Para lectores cómplices sin binarismos esencialistas

Estrategias cortazarianas para solazarse con un texto

• La Habana, Cuba

Estimado EMIREC (emisor-receptor): tome las riendas del texto que somete a su consideración y no lo somete a su lectura. Hágalo con y de su propiedad: ábralo por el cierre, recórralo de abajo hacia arriba y de izquierda a derecha. Seque sus lagunas, moje sus tintas.

Si no halla en su cuerpo arbitrario, de tantas convenciones, las bridas para administrarlo: retócelo, fuércelo, subestímelo. Después de todo, él comunicará solo de la comunión con un lector y nunca de su vida libre e inconsulta.

Póngalo a prueba y pruébelo con su puesta. Si aún después de torturado, algo de él queda en usted, habrá cumplido la misión: ser cinematografía que utiliza como instrumento la palabra, el texto; servirse de su controversial inocencia: usted.

Tablero de direcciones:

Máxima interpretativa: La ficción termina donde comienza la realidad, ¿o es viceversa?

Contrato de lectura: Se verifican mudas temporales, narración a saltos, iteración (sin ser poesía). No es un texto obediente, quiere verse como infractor.

Sistema de personajes:

Margarita Mateo Palmer: Narradora omnisciente

Julio Denis: Niño atrapado en el cuerpo de un hombre

Luis Orlando Rodríguez: periodista médiumnité

Imagen: La Jiribilla
Foto tomada de Internet
 

Maggie, ¿por qué estudia a Cortázar? ¿Dónde y cuándo se enciende la chispa por apresar en análisis las rutas literarias de uno de los argentinos más universales de las letras?

Llego a Cortázar en la adolescencia cuando leo Rayuela. Creo que estaba en el preuniversitario y fue una novela que me impactó mucho. A partir de ahí seguí leyendo su cuentística, hasta que finalmente me gradué de Literatura Hispanoamericana, o sea, que fue un autor que estudié, que vi en la carrera, pero en realidad mi acercamiento mayor a él comienza en el año 80-81, cuando Casa de las Américas me pide realizar la valoración múltiple, es decir, la recopilación de textos críticos sobre la obra de Cortázar. Ahí ya empiezo a leer su obra completa, incluso desde las primeras cosas, el poemario Presencias que publicó con el seudónimo de Julio Denis y Los reyes que es un drama, una obra de teatro sobre el minotauro con un enfoque muy particular. Empecé así una labor minuciosa de lectura de sus textos.

Por esa época Cortázar estuvo en Cuba. Ya yo había adelantado la valoración. Lo conocí en el hotel Riviera, en el lobby. Nos sentamos, conversamos. Era un hombre maravilloso, extraordinario. Yo iba muy asustada a esa entrevista porque de alguna manera lo identificaba con Horacio Oliveira, el de Rayuela. Además, era un hombre con una cultura impresionante. Sin embargo, la comunicación se daba de la manera más directa y era por él, no por mí, porque yo estaba que era un manojo de nervios. Era un hombre muy sencillo, muy transparente, un ser muy especial. A partir de ahí seguí trabajando su obra. Él insistió en que yo fuera a consultar los textos críticos que había sobre su obra en el archivo de Poitiers. Eso no se pudo concretar: él murió en 1984.

Finalmente en 1988 fui a Francia a trabajar en ese archivo. Fueron tres meses leyendo sobre Cortázar, releyendo textos suyos. Fue una lectura muy intensa de su obra. A partir del año 89, el país cambió: vino el Período Especial. Se suspendieron las publicaciones prácticamente, llegaba la crisis editorial y la valoración esa durmió un largo sueño. Ahora se piensa retomar, pero ya no la voy a hacer porque habría que volver a consultar todo lo mucho que ha salido en estos últimos 20 o 30 años.

Siempre ha sido un autor muy querido para mí. De mis autores —digamos—preferidos. Te diría Carpentier, Lezama, Cortázar, y hay más, por supuesto, pero está entre el núcleo de esos escritores que yo disfruto y vuelvo a releer. Hace poco me releí 62/Modelo para armar, por puro placer.

