Desde Astrid Lindgren hasta Julia Calzadilla

Enrique Pérez Díaz • La Habana, Cuba

Hay noticias que no por alegres, importantes o trascendentes resultan sorpresivas, sencillamente, porque existen personas que, como reyes Midas del trabajo, tienen de su mano el éxito. Pero el éxito no es un hecho casual, fruto del azar, sino del quehacer muchas veces callado y anónimo, el talento y la dedicación de una vida entera a determinado propósito.

También es cierto que no todos los días un autor cubano gana un premio de tal trascendencia que se honre con el nombre de una de las más grandes de la literatura para niños en el entorno contemporáneo: Astrid Lindgren, la creadora de Pippa Medias largas, la niña más fuerte del mundo, ese emblema de libertad y autodeterminación que ha hecho crecer felices y libres a montones de niños a lo largo de muchas décadas en cualquier rincón del planeta.

Por eso, cuando supimos que como parte de las actividades por el XX Congreso Mundial de la FIT, celebrado del 4 al 6 de agosto en Berlín, Alemania; la traductora cubana Julia Calzadilla recibió el más importante reconocimiento que entrega anualmente la organización, que lleva el nombre de Astrid Lindgren (Premio Hans Christian Andersen), no hubo paso para la sorpresa, pero sí para un enorme regocijo y para pensar que a veces la justicia tarda, mas siempre llega.

Imagen: La Jiribilla

En la fundamentación de la elección, el jurado destacó la vasta obra literaria de Julia Calzadilla, quien ha dedicado su vida a escribir y traducir libros para niños y jóvenes de Cuba y del mundo. Una vez más, la traducción cubana, por medio de esta autora que es de las pocas que ostenta dos Premios Casa de las Américas en su haber, obtiene un merecido reconocimiento. En este certamen internacional participan más de 1600 delegados de 72 países y por eso de nuevo, gracias a Julia Calzadilla, la traducción cubana conserva su puesto en la élite mundial de la traducción, pues antes habían sido galardonados sus colegas Lourdes Arencibia y Rodolfo Alpízar.

Por esa razón —y justo para felicitarla también por su reciente cumpleaños— La Jiribilla conversa con Julia sobre ese arte tan hermoso como difícil de llevar hasta unos el alma fiel de aquello que dijeron o escribieron otros…

Eres una mujer muy polifacética: traductora, intérprete en cuatro lenguas, narradora, poeta, investigadora, egiptóloga, editora, pero de entre todas estas profesiones, ¿qué lugar ocupa la traducción?

Siempre he dicho que todas estas facetas de mi quehacer tienen una base común: la comunicación con el prójimo. En el caso de la traducción la responsabilidad es aún mayor, pues no se trata de transmitir lo que nosotros, como autores, queremos decir, sino hacer llegar a los lectores lo que dijo otro autor, su mensaje… Y este mensaje tiene que llegar con la misma exactitud (¡no confundir con “literalidad”!), con el mismo nivel de lengua y con la misma alma con que fue escrito en su idioma original. Es, de veras, una responsabilidad enorme y la asumimos conscientes de ello para ir eliminando, con nuestro granito de arena, esa tristemente célebre noción de “traduttore traditore”.

¿Cómo te fuiste acercando a las lenguas en que te desenvuelves? ¿A cuál llegaste primero? ¿Cuál prefieres? ¿De qué modo comenzaste a ser traductora e intérprete?

El primer idioma extranjero que aprendí fue el inglés, cuando estudié Comercio (bilingüe) en el Instituto Edison y me gradué en 1961 con los títulos de Secretaria y Contadora en ambos idiomas, inglés y español. De 1961 a 1962 estuve en Lisboa, Portugal, trabajando en la embajada de Cuba donde mi hermano Francisco (fundador del MINREX, y fallecido en 2011) era entonces nuestro Encargado de Negocios. Allí, además del portugués, estudié francés en el Lyceum Charles Lepièrre de Lisboa y mientras tanto, estudiaba italiano por mi cuenta, yo sola, con libros que busqué para ello. De todos, es el idioma portugués el que me llega más hondo, quizá porque lo aprendí por ósmosis, digamos, en los aires de todo Portugal; después en países africanos de habla portuguesa y, además, en Brasil. Miguel de Cervantes y Miguel de Unamuno describieron el idioma portugués como “un español sin huesos”, y es así, suave, tierno, y hasta melancólico muchas veces…

Mi carrera como traductora e intérprete comenzó en 1966-67, cuando se buscaban intérpretes simultáneos de portugués para trabajar en conferencias internacionales como la Tricontinental, la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad), etc. En esas fechas, las pruebas de cabina se hacían en el cuarto piso del Ministerio de Salud Pública (MINSAP), y a partir de entonces fui incorporando el inglés, el francés, el italiano, y trabajé varios años en el Departamento de Guías y Congresos del ICAP, que fue, en 1973, el núcleo fundador del Equipo de Servicios de Traductores e Intérpretes (ESTI) y posteriormente, parte del grupo que inauguró los servicios de conferencias en el Palacio de las Convenciones de La Habana.

