Entrevista a Raydel Araoz sobre el documental La Isla y los signos

La luz de los fantasmas que persigo

Karina Paz Ernand • La Habana, Cuba
Fotos: Tomadas de Internet
 

Hace poco menos de un año se daba a conocer la noticia: La Isla y los signos, del joven guionista y realizador Raydel Araoz, había sido el ganador por Cuba de la IV edición del Concurso para Proyectos Documentales, como parte del Programa de Fomento a la Producción y Teledifusión del Documental Latinoamericano –DOCTV LATINOAMERICA. Un espacio que ha devenido importante plataforma cultural y sensata alternativa para el fomento a la producción/distribución documentalística dentro y fuera de nuestras fronteras.

Imagen: La Jiribilla

Aquel proyecto presentado por Araoz, ha dado vida a un documental que acaba de presentarse en calidad de premiere en el Cine Chaplin de nuestra capital, como antesala de su futuro tránsito por el resto del país, así como por los circuitos de difusión correspondientes en Latinoamérica. Se trata de una suerte de recorrido por la vida y obra de Samuel Feijóo, a través de su poética cultural desplegada en la revista Signos.

Graduado en el Instituto Superior de Arte  —con un diplomado en Realización Audiovisual—, así como en Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV) de San Antonio de los Baños —en la especialidad de Guión—, Raydel Araoz cuenta con una producción audiovisual que incluye títulos como: La estación de las flautas (2010); La escritura y el desastre (2008); Anáhuac. Los antropólogos antiguos y modernos (2009); Arquetipos (2009); OMNI frente al espejo (2007).

Ya habías tenido una relación previa con este concurso. ¿Cómo resultó tu experiencia como co-guionista y co-director, junto a Tupac Pinilla, de Otra pelea cubana contra los demonios… y el mar, un documental producido por el ICAIC a partir de un proyecto con el que Tupac ganó la primera edición del concurso de guiones de DOCTV?

La experiencia no fue nueva, ya habíamos trabajado juntos en otros proyectos, incluso habíamos escrito algunos guiones juntos que no se han filmado. Por tanto, nos conocíamos bien, y los dos conocíamos a Mercedes Melo, la otra guionista. Tupac tenía la vivencia de ese pueblo, al norte de Las Villas, lo conocía bien, así que fue fácil entrar en el universo de Tupac y reescribir con él la historia tanto en el guión como en la filmación. 

Con Los isla y los signos, una vez más te interesas por la imbricación entre literatura y cine. ¿Cómo surge este proyecto? ¿Qué  lo motivó?

El proyecto surge cuando entro en la EICTV (Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños). Por aquel entonces, el grupo de poetas visuales al que pertenecía se estaba disolviendo, y yo quería llevarme esa influencia visual al cine; no sabía cómo, pero releyendo la revista Signos de Feijóo, que había sido muy importante para aquel grupo que se reunía en La Víbora, se me ocurrió la idea de hacer un documental sobre Feijóo —quien es una de mis influencias visuales—en torno a su revista.

Imagen: La Jiribilla

¿Qué puntos de contacto tiene con tu obra documentalística anterior?

Este proyecto se imbrica con uno de los caminos que he seguido en el documental: acercarlo al videoarte. Mostrar lo real desde la subjetividad del creador, haciéndose visible; de ahí el uso de animaciones, de la intervención del autor en la imagen. Parte de mi trabajo en el audiovisual retoma la experiencia de esos años en que nos reuníamos en La Víbora, para intentar introducir la poesía visual en el audiovisual. En esta línea estarían mis documentales OMNI frente al espejo (2007), Arquetipos (2009), Anáhuac, los antropólogos antiguos y modernos (2009), Espectral (work in progress) (2011).

¿Cuánto tiempo trabajaste en él antes de presentarlo a DOCTV? ¿El proyecto de guion sufrió cambios a lo largo de este proceso?

Trabajé unos diez años, el proyecto era un viejo sueño y, por supuesto, fue sufriendo cambios. Incluso después de ganar en DOCTV continuó sufriendo cambios, porque siempre aparecen cosas nuevas y hasta que no se filma y se edita, no se tiene una versión final.

¿No valoraste presentarlo a otro espacio de financiamiento?

Lo valoré y lo presenté a lo largo de diez años en muchos espacios propiamente televisivos como TeleSur y la televisión cubana, fundaciones como CINERGIA;  en ocasiones estuvo a punto de realizarse, alguna vez estuve a punto de realizarlo con mis medios, pero es un proyecto que necesitaba de un buen presupuesto, así que esperé sin que dejara de ser un sueño.

