Entrevista con Vladimir Cuenca:

“Siempre hay una elección”

Mayté Madruga Hernández • La Habana, Cuba

Para hablar de moda en el siglo XXI y en Cuba es necesario que el acercamiento al tema traspase la mera referencia de los colores que serán utilizados en la temporada, e ir más allá de los pactos sociales que sostienen que “verde y colora´o  es guajiro declara´o” o de que vestirse con dos estampados es estar faja´o  o “trepado”.

Pensemos en esa icónica película que es El diablo viste de Prada (2006), en esa imprescindible escena donde Miranda Priestly (Meryl Streep) le decodifica en pocos minutos, a la joven periodista Andy Sachs (Anne Hathaway) cómo un simple abrigo azul contiene años de historia, creación, mercado, en fin la misma trascendencia humana.

La moda es un lenguaje, así piensa el diseñador Vladimir Cuenca, y con esta idea central transcurrió  nuestra conversación. “Yo no diría que es un arte visual, ni un arte del vestir, porque sería como una manera de hablar para referirse al acto de vestirse, en el cual hay muchos niveles que pueden abrir puertas que nos llevarían a donde quieras.

Imagen: La Jiribilla
Foto: Tomada de Internet
 

“Se pudiera decir que el cubano es un artista a la hora de tener que vestirse”, opina Cuenca quien no le teme a la palabra moda pero para Cuba prefiere utilizar modos. Aún cuando para hablar de moda en la Isla se deba tocar el tema económico, siempre vestir constituye una elección.

“En el acto de vestir siempre hay una elección y en ella un mensaje, aunque estés en las peores condiciones, las personas eligen  que se ponen. Por eso me parece que la parte simbólica es la más importante; más allá de la necesidad de vestirse, de cubrirse que también es cultural y responde siempre a un momento determinado”, indica el diseñador en unas primeras ideas acerca de los conceptos moda y vestuario.

Cuba ¿distinta, diferente?

“En Cuba no vivimos un sistema de la moda como en el resto del mundo. Creo que aquí somos más de un modo que de moda. Este término me resulta muy amplio como para encauzarlo y ponerle límites. El tema de la moda está llevado y traído, lleno de prejuicios en nuestro país. La moda sale de las propias dinámicas sociales y vitales de las personas”, opina.

Pensar la moda como un suceso cultural y desprovisto de la frivolidad que algunas personas le imponen resulta todo un reto. Cuenca lo explica: “el tema del vestuario está muy imbricado a todo lo social y a la comunicación humana, no los puedes casi separar, está relacionado con todo, con la economía con la política, incluso para los propios teóricos les cuesta mucho a la hora de sistematizar y estudiarla por que les lleva a muchas otras especialidades.

“Como la función del vestuario es social, tiene reglas sociales, y ahí parte del asunto es mimético. También es un lenguaje, sino te entienden eres un extraño total y estás condenado al rechazo. Siempre es importante adecuarte a lo que te rodea y a la vez distinguirte, es una situación paradójica, en un momento vas  a la pluralidad y en otro se va a la masa”.

Imagen: La Jiribilla
Foto: K & K
 

En la moda influyen además los llamados paradigmas del éxito, personas, clases o grupos que por determinadas razones imponen tendencias o formas de vestir. “Por ejemplo cuando estábamos en la década de los 80 los paradigmas del éxito eran los profesionales, las carreras”. Actualmente el estatus económico marca el éxito por tanto “las personas que tienen una manera de vivir digamos, más vinculada a lo comercial”, se muestran como modelos  a seguir en sus elecciones en el vestir.

El postmodernismo también llegó a la moda y a Cuba, por lo mismo Vladimir explica, que “como la sociedad se ha diversificado y este mismo proceso implica que los paradigmas se van también diversificando, puede suceder incluso, que los barrios tengan una identidad propia”; también la tienen las diferentes formas de relacionarnos. Un ejemplo ilustrativo de cómo el vestir se vuelve moda y más que moda estética lo constituyen las tribus urbanas, fenómeno social estudiado por antropólogos y humanistas, pero también por diseñadores. “Las tribus urbanas van uniendo a las personas con intereses similares, y  cada vez que un grupo humano se reúne surge una estética, porque en la comunidad de intereses nace una imagen que se va construyendo inconscientemente”, explica Cuenca.

Otro  ejemplo actual en Cuba puede serlo la forma cómo se visten las personas que integran distintas denominaciones religiosa donde “hay una estética, porque hay determinadas reglas del vestir. Otro caso lo constituyen los rockeros donde prima el color negro, los pulóveres con logotipos. Ante tanta diversidad hay un modo de hacer las cosas y de vincularnos con las corrientes principales, de forma muy particular”.

Entonces definir la moda cubana es casi tan complejo como definir la cultura. “Existe un modo cubano pero no es por una voluntad expresa, es porque  se vive aquí, incluso tratando de separarse de un estereotipo que recurre a modos nacionales, porque uno está inmerso en la cultura, uno no contiene el lenguaje sino que el lenguaje lo contiene a uno.

“El cubano por su condición de vivir en una isla siempre ha tendido a querer ser universal, a asimilar cosas externas porque  es parte de su historia, y el vestir no escapa de esto. Actualmente en La Habana tú puedes identificar hasta como se visten las personas por los barrios”, comenta Vladimir.

Imagen: La Jiribilla
Puesta en escena de Ana en el Trópico por Teatro El Público
 

“El vestuario ubica en tiempo y espacio”

Cuenca trabaja actualmente para compañías como Teatro El Público y Danza Contemporánea de Cuba. También diseña el vestuario de películas. Su último proyecto recién acaba de salir de las salas cinematográficas del país: Bocaccerías Habaneras (Arturo Sotto; 2014). En estas obras artísticas ha recreado el vestir del cubano en muchas ocasiones.

“Mi trabajo está enfocado mucho en la historia y los personajes, tengo que tener en cuenta un número de factores. Generalmente me concentro en la historia y a partir de ahí abro el canal de símbolos, siempre mediados  por ellos.

“El vestuario siempre ha servido para ubicar en tiempo y espacio las historias. A la hora de trabajarlo en el cine o en el teatro, se tienen en cuenta los estereotipos, quizá para romperlos, quizá para afianzarlos. Es un lenguaje dentro de otro lenguaje. Lo importante es tener en cuenta que existen y reconocerlos para tu poder modificarlos”.

En Bocaccerías Habaneras y en cualquier otro filme en los que haya participado, Vladimir Cuenca sigue una pauta de trabajo y esto es “tratar de identificar cada personaje con un tipo. Con el trabajo de diseño de vestuario lo que pasa  es que tampoco puedes ser tan antropólogo porque no estás reconstruyendo, estas evocando. Tienes que saber identificar los rasgos generales de un tipo pero no puedes hacer una traslación directa porque tienes que contar con el cuerpo del actor, trabajas en la negociación con un actor, con un personaje y con un tipo, y luego está el director”.

Imagen: La Jiribilla
Foto: K & K
 

Los 70, los hippies y las medias de encaje

“A finales de los 70 los paradigmas de la moda comienzan a diversificarse. Hasta esos años la moda era más unidireccional, muy identificable. Incluso antes, a partir de los hippies, quienes introducen la primera cuña de la diversificación, y empiezan a aparecer las tribus urbanas, las tipologías. Esto es un fenómeno que igualmente es cíclico, ahora mismo estamos en un momento de gran expansión puede que después se homogenice un poco más.

“Hoy la moda es más diversa, en los 60 había un marcado carácter en lo geométrico, en el minimalismo, después eso se rompe y empiezan a aparecer yuxtaposiciones de estilos”, opina el diseñador. Ante tanta diversidad vuelve a surgir la pregunta: ¿hay entonces una moda que identifica al común de los cubanos?

 “Yo prefiero hablar de tendencias,  pues no existe el cubano medio, para mí es como la normalidad, lo que pasa es que hay unas cosas más visibles que otras y a eso es lo que solemos llamarle medio. La imagen del varón cubano ha cambiado muchísimo, en el sentido de que se produce más, hay una producción estética en la imagen masculina muy grande, quizá a veces mayor que de la femenina. Actualmente hay un deslizamiento y hay una intención de borrar los límites, se está hibridando el tema de los géneros”.

Según el diseñador se pueden identificar los barrios de residencia de las personas por cómo se visten. “En un sector como el llamado en el lenguaje popular “reparteros”, se produce un reciclaje de un montón de signos, por ejemplo me despierta mucho interés cómo el piercing fue trasladándose de lugar. Aparece primero en los punk de los años 70, un sector sumamente rupturista y rebelde y ahora esto lo ha asumido un sector que no tiene nada que ver con eso. Lo mismo sucede con los pelados que se encuentran en un grupo totalmente opuesto. O sea, se asumen signos visuales que identificaban históricamente a otros grupos, como estéticas del mundo gay.

“Otro fenómeno curioso se da en las mujeres uniformadas, ya sean militares o dependientes, usan uniformes con medias de encajes, algunas alegaron que es por “feminidad”, cuando yo les pregunté por qué; pues esa  unión en el resto del mundo es inconcebible, dado que uno es el mundo del uniforme, de la imagen corporativa, y las medias de encaje provienen del mundo de la prostitución”.

Entonces con estos ejemplos llegamos a identificar lo que puede denominarse modos o moda cubana. “Tomar elementos de mundos opuestos es un rasgo muy cubano, otro es la voluntad de adorno. Otro elemento muy actual, que si está condicionado por el mercado, es el uso del color”, explica Vladimir.

El calor sigue influyendo en el modo de vestir cubano, conviene el diseñador: “el cubano se ha ido quitando cosas, pero eso es común en el área latinoamericana”.

El mensaje que transmitimos al vestir según Cuenca, hoy lo trasmitimos de acuerdo a nuestra capacidad de acceso a la información, a los productos relacionados con este tema, de comprender cuánto decimos de nosotros mismos al seleccionar nuestros atuendos, “es decir lo construyes como edificas tu propio lenguaje, con los elementos que tienes a mano, y siempre a través de elecciones, y ahí ya existe una construcción.

“Nos comunicamos a través de la ropa. Cada día todos los hacemos cuando vamos a una reunión, y nos vestimos de una forma, si vamos a una fiesta nos vestimos de otra, es decir, aunque no esté tan claro como en otras épocas, sigue habiendo una elección”.

Antes de finalizar la conversación Vladimir Cuenca no quiere dejar de puntualizar que la moda, “no es que sea arte, pero se expresa toda la cultura humana en ella”.

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