Sé que entre tus experiencias más grandes guardas el tiempo que, como miembro del ESTI, estuviste en el equipo de traductores del Comandante en Jefe, ¿qué anécdotas guardas de aquel periodo?

Estuve en ese equipo de traductores desde 1974 hasta 1979, conjuntamente con otros compañeros-colegas-amigos muy queridos y respetados. Las vivencias —tanto nacionales como internacionales— son muchas y, a pesar de los años transcurridos, siguen repletas de intensidad. Entre las anécdotas, hay una muy simpática: durante la una Cumbre celebrada aquí en La Habana en 1979, en un turno de cabina y después de varios días con solo unas poquísimas horas de sueño, casi me quedo dormida mientras traducía en una sesión plenaria… Por suerte, un buen compañero intérprete que estaba a mi lado tuvo la feliz idea de echarme por la espalda, dentro de la blusa, un trocito de hielo… ¡Eso me espabiló al instante y pude terminar el discurso!

¿Qué significó el ESTI en tu vida profesional y humana?

¡Significa muchísimo! Además de estar en el grupo de los 17 traductores-intérpretes que, provenientes del Departamento de Guías y Congresos del ICAP, fundamos este querido Equipo de Traductores e Intérpretes en 1973, fui Premio Juan Ortega Gatell (1999) otorgado al profesional más integral de ese año. Asimismo, como miembro del ESTI participé con otros muchos compañeros en numerosas conferencias nacionales e internacionales, en especial las celebradas a nivel ministerial y Cumbres de los Países No Alineados (La Habana, India, Belgrado, Chipre, Zimbabwe, etc.). Y no por último menos importante, en el ESTI pude pasar a otras manos la antorcha de conocimientos relacionados con las técnicas de interpretación simultánea y, por añadidura, ayudar a algunos trabajadores a obtener el octavo grado. En suma, el ESTI es una parte muy significativa de mi vida como traductora, intérprete consecutiva, bilateral y simultánea; revisora y profesora: ¡un conjunto de años cargados de múltiples vivencias, de esas que son inolvidables!

¿De qué manera enfrentas un original cuando vas a traducirlo?

En esta respuesta debo citar, ante todo, a nuestro José Martí, cuando en su carta a María Mantilla (abril 1895) escribe: (…) “La traducción ha de ser natural, para que parezca como si el libro hubiese sido escrito en la lengua a que lo traduces, que en eso se conocen las buenas traducciones”. Y, además, citar a Cicerón, quien en un fragmento acerca de la traducción de dos discursos del griego al latín, hace énfasis en el indispensable respeto a las palabras: “Los había vertido al latín no como intérprete, sino como autor, respetando las oraciones y su forma, así como todas las figuras literarias y utilizando las palabras adecuadas a la manera de escribir de los romanos. No me fue necesario traducir palabra por palabra, pero pude conservar el significado y el valor de cada una de ellas, porque pensaba que al lector no debía importarle el número de las palabras, sino más bien su peso”.

El respeto a las palabras incluye el conocimiento de la cultura a la que pertenece el idioma que se traduce, o sea, su “alma”; así como el de la propia vida y obra del autor que va traducirse.

Imagen: La Jiribilla

¿Podrías enumerar los principales autores que has traducido?

En el campo de la traducción literaria, están, entre otros, autores de Angola y Mozambique (portugués-español): Fernando Costa Andrade, José Luandino Vieiria, Manuel Rui, una antología de cuentos tradicionales portugueses, una antología de poetas mozambicanos (titulada Poesía de combate); de Brasil (portugués-español), César Vieira, Bernardo Guimarães, Carlos Nelson Coutinho, Moacyr Scliar, Marcos A. Pellegrini, Guiomar de Grammont, Nelson de Oliveira, Lúcia Helena Vianna, Ángela Leite de Souza, muchos de ellos autores premiados en Casa de las Américas, además de Lygia Bojunga, Nilma Lacerda, Frei Betto, Thiago de Mello, Chico Buarque de Hollanda. De inglés-español: Herbert E. Dhlomo (Suráfrica, primera traducción al español de su poemario El valle de las mil colinas), El rey mono mágico (de la autora chino-norteamericana Ji-li-Jiang). De francés-español: Birago Diop (Senegal). De italiano-español: Antología de cuentos italianos de hoy (traducción de 14 cuentos), Tommaso Di Ciaula (traducción de la mitad del libro, dividido con otro traductor), Bianca Pitzorno, Anna Lavatelli… Asimismo, he sido revisora de subtitulaje en portugués de programas televisivos cubanos destinados a la exportación durante los años 1992-1994, y he sido traductora de varios filmes portugueses e italianos.

