Teatro

Gala cultural en homenaje a Antigonón

Ambar Carralero • La Habana, Cuba

Fotos: Cortesía del autor de Antigonón. Las otras dos 0 y 1 son de Alexis Montes de Oca

Palabras de Apertura: (Voz en off)

Estimado Rogelio: Esto fue lo que pude hacer sobre Antigonón... En lugar de una crítica escribí algo parecido a una Gala Cultural dividida en dos bloques. Es una “descarga” muy personal, pues hacer una crítica “formal” sería para mí, traicionar lo que te propones con el texto, sería ser inconsecuente con el largo proceso creativo que significó para Carlos y para las actrices, el Contingente Épico Antigonón. Por ser fiel a ti y a mí misma, he sido infiel con la crítica. Espero que si algún día publican este texto, los lectores, críticos, investigadores, entiendan que jamás fui desleal a mi oficio, que no era una cuestión de deslealtad, sino más bien de amor. Espero entiendan, que a veces, en nuestra excesiva devoción hacia algo, podemos y debemos ser infieles.

Imagen: La Jiribilla
Foto: Cortesía del autor de Antigonón
 

Primer bloque

I. Mientras los lectores se ponen cómodos, deberán tararear el estribillo de la canciónMe hace falta una flor” del Dúo Pimpinela.

II. Seguidamente, un fragmento del poema “Sueño con claustros de mármol” de José Martí.

Los héroes, de pie, reposan:[1]
¡De noche, a la luz del alma.
Hablo con ellos: de noche!
Están en fila: paseo
Entre las filas: las manos
De piedra les beso: abren
Los ojos de piedra: mueven
Los labios de piedra: tiemblan
Las barbas de piedra: empuñan
La espada de piedra: lloran.

Locutora: Antigonón un contingente épico, es un texto del joven dramaturgo cubano Rogelio Orizondo. Este montaje forma parte de un largo proceso de creación desde la escena y la escritura, que se presentó antes como un work in progress en el Centro Cultural Raquel Revuelta, y se estrenó luego en el Trianón como una obra acabada, bajo la dirección de Carlos Díaz. Hoy, a varios meses de su estreno, la puesta se acerca al cumplimiento de las 100 funciones, un ritual acostumbrado en el trabajo de la compañía.

El director dio varios puntos de partida para el dramaturgo y las actrices: Antígona, la tragedia de Sófocles, y los poemas “Sueño con claustros de mármol” y “El padre suizo”, ambos de José Martí

El texto hace una traslación del personaje Antígona hacia nuestro contexto. Sin repetir el conocido ritual de enterramiento de su hermano que hace la heroína en la tragedia clásica, se enriquecen las lecturas sobre esta mujer que puede ser una trabajadora social, una pionera, una visitante del Zoológico de 26 en el Vedado. Las Antígonas de Rogelio Orizondo son una multiplicación de voces, que desde diferentes ángulos tienen un solo objetivo, hablar de, y con “la Patria”. Contingente épico, es una denominación que resulta provocadora si pensamos que Brecht calificó su poética: Teatro Épico. Si le sumamos además, la carga narrativa en la dramaturgia de Orizondo, y las experiencias masivas de contingencias y campañas que históricamente ha enfrentado nuestro país, se conjugan referentes de diversa índole, aparentemente azarosos y distantes. Pero esa pluralidad enriquece y complejiza el discurso.

La puesta en escena que hace más de un año y medio tuvo lugar en el Centro Cultural Raquel Revuelta, se caracterizó por una absoluta economía de recursos. Solo dos actrices, vestidas con ropa de entrenamiento en un escenario con cuatro micrófonos, daban vida al cuerpo textual escrito por el autor. Giselda Calero y Daysi Forcade se graduaron con esta primera propuesta de montaje que el director de Teatro El Público trabajó con ellas y con el dramaturgo.

En el estreno definitivo de la obra en el Trianón, la visualidad convirtió aquel ejercicio actoral en un espectáculo donde la poética de Carlos Díaz muestra su fastuosidad habitual, aunque esta vez con otros presupuestos.

Imagen: La Jiribilla
Foto: Alexis Montes de Oca
 

Segundo bloque

III. Los lectores deben evocar la canción “El soldadoen la voz de María Teresa Vera.

IV. A continuación, un fragmento del poema El padre suizo de José Martí.

Dicen que un suizo, de cabello rubio[2]
Y ojos secos y cóncavos, mirando
Con desolado amor a sus tres hijos,
Besó sus pies, sus manos, sus delgadas,
Secas, enfermas, amarillas manos;
Y súbito, tremendo, cual airado
Tigre que al cazador sus hijos roba,
Dio con los tres, y con sí mismo luego,
En hondo pozo — ¡y los robó a la vida!

