Gerardo Fulleda León:

La literatura es una forma de revelación
y de rebelión

Enrique Pérez Díaz • La Habana, Cuba

Gerardo Fulleda León es un nombre harto conocido en el teatro y la cultura cubana. Licenciado en Historia por la Universidad de La Habana. Fundador y subdirector de las míticas ediciones El Puente. Graduado del Seminario de Dramaturgia del CNC (1961-1964). Labora desde 1964 en la Compañía Rita Montaner como asesor teatral y director artístico. Fue su Director General desde 1988 hasta el 2013. Tiene el título de Profesor Titular Adjunto del Instituto Superior de Arte (ISA). Es presidente de la Sección de Dramaturgia de la UNEAC y profesor del Taller de Dramaturgia del CNIAE del Consejo Nacional de las Artes Escénicas.

Imagen: La Jiribilla

En su creación son significativas obras como La muerte diaria (1959); Cal en las tumbas (1961), tercer premio en el primer Concurso Nacional de Teatro Cubano del CNC (1962); Aquel verano (1962), mención en el mismo concurso; Plácido (1967-1975), Premio Concurso Teatro Estudio 1982, llevado al cine por el ICAIC, con el mismo título, por el realizador Sergio Giral. Su pieza Ruandi (1977) mereció Mención del Concurso La Edad de Oro (1978), Premio UNEAC al mejor texto, (1985), Premio Rubén Martínez Villena (1986); La querida de Enramada (1981) fue Mención en el Concurso UNEAC (1982); Provinciana (1984), Premio Concurso La Edad de Oro (1985), Premio La Rosa Blanca (1990); Chago de Guisa (1983-1986), Premio Casa de las Américas (1989); Remiendos —El otro Javier— (1993), Premio Terry de Dramaturgia, Festival del Monólogo de Cienfuegos,2007. Además ha escrito Lengua de coco (1994); Remolino en las aguas (1996). Voy por cigarros (2005) y El patio de los azahares (2011) algunas de ellas llevadas a la televisión y la radio. Sus obras han sido representadas en Suecia, Venezuela, Colombia, Santo Domingo, Honduras, Suiza, España, Francia y EE.UU. y se estudian en universidades de Suiza, Jamaica, Inglaterra, Brasil, España y los EE.UU.

Si a su hoja de vida como dramaturgo, poeta, inquieto y hombre culto se suman un ansia de renovación constante, —espíritu que mantiene hasta nuestros días— una verticalidad de principios, un compromiso con la más acendrada cubanía y nuestras esencias, así como ese quehacer creativo constante que no se satisface con lo andado sino con el camino por recorrer, los lectores coincidirán en que hablamos con uno de esos hombres imprescindibles a los que se refería Bertolt Brecht, alguien con quien vale la pena conversar un rato.

Me he enterado de que recientemente firmaste un contrato con una productora norteamericana para cederles la adaptación de Ruandi, un conocido libro tuyo para niños. Te agradecería si puedes hablar a los lectores de La Jiribilla de este proyecto.

Imagen: La Jiribilla

¿Qué repercusión le ves en tu vida y en tu obra, a solo unos meses de recibir el Premio Nacional de Teatro? ¿Qué significación ha tenido Ruandi en tu trayectoria creativa y humana?

Sí, hace meses, con Leslie Le Page y Miguel Paneke de Beverly Hills CA. Ya tienen un guion cinematográfico y en estos momentos atan lo cabos para que se lleve a cabo su filmación en los estudios de Hollywood. Tarea ardua que debe pasar por algunos procesos pero que ha ido despertando el interés de varios y esperamos que antes de los cinco años, plazo del convenio, este pueda verse realizado.

Es como la realización de un sueño que siempre creí muy lejano y ahora parece cercano, a lograrse. La primera persona que me sembró esa idea fue el compositor y cantante Edesio Alejandro, cuando trabajábamos juntos en la Compañía Rita Montaner; por entonces insistió en el ICAIC a ver si a alguien le interesaba y no logró su objetivo.

Hace poco un realizador del cine cubano y otro de la televisión nacional se me acercaron para proponerme su realización, pero llegaron tarde. Ya había establecido y firmado el contrato.

Ruandi es la obra más personal que he concebido y ya ha recorrido bastante mundo. Se ha representado en Honduras, EE.UU., Francia y las puestas en el patio de Tony Díaz por Teatro de Arte Popular y por Poblet con el Guiñol de Cienfuegos son antológicas.

En este momento lo tienen en repertorio Teatro Polichinela de Ciego de Ávila con dirección de Yosvany Abril Figueroa, Teatro de la Utopía de Pinar del Río con puesta en escena de Juliet Montes y el Guiñol de Holguín en un legado del desaparecido Miguel Santiesteban. Además de haberse editado en cuatro ocasiones. Sin lugar a duda es mi creación que más ha crecido para llenarme de orgullo. ¿No crees?