Imagen: La Jiribilla

Dentro de los autores literarios sé que los que escriben para niños han ocupado un lugar importante en tu labor, ¿puedes hablar de ellos?, ¿con cuál (es) te identificas más?

Como autora de libros para niños y jóvenes, las obras que he traducido en este género literario han representado un disfrute muy especial, y ello me ha ocurrido al verter al español ese texto original, ya sea en inglés, en portugués o en italiano. Por supuesto, cuando me he enfrentado a un juego de palabras, a un trabalenguas, he tenido que apelar a mi propia técnica como escritora y buscar en español una equivalencia correspondiente tratando de mantener la intención lúdica del texto. Las obras de Bianca Pitzorno son ejemplos de esta labor que es, al mismo tiempo, trabajo y deleite: el personaje de Lavinia es alguien en quien identifico una parte de mi infancia. Y he sentido emociones parecidas al traducir a Lygia Bojunga, Nilma Lacerda, Anna Lavatelli y a Frei Betto, cuyos textos han sido otro ejemplo de esta labor enriquecedora que me ha llevado a buscar equivalentes y referentes, no solo lingüísticos, ¡sino también culinarios!, como en el caso de Un sabroso viaje por Brasil, de Frei Betto y Maria Stella Libanio Christo, que traduje gozosa, muy complacida.

¿Qué significa este premio de traducción Astrid Lindgren en tu obra de vida?

El significado es ese: ¡El Astrid Lindgren 2014 que me ha otorgado la Federación Internacional de Traductores (FIT) es un Premio de Vida! Es el reconocimiento de una labor callada, constante, tenaz, realizada muchas veces sin los recursos necesarios y hasta indispensables: luz eléctrica, computadora, papel, acceso a Internet, para nombrar solo algunas de las dificultades enfrentadas en los momentos duros del llamado “periodo especial” e incluso después. Y para resumir lo que este Premio representa para mí, a estas alturas de mi vida, copiaré a continuación las palabras que envié en inglés a la ceremonia de entrega del premio el 2 de agosto del presente año en la Harnack House, en Berlín, y que fueron leídas en mi nombre por mi querido amigo y colega Jesús Írsula Peña:

Queridos amigos de la FIT (Federación Internacional de Traductores)

Queridos miembros del Jurado del Premio de Traducción Astrid Lindgren.

Queridos colegas de todo el mundo dedicados a la traducción de obras para niños y jóvenes.

¡Todos nosotros conocemos el poder de las palabras! Gracias, pues, será mi primera palabra en este breve discurso que mi querido amigo Jesús Írsula leerá en mi nombre en el acto de ceremonia.

Me siento profundamente honrada por haber sido escogida para recibir este premio, siendo traductora e intérprete y, además, una escritora de obras para niños y jóvenes que siempre admiró en todo sentido la obra y la vida de Astrid Lindgren.

Sí, ella escribió libros maravillosos como Pippi Medias Largas —para mencionar solo uno como símbolo de lo que considero una verdadera literatura de oro expresada en un texto de nivel juvenil—, pero eso no es todo. ¡Astrid Lindgren también amó a los animales y a las plantas y conoció el valor espiritual de abrazar un árbol! Porque además del idioma sueco, su lengua materna fue corazón, fue amor, fue ternura, fue respeto por el prójimo, fue la necesidad de enseñar a las jóvenes generaciones cómo enfrentar los retos de la vida siendo siempre seres humanos de sentimientos nobles.

Por todas estas razones, el Premio Astrid Lindgren que me ha otorgado una organización que goza de tanto respeto y consideración como la FIT resulta intensamente conmovedor para mí.

Gracias una vez más a todos los que hicieron realidad este sueño y, desde el fondo de mi corazón, me comprometo a continuar escribiendo y traduciendo para niños y jóvenes siempre basada en el respeto y la alta estimación que ellos se merecen.

 

¿Algún proyecto futuro en el mundo de la traducción?

Sí, porque ese futuro será la feliz continuación de mi pasado y presente: continuar traduciendo para los niños y los jóvenes y, por supuesto, también seguir escribiendo para ellos.

¿Algo que quieras agregar?

Por el respeto que siento por las palabras, solo agregaría ese vocablo contundente que, con sus letras, es un cálido abrazo de gratitud: ¡Gracias!: a la Asociación Cubana de Traductores e Intérpretes (ACTI) y a sus presidentes Gisela Odio y Luis Alberto González por haberme propuesto como candidata al premio. A la Editorial Gente Nueva del Instituto Cubano del Libro y en especial a su director, Enrique Pérez Díaz, por haberme permitido traducir a todos esos reconocidos autores. Al jurado del Premio Astrid Lindgren, a la Federación Internacional de Traductores (FIT). ¡Gracias a todos por vuestro voto de confianza!


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