas francesas obtenían generalmente los modelos originales directamente de París.

Los establecimientos destinados a ofrecer ropa confeccionada, tejidos y accesorios del vestir proliferaron durante estos años. Las grandes tiendas por departamentos como: La Casa Grande, El Encanto, Fin de Siglo, ofrecían variadas opciones de ropa, tanto femenina como masculina. En Fin de Siglo se ofertaba los mejores productos que se importaban tanto de América como de Europa5.

En estas grandes tiendas existían departamentos de alta-costura. La ropa femenina que se ofrecía era generalmente de importación, traídas de España, Francia y en pequeño número, de EE.UU.; la ropa masculina era en su mayoría de confección nacional.

En estos años apareció en el mundo de la moda en Cuba Ana María Borrero. Consagrada al arte del vestir durante más de dos décadas, se inició como representante de la firma Solís Entrialgo y CIA, compañía creada en 1900 por los asturianos José y Bernardo Solís, lo que en sus inicio fue una sedería y después se convertiría en los almacenes El Encanto.

Ana María Borrero era la encargada de realizar las compras de ropa femenina en Europa y fue quien impulsara una iniciativa original e inédita para la época: las “exposiciones públicas”, que llegaron a constituir la única “escuela de moda” al alcance de toda la clase costureril cubana. En ellas se exponían los últimos modelos traídos de París, realizando desfiles de moda no sólo en salones de las casas de alta costura dirigidos a su clientela, sino también en teatros y otras instalaciones a las cuales podía asistir una mayor cantidad de público. La iniciativa, realizada por primera vez en El Encanto, fue seguida por las demás casas capitalinas sumándose a estas exposiciones públicas las muestras de "modelos-ideas", que mantenían durante 15 días o más, a la vista, los diseños con explicaciones técnicas adjuntas relacionadas con la confección de las prendas.

Estas actividades —únicas en el mundo— posibilitaron la difusión directa de la moda parisina a la costura media y humilde, propiciando que las labores de este tipo en la Isla cobraran las mayores proporciones que hayan adquirido durante todo el período republicano. Con ello se fortalecía la costura nacional, tanto como fiel reproductora de los modelos importados, como mediante la asimilación e interpretación personal de los estilos internacionales.

Se desarrolló toda una campaña en defensa de una moda nacional que —aunque inspirada en las corrientes europeas y norteamericanas— emanara de las características de nuestro país. "... estamos las cubanas forzadas a fabricar una moda propia por la sencillísima razón de que la de París o New York no nos viene tan bien al dedo...”6.

Imagen: La Jiribilla
Tienda El Encanto. Christian Dior con la modelo Irma Sánchez.
 

A partir de 1936, a la par que se invadían las mentes de los cubanos mediante el cine, la televisión y la prensa sobre modas, maneras y costumbres norteamericanas, los mecanismos económicos continuaron beneficiando la entrada a la Isla de objetos de consumo made in USA y de su industria del vestir, la cual constituía ya en aquel momento un importante renglón con necesidades de exportación.

A partir de finales de la década de 1930, la moda y costura cubanas, en pleno auge, comenzaron un gradual descenso hasta desaparecer casi totalmente años después. Ya antes de evidenciarse este hecho, personalidades relacionadas con la lucha por lograr el desarrollo de la industria de moda cubana, habían advertido la gradual influencia de la moda norteamericana: "En realidad, el mundo entero sigue a California, a tal extremo que ya el tipo de mujer moderna viene moldeado física y moralmente por los grandes estudios de Hollywood"7.

En Cuba, como resultante de la tradición vestimentaria heredada de la Colonia, el desprecio por las prendas de confección industrial y la preferencia por la costura a la medida propiciaron un gusto mayor por el refinamiento tanto en géneros como en la línea. Por ello, nuestra manera de vestir —en cuanto a ropa femenina se refiere— estuvo más cerca de Europa que de Norteamérica.

No obstante el éxito rotundo de la exposición de labores cubanas en la Feria de New York de 1939, el abandono oficial dejaba las puertas abiertas para la entrada de confecciones de EE.UU., determinando que el modo de vestir en Cuba a partir de la década del 1940 estuviera dirigido por la moda norteamericana, perdiéndose "...en plena florescencia, lo que pudo ser la industria más fina, más prestigiosa y más provechosa de Cuba8.

Más allá de los resultados que deriven de los posibles estudios de las épocas posteriores, considero que los rasgos devenidos en características de la manera de vestir del cubano, poseen sus raíces en la propia esencia de la cubanidad, resultante de la fusión étnica y cultural, de la complejidad identitaria del cubano en su doble y contradictoria vertiente: la conciencia de insularidad y la propia historia de nación colonizada, con fuertes y constantes referentes externos, lo que propicia la necesidad de ostentar a través de la vestimenta, rasgo perceptible desde el pasado colonial y perdurable durante la República. Entre integrarse y destacarse, el cubano se ha manifestado históricamente con más fuerza en la última, como recurso legítimo de reafirmación de la autoestima a través del mundo de la apariencia…A esto debía ir acompañado, por lógica, de un desarrollo del arte del vestir.

 

Notas
1. Es a partir del siglo XX cuando se encuentran estudios de autores que total o parcialmente han abordado el estudio de la vestimenta y la moda. Simmel (1911); Flügel (1930); König, (1972 y 1985); Roach y Eicher (1965); Polhemus y Proctor (1978) han valorado a la indumentaria como un aspecto de importancia relacionado al hombre, su historia, su evolución psico-social, y su interés por comunicarse con su imagen, aspecto este último abordado recientemente por semiólogos como Barthes, Lotman, Eco, Volli.
2. Fernández, Diana: Las formas del vestir en Cuba., inscrito en el Registro General de la Propiedad Intelectual con número de R.P.I. M-65410, Madrid.
3. La Moda o el Recreo Semanal del Bello Sexo, colección Biblioteca Nacional de Cuba, t. I, p. 226
4. Méndez Capote, Renée. Amables figuras del pasado. Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, 1981, p. 107.
______________ Hace muchos años, una joven viajera. Ciudad de La Habana: Ed. Letras Cubanas, 1983.
5.  El rápido crecimiento de Fin de Siglo y el aumento de su clientela propiciaron que fuera la primera en ofrecer facilidades de crédito, en instalar sistemas mecánicos y electrónicos en su contabilidad y también en instalar aire acondicionado en sus instalaciones.
6. Borrero, Ana María. "Modas de Paso". Carteles. La Habana, enero, 1937, p. 11, 68.
7. ______________ "Mañana será tarde". Carteles. La Habana,  agosto, 1937,
8. ______________ "¿Por qué vamos a la feria de New York?” Carteles. La Habana, abril, 1939

Comentarios

Trabajo muy interesante, con información poco conocida por los no especialistas en el tema.

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