Marionetas Acuáticas de Hanoi

Regresan a Cuba las Estampas Vietnamitas

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba
Imágenes de Internet
Lunes, 18 de Agosto y 2014 (11:02 am)

“¡Nos veremos otra vez!”, prometieron dos años atrás los integrantes de la Compañía de Marionetas Acuáticas Thang Long (Dragón Volador), de Hanoi, al despedirse luego de concluir la última de sus funciones en la Carpa Trompoloco del Circo Nacional de Cuba.

Muchos en aquel momento añoraron apreciar el sui géneris arte milenario, patrimonio cultural de la nación vietnamita. Era la primera presentación de Thang Long en el Caribe y desde antes de la función inicial las entradas se habían agotado. En vista de ello, se programaron dos actuaciones extras para el fin de semana, pero, tal como declara ahora el director Nguyen Hoang Tuan “en el primer viaje nos dimos cuenta de que al pueblo cubano le gustó tanto nuestra presentación que sentimos la necesidad de venir de nuevo”.

Aquí están, dos años después, cumpliendo sus anhelos de repetir la experiencia en la sede del Circo Nacional de Cuba, donde se efectúa una doble función a las 5:00 p.m. y 7:00 p.m. desde el sábado 16 hasta el martes 19 de agosto.

Una veintena de actos nutre el repertorio total de la compañía. “En Cuba interpretaremos los doce más especiales, para que el público cubano conozca sobre nuestra cultura, historia y tradiciones”, expresa su director.

El espectáculo Estampas Vietnamitas promete así una fiel representación de las leyendas, festividades y vida cotidiana de una cultura nacional enriquecida a lo largo de los siglos. Regresan, de esta forma, el ritual del festival de tambores y las danzas de los cuatro animales sagrados: el Dragón, la Tortuga, el Fénix y el León. Regresa la maestría exclusiva y oculta de los artistas de Vietnam que dan vida, luego de cuatro intensos años de formación, a la diversidad de marionetas acuáticas. Regresa el templo de ocho tejados con su rojo telón calado, la enorme piscina erigida retablo, la singular música acoplada a la historia en excelsa armonía… regresa, desde un espacio remoto y desde un tiempo lejano, muy lejano…

Imagen: La Jiribilla

Río Rojo, siglo XI

En los campos de arroz del norte de Vietnam, a orillas del delta del río Rojo, en el año 1010, emergió un extraordinario arte popular. Según la leyenda, una crecida en los arrozales estuvo a punto de arruinar el espectáculo de muñecos que se ofrecía a los niños en el templo del dragón rey, pero la destreza de los artistas hizo renacer un teatro diferente desde las aguas, que fue guardado y transmitido con celo de generación en generación.

También se narra que a estas figuras móviles se les atribuían mágicos poderes. Por ello los pobladores las situaban en los cultivos con el propósito de atraer prosperidad y alejar el mal tiempo y a las fieras.

La historia, por su parte, atribuye ese origen a los espantapájaros que colocaban los campesinos en sus cultivos, usualmente inundados. De ahí la invención de sistemas para mover los muñecos a distancia, técnica que inspiró posteriormente a los artistas para trasladarla al teatro popular de marionetas.

No obstante, la prueba visible que da cuenta de su existencia, data de una estela de piedra del año 1122 encontrada en la provincia de Ha Nam, cuyos escritos detallan la celebración de la victoria de un rey mediante una función de títeres acuáticos. 

Al inicio se concebían los muñecos por separado, pero con el tiempo se fueron instituyendo agrupaciones que narraban sugestivas historias tradicionales en espectáculos durante las fiestas aldeanas, las celebraciones de efemérides y los festivales populares, como los días del Tet que homenajeaban el Año Nuevo Lunar.

Las sucesivas guerras fueron debilitando este arte, hasta hacerlo casi desaparecer durante la intervención colonial francesa. En el siglo XX, con la llegada de Ho Chi Minh a la presidencia, resurgen las marionetas acuáticas en aldeas y pagodas, celebrando eventos de la cultura tradicional vietnamita. Desde ese entonces su evolución no se ha detenido, y constituye hoy una de las manifestaciones artísticas más originales y típicas en el teatro de títeres a nivel mundial.

Enigmas de un arte milenario

Denominada por los vietnamitas danza de los muñecos en el agua, esta peculiar expresión del arte demanda no pocos desafíos, debido a la complejidad en el manejo de los títeres en un escenario y condiciones de trabajo nada comunes.

La piscina constituye, sin dudas, el mayor atractivo del espectáculo. En ella las marionetas realizan los más disímiles movimientos, cuyo mecanismo se oculta a los espectadores mediante un telón con cortinas, tras las que se encuentran los animadores que dirigen las figuras.

Largas varas de bambú de seis a ocho metros de longitud y un sistema de cuerdas que afianza la naturalidad de las acciones, se esconden bajo la superficie del estanque. La turbidez de las aguas dificulta la distinción entre los palos e hilos, por lo cual los titiriteros deben recordar con certeza la técnica y herramientas para la animación de los muñecos. Otro elemento importante es el nivel del agua, pues si se encuentra más alta o baja de lo requerido, resulta imposible la realización del espectáculo.

