Shakespeare´s Globe Theatre en Cuba

Speak or not speak English? That is not the question

Ambar Carralero • La Habana, Cuba
Fotos: Yander Zamora

El pasado 17 de julio se presentó en el Teatro Mella la célebre obra shakesperiana Hamlet, por parte del Shakespeare´s  Globe Theatre. Esta agrupación, sucesora del conjunto integrado por Shakespeare y fundado en 1599, llamado The Globe, luego de varias generaciones mantiene en repertorio algunas piezas del más célebre dramaturgo inglés del período isabelino. Como parte de una gira mundial durante dos años, para conmemorar el 450 aniversario del nacimiento del dramaturgo, llegaron hasta Cuba para ofrecer dos funciones en un mismo día. Pero antes de hablar de la puesta en escena será necesario abordar brevemente algunas cuestiones sobre el autor de la famosa tragedia, sobre el teatro isabelino y acerca de la compañía The Globe.   

Imagen: La Jiribilla

Protasis[1]

La técnica dramática de Shakespeare no emana de la erudición, sino del conocimiento pleno de las leyes de la escena, y solo un hombre de teatro, acostumbrado a verlo, a interpretarlo y a producirlo, podría articular de tal modo las líneas argumentales y desencadenar el desarrollo de la trama. Los diálogos de los personajes impulsan la acción y la complican en la medida en que las piezas avanzan. Los caracteres creados por él son sólidos, y al mismo tiempo ambiguos, complejos, son un reflejo de la naturaleza humana, de por sí contradictoria y cambiante, de ahí la universalidad de sus creaciones y “los clásicos” en que han devenido sus piezas. Enfatizar el aspecto de su multiplicación en diversos géneros, no solo es justo sino imprescindible para sopesarlo como autor. Aunque escribió tragedias y comedias, sus obras contenían recursos de varios géneros, pues el empleo de los elementos tragicómicos caracterizó su producción, de modo que en una tragedia hay pasajes cómicos, y en una comedia, escenas tenebrosas, y hasta muertes. La imbricación de lo serio y lo cómico no se contrapone, sino que se complementa,  por eso se emplean también las denominaciones de “drama” y  “tragicomedia”, para calificar algunas de sus piezas.

Epitasis[2]

En el siglo XVI en Londres, el teatro gozaba de tanta popularidad que la iglesia presionó a las autoridades para que prohibieran las funciones dentro de la ciudad. A la orilla del Támesis tuvieron que trasladarse los teatristas, opción que lejos de agravarlos mejoró su situación, pues así construyeron espacios más amplios para un público numeroso que los siguió hasta el Támesis. El primero de los teatros construidos allí fue The Rose, y luego The Globe. Esta última fue una empresa llevada a cabo por Peter Street  a petición de lord Chamberlain y su compañía, quienes habían construido dentro de los muros de la ciudad The Theatre, —como le llamaron para distinguirlo de otros lugares y anunciar de antemano la oferta—, pero luego de las presiones decidieron irse también fuera de los muros de la ciudad y de la vigilancia de las autoridades, y lo nombraron The Globe. Para este momento ya Shakespeare se había convertido en el autor principal de esta compañía.

El anfiteatro tenía forma circular, como su nombre lo indica, y contaba con tres pisos. El escenario estaba orientado hacia la trayectoria del sol, de manera que no tenía techo y las funciones se ofrecían a la luz del día, porque no contaba con iluminación artificial. En frente del escenario se alzaba un palco que era utilizado por los músicos o por los actores, además había una trampilla colocada con discreción por donde aparecían demonios o fantasmas como en el caso de Hamlet. Así mismo, tenía un tejado que evitaba que se mojasen los actores en caso de lluvia y permitía la aparición de seres divinos. Sobre el tejado había un desván que se aprovechaba para ejecutar algunos efectos especiales como los truenos o el disparo de cañones. Uno de estos disparos durante la representación de Enrique VIII fue el culpable del incendio que acabó destruyendo el teatro en 1613. La edificación  de madera y techo de paja se incendió en su totalidad, aunque un año más tarde fue reconstruido cerca del mismo lugar.

Para indicar que había función izaban una bandera. Blanca si se representaba comedia, púrpura si era histórica y negra si se trataba de una tragedia. Los carteles eran inservibles, teniendo en cuenta el grado de analfabetismo de la población.