Imagen: La Jiribilla

Ruandi cuenta la historia de un niño que debe enfrentar los duros e inesperados retos que le impone la existencia. A la luz de los años de su publicación, por primera vez en 1986. ¿Cuántos valores y enseñanzas consideras que este emblemático personaje de nuestra literatura para niños le puede aportar a la infancia cubana de hoy?

En tus palabras, quizá están algunas de las claves de Ruandi. Los demás, los críticos y los espectadores, con los directores artísticos, cuando hablan de la obra me han develado mejor que lo que yo pueda hacerlo, las múltiples interpretaciones que puede aportar y sugerir la trama. Para mí el texto era tan solo una necesidad de expresar un sentimiento de amor y voluntad de realización, que en mí latía y que puede anidar en cualquier ser humano sensible: niño, joven o adulto.

¿Qué piensas de la infancia como categoría abstracta y de la infancia cubana de hoy?

Que es la fuente nutricia de todo lo que nos va a acontecer en el resto de nuestra existencia. Y después de beber en ella no hay que dejar que nunca se agote antes de pasar a nutrir a la tierra.

Creo que la infancia cubana está muy ávida de experiencias y conocimientos; los veo en las bibliotecas, en las aulas, frente a las computadoras y las pantallas de cine, en los teatros y me asombra cómo reaccionan, se conmueven y con sus risas, exclamaciones y silencios: saben “leer”. Quizá sin que lo sepan, entre líneas, van forjando sus propias conjeturas y sueños, sus planes de vida.

¿Existe para ti una literatura infantil? ¿Una literatura? ¿Literatura para personas?

Que me disculpen algunos pero disfruto tanto leyendo a El pequeño príncipe como a Muerte en Venecia de Thomas Mann, Cuentos de Guane de Nersys Felipe como Un día para el pez plátano de Salinger y El cartero del Rey de Tagore como Morir del cuento de Estorino. Quizá por esa incapacidad de deslindar los terrenos escribo para personas adultas y menores. No trato, en casi la totalidad de mis textos, de establecer límites de recepción. Solo evado la banalidad y la grosería gratuita que el niño que aún atesoro y el adulto que me creo, detestan.

En tu concepto ¿los niños leen hoy día más o menos que antes?

No podría calibrarlo pero sé que con el mundo de los audiovisuales tienen aperturas que los niños de antes no tuvimos. Quizá carecemos de los comics, de las publicaciones de revistas; pero las ofertas de libros editados siguen teniendo una función importante en nuestras librerías y bibliotecas de la llamada literatura para niños Y en nuestro país contamos con muy buenos escritores del género. Pero es imperdonable que un libro como La Edad de Oro no esté siempre como oferta en los estanquillos de nuestras librerías.

¿Qué opinas del tono que deben tener las historias para niños ya fueren contadas en un libro o una obra de teatro?

No soy quién para establecer el tono de ellas, pero no hay que temerle a la complejidad, a lo diverso, a tratar de romper normas y, sobre todo, entretener a toda costa y en buena lid.

¿Eres tú parecido a alguno de los personajes de tus obras?

Por supuesto que en cada uno de mis textos hay sensaciones, sentimientos y arrestos que alguna vez me han acompañado. La literatura es una forma de conocimiento y como tal hay que hurgar, a la hora de escribir, en uno y en los diferentes seres que van a poblar nuestras creaciones. Nunca conformarnos con la imagen que tenemos de los demás y de nosotros mismos, aunque lo que descubramos no nos guste.

La literatura es una forma de revelación y a la vez de rebelión contra lo establecido. Si al terminar un texto no descubrimos algo nuevo, sobre los demás y nosotros mismos, habremos creado probablemente una obra de tesis insípida y aburrida. Ante la hoja en blanco no hay que temer soltar los ángeles y, por supuesto, los demonios que alientan en uno y en los demás. El resto es aburrimiento. Todas las grandes obras infantiles o de adultos que conocemos son transgresoras.

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¿Cómo concibes idealmente a un creador para la infancia?

Como a alguien que quiere conocer algo amplio y medular para la infancia y que intenta entregárnoslo como una especie de talismán o resguardo sin el cual, el proseguir en el camino, nos puede ser más azaroso.

¿Reconoces en tu estilo alguna influencia de autores clásicos o contemporáneos?

Martí, Lorca, Mark Twain, Lewis Carroll, Exupèry, Tagore y otros muchos que harían interminable la lista. Todos los que me han despertado, inquietado o conmovido independientemente de los géneros literarios en que se han expresado.

¿Cuáles fueron tus lecturas de niño?

