El chocolate: pasión multiplicada

Estrella Díaz • La Habana, Cuba

Según los historiadores, en el mercado de Tenochtitlán fue donde Hernán Cortés y los españoles se tropezaron por vez primera con las semillas del cacao usadas por los aztecas como monedas de cambio y como ofrenda a sus dioses. Con el paso del tiempo el chocolate se ha convertido en un manjar que es consumido en casi todo el mundo.

En varias partes del planeta existen sitios que han alcanzado notoriedad por comercializar el chocolate en sus múltiples variantes, entre ellos se destacan el de Colonia, en Alemania; el Choco-Musée Érico de Québec; el Museu de la Xocolata de Barcelona; el Museo del Cacao y Chocolate de Bruselas, el Wilbur Chocolate Candy American Museum y el Alprose Museum de Suiza.

Imagen: La Jiribilla

En Cuba contamos, desde el año 2003, con un Museo del Chocolate, enclavado en la calle Amargura en La Habana colonial, sitio de obligada visita, sobre todo en estos meses de verano en que “recorrer el Centro Histórico y disfrutar de las múltiples variantes culturales se ha convertido en una opción muy apreciable”, según afirmó a esta reportera Massiel Dueñas, una joven mamá a quien encontramos en la larga fila para acceder a la instalación.

Yureymi Batista es —junto a Aida Tarráu— desde hace nueve años, jefa de turno del Museo del Chocolate y según dijo el permanecer “todo ese tiempo trabajando directamente con el público” la ha ido formando como profesional y como ser humano, al tiempo que aseguró sentirse “muy orgullosa” de la labor que realiza y de pertenecer a un pequeño colectivo de apenas 24 trabajadores que “de lunes a lunes entre las nueve de la mañana y las diez de la noche se esmera por ofertar un servicio de calidad”.

Comentó que el chocolate que se emplea en la confección de todas las ofertas que brinda el museo proviene de la oriental provincia de Baracoa, la primada de Cuba, y lugar en el que se cultiva un cacao que puede competir con los mejores producidos en otras zonas del planeta.  

La joven especialista aseguró que toda materia prima —la mezcla— proviene del Instituto para las Investigaciones de la Industria Alimenticia; ese instituto posee una planta procesadora de cereales que tiene, a su vez, un Departamento de Chocolate en el que funciona una Escuela Latinoamericana y del Caribe de Chocolatería, que es la que surte al Museo.

La Casa de la Cruz Verde o el Museo del Chocolate

En la Casa de la Cruz Verde —otrora residencia de los Condes de Lagunilla y punto de partida de la procesión del Santo Vía Crucis— es donde radica el Museo del Chocolate que se inspiró en el Museo de la Plaza Real de Bruselas, en Bélgica y nacido gracias al apoyo de madame Jo Draps, su directora. La restauración de este inmueble marcó el inicio del proyecto Brujas, iniciativa de cooperación entre Cuba y el pueblo belga a través del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

En paneles colocados en las salas del museo se exhiben textos con la historia del chocolate desde su descubrimiento por los españoles en América y su uso por los pobladores antes de la colonización europea, además de carteles de diferentes épocas de reconocidas industrias y firmas chocolateras extranjeras y cubanas.

La muestra permanente exhibe una colección de tazas chocolateras de porcelana, procedentes de Gran Bretaña, Alemania, Francia e Italia, representativas de la variedad de diseños de esos utensilios entre los siglos XIX y XX. Entre ellos, se distingue una taza bigotera francesa, con la cual los caballeros bebían el chocolate sin mojar sus bigotes.

Moldes de baquelita y un envase para confituras, donados por el Museo de la Plaza Real de Bruselas, enriquecen la colección integrada por chocolateras de cerámica ordinaria, cazuelas, cántaros y tazones de loza inglesa hallados en excavaciones arqueológicas del Centro Histórico, que evidencian la presencia de ese tipo de artículos en los entornos domésticos y religiosos habaneros de los siglos XVIII y XIX.

Importado desde México y Venezuela hasta el siglo XVII, el alto precio del chocolate estimuló su cultivo en Cuba, pero este no fructificó entonces. Años después de la toma de La Habana por los ingleses, el comercio del cacao en la Isla alcanzó un auge que llegó a su máxima expresión en 1803, debido a que los plantadores franceses que huían de la revolución haitiana, se establecieron en la región oriental de la Isla para cultivar algodón, añil y cacao.

La tradición artesanal de mezclar el chocolate con harina de Castilla para hacer las famosas bolas de Baracoa, sentó los cimientos de una sucesiva industrialización. La primera fábrica cubana de chocolate se fundó en Santiago de Cuba a principios del siglo XX, con el nombre de La India; luego  surgieron La Española, Baguer, La Estrella y Armada.

Imagen: La Jiribilla

La noticia de maravillosas barras de chocolate y sabrosos bombones revelaba la colocación de chocolaterías francesas en Santiago de Cuba, mientras en la capital, el establecimiento La Dominica, ubicado en la esquina de las calles O’Reilly y Mercaderes, se hizo famoso por sus exquisiteces a base de frutas cubanas. Aunque es la degustación del chocolate su uso más reconocido, la manteca de cacao sirvió como combustible para el alumbrado doméstico; en las farmacias para preparar pomadas y en perfumería para la elaboración de cosméticos y jabones.

Se cuenta que María Teresa, esposa de Luis XIV, le dio como único regalo de compromiso al monarca, un cofre repleto de chocolates en obvia alusión a que el chocolate y el rey eran sus únicas pasiones.

Desde entonces hasta la fecha, muchos hemos sucumbido ante un chocolate: esa casi adicción se multiplica en La Habana gracias a las ofertas de la Casa de Cruz Verde donde se puede disfrutar de una carta de chocolates muy variada y en diversos estados: frío, caliente, en tableta, blanco, negro, suave, espeso, dulce o amargo.

 

CRONOLOGÍA HISTÓRICO-COMERCIAL

Casa de la Cruz Verde

1596: En el acta capitular del 22 de noviembre consta que la actual calle Amargura era un camino vecinal no rectilíneo que unía la actual Plaza de San Francisco con la Ermita del Humilladero o iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje.

1603: En el plano de Cristóbal de Rodas aparece señalada esa vía urbana.

1690: La calle de la Amargura es también conocida con el nombre de la Cruz Verde, según se consigna en el libro 1, folio 381 vuelto de la Antigua Anotaduría de Hipotecas, Fondos del Archivo Nacional de Cuba. Además, anteriormente tuvo otras denominaciones: Camino del Humilladero, Camino del Calvario, de las Cruces del Calvario y de San Agustín.

1740: En la casa esquinera de Mercaderes y Amargura es colocada una cruz de cedro de brazos dobles desiguales conocida por la Cruz Verde. Esta cruz de tipo patriarcal se asocia a la celebración del Vía Crucis que partía de la Capilla de la Vera Cruz de la Orden Tercera de San Francisco de Asís.

1761: Esta casa, sin numeración todavía, es propiedad de los herederos de Juan de Zequeira y Ramallo.

1812: Para esta fecha la propietaria y residente en la casa de altos marcada con el número 16 es María de los Ángeles de Cárdenas y Pedroso, viuda del tercer conde de Lagunillas. En los bajos radicaba aún la tienda de paños «El Empecinado».

1820-24: En la planta alta de esta casa radicó una logia secreta denominada «La Cruz Verde», liderada por el reformista Joaquín Gómez Hano de la Vega, conocido por el nombre de Arístides el Justo.

1843: La condesa viuda del III Conde de Lagunillas, María de los Ángeles de Cárdenas y Pedroso, luego de haber vendido en 1821 parte de esta finca, vende el resto, es decir, la correspondiente a la esquina, donde se encuentra la casa número 16 conocida por Cruz Verde. La obtiene el señor Miguel Duarte.

1860: Se halla un almacén de ropas de Rodríguez Lar y Compañía.

1862-67: Existe aquí una papelera. Es punto de suscripción del periódico satírico Don Junípero (1862-1869), que dirigía el caricaturista y pintor costumbrista Víctor Patricio Landaluze.

1880: La casa marcada para esa fecha con el número 29 es adquirida por María de Regla Sañudo Rebollo, quien aparece como propietaria junto a sus descendientes en 1923: última fecha de inscripción en el Registro de la Propiedad del Norte de esta ciudad.

1885: En la Lista de suscriptores al Centro Telefónico de La Habana está registrado con el número 28 el teléfono del inmueble de Mercaderes 29 «La Cruz Verde», propiedad de la firma importadora de papelería y efectos de escritorio Barandarián, Hnos y Cía.

1921: El 29 de diciembre, el Ayuntamiento habanero aprobó el cambio de nombre de la calle de la Amargura por el de la benefactora villaclareña Marta Abreu de Estévez.

1936: El Historiador de la Ciudad de La Habana, Emilio Roig de Leuchsenring, propuso restituir el nombre de esta calle por su anterior nombre: Amargura.

1943: Estaba establecida una bodega. Desde 1957 y hasta a mediados de los años 60 su dueño fue el español Manuel Álvarez. Se nombraba «La Cruz Verde» y tenía el teléfono M-4318, según comunicación personal de los vecinos actuales de la cuadra.

1980: El inmueble pierde la planta alta. Los bajos se dedicaron al estacionamiento de automóviles.

1996: La Cruz Verde que se encuentra en la fachada del inmueble es restaurada por los carpinteros-ebanistas Blas González y Rosa Lima Pino, trabajadores del Gabinete de Restauración (Oficina del Historiador).

2003: El 5 de noviembre quedó inaugurado en la planta baja el comercio, centro de elaboración y salón expositor Museo del Chocolate. Este inmueble fue reedificado gracias a un proyecto de 1999 de los especialistas del Departamento de Arquitectura Patrimonial, el cual fue ejecutado entre abril de 2002 y octubre de 2003 por la Empresa Constructora Puerto Carenas.

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