Locutora: En el inmenso cartel afuera del Trianón, en el que Rogelio Orizondo imaginó su nombre más de una vez siendo estudiante del Instituto Superior de Arte, el 29 de septiembre del 2013 está su firma junto a la de Carlos Díaz. La imagen de dos federadas y de Martí cruzado de brazos, contrastan con la afluencia de un público deseoso de entrar.

En el escenario, unos paneles empapelados con periódico exhiben grafiti con los rostros de los actores, fusiles, mapas de la Isla. La pasarela memorable de este teatro, testigo de tantos pasos, de tanto “taconeo”, está cubierta de botas y gorros rusos. Un cúmulo de zapatos que salió del anonimato en los almacenes de Tecnoescena —donde a nadie parecían interesarle—, directo a la concurrencia de esta sala teatral.

Mientras los espectadores “se acomodan en los asientos”, se proyectan audiovisuales con fragmentos de películas y documentales de diversa índole, desde secuencias de la película cubana La primera carga al machete del cineasta Manuel Octavio Gómez, hasta imágenes de Cristo, anticipando el carácter de documento histórico en que ha devenido esta experiencia teatral. Un tiempo es necesario para la acción de “acomodarse”, pues la procedencia de cada uno de los visitantes es única e irrepetible como el mismo hecho teatral. Algunos vinieron en el carro de un amigo, o en un almendrón con banda sonora de Marco Antonio Solís incluida, otros en el transporte público, una guagua bien repleta que convierte a la sala climatizada en un lugar aún más paradisíaco. Todas esas experiencias serán necesarias para compartir lo que a continuación se ofrece.

Las peticiones habituales de “apagar los móviles y de no tomar fotos con flash”, son dichas en tres idiomas: inglés, francés y español. Yo les pediré a los lectores, solo en español, que si no resulta urgente eviten responder sus celulares o teléfonos fijos mientras leen este texto.

Las actrices están acompañadas de dos actores, imagen asociada a los hermanos de Antígona: Eteocles y Polínices. Los cuerpos desnudos danzan hasta convertirse en un montículo semejante al que queda después de una masacre. A partir de aquí las entradas y salidas de las Antígonas, usando vestuarios que exhiben partes del cuerpo, hablando desde diferentes enfoques de lo que implica “ser cubano” hoy, de la herencia y de las rupturas, son un festival discursivo, sin pausas, sin tiempo para respirar. Y es que la pasarela habitual de Carlos Díaz en Antigonón, emana un olor raro. Un poco esotérico eso de “olor” para hablar de un espectáculo. Pero no se asombren, cuando los sentidos se activan en verdad nada es imposible, y la noción de verosimilitud ni se recuerda cuando “esa” historia de la escena es también “tu” historia. Cuando descubres en ese lenguaje cargado de malas palabras y de rabia, tu voz ahogada, justo esa que no te atreves a vomitar, entonces ya no importan los conflictos generales ni secundarios.

Después de media hora de espectáculo, algunos espectadores comenzaron a sustituir en su mente la imagen griega de Sófocles por el busto de Martí. El Apóstol parecía tan cercano, más parecido a la gente que uno conoce. Entonces pensaron que aunque creamos que sí, en realidad no conocemos nada, absolutamente nada del hombre de los Versos sencillos, que los versos no eran ni tan sencillos, y nosotros no éramos tan versados. Algunos hasta sintieron culpa por haberse aprendido de memoria sus poesías, porque sospechan que nunca llegarán a desentrañar el fondo de un pensamiento como el suyo, y sería muy confuso vivir en Cuba sin entenderlo. Disfrutan y padecen la “experiencia real” de un presente continuo en el teatro que es también el presente cotidiano, el que siempre nos espera a la salida de la sala.

En esta pasarela “enrarecida”, acudimos al desfile de escenas o fragmentos que son en sí mismos la sustancia del “drama”, porque llevan dentro una situación de conflicto que nutre el discurso desde su germen aunque no podamos ubicarla en un personaje determinado, en un suceso específico, porque a mi juicio son diferentes enfoques o experiencias del mismo trozo de realidad. Un discurso que tiene dentro de sí la revolución, el conflicto, el tema y la hipótesis, con la capacidad de autoabastecerse y generar lecturas que desde la palabra plantean una situación, porque las palabras son la situación, el cuerpo, la carne del problema.

Un texto que leí recientemente asegura: “Los dramaturgos atentan contra la causa-efecto para ofrecer una historia desvinculada del poder”[3]. ¿Podríamos asegurar que Antigonón… habla sobre el poder, la subversión del orden? Francamente, creo que no. Me atrevo a asegurar que el texto en cuestión habla desde el individuo, desde lo personal y no desde la masa, aunque parezca lo contrario, es ese discurso callado y gritado a la vez, íntimo y colectivo. Se hace masivo, mortal, irreverente por su modo de enunciación, por su carácter de denuncia, por la decisión de compartirlo y llevarlo al teatro. Es una visión personal, pero afín a muchos, por eso es colectiva, necesariamente pública, pero pensemos este mismo espectáculo en blanco y negro.

Evoquemos nuevamente el work in progress: dos actrices en ropa de trabajo, escasos elementos de utilería y el discurso, el cuerpo textual inundándolo todo. No es metáfora, es palabra corpórea. En ese “ensayo” había fuerza, intimidad, subversión. ¿Entonces, por qué añadirle toda la espectacularidad que acompaña su estreno y puesta definitiva? Creo que ahí se convierte en acto masivo, en una convocatoria multitudinaria de “¡Vamos todos al teatro!” Ya es tiempo de compartir la experiencia, “Es la hora del recuento y de la marcha unida”[4].

Por eso en el mismo escenario, o plaza pública, la negra, o la vieja de la joroba, o la Patria que es lo mismo, (más roja y socialista que nunca) cuenta cómo cargó en brazos a su hijo hasta la escuela. Los raperos “manotean” su vulgaridad junto a citas de Martí y a pasajes de la historia de Cuba, como el del rescate que Panchito Gómez Toro hizo del cadáver de Maceo. Los uniformes escolares de las distintas enseñanzas cubren y des-cubren el cuerpo de los actores, de los estudiantes, con todas sus lagunas educativas y culturales, pareciera que el paso de una enseñanza a otra solo conllevara a más caos, y una lección de cómo cargar un fusil es semejante a la de cómo usar un condón. Las preguntas del libro Cursos de superación para maestros[5] de los años 60 son el pretexto para cuestionar la naturaleza de los planes de estudios, de nuestra deformación, el trasfondo de las respuestas que ofrecemos y de las que callamos. El poema “Abdala” puede esta vez ser releído y trastocado para construir un nuevo concepto de Patria, del amor, de la tierra, de la fertilidad de nuestro marabú[6].

En fin, (y sin justificar los medios) la carnavalización disfraza, y a ratos distorsiona estas “presencias/experiencias” que comparten junto a nosotros el desconcierto. Un miliciano se desviste y traviste para cantar “La machetera”, striptease muy a la cubana que recuerda la zafra de los diez millones, esos que se perdieron aunque mucho se cortó, esta “machetera/o” se burla en nuestra propia cara de lo que en un tiempo fue una derrota. Desde una perspectiva más sintética, este pasaje y el de los raperos es prescindible, pero recordemos que “al César lo que es del César”, y a Carlos lo que le pertenece.

Imagen: La Jiribilla
Foto: Alexis Montes de Oca
 

Palabras de clausura: (Monólogo interior)

Mientras la canción “Girón a la victoria” de Sara González despide a los espectadores, repaso las notas al programa de mano escritas por Fabián Suárez. Yo creo que conozco a ese poeta del que habla, “el amigo que limpia casas para sobrevivir”[7]. ¿Será el colega holguinero que tantas veces he visto comprando libros en el parque El Quijote, el poeta premiado varias veces por la AHS y por la UNEAC? Si fuera él, tendría un poco de lástima por las instituciones cubanas. Sin embargo, por él no siento pena, seguirá escribiendo magistralmente, seguirá como muchos de nosotros mezclando lo sublime y lo precario. Si supiera que es él, no dudaría en recomendárselo, queridos lectores, pero aún hay mucha incertidumbre y mucho silencio. Por eso los invito a escuchar la multitud de voces en Antigonón... Por eso hay que seguir enterrando, aunque sin saber todavía, lo que merece quedarse.  

V. Tema de despedida:

...
y por los héroes muertos en las guerras
[8]
se tiene que luchar y ganar,
se tiene que reír y amar,
se tiene que vivir y cantar,
se tiene que morir y crear.

...


[1] Pérez, Martí; Julián, José: Poema XLV Sueño con claustros de mármol, Versos Sencillos, Obras completas, Volumen 16, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1991, p. 123.
[2] Pérez, Martí; Julián, José: Poema El padre suizo, Versos Libres, Obras completas, Volumen 16, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1991, p. 149.
[3] Clínica del desmontaje: sitio web de Panorama Sur.
[4] Pérez, Martí; Julián, José: Ensayo Nuestra América, Obras completas, Volumen 6, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1991, p. 15.
[5] Cursos de superación para maestros: Material para Maestros Populares, integrantes de la Brigada de Maestros de Vanguardia “Frank País” y Maestros Primarios en ejercicio. Editorial Nacional de Cuba, Editora del Ministerio de Educación, La Habana, 1963.
[6] Planta espinosa africana a la que se hace referencia en Antigonón... De la familia de las leguminosas, de la tribu Mimoseae, en Cuba es una plaga y recibe el nombre común de Marabú. En nuestro país existe una sola subespecie Dichrostachys cinerea y es altamente invasora en lugares abiertos y soleados.
[7] Suárez, Fabián: Notas al programa de mano de Antigonón un contingente épico.
[8] González, Sara: Fragmento de la canción “Girón a la victoria”.

 

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