¡Ah! Los comics de todo tipo, Las minas del Rey Salomón, Las mil y unas noches, La bella y la bestia, (estas en versiones para niños de la revista argentina Billiken) Pinocho, Hombrecitos, El último de los mohicanos, Veinte mil leguas de viaje submarino, Simbad el marino, Corazón —que no me he atrevido a releer jamás—, Las aventuras de Sandokan, El patito feo, Cenicienta, Blanca Nieves y los siete enanitos, El gato con botas, Hansel y Gretell, El hombre de la máscara de hierro, Los tres mosqueteros y las Selecciones del Reader Digest. Los miserables, La muerte del Jeque, Aura o Las violetas de Vargas Vila —a espaldas de mi tía que los escondía de mí— el primero me lo bebí en pocos días, el segundo lo abandoné y al tercero lo detesté. Para siempre.

¿Quién es tu héroe de ficción?

El principito.

¿Quién, tu villano?

El Cardenal Richelieu.

¿Cómo insertas tu creación en el panorama actual del teatro para niños en Cuba?

Esa tarea se la dejo a los críticos. Soy simplemente un escribano más, con paciencia.

Quien así nos habla, entre otros reconocimientos, ha recibido la Distinción Calibán, 2002, por llevar el arte popular a su nivel más alto; la Placa Avellaneda, 2002; la Medalla José María Heredia, 2004. Se le confirió la Distinción por la Cultura Nacional, 1994 y la Medalla Alejo Carpentier, otorgada por el Consejo de Estado de la República de Cuba, en el año 2001. Posee la Medalla Conmemorativa 50 Aniversario de la UNEAC, 2012. Preside la Cátedra de Dramaturgia Rolando Ferrer, adscrita al CNAE. Recibió el Premio Nacional de Teatro en el 2014, por la obra de toda la vida y es miembro del Consejo Nacional de la UNEAC.

¿Qué es lo que te enciende emocional y creativamente?

Las cosas que pasan en mí, o a mi alrededor, que no me explico o no acepto. La pérdida del amor, lo insano de la envidia y los sueños rotos.

¿Qué es lo que te desanima?

La mezquindad, la ignorancia y el silencio ominoso.

¿Qué atributos morales debe portar consigo un libro para niños?

La moral para mí es un atributo impuesto por los mayores, siempre hay que estarla acondicionando para que nos permita ser mejores y más completos seres humanos. Admiro la sinceridad, aunque para algunos suele ser molesta, la honestidad y la verdad de los grandes escritores que te viran el mundo al revés y te abren nuevas perspectivas, en todos los órdenes.

Aparte de tu profesión actual, ¿qué otra cosa te hubiera gustado ejercer?

Carpintero, pintor o psiquiatra. Quizá me hubiera realizado mejor con alguna de esas tres.

¿Qué profesión nunca ejercerías?

Buzo. Adoro al mar pero no sé nadar.

¿Podrías opinar de la relación autor-editor?

Mi relación con Esteban Llorach, Thelma Jiménez y Mayra Hernández ha sido una ganancia para mis textos y para mí, como escritor. Son seres necesarios para los que nos preciamos de ser escritores.

Si tuvieras que salvar diez libros de un naufragio, ¿cuáles escogerías?

Las palmeras salvajes de Faulkner, El jardín de los cerezos de Antón Chéjov, la poesía de Cavafis, El reino de este mundo de Alejo Carpentier, Cien años de soledad de García Márquez, La vida en sueño de Calderón de la Barca, El cazador en el trigal de J. D. Salinger, En la Calzada de Jesús del Monte de Eliseo Diego, En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, los versos libres de Martí.

¿Alguno de los que has escrito?

Por supuesto: Ruandi.

Algo que quieras agregar…

No más por ahora, tengo que dejarte pues estoy trabajando en mi próxima obra: Adoración confesa por Marilyn Monroe, que trata sobre tres personajes muy transgresores que se reúnen en El Pico Blanco del Hotel Saint John’s, en los últimos años de nuestra realidad para encontrarse con… Nada, te aseguro que va a ser una farsa muy intensa y entretenida. Y gracias.

Al decir de la investigadora Inés María Martiatu, la entrañable Lalita para quienes le conocimos: “Fulleda es uno de esos artistas que se inscriben en lo que se ha llamado Cultura Popular. Parte su discurso de una contracultura ignorada e interiorizada por el discurso hegemónico, pero que viene reclamando sus fueros. Él es de los que siguiendo la tradición de un Nicolás Guillén, un Fernando Ortiz o un Alejo Carpentier, entre otros, ha ayudado a devolver, preservar, rescatar y reafirmar la legitimidad de las expresiones de la vida espiritual del pueblo”.

No es arriesgado vaticinar un gran éxito para esta nueva versión de Ruandi, que lo devolverá esta vez en su imagen fílmica y lo pondrá a recorrer el mundo entero como uno de esos héroes justicieros de siempre que, como ave Fénix y desde el oprobio de cualquier esclavitud, luchan por el mejoramiento humano del que hablaba Martí y tratan de dibujar para otros los senderos del futuro, aunque no siquiera tengan la certeza de que alguna vez lleguen a conocerlo.

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