Tuvieron que pasar más de dos siglos, hasta que en 1997, una réplica del teatro fue inaugurada a 200 metros de donde estuvo el original. El actor y director norteamericano Sam Wanamaker viajó en 1949 a Londres en busca del teatro donde se representaban las obras creadas por William Shakespeare. El desencanto fue inmenso ya que no quedaban restos de él. Por suerte, el director supo enfrentar todas las dificultades y trabajó durante 50 años para recuperar un teatro similar. Wanamaker murió tres años antes de su reinauguración, pero afortunadamente la obra se concluyó y hoy es una de las edificaciones de su tipo más visitadas en el mundo. A partir de esa reconstrucción se le dio el nombre que conserva hasta nuestros días: Shakespeare´s Globe Theatre.

Imagen: La Jiribilla

Catastasis[3]

Una de las ideas que se manejan en Hamlet, muy a tono con el Renacimiento, es que la grandeza y la acción de los hombres no están sometidas a la voluntad de los dioses, sino a su inteligencia y a lo que son capaces de hacer. También se aborda la lucha entre lo viejo y lo nuevo, y las generaciones enfrentadas. Es su texto más estudiado y más largo, su representación total, sin suprimir escenas ni parlamentos duraría cuatro horas. Denuncia los vicios de la corte y de la sociedad del momento y muestra relaciones personales sometidas a las exigencias políticas de una corte corrompida. En Hamlet, hay una suerte de envilecimiento existente en relación con los valores humanos y personales, y este síntoma es una consecuencia de la vida de intrigas que prevalecía en la corte de entonces.

Shakespeare emplea recursos del realismo, adelantándose a su época. El fantasma es “real”, no una invención ni un delirio. El padre muerto dice la verdad, y de ese modo los personajes se enteran de algo que difícilmente habrían sabido sin su aparición, es un recurso dramático usado por el autor sin el cual el desarrollo de la acción no se habría logrado.

El eje de sus contradicciones está entre ser y parecer, entre esencia y apariencia. Hamlet es un intelectual aventajado con más capacidad de pensamiento que de acción. Se ve obligado a vengarse ante la petición de su padre, a asesinar, a romper con su concepto humanista de la vida. El padre de Hamlet habla desde una ética medieval, la venganza, pero el Príncipe de Dinamarca es un hombre del Renacimiento, el mundo se ha vuelto más complicado y una decisión de ese tipo no se toma tan fácil. Hamlet es un príncipe inusual, aunque conoce y se acoge a los conceptos tradicionales del honor en la Corte, no quiere ser tratado con ceremonia, ni hablar por encima de los demás remarcando su nobleza. Tiene una conducta poco solemne, más humana y natural. Es un hombre, más que un príncipe. Aunque al final esta condición se impone y tiene que actuar como tal, con el poder que su jerarquía implica.

El lenguaje empleado por Shakespeare cambia según el personaje, lo que propicia una multiplicidad estilística sin que por ello se pierda la unidad lingüística del texto. Claudio, el rey asesino es ceremonioso, cuando Hamlet finge la locura habla en prosa y cuerdo se expresa en verso. Ofelia siempre habla con romanticismo exaltado, Polonio de manera retórica, y la Reina refiere a menudo frases tontas y superfluas. En la escena de los enterradores se evidencia un humor terrenal, espíritu ingenioso y rica sabiduría popular. De modo que el gran dramaturgo inglés supo ser uno diferente para cada personaje y de acuerdo con las diferentes circunstancias que urdió como autor dramático.

Imagen: La Jiribilla

Catastrophe[4]

Afuera del Teatro Mella no hay una bandera negra anunciando la tragedia como en la época isabelina, pues todos pueden leer el cartel que anuncia Hamlet, la pieza más enigmática y representada de William Shakespeare. Sin embargo, los horarios de dos de la tarde y siete de la noche recuerdan que las funciones del teatro isabelino se representaban antes de que cayera la noche, para aprovechar la luz solar. En el escenario hay dos torres de luces a ambos lados que cumplen la función literal de “iluminar” la obra, un ambiente plano sin cambios ni atmósferas durante las dos horas y cuarenta minutos del espectáculo. Mientras los espectadores están entrando en la sala, algunos aún buscan sus asientos y otros comen rositas de maíz, los actores van apareciendo paulatinamente en el escenario, pero sin ceremonia, se preparan con naturalidad para la función.

Comienzan el espectáculo con una canción y el actor/presentador anuncia la obra en inglés, aclara que todo el espectáculo será representado en ese idioma pues Shakespeare hablaba esa lengua. En una pantalla serán proyectados breves textos que refieren los sucesos fundamentales de la trama, para conducir al público hispanohablante. Con energía y proyección excelente el intérprete dice el único texto en español antes de concluir esta suerte de prólogo: “¡Buena suerte!”, en el contexto de esa exclamación no queda claro si lo dijo refiriéndose al idioma inglés o a la función. De cualquier manera, los espectadores perciben el guiño y sonríen cómplices. Cuando la primera escena empieza, las luces de la platea permanecen encendidas, algo que resulta inusual. Pero recordemos que el teatro isabelino no se representaba del modo al que estamos habituados en la contemporaneidad, la sala oscura y el telón. En tiempos de Isabel I, las obras se presentaban de día, de modo que los actores podían ver a su público,  y tampoco había telón. Por esta razón, el grupo Shakespeare`s Globe Theatre adoptó varias de las convenciones de la época para su puesta en escena.

La concepción espacial apuesta por una minimalización de los recursos, en un espectáculo pensado para cualquier tipo de espacio, incluso abierto, una plaza pública o un teatro a la italiana. Una estructura con una cortina recogida a un costado, varias maletas, ganchos en el fondo para sostener algunos instrumentos musicales es todo lo seleccionado para dar cuerpo a la monumental tragedia. Para poder cumplir con una gira mundial como la que se propone el Shakespeare´s Globe Theatre, decidieron llevar solo lo que cupiera en el equipaje de los actores. 

Uno de los recursos más interesantes de la puesta son los efectos de sonido. Estos son realizados en escena por los intérpretes. La pieza es acompañada con diferentes instrumentos musicales que acentúan matices, enfatizan determinadas escenas y efectos dramáticos. Por ejemplo, las entradas del fantasma del padre de Hamlet son anunciadas con un sonido particular que imprime misterio y sobresalto a la escena. Del mismo modo en el período de Shakespeare, le concedían gran importancia a la música, y a los efectos de sonido, siendo parte inseparable del espectáculo. Si tenemos en cuenta que los elementos escenográficos eran  muy puntuales y que no utilizaban luces, la música tenía una mayor elaboración,  apoyaba las atmósferas y estados, suplía la carencia escenográfica y de iluminación. En esta propuesta de Hamlet, los actores con excelentes cualidades vocales interpretan canciones, cantan estribillos, pero sin convertir el espectáculo en un musical, hay mucho tino en la selección y frecuencia de las intervenciones musicales. Es hermosa la escena en la que Ofelia aparece enloquecida y el modo de exorcizar su delirio es cantando.

Imagen: La Jiribilla

La interacción recurrente entre actor y espectador que notamos en casi todas las obras de Shakespeare, obedece a  una condición del teatro isabelino: el actor podía ver al público, porque obraban en un mismo espacio, único e indivisible. La compañía Shakespeare´s Globe Theatre tuvo en cuenta esa convención, pues los personajes dirigen sus monólogos hacia el público, pero no en un tono exaltado y patético. Miran a los espectadores y enuncian sus textos de manera conversacional. En dos ocasiones entran por el público, cuando nadie los espera, cosa que era común en la escena isabelina.

El elenco es de una profesionalidad absoluta, y de un dominio pleno de sus resortes. La proyección de todos es asombrosa, colocan cada una de las intenciones y motivaciones de sus personajes con una dicción, un registro de matices y una organicidad que trasluce sus sentimientos,  a pesar de las limitaciones que buena parte del público tiene con el idioma. En la escena del duelo los intérpretes demostraron habilidad con las espadas, testimonio de un entrenamiento de esgrima que antecedió la preparación del espectáculo. Una tragedia como esta, textos en verso de alto vuelo poético, monólogos largos y complejos, requieren de una medida en la enunciación, para no recurrir al patetismo común en estos casos, ni a la vaguedad de tonos planos que no trasmitan la complejidad y hondura de los personajes. Los actores de Shakespeare´s Globe Theatre lograron la difícil tarea de comunicar sus emociones con toda la intensidad y oficio que necesita un texto shakesperiano para ser comprendido hoy.

Por otro lado, es necesario destacar la importancia concedida al vestuario en el teatro isabelino. En el siglo XVI en Londres, no se concebía emplear el llamado “vestuario de época”, de manera que para la representación de Julio César, aunque en la tragedia se estuviera evocando el mundo romano, los actores llevaban el vestuario que se usaba en ese momento en Inglaterra. Lo que en la contemporaneidad llamamos “el último grito de la moda”, eran los atuendos vestidos por los actores ingleses,  ropas lujosas y actuales. También era conocido que los mismos intérpretes con solo colocarse un atuendo por encima del traje ya representaban otro personaje. En la puesta en escena en cuestión, el vestuario, digamos que es lo más sencillo posible, buscando en muchos casos la neutralidad y no la opulencia. La reina tiene un vestido y unos zapatos que pudieran ser usados perfectamente en nuestra época, la capa que trae encima es la que asegura su jerarquía, con ese concepto minimalista es tratado el concepto del vestuario. Ofelia siempre aparece en escena con un vestido rojo con lirios blancos, y cuando interpreta otro personaje se coloca una bata encima. El vestuario trata de captar en su diseño la esencia de los personajes, aquello que los caracteriza y los hace únicos. Hamlet aparece vestido con tonos oscuros y sobrios, y el rey es el que viste más aparatoso, de acuerdo con la ostentación del personaje.

En Hamlet el principio de la unidad de acción es quebrado y cede su lugar a las analogías, por lo que un mismo tema es agotado en todas sus variantes. En el universo shakesperiano la misma situación es contada por un personaje, luego representada en tonos graves, y después parodiada. Una polifonía de imágenes análogas que multiplican las visiones de un mismo motivo, esto enriquece y complejiza la trama en lugar de limitarla. Es recurrente en su dramaturgia, la aparición de cómicos ambulantes que vienen a revelar en medio del juego de la “representación”, el serio asunto en el que se debaten sus protagonistas.

Este juego de roles no es ingenuo, y enfoca los sucesos desde ángulos diferentes. En la puesta en escena está muy bien trabajado, pues omiten los textos y desarrollan la escena desde la gestualidad y la mímica en una síntesis brillante que ofrece la misma información pero en un tono paródico. El público disfrutó mucho esta secuencia gestual acompañada de música.

El realismo con el que Shakespeare trabaja varios elementos dentro de esta tragedia es respetado en el espectáculo. Las apariciones del fantasma aunque acompañadas de efectos sonoros muestran a un ser real, más cercano a un ser vivo que a un muerto. La forma en la que los personajes lo asumen, tiene que ver con que en ese tiempo la creencia en las brujas y en los fantasmas era normal.

El fragmento más célebre y esperado de los monólogos de Hamlet llega: “To be or not to be? That is the cuestion.” El público responde con una ovación de reconocimiento. Y acaso esta enigmática frase ha ocupado en demasía durante años a estudiosos del teatro, las letras, la psicología y las ciencias sociales. “Ser” en aquella época estaba muy asociado a “existir”, y si tenemos en cuenta que Hamlet después de esta interrogante, cuestiona si no será mejor dormir o morir a vivir tantas tribulaciones, a lo mejor no es tan complicado lo que Shakespeare nos quiso decir. Pero el misterio también hace a los poetas, así que mejor dejar la frase suspendida y que cada cual cavile o disfrute su eternidad.

Luego de la catástrofe, de la multitud de cadáveres que deja la tragedia hamletiana, los actores bailan contentos al ritmo de la música, y podemos ver a Ofelia del brazo de Hamlet dando saltos. Los intérpretes saludan jubilosos al público que los ha seguido durante casi tres horas.

Este espectáculo me recordó las palabras del profesor Habey Hechavarría cuando nos decía en sus célebres clases de Historia del Teatro en el ISA: “¡Tienen que leerse a Shakespeare en inglés!” Ciertamente la musicalidad que se disfruta al escuchar los versos ni se sospecha cuando  se leen sus textos en español.

Posiblemente los espectadores cubanos esperábamos un gran montaje, con la parafernalia que imaginamos para una tragedia de este tipo, pero la verdad es que ese ideal está lejos de lo que fue el teatro isabelino realmente. O tal vez, algo más atrevido y transgresor, pero creo que el objetivo con el que está hecho, homenajear a su autor llevando su obra a varios países del mundo, con un espectáculo capaz de adaptarse a cualquier espacio, con un lenguaje que más allá del idioma logre comunicar la esencia de Hamlet está logrado, con una propuesta teatral eficaz para enfrentar tales retos. Mientras los aplaudo musito, casi susurro en un inglés básico y mal pronunciado: “¡Good luck Shakespeare´s Globe Theatre! ¡Long life for Hamlet!”.


[1] Así se denomina al primero de los cuatro movimientos que compone la estructura formal aristotélica. El teatro isabelino, amén de sus transgresiones se ajustaba por lo general a esta. Se llama Protasis a la parte introductoria de la obra, en la cual se hace la presentación de la situación y de la relación entre los personajes.
[2] Segundo movimiento que compone la estructura formal aristotélica. En la Epitasis los argumentos comienzan a desarrollarse y se entrecruzan.
[3] Tercer movimiento que compone la estructura formal aristotélica. En la Catastasis se articula el nudo de manera inextricable, sin atisbos de solución de los conflictos.
[4] Cuarto y último movimiento de la estructura formal aristotélica. La Catastrophe es la parte de la obra en la cual se produce el desenlace del nudo dramático. En la comedia lleva a un final feliz y en la tragedia a un final desgraciado, aunque no siempre es así.   

 

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