Imagen: La Jiribilla
Foto tomada de Internet
 

Y conocerlo, ¿cree que hubo de responder a la “noción de figura” que tanto defendió en su ideario y obra?

Bueno, figúrate (ríe), es una pregunta interesante. Sería muy pretencioso que lo viera como una “noción de figura”, pero sin duda creo que hubo para mí algo de magia en ese encuentro. Fue un encuentro breve, muy rápido, una mañana, pero hubo una comunicación y yo sentí un ser humano tan extraordinario que es uno de los recuerdos grandes que conservo en mi vida. Así que me gustaría que respondiera a esa noción de figura (vuelve a reír) porque fue algo que por lo menos a mí me marcó muchísimo.

Esta fruición metafísica que caracterizaba su pensamiento fue llevada en más de una ocasión a la literatura, ¿cuánto ello comprometió a sus escritos con una vocación sociológica, con un texto formalmente histórico?

Creo que Cortázar tenía esa vocación por la literatura fantástica, por el cuento fantástico, por una obra que no se vinculaba directamente a una temática social, o sea, había algunas excepciones como el cuento “Reunión” que narra la entrada del Che en la guerrilla en Cuba, etc…, pero él consideraba que fue un texto, “El perseguidor”, el que lo va abriendo un poco más hacia el mundo del resto, hacia el mundo de los demás. Muchos de sus cuentos anteriores, por ejemplo de Bestiario, respondían a sueños, pesadillas, imágenes que de pronto él tenía y las llevaba a una historia pero eran muy de su propia creatividad individual.

Creo que la Revolución Cubana, eso él lo dijo muchas veces, le dio una visión diferente de sí mismo, de América Latina, y eso llevó a que su obra de alguna manera se acercara a una problemática social. De todas maneras, Cortázar distinguía muy bien el compromiso que un autor puede hacer en el plano personal, como lo hizo él que participó en el tribunal Bertrand Russell, que apoyó a la Revolución en Nicaragua, al Sandinismo, la Revolución Cubana… Como ser humano comprometido hizo una labor extraordinaria a lo largo de su vida a partir de un determinado momento que gana una conciencia política e ideológica, pero consideraba que la obra estaba sujeta a otras leyes que uno no podía dictaminar sobre ellas. Digamos, yo no puedo proponerme escribir ahora sobre el campesino explotado y reflejarlo en mi obra si eso no surge de mi vocación creadora. Sin embargo, al final de su vida hubo algunos textos que respondieron a esa vocación. Piensa, por ejemplo, en la forma en que él se sensibilizó con lo sucedido con las dictaduras en América Latina, los desaparecidos. Él hizo un activismo muy grande en torno a esos problemas en la Argentina y en la América Latina en general, y así dentro de su propia línea surgen textos como “Apocalipsis en Solentiname”, incluso ese cuento a mí me recuerda mucho el que dio lugar a Blow-Up, de Antonioni que es “Las babas del diablo”, porque es el fotógrafo que va tomando instantáneas y luego esas fotografías revelan algo que es diferente, en ese caso es una denuncia muy directa a lo que podía suceder con la labor que estaba realizando Ernesto Cardenal en Nicaragua. Hay otro que se llama “Recortes de prensa”, que tiene que ver justamente con los desaparecidos, “Graffiti”, que también es un cuento muy cortazariano pero que toca la realidad social.

Creo que eso responde a un proceso de desarrollo personal, que permite que algunos de estos elementos aparezcan por voluntad propia en su obra, lo que sí él no creía que un escritor debía programarse escribir sobre algo por cumplir una función social. Es lógico, el artista tiene su vocación, sus ideas y no puede traicionar esa vocación. Y si se expresa a través de la fantasía, del cuento fantástico, no puede hacer otra cosa que seguir su dictado.

¿Cambia el contrato o pacto de lectura a partir de cobrar sus letras fundamentos historicistas? 