¿Qué ventajas productivas supuso DOCTV?

El financiamiento que otorga y que lo hace uno de los proyectos más importante del país, ya que en Cuba no se considera que el documental requiera de ese tipo de inversión. Luego está la distribución que tiene por casi toda América Latina. Es excelente que las instituciones pongan dinero para hacer documentales, en especial si dan oportunidades a la llegada de proyectos que no han nacido por vías institucionales, sino como proyectos personales, pero que necesitan de un financiamiento mayor.

¿Cómo enfrentaste su realización desde el punto de vista conceptual y visual?

Mi idea siempre fue que el documental pretendiera simular una revista, crear la ilusión fantástica de que todos los entrevistados, los lugares que se presentaran del centro, viven en una revista. Así que sería una mezcla de documental con elementos ficcionales, en ese intento de acercarlo al videoarte.

Como colofón de nuestra pequeña entrevista, le pedí a Raydel un comentario sobre el trabajo de edición y postproducción de su nuevo trabajo audiovisual. El resultado fue inesperado y maravilloso; en lugar de las tradicionales preguntas y respuestas, surgió una suerte de monólogo interior del realizador que explora, poéticamente, en sus propios procesos de creación:

“Me resulta muy difícil hablar sin imaginar un sujeto, un receptor del discurso, por eso estas notas pretenden ser una conversación. Perdón, un monólogo, pero un monólogo teatral, donde el actor desde su personaje se dirige a un público; si no existiese ese público, todo el discurso sería un soliloquio. Ya declarado quien soy, un actor inmerso en su personaje (el de director de un documental), me dirijo en principio a ti, pero también a quienes puedan seducirles estas palabras.

“Era principio de enero cuando descubrí que, otra vez, había revisitado la ruta de un antropólogo —esta vez fue Feijóo—; cinco años antes en México, había sido Tylor. Esta suerte de peregrinación por los pasos de mis mayores, tiende a transformarme. Caminar tras los fantasmas me permite no solo ver la historia como documento de lo que fue, sino ver la transformación de ese registro. Creo que en este trabajo de campo establezco un punto de comparación entre dos épocas y eso arroja luz sobre la investigación, porque actualiza los fantasmas que persigo. Podemos decir que hay algo mágico en ese acto de repetir acciones que los eggún han realizado en vida, quizá hasta se podría hablar de cierta comunión. Por eso, cuando llegaba enero, y volvía a las imágenes que durante un mes atesoré, la idea del documental había variado. El centro seguía siendo Feijóo, la forma seguiría siendo la visualidad de la revista Signos, pero los márgenes del documental se habían extendido hacia la relación entre tradición y modernidad; hacia el proyecto de fusión de vanguardia y cultura popular que Feijóo promovió en el centro; hacia un Feijóo dentro de un contexto histórico, que me alejaba del Feijóo íntimo que imaginé en un principio. En esa expansión apareció un nuevo problema: la necesidad de incorporar el presente en mi trabajo.

“Creo que el viaje por el Escambray fue el culpable de esa expansión. Las imágenes de aquella zona, la lucha de los campesinos por mantener su tradición en medio de las dificultades económicas, geográficas, administrativas y, sobre todo, la exuberancia de la naturaleza, me llevaron a esa comunión que buscaba. Vi desde la montaña aquel poema concreto de Feijóo —“Río entre montañas”—, donde las letras arman dos cerros para hacer del texto una abstracción visual.  Vi los colmenares en una curva cercana a un río; las vacas caminando como cabras por las laderas de la montaña; los infinitos árboles; el rojo del café; un río represado que tapó un pueblo y que, al decir de la gente, aún deja entrever las cruces del antiguo cementerio, cuando el nivel de agua baja. Esta fue la primera secuencia que se terminó, cuando aún no era claro el montaje, ni sabíamos a ciencia cierta cómo se imbricaría con el resto del trabajo de un corte más histórico. Al montar esa secuencia descubrí —por lo que quedó en la mesa de edición, por lo que no va a estar en el documental— que el hechizo del lugar habita en mí para otra visita, para otro audiovisual.

“Espero, después de todo nuestro trabajo, que hayamos podido encontrar una sonoridad cercana al centro, algo que fusione vanguardia con música popular”.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato