Cantores...

Con patria se ha dibujado su nombre

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba
Fotos: Yander Zamora

Con muerte todas las cosas ciertas
grabaron una puerta
en el centro de abril.

Con estos versos Silvio Rodríguez describe en su canción “Girón: preludio” el heroísmo del joven miliciano Eduardo García Delgado, que el día 15 de abril de 1961, poco antes de morir defendiendo Ciudad Libertad del bombardeo yanqui, escribe en una puerta con sangre que le brotaba por la herida “Fidel”, el nombre que simbolizaba su combate por una patria libre.

Imagen: La Jiribilla

Con patria se ha dibujado el nombre
del alma de los hombres
que no van a morir.

Como dijera en sus versos el poeta argentino Juan Gelman, “Fidel es un país”, es parte imprescindible de la historia de nuestra Isla, del continente, del mundo más justo que hemos ido creando, como senderos que se abren a golpe de machete. Quiero celebrar su cumpleaños 88 hurgando en la trova cubana, para extraer canciones que nombran o citan a Fidel:

Pasean las noches de enero, vagabundas y alegres,
se juntan todas las palomas,
parecemos luciérnagas.
Y allí está el enamorado, con su luna entre los brazos,
pidiéndole a la esperanza para todos, para todos.
Y aquí está el enamorado, con su luna entre los brazos,
pidiéndole a la esperanza para todos, para todos.

La voz de Santiaguito Feliú describe aquellos instantes de enero de 1959 cuando un mundo nacía con la caravana de la libertad; los barbudos del enamorado Fidel Castro viraban esta tierra de una vez y, como dice el trovador: “allí está el enamorado”, juntando todas las palomas, en alusión a aquel discurso en Columbia (hoy Ciudad Libertad) junto a Camilo y el Che, en que soltaron palomas y una se posó con insistencia en el hombro del Comandante. En la canción Santiago se asume como heredero de aquella gesta cuando en el verso siguiente cambia el “allí” por “aquí”, en sí mismo está el enamorado, o sea, yo soy también quien pide la esperanza para todos.

Pablo Milanés en su “Canción por la unidad latinoamericana” entona la historia de nuestro continente desde una visión martiana; la integración soñada e intentada desde los tiempos de Bolívar; que retoma José Martí y que comienza a concretar la revolución cubana.

Explotando esta misión de verlo todo tan claro
un día se vio liberado por esta Revolución.
Esto no fue un buen ejemplo para otros por liberar,
la nueva labor fue aislar bloqueando toda experiencia.

Imagen: La Jiribilla

Aislada por el imperialismo mediante la OEA y el bloqueo, Cuba resistió sosteniendo el proyecto latinoamericanista. Hoy cobra fuerza ese proyecto tan luchado con una América Nueva y Nuestra que se reconoce, entreteje, crece como un canto a la esperanza. Pablo Milanés lo define en sus versos, que hoy sumarían el legado de Hugo Chávez:

Bolívar lanzó una estrella que junto a Martí brilló,
Fidel la dignificó para andar por estas tierras.
Bolívar lanzó una estrella que junto a Martí brilló
Fidel la dignificó, para andar por estas tierras.

Pedro Luis Ferrer tiene una canción muy emblemática en su obra, compuesta en los años 90, en aquellos momentos del Periodo Especial, donde cayeron, junto al muro de Berlín, muchas utopías; tiempos en que tomó fuerza la globalización desmovilizadora, desideologizante, que pretende sacar de las mentes todo interés por los problemas del mundo, borrar de los sentimientos humanos la solidaridad. Pedro Luis sintetiza los golpes de esa “despolitización” especialmente en nuestra Isla, con un estribillo que además de poner el problema sobre el tapete, reafirma su amor patrio:

Mi padre fue fidelista, yo no tanto como él,
pero quien le dé a mi padre, tiene que darme también.

La obra y el pensamiento de Fidel han estado presentes en muchísimas canciones de la trova cubana, incluso fragmentos de sus discursos han integrado textos de nuestros cantores. 

Sara González compuso para una banda sonora del cine “El programa del Moncada” donde describe y cita las palabras de Fidel en el juicio del Moncada, conocido como “La Historia me absolverá”.

Su voz llenaba el salón.
Sólo quien fue tan herido,
la patria humillada ha visto;
la justicia envilecida
pudo acusar con palabras,
sangre del corazón,
y de la verdad entraña.

Los hombres del pueblo son
desempleados, obreros,
cosechando la miseria,
campesinos que, en la tierra
amada y ajena, sudan.

Y a esta gran masa irredenta,
a la que ofrecen y engañan,
no le iban a decir:
“Te vamos a dar”,
sino: “Tienes aquí,
lucha con todas tus fuerzas
hasta vencer o morir.”

En una enigmática canción titulada “Los dientes del tiburón” Silvio Rodríguez lleva a sus versos igualmente una intervención pública de Fidel Castro, se trata nada menos que del discurso conocido como “Segunda declaración de la Habana”.

Cuatro mil en un minuto,
cinco millones por día,
dos mil millones por año,
diez mil millones en cinco.
Por cada mil que se van,
en la tierra queda un muerto.
A mil dólares por muerto
—cuatro veces por minuto— está la vida.

Esta canción le fue encargada a Silvio Rodríguez por el cineasta y gran documentalista Santiago Álvarez para su documental “Despegue a las 18:00”. El fragmento de la Segunda Declaración de La Habana en que se inspira Silvio es el siguiente:

“El resumen de esta pesadilla que ha vivido América, de un extremo a otro, es que en este continente de casi doscientos millones de seres humanos, formado en sus dos terceras partes por los indios, los mestizos y los negros, por los «discriminados», en este continente de semicolonias, mueren de hambre, de enfermedades curables o vejez prematura alrededor de cuatro personas por minuto, de cinco mil quinientos al día, de dos millones por año, de diez millones cada cinco años. Esas muertes podrían ser evitadas fácilmente, pero sin embargo se producen. Las dos terceras partes de la población latinoamericana vive poco, y vive bajo la permanente amenaza de muerte. Holocausto de vidas que en quince años ha ocasionado dos veces más muertes que la guerra de 1914, y continúa... Mientras tanto, de América Latina fluye hacia los Estados Unidos un torrente continuo de dinero: unos cuatro mil dólares por minuto, cinco millones por día, dos mil millones por año, diez mil millones cada cinco años. Por cada mil dólares que se nos van, nos queda un muerto. Mil dólares por muerto: ese es el precio de lo que se llama imperialismo ¡MIL DÓLARES POR MUERTO, CUATRO VECES POR MINUTO!”

Nunca han salido baratos
los dientes del tiburón.
Quizá esto sea una causa,
quizá sea una razón.

Otro vibrante discurso de Fidel inspiró a Silvio una canción; aunque no tengo el dato, casi seguro le fue encargada al trovador por algún documentalista, quizá Santiago Álvarez para algún noticiero del ICAIC, pues aborda aquellas palabras que pronunció con dolor e indignación Fidel tras el sabotaje al avión de Cubana cerca de las costas de Barbados.    

“¡Cuando un pueblo enérgico y viril llora la injusticia tiembla!” Dijo Fidel en aquel octubre de 1976, en la Plaza de la Revolución como tributo a los que murieron en el salvaje ataque terrorista dirigido por Posada Carriles, en el que hicieron estallar en pleno vuelo con una bomba a un avión civil de Cubana en el que murieron 73 personas, entre ellos el equipo juvenil de esgrima. Silvio Rodríguez hace, inspirado en aquellas palabras de Fidel, una especie de son triste y guerrero que tiene como único texto estos cuatro versos:

Que tiemble la injusticia cuando lloran
los que no tienen nada que perder,
que tiemble la injusticia cuando llora
el aguerrido pueblo de Fidel.

Imagen: La Jiribilla

Una de las canciones más emblemáticas dedicada a la revolución cubana y a Fidel es “Chamamé a Cuba”. Ha sido durante décadas un abrazo del sur a nuestra Isla. El grupo Moncada hizo su versión y los dibujos animados, reiterados casi a diario, han acompañado nuestras vidas. El correntino en su botecito, a la deriva, hasta dar con la realidad de la revolución fidelista y martiana. El hermano que se encuentra en nosotros; o mejor, que a partir de la experiencia vivida en la Isla de los barbudos, se ilumina el espíritu creativo para retornar a su tierra a buscarse.   

El Chamamé, jocoso, risueño, bailador, nos llega desde Corrientes. Se ha tenido por una pieza de autor anónimo, sin embargo, no hace mucho leí lo que parece ser su historia originaria; alegría que pare la esperanza desde el dolor.

