Entrevista con el director:

“No solo de crítica social vive el hombre”

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba

Fotos: Cortesía del ICAIC

Escritor, cineasta… Eduardo del Llano es capaz de jugar con los lenguajes literario y audiovisual indistintamente, e incluso fusionarlos: un cuento sencillo, de cinco páginas, que narra el monólogo interior de un hombre en la cárcel luego de una guerra planetaria de exterminio, puede transmutarse en un largometraje de ciencia ficción que recrea un mundo caótico postapocalíptico, donde los avances tecnológicos más prodigiosos contrastan con un planeta destruido, del cual solo sobreviven los recuerdos de lo que fue en un pasado no muy lejano.

Es el caso de Omega 3, su más reciente filme, basado en un cuento inédito escrito por el realizador en el año 2010. “El original literario termina con que están trasladando al preso a un restaurante donde va a comer langosta y él diciendo: ‘¡Que Dios se apiade de mí!’ Para el hombre, el peor castigo, la tortura suprema, es que lo van a llevar a un lugar en el que cualquiera de nosotros babearía por estar”, comenta del Llano.

Imagen: La Jiribilla

Estas situaciones absurdas, reflejos de intolerancia y extremismos, se aprecian igualmente en la versión cinematográfica y en propuestas anteriores del realizador, como la serie de cortos de crítica social sobre el singular personaje Nicanor O’Donnell y Vinci (2011), su primer largometraje de ficción.

Gran parte de la obra literaria y cinematográfica de Eduardo del Llano está asociada indisolublemente al humor. Incluso, en los filmes de otros directores en los que fungió como guionista, se aprecia su estilo irónico y burlesco para criticar las más duras realidades. Alicia en el pueblo de maravillas (1991), Hacerse el sueco (2000) y La película de Ana (2012), de Daniel Díaz Torres, junto a La vida es silbar (1998), de Fernando Pérez, y Perfecto amor equivocado (2004), de Gerardo Chijona, constituyen algunos ejemplos.

Por ello, no resulta extraño que el público cubano asuma una comedia en cada estreno de sus filmes: “Con Vinci, la gente pensó: ‘¡Una película de Eduardo del Llano y con Mentepollo[1], eso debe ser una jodedera!’ Con Omega 3 me pasó un poco menos, pero también algunas personas lo imaginaron”.

Imagen: La Jiribilla

Al igual que otros audiovisuales de ficción de su autoría, esta nueva entrega cinematográfica está basada en un cuento suyo. En el caso particular de Omega 3, ¿cómo surgió la idea de concebir el filme a partir de esta obra literaria en específico?

Siempre siento una ventaja cuando vengo de la literatura, porque ya hay una historia preexistente de la que me hago una imagen mental cuando estoy escribiendo. Por eso sé con el ritmo que la voy a contar y a dónde quiero llegar. La ventaja inicial de la dramaturgia también implica una trampa, porque el original literario no es igual al cinematográfico: un cuento, por ejemplo, puede tener una página con el monólogo interior de un personaje, o describiendo un lugar, y eso en el cine cambia.

En el caso concreto de Omega 3, es un cuento donde hay un solo diálogo y no aparece el personaje de la muchacha. Debe buscarse otro tipo de soluciones en el cine para ilustrar cómo son las personas, porque quizá en literatura puedes caracterizar a los personajes en dos líneas, pero en el cine tienes que mostrarlos.

Me gustaba este cuento porque era una ciencia ficción que se podía manejar, sin grandes batallas o efectos demasiado costosos, ni amplios movimientos de extras. También me daba la posibilidad de hacer muchas cosas en interiores, que siempre me han gustado. Fíjate que Vinci, Brainstorm, Pravda, Intermezzo, varios de los cuentos de Nicanor, tienen este montaje teatral de personajes en un solo lugar.

El cuento posee, además, un filón original. El tema de la intolerancia, que me fascina y he tratado de manera tangencial en Vinci y en algunos de los cortos, lo reflejo aquí mediante la alimentación que me pareció una veta inexplorada. No he visto ninguna película norteamericana o europea que aborde este tópico, a pesar de que tiene una presencia tan evidente en el mundo. Cuando tratas con extranjeros, te dicen: “No comas eso, que le hace daño a tu intestino”. Y sí, el principio de conservar tu salud y calidad de vida puede tener su razón en el origen, pero no llevado al punto en que se convierte en un dogma impositivo, guiado por la frase absurda de que te cuido tanto que te voy a matar porque te estás haciendo daño. Esa es la filosofía de la película, una peripecia que me pareció original, porque no he visto nada así.

Imagen: La Jiribilla

Los tres personajes principales cuentan con rasgos físicos especiales, sobre todo el protagonista, representado por Carlos Gonzalvo como la antítesis del clásico héroe de ciencia ficción. ¿En qué se basó para la selección del reparto?

El proceso de casting fue colegiado con el propio Gonzalvo, que me ayudó siempre, y con Pepe Riera, el director de fotografía.

Desde el principio pensé en Gonzalvo y Héctor Noas. Con Gonzalvo me gustó el concepto de que, después de 12 años de guerra, ya todos los soldados sanos y fuertes murieron, y han tenido que reclutar a gente como él, hombres flacos, bajitos, demasiados viejos o demasiado jóvenes, que es lo que va quedando.

Gonzalvo no es un tipo apuesto, pero tiene una presencia muy interesante y agradecida en pantalla; las mismas arrugas en su expresión le hacen parecer un hombre que ha sufrido mucho, no posee esas miradas planas de los top models. Ese fue el criterio también para Manuel Romero, el más viejo de los soldados, cuyo rostro refleja un mundo interior muy fuerte, de tipo duro y curtido por batallas.

En el caso de Héctor Noas, su aspecto es una mezcla de oficial nazi y ruso, con sus espejuelitos estilo Goebbels. Representa a los macrobióticos fundamentalistas y radicalizados: son tipos altos, apuestos, fornidos, casi superhombres.

A Daylenis no la pensé inicialmente. No tenía a nadie concebido, simplemente confié en el casting, que también hicimos para los niños. Al final me quedé con tres muchachas, entre las que estaba Daylenis. Ella es el tipo de actriz que le toma tiempo entrar en el personaje, al principio no entendía mucho, pero tanto Gonzalvo como la que era mi novia en ese entonces me dijeron: “Sí, pero fíjate en la intensidad con que dice las cosas”. Entonces, decidimos apostar por ella, le dijimos que bajara un poco de peso, porque tenía una niña relativamente pequeña y la imagen que queríamos dar era cercana al personaje de Sigourney Weaver en Alien, una mujer que al principio pareciera un poco andrógina, dura, llena de churre, y mientras se va acercando a Gonzalvo, y sobre todo en la escena del restaurante, se va suavizando y feminizando en el sentido más tradicional, hasta que se logra ver su belleza, incluso como ser humano.

Massola siempre fue pensado para el padre de la niña, porque la idea era que fuera no solo un carnívoro, sino un tipo gordo, con un cuerpo diferente al ideal.

Imagen: La Jiribilla

Si bien el filme es catalogado de ciencia ficción, se debate entre otros géneros como la farsa, la tragicomedia, el melodrama, el suspense. ¿Fue su intención llevar a la gran pantalla una propuesta híbrida donde se conjugaran, de una forma u otra, las diferentes modalidades genéricas en que se ha clasificado el séptimo arte?

Particularmente, defino a Omega 3 como un drama con la comedia por el subsuelo. El elemento dramático está presente: hay muertos, torturas, sangre, pero en el fondo subyace la comedia. Desde el principio, en la película, se sabe que hay una guerra, pero lo que no se entiende muy bien es el por qué; cuando te vas dando cuenta del motivo, es una cosa absurda, y hay momentos que parecen farsescos. Tratamos de que hubiera un balance, hay tres o cuatro escenas en las que te ríes, pero el filme no es tampoco para desternillarse de la risa.

Saltando las distancias, porque no me puedo comparar con él, es una operación parecida a la que hace Benigni en La vida es bella, que está jugando con un material dramático terrible. Es una cuerda floja ante la cual me quito el sombrero, pero se trata de ese mismo tipo de mecanismo en que hay drama y comedia a la vez.

En el caso de la ciencia ficción, la construimos mediante búsquedas. Vimos muchas películas del género: norteamericanas, rusas, europeas, para fijarnos en el diseño de las armas, de los uniformes y ambientes, cosas que parecen muy complicadas y en Omega 3 son detalles que se logran encontrando soluciones y siendo creativos. Los efectos digitales ayudaron, pero no hay tantos como pudiera pensarse, solo 42 planos, el resto de las cosas son puestas en escena.

Hasta el momento no se había abordado de forma tan explícita la ciencia ficción en largometrajes cubanos. Se percibe cierta predisposición negativa hacia la realización de un filme del género en nuestro país. ¿Qué opina al respecto?

Esos criterios son casi inevitables. Desde que se estrenó Omega 3 he oído comentarios de personas que dicen: no me gustó el vestuario, o la dirección de arte, aquello me pareció malo, o la frase: “Bueno, para ser de Cuba escapa”, pero en realidad uno trata de correr riesgos de cuando en cuando, no solo en lo político y social, sino también estéticos.

Algunos dirán que la película no se compara con una norteamericana y puede que esto suceda en cuanto a efectos, pero en la historia se equipara perfectamente, más cuando los últimos filmes de ciencia ficción norteamericanos son espectáculos impresionantes, pero el material dramático lo hemos visto mil veces.

En la premier, la gente no se rió donde no era, ni dejó de reírse en los momentos que pensaba debían hacerlo. Aplaudieron un par de veces, cosa que me conmovió, sobre todo en la dedicatoria. Como en Vinci, no espero que sea una película muy taquillera, pero la ventaja es que queda ahí, dentro del cine cubano. Probablemente vaya a algunos festivales, tendrá éxito o no, pero creo que valió la pena hacerla y tratar de salir del carril que se espera de nosotros, tanto el conservadurismo de la gente como la demanda del primer mundo: mulatas, salsa y mucha crítica.

Aquí también hay fanáticos de la ciencia ficción; existen talleres, publicaciones electrónicas, libros, concursos, y ya ha habido algunos componentes del cine cubano que han tocado el tema, pero es cierto que la gente se predispone, no solo en Cuba, sino también fuera. Por ejemplo, leí algunas críticas sobre Boccaccerías habaneras que me molestaron muchísimo, la mayoría de afuera, que decían que el cine cubano a veces se mete con cosas que nadie le ha pedido, cuando lo que tiene que hacer son historias sencillas de la vida cotidiana. Y me pregunto: ¿Por qué? ¿Por qué un europeo o norteamericano tiene más derecho a hablar de cosas profundas, de la humanidad y la filosofía, y nosotros, como buenos salvajes, tenemos que ocuparnos de la jinetera de la esquina? Eso es un criterio discriminatorio; financieramente, desde luego que somos inferiores, pero intelectualmente no. Entonces, sí creo que nuestro cine necesita más variedad, sin dejar de hacer filmes sobre nuestra realidad.  

Imagen: La Jiribilla

En ese sentido, los dos filmes de ficción que ha realizado han roto con la tendencia del cine cubano, sentando nuevos parámetros y formas de hacer. ¿Es esta su idea al enfrentar un nuevo largometraje?

Probablemente sí, pero no quiero ser concluyente al respecto porque eso sería nuevamente una rutina: la rutina de romper la rutina. En cortos, sigo haciendo cosas más apegadas a la realidad. El guion que tengo escrito de mi tercer largo se desarrolla en un momento concreto de la historia de Cuba, pero la manera en que pienso contarlo cinematográficamente es rara, como una especie de falso documental, que aquí es un género poco usado.

Te quería comentar otra cosa interesante: vamos a hacer un cómic que saldrá el año que viene en un libro de 30 páginas a color. Se trata de una historieta ambientada en el mismo mundo de la película. Es la historia de la exmujer de Nick, el personaje de Gonzalvo. Él aparece referido y el personaje de Héctor Noas sale varias veces, incluso vemos cómo termina.

Vinci, si bien es una cinta de corte histórico, tiene elementos afines con Omega 3, como la prominencia de los diálogos, los espacios lúgubres y cerrados, las escenas casi teatrales, la trilogía de protagónicos. ¿Se propuso de forma explícita hacer coincidir estos aspectos en ambos filmes?

Yo no planifico casi nada. Incluso, cuando escribo una novela o un cuento tengo la idea de una historia, pero no sé a dónde va a parar. Mis novelas no pasan de alrededor de 120 páginas y la historia se escribe sola. Hay un momento en que, alrededor de la página 80, todo cae en su sitio y descubro cuál es el final.

Hay muchos cineastas jóvenes actualmente que vienen del video clip y tienen la estética de una edición más ágil y un mayor trabajo con la imagen, pero yo provengo de la literatura, me gusta que las historias sean aristotélicas, que se cuenten con calma. La gente tiene una urgencia de que todo sea rápido y eso lo dicta, sobre todo, el cine comercial norteamericano.

Creo que estos elementos fueron una coincidencia.

En el nuevo proyecto que tengo, también hay una escena en una prisión. Son coincidencias que a mí me sorprenden, yo no lo planifiqué así y es verdad lo que dices de la reiteración de los tres personajes principales. Quizá es que me gusta profundizar en la psicología de los personajes y en diálogos levemente absurdos e irónicos.

Imagen: La Jiribilla

Después de haber apreciado el resultado del filme, ¿cambiaría, quitaría o agregaría algo?

Yo estoy viendo la película terminada hace dos meses, pero con público llevo dos días y realmente me siento muy satisfecho con el resultado. Sé que es un filme difícil, que transcurren los primeros 20 minutos con relativa acción rápida y después 40 minutos en un solo lugar, pero es la historia que concebí y, en muchos sentidos, superó mis expectativas.

Claro que me gustaría que a todo el mundo le agradara, pero eso no me quita el sueño, lo que sí me aterraría es que de pronto alguien descubriera una contradicción o error en la historia, eso sí sería insalvable. Por suerte no ha pasado, como tampoco sucedió en Vinci. Que la gente polemice y a algunos le guste y a otros no, es parte del riesgo. Si yo quisiera realizar solamente cosas que complacieran haría solo los Nicanor, que me gustan y los voy a seguir haciendo, pero no solo de crítica social vive el hombre.

Siempre se van a ir gazapos, pero yo puedo vivir con los que están en la película. Hace un tiempo el editor me dijo una frase de Juan Padrón que me parece muy sabia y resume eso: “Las películas no se terminan, se abandonan”. O sea, si por ti fuera estarías retocando el filme toda la vida, pero llega un momento en que tienes que parar y decir: hasta aquí, y voy a seguir para el próximo. Esa es la filosofía, yo estoy muy feliz y sinceramente, no cambiaría nada.


[1] Personaje humorístico popularizado por el actor Carlos Gonzalvo

 

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