El chocolate en Cuba

Aderezo de nuestra cultura espiritual

Mayté Madruga Hernández • La Habana, Cuba

Imaginar el chocolate y no compararlo con un elemento divino es casi imposible. El gusto por este producto se ha mezclado tanto en la cultura cubana que se convierte en símil y referencia de lo exquisito, lo que debe gustarle a casi todo el mundo.

Imagen: La Jiribilla

Tal vez sea la música y la literatura cubanas las dos manifestaciones artísticas que más tienen en su patrimonio el reflejo del chocolate como elemento imprescindible en la cultura nacional. “Toma chocolate y paga lo que debes”, así popularizó Enrique Jorrín en su chachachá “El bodeguero” una tradición que aún hoy los cubanos no pierden: beber chocolate.

Gracias a ese programa que miramos desde el recuerdo y que se llamó Arcoiris Musical, muchos niños cubanos conocimos a Teresita Fernández y su adorable voz en aquel tema titulado “Pitusa y Eusebio”: “mi pastillita de chocolate, te llamo yo”, a lo que Eusebio respondía: “muchísimo te quiero yo”.

Considerado afrodisíaco, en una cultura patriarcal y androcéntrica, el cine cubano también reflejó el chocolate, utilizándolo como excusa para analizar discriminaciones sexuales. Entonces no es de extrañar que David (personaje de la cinta Fresa y Chocolate), prefiera el chocolate para así demostrar su “heteromasculinidad”, a la fresa que tanto disfrutaba Diego.

Imagen: La Jiribilla

El sabor ya sea en pastelería o en bombones ocupa un alto lugar de preferencia en el gusto cultural de los cubanos. Pero el chocolate contiene ritos que comienzan desde la misma siembra del cacao, grano desarrollado casi de conjunto con el del café, incluso mezclándose con el mismo en varias recetas.

Mientras la práctica del consumir este producto se inscribió en la cotidianidad cubana, también contribuyó al desarrollo artesanal del empaque, así quedan guardados en museos del chocolate, estampas con varias escenas que constituyen importantes piezas de diseños epocales; la artesanía de lozas con grabados, las cajas de bombones litografiadas se muestran actualmente como piezas museológicos y de gran valor artístico.

Museos cubanos han recreado el ritual para preparar un buen chocolate, deviniendo ellos mismos casas donde sentarse a tomarse varios tipos de bebidas que contienen el delicioso producto. Asentados ejemplos lo constituyen la Casa-Museo del Chocolate en Baracoa y La Habana, junto a otras que han nacido en varias provincias del país, haciendo que este gusto raigal siga extendiéndose y sumando nuevas fórmulas de preparación.

Imagen: La Jiribilla

Aunque su producción en el país es insuficiente para satisfacer las demandas del consumo nacional y para permitirnos situarnos entre los países de la región que hoy son abanderados en la exportación del producto, lo cierto es que los productores nacionales, así como la industria, buscan nuevas estrategias que permitan proteger la calidad del cacao cubano, frente a otros exponentes en el mundo y la  necesidad de extender su presencia en el mercado interno.  

El chocolate, uno de los aportes de América al mundo occidental, es considerado en la actualidad no solo un placer, sino un alimento imprescindible en la dieta de los cubanos. Representa culturalmente un símbolo de exquisitez, donde se reúnen a un tiempo, la historia de la conformación de nuestra identidad, con sus mestizajes y apropiaciones, para quedar convertido, sin duda, en un camino que todavía tiene experiencias que sumar.

Comentarios

Este artículo sobre la chocolatería en Cuba es muy interesante y me gustaría poder guardarla para comentar sobre el con otros compañeros y familiares

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