Timbalaye 2014

De la escena a la ciencia

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba

Entre los presupuestos del proyecto de integración cultural Timbalaye, presidido por los profesores Ulises Mora e Irma Castillo, se halla desarrollar un pensamiento que contribuya a conceptualizar la génesis, desarrollo, impacto sociocultural y proyección universal de un complejo enraizado en la identidad cubana: la rumba.

Durante la sexta edición del Encuentro Internacional Timbalaye 2014, que ha ocupado parte de este verano en La Habana, Pinar del Río Matanzas y Cienfuegos bajo los auspicios de la UNEAC, la Asociación Hermanos Saíz, el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural y las Direcciones Provinciales de Cultura del Poder Popular, esa proyección se hizo notar en la sesión que tuvo lugar en la Casa de África, ubicada en el centro histórico de la capital.

La exposición de los resultados iniciales de la Beca de Investigación María Teresa Linares, otorgada por primera vez por Timbalaye y la AHS a la joven musicóloga Gretel García, llamó la atención por el rigor con que se aborda la caracterización de la evolución de la rumba hasta la actualidad.

En esa trama convergen las contribuciones teóricas precedentes de Fernando Ortiz, Argeliers León y la propia María Teresa Linares, pero también el bagaje de conocimientos específicos de la musicología contemporánea, los cuales permiten fundamentar un enfoque novedoso a partir del análisis de la entonación.

Otro aspecto importante de la investigación reside en considerar la rumba y sus variantes como organismos vivos, en constante desarrollo, como un proceso continuo de decantación y asimilación de influencias recíprocas.

Ello se verifica no solo en los temas cantados, sino en la batería de instrumentos con los que se ejecuta la rumba y las coreografías y gestos de los bailadores.

Fue útil, a manera de ilustración en esa misma jornada, asistir al espectáculo de gala en el teatro América. Dos agrupaciones de primera línea, bien diferentes, ejercieron su protagonismo: Addaché, de Matanzas; y Rumbatá, de Camagüey.

La primera responde al desarrollo del canon matancero fijado desde la década de los 50 del siglo pasado por Guaguancó Matancero y Guaguancó Neopoblano, luego renombradas como Los Muñequitos de Matanzas y Afrocuba, respectivamente.

Por su parte, Rumbatá, cuyos integrantes han bebido en la tradición de los lenguajes de los antiguos rumberos de La Habana y Matanzas, se han propuesto a consciencia romper moldes tanto en la estructura canónica de las tres variantes clásicas —la columbia, el yambú y el guaguancó—como en su interacción con elementos  de la timba y el hip hop.

Admirable en más de un sentido fue la presencia en el espectáculo de Orlando el Bailarín, figura mítica de la rumba habanera, quien a los 80 años de edad demostró ser capaz de incorporar al baile préstamos del break dance. En esa velada, a la que asistieron Miguel Barnet, presidente de la UNEAC, y Gladys Collazo, presidenta del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, fue reconocida la trayectoria artística y docente de Orlando en el Conjunto Folclórico Nacional y el Conjunto de Danza Moderna (hoy Danza Contemporánea de Cuba).

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