Dice un artículo publicado hace unos años en el periódico Juventud Rebelde

“¿Cómo imaginar siquiera que nació entre las lóbregas paredes de la prisión de Rawson, ya para siempre inscripta en la historia de la infamia de una dictadura militar que cobró la vida de 30 000 seres humanos, los llamados “desaparecidos” según la jerga del Rafael Videla?

“Al penal patagónico —corría el año 1972, bajo la dictadura del general Lanusse— habían ido a parar numerosos militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y de Montoneros. Dejando de lado diferencias o desacuerdos, los revolucionarios aunaron esfuerzos para llevar a cabo una de las acciones más osadas que podía allí concebirse: la toma de la prisión y la fuga, una verdadera «obra de arte» guerrillera, que tuvo lugar el 15 de agosto.

Desgraciadamente, factores adversos impidieron el éxito total de la operación articulada con precisión de relojero: un primer grupo logró llegar al aeropuerto y montar en el avión que los llevaría a Chile. Cuando el segundo grupo de 19 combatientes, hombres y mujeres, alcanzó el aeropuerto, ya los militares y policías, alertados, habían suspendido todos los vuelos. Los revolucionarios coparon las instalaciones y ofrecieron una vibrante conferencia de prensa para dejar testimonio del porqué de la lucha contra la dictadura y de su entrega pacífica a las autoridades, creyendo así preservar su integridad física. Se grabaron sus declaraciones, se les tomaron fotos.

En la madrugada del 22 de agosto fueron fusilados a mansalva en la base naval de Trelew. Los tres sobrevivientes de la masacre «desaparecerían» más tarde en la negra noche del sanguinario Videla.

Por eso no puedo reprimir la emoción cada vez que veo y oigo en la tele el “Chamamé a Cuba” y trato de imaginar a aquellos revolucionarios en la soledad de la fría e inhóspita Patagonia, en las siniestras celdas del Rawson, cantando su amor por Fidel y su Revolución. Antes de morir a manos de sus verdugos, Julius Fucik dejó por escrito el deseo de que nunca la tristeza fuera unida a su nombre. ¿Y qué hicieron los muchachos y muchachas del Rawson si no también reafirmar la alegría con la que lucharon y vivieron?

Imagen: La Jiribilla

“Segura de compartir esa emoción con ustedes, aquí les dejo el texto de un chamamé que, si bien nació en el infierno, hoy se pasea muy orondo bajo el inigualable azul porcelana del cielo de Cuba.”

 

Chamamé a Cuba

Autor: Anónimo

Una tarde enero tomé mi canoa pa'dar una vuelta,
me dijeron cuidate que con la tormenta te vas a perder,
pero soy correntino, machazo en mi pago y baqueano en el delta,
salí cuando entraban las primeras luces del atardecer.

Cuando ya estaba oscuro como boca e'lobo pretendí volverme
pero el río engañoso me llevó a empujones a orillas del mar
y desalentado, sin ver más la costa, para entretenerme
panza para arriba, contando estrellitas, me puse a pensar.

Yo pensaba en lo poco que vale el hombre cuando está tan solo
pero tuve una idea que en aquel momento me hizo reaccionar:
haré una proeza, como Víctor Dumas seré Marco Polo
y al volver a mi pago toditas las guairas me querrán besar.

Y a los pocos días de navegación
tuve una alegría pues ya me creía Cristóbal Colón,
y andaba con pena cuando vi el manchón,
que no era ballena, que sí tierra buena, ¡caray qué alegrón!

Cuando puse un pie en tierra, pegué una olfateada por si era Corrientes,
y al ver a un paisano con una escopeta le pregunté a él,
si el rancho e'La Cambicha quedaba muy lejos, dijo buenamente:
Usted está en Cuba, patria socialista, tierra de Fidel.

Yo quería volverme por lo que leí en diario La Prensa,
pero al ver los cubanos trabajar contentos por el porvenir,
hoy la tierra es de todos, no hay analfabetos y hasta un niño piensa,
que aquel que entre en Cuba con aires de guerra no podrá salir. 

Y aquellos fusiles que ayer apuntaban al pueblo oprimido,
son los que hoy defienden en manos del pueblo su revolución,
son los que en mi pago lo llevan milicos de dos apellidos,
son los que tendremos el Mocho, Raela, Jesusa y Ramón.

Y con mi canoa y mi chamamé,
dejé a Raúl Roa y puse la proa a mi pago otra vez,
y a los correntinos yo he de serles fiel,
y aquí yo termino:
¡que mueran los yanquis, que viva Fidel!

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