Pienso que no. Si tú te lees “Graffiti”, “Recortes de prensa, el mismo “Apocalipsis en Solentiname” y otros más, hay varios más, efectivamente no cambia: es el mismo Cortázar con una poética que él tiene muy definida desde muy joven, te diría yo. Después de su muerte apareció un texto que se llama Teoría del túnel (1947), donde habla de lo que cree que debe ser la literatura, y recuerdo que hay un momento en que él dice que considera más importante lo poético que lo estético y que él cree que un escritor no debe traicionar una vivencia, un sentimiento que quiera expresar porque no se amolde a la bella jaula de lo literario. Hay que traducir lo que uno siente a las palabras con honestidad y entonces, por ejemplo, él trataba de huir de esas palabras muy lugar común, muy establecidas, trataba mucho de incursionar también en el erotismo. Él decía que el español era un lenguaje difícil para el erotismo porque había palabras muy cultas o palabras muy vulgares en relación con lo sexual, pero que faltaban un poco las palabras intermedias, y entonces él buscaba la forma de no ser —digamos— cobarde a la hora de lanzarse a describir determinadas cosas. No recuerdo con cuál de los libros fue, no sé si Libro de Manuel, que cuando él cuenta en una entrevista que estaba leyendo las planas, las pruebas de galera, él mismo pensó: ¡Ay, eso está demasiado fuerte!”, y después dice: “No, no puedo ser cobarde. Esto va así aunque yo sé que va a haber un rechazo porque es muy transgresor o muy audaz, pero tengo que ser fiel a lo que yo escribí”. Él constantemente trató de escapar de esa bella jaula de lo literario cuando la bella jaula de lo literario traicionaba o podía traicionar lo que el sentía necesidad de expresar como artista. No quiere esto decir que no le interesara la buena escritura. Él era muy riguroso con sus textos y un excelentísimo escritor que sí se preocupaba por la belleza de la prosa, del lenguaje, pero que sabía que lo que había que expresar podía ir más allá de esa belleza.

¿Cómo debe ser leído Cortázar?

Creo que eso es imposible de decir. Justamente él mismo quería ser leído de disímiles maneras y que el lector mismo fuera el que escogiera la manera de leerlo. Fíjate que es muy significativo que Rayuela comience con un tablero de direcciones donde se dice: “este libro puede leerse de varias formas pero al menos de dos formas, la primera desde el principio hasta el final, la segunda siguiendo este tablero de direcciones”. O sea, ya desde Rayuela él pone al lector, al receptor, a decidir cómo va a leer el libro. Si de la manera tradicional o de la manera que él está proponiendo a partir del tablero de direcciones. Ya hay una actitud de convertir al lector en un lector activo, “cómplice” le llama él, que siempre dicen “lector macho” y “lector hembra”: Cortázar sí dijo “lector hembra” pero no “lector macho”, era “lector hembra” y “lector cómplice”. Él después reconoció que había sido muy machista al hablar del “lector hembra” como el lector pasivo. Mas él siempre buscó ese lector cómplice que de alguna manera entrara a su obra a partir de sus propias vivencias y elecciones.

Entonces lo que sí creo es que Cortázar era un escritor con un sentido de lo lúdico, del juego, de la transgresión, que lo hace —pienso yo— muy cercano a la gente más joven. Incluso, por ejemplo, cuando sale Rayuela él dice que la crítica establecida, la gente de su edad más o menos, fue durísima con su novela. No entendían: “Esto es un esnobismo, pero qué cosa es esto”. La crítica había sido muy dura con Rayuela, y al mismo tiempo que esa crítica iba apareciendo él empezó a recibir cientos de cartas de muchachos y muchachas jóvenes que estaban leyendo Rayuela, y aunque no podían entender todas las referencias cultas que aparecían en el texto se enganchaban y le escribían dándole las gracias por haber escrito una novela así. Cortázar muchas veces tuvo problemas con la crítica pero no con los lectores. Siempre tuvo lectores, sigue teniendo lectores, y es recibido de distintas maneras. Habría que leerlo para responder a tu pregunta: ¿cómo habría que leer a Cortázar? De una manera desprejuiciada, dejándose llevar, con un sentido muy amplio de la libertad, también como lector.