“Para manejar cada marioneta se necesita de una a tres personas, muchas veces cinco”, explica el director Nguyen Hoang Tuan. “Mientras más personas requiera el títere, más complejo es el trabajo, pues una debe controlar los brazos, otra el torso, otra la cabeza y otra las piernas. Todas estas partes deben funcionar de manera armónica para que la marioneta esté equilibrada”.

Muchos se preguntan de qué están hechos estos flexibles títeres, resistentes a su exposición constante dentro del agua. Desde épocas tempranas, los agricultores utilizaban para su confección la madera de higuera que garantiza su durabilidad y resistencia, y hasta hoy continúa empleándose como material fundamental. Luego de moldearlo según la forma anhelada, se cubre con los colores y el barniz que propicia una mayor solidez. Las marionetas pueden medir hasta 50 centímetros y pesar 15 kilogramos. Según apunta Hoang Tuan, ninguna es igual a la otra, pues cada una posee características especiales que se han ido desarrollando y mejorando con el paso del tiempo.

Las representaciones muestran los más disímiles pasajes de la vida milenaria del pueblo vietnamita: breves y sencillas historias que pueden apelar al humor, pero manteniendo la esencia popular y costumbrista que les dio vida. Leyendas asociadas a la construcción y defensa del país, el trabajo rural de los campesinos en las labranzas de arroz, la custodia de búfalos y la caza de peces. Figuras míticas encarnadas en dragones, hadas, unicornios, y rituales como el festival de percusión y el preludio del Teu, popular títere que simboliza los rasgos distintivos de los vietnamitas.

Los actos adquieren vida acompañados de la inseparable sonoridad de los cantantes e instrumentistas que complementan a los sucesos y personajes. La música forma parte de las coplas folclóricas y piezas del teatro popular procedentes del campesinado. Tambores, campanas de madera, voces, trompetas, platillos, los gongs y las flautas de bambú, se tornan imprescindibles dentro del hilo narrativo de las historias.

Imagen: La Jiribilla

El Dragón Volador de Hanoi

En la céntrica calle Dinh Tien Hoang de la capital vietnamita, puede hallarse una institución peculiar, cuna de la más prestigiosa compañía de títeres acuáticos del país: el Teatro de Thang Long. Se dice que al entrar en el circuito, lo primero que cautiva la atención de los visitantes es el área donde se muestran muñecos de madera de todos los tipos, tamaños y colores, que parecen estar aguardando el instante en que la magia de la función los convierta en seres animados sobre el agua.

Si bien existen en Vietnam cuatro delegaciones profesionales dedicadas a este arte titiritero, es el Teatro de Marionetas Acuáticas de Thang Long el más reconocido dentro y fuera de sus tierras. Fundado en 1969, constituye el único en el continente asiático que se ha mantenido brindando funciones, durante dos décadas, los 365 días anuales, mérito que fue reconocido en el año 2013 con el otorgamiento del Récord Guinness.  

Cantera de 42 artistas, Thang Long, desde su creación, se ha dedicado a investigar de forma acuciosa los diferentes personajes y casi 600 actos originarios de 15 provincias, la mayoría ubicadas en la parte norte del país. Su director Nguyen Hoang Tuan, con 30 años de experiencia en el manejo de los títeres acuáticos, manifiesta:

“Nuestros artistas visitaron las diferentes regiones del país para apreciar sus tradiciones y conductas, pues en su formación deben tener conocimiento general de la vida de cada provincia. Cuando fueron a ver a los campesinos de las diversas regiones, no les resultó sencillo porque estas personas eran reacias a dar a conocer sus tradiciones, que en tiempos de antaño se transmitían solo a los hombres, no a las mujeres. Tuvimos que hacer muchos estudios para llegar a ellos y lograr que nos transmitieran esos conocimientos ancestrales”.

Más de 50 títeres representativos de variopintos personajes enriquecen los espectáculos del guiñol acuático Thang Long, una de las más atractivas propuestas culturales de la ciudad de Hanoi. Debido a la alta demanda del auditorio nacional y extranjero, la agrupación ofrece cada día de cuatro a siete funciones, y traslada su arte hacia zonas remotas del territorio vietnamita.

Igualmente, desde 1992 esta compañía ha dado a conocer su cultura milenaria con presentaciones en escenarios de otros 50 países y ha formado parte de varios festivales de marionetas en Japón, Francia, España, Estados Unidos, Brasil y Australia, entre otros. La exclusividad de su arte le ha valido, en no pocos eventos competitivos nacionales e internacionales, el primer premio.

La clave para mantener su aceptación en la era contemporánea reside en las innovaciones que introducen los jóvenes artistas, sin renunciar a la esencia de la cultura e identidad tradicional. De esta manera, apreciamos la inclusión de efectos técnicos que enriquecen los movimientos y acciones, como el fuego que emite el dragón por sus fauces mientras nada, el zorro que trepa el árbol y los pescadores que lanzan sus redes al río, por solo mencionar algunos ejemplos.

En esta segunda estancia en Cuba, los integrantes del Teatro de Marionetas Acuáticas de Thang Long han expresado su satisfacción por retornar a la que muchos de ellos consideran su segunda patria. El director Hoang Tuan anuncia un encuentro con los titiriteros cubanos en la próxima visita, porque, asegura, “no solo habrá esta, sino una tercera, una cuarta, una quinta…” Y aquí estarán nuevamente a su espera, niños, adolescentes y adultos.   

 

 

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