Imagen: La Jiribilla

El traspaso de sus libros a otras lenguas y su reinterpretación por un sinnúmero de fuentes críticas no hispanohablantes, pudieran empobrecer lexicalmente sus escritos como los análisis que de ellos emanan. ¿Dónde usted siente la “zona de confort” desde la crítica para entender a Cortázar? ¿Desde qué paradigmas críticos usted se ubicaría para diseccionar esta literatura tan particular y escurridiza?

Considero que lo más interesante de lo que han escrito sobre Cortázar lo han hecho latinoamericanos. Un autor utilísimo para enfrentar la obra de Cortázar es Jaime Alazraki, Saúl Yurkievich. Hay muchos autores. No me he leído Rayuela que se llama Hopscotch en inglés, pero a mí me parece que la crítica, a lo mejor estoy siendo muy sectaria, inglesa, norteamericana, francesa, logra valorarlo pero no en toda su dimensión, en relación con todo el movimiento y todo lo que está sucediendo en el mundo de la literatura latinoamericana. Pienso que son los críticos latinoamericanos los que más han aportado al conocimiento de su obra.

¿Cuáles son las flaquezas que la crítica generalmente advierte cuando enfrenta textos cortazarianos?

Bueno, ahí estarían libros como este que te mencioné: 62/ Modelo para armar, un texto muy complejo… Rayuela también es una novela muy compleja pero fluye de una determinada manera hasta el punto de poder llegar a un público joven, a un público adolescente. Digamos que no es el caso de 62…, que es una experiencia muy interesante pero demasiado vinculada al mundo literario y a toda su teoría acerca de la figura, etc. Creo que en general lo que la crítica rechazó de Cortázar era su carácter transgresor, su carácter lúdico. Pensaban que él quería ser extravagante, esnobista. Con las Historias de cronopios y de famas: “¡Ay, qué horror, cómo se aparece con esto, cómo un escritor serio va a escribir sobre estos bicharracos que acaba de inventar!”. Incluso otros que también son transgresores en su forma como: Último round y La vuelta al día en 80 mundos que son esas obras collage donde él incluye textos de otros autores, poemas, reflexiones suyas, cartas, ensayos, disquisiciones de todo tipo y que están muy relacionadas con lo visual, con la forma en que se diseña el libro. En Último round con la posibilidad de leer la planta alta y la planta baja del texto porque son dos cuadernos independientes. Todo eso para un sector de la crítica parecían juegos inútiles de un esnob, de alguien que quería llamar la atención con algo diferente por el gusto de ser diferente o de ser original. Creo que en el caso de Cortázar respondía realmente a una manera de ser, a una manera de expresarse ante la vida.

¿Y esta manera de expresión, a la luz de los tiempos que corren donde la literatura intenta acomodarse cada vez más a un lector fácil, pudiera carenar en una suerte de texto-anaquel, de solo interés y manoseo académicos?

Pienso que no. Pienso que Cortázar, incluso, el mayor éxito que obtiene es del público lector. En su momento, más que ser legitimado por la academia o por la crítica, es legitimado por un público que busca sus obras, que lo compra. Es un caso de un escritor difícil, porque no es un escritor fácil, aunque, por supuesto, hay diferentes obras. Historia de cronopios… puede llegar prácticamente a cualquiera. Hay otros textos que son más complejos, pero en vida creo que fue el público el que legitimó su obra: esa cantidad de lectores, aparte de la crítica, por supuesto. Y pienso que en la época actual sería algo parecido. Claro, en la época actual ya Cortázar está más establecido en la academia. Fíjate a los 100 años de su nacimiento la cantidad de homenajes y actividades que se están haciendo acerca de su obra en Argentina, Francia, Cuba, en muchos lugares del mundo porque realmente es un gran escritor. Considero que él sigue llegando a los lectores. Por ejemplo, un trabajo del año 2009, refiere: “…llega el aniversario número 25 de su muerte con una obra muy vital: los 50 mil libros que vende cada año en la Argentina”. O sea, sigue vendiendo 50 mil libros anualmente en la Argentina, se sigue publicando, reeditando, traduciendo pero además, ha surgido toda una serie de textos inéditos que no se publicaron en vida y que han ido saliendo en los últimos años. Uno de ellos son las conferencias que él dictó en Berkeley sobre literatura, unas grabaciones que fueron transcritas y publicadas hace poco. Está ese otro texto que no he podido leer que se llama Papeles inesperados, que fue lo que Aurora Bernárdez encontró en las gavetas, en la papelería que él dejó en su casa. Está su epistolario que se ha publicado después de su muerte, y es impresionante el gusto que puede ofrecerle a un lector esas cartas por la cantidad de reflexiones que va haciendo él sobre la literatura, la música… También estaba leyendo hoy en un email que recibí, que Cortázar es un autor que escribe mejor después de su muerte, porque van apareciendo muchas cosas que no publicó en vida y que realmente enriquecen su legado literario.

Aunque hubo algunas figuras importantes, entre ellos, Beatriz Sarlo y el mismo Ricardo Piglia que, de alguna manera, desestimaron un poco su obra e incluso en los años 90, a pocos años de su muerte, se llegó a hablar por estos autores y otros de que la obra cortazariana había envejecido, que realmente había quedado atrás, que el canon literario se estaba reconfigurando y que Cortázar pasa a ser un modelo ético, más que estético con el paso del tiempo. Hubo también unas encuestas que aparecieron publicadas en el año 1993 en la revista La Maga, en las que el mejor cuento fue “El Aleph”, de Borges, y la mejor novela Los siete locos, de Roberto Arlt. Llama la atención que no aparece Cortázar en el año 93. Una encuesta no da la magnitud de todo un fenómeno, pero creo que si eso se sintió un poco en los años 90 y surgieron artículos sobre el silencio,  sobre Cortázar, etc., siento ya que con el paso del siglo XXI él ha vuelto a ocupar ese lugar. Se ha reposicionado y creo que tiene mucho que ver por una parte el valor trascendente de su obra, obra sólida que le permite resistir el paso del tiempo, y por otra, las nuevas valoraciones que están apareciendo sobre él que posibilitan un acercamiento más complejo a su producción literaria.  

Y, por supuesto, se presume total autenticidad sobre esa obra descubierta…

Sí, totalmente, porque él deja como albacea de su obra a la que fue su primera esposa Aurora Bernárdez que lo conoce prácticamente una vida entera, que aunque se habían separado ella es la que vuelve a estar después de la muerte de Carol cerca de Cortázar, ya como amiga, y se queda como albacea de su obra y heredera de todo, él no tuvo hijos, y entonces Aurora revisa todo eso. Están los textos que, evidentemente, se han ido encontrando en cajones, en gavetas que él dejó a su muerte. Ahí no hay posibilidades de que sean apócrifos o inventados.

Imagen: La Jiribilla

Romper los empaques fronterizos de las palabras fue una relación muy temprana del escritor con la lengua. ¿Esta proclividad marca a su producción como creación o se vincula de manera más directa con un ejercicio de teoría y subversión literarias?

Yo lo veo en ese libro muy interesante que te comenté, Teoría del túnel. Ahí él ya tiene muy definida una poética, o sea, muy definidas determinadas nociones de lo literario, y a partir de ahí él tiene esa idea de la transparencia, de la honestidad del escritor consigo mismo, es decir, si yo quiero decir algo y lo quiero decir bellamente y el hecho de decirlo bellamente traiciona lo que quiero decir, no puedo dejarme atrapar por ese sentido de lo estético, es más importante expresar con honestidad lo que uno siente. Esa visión artística de la realidad a través de las palabras, etc… Creo que Cortázar lo que hace es responder a la propia impronta creadora de su individualidad, de su personalidad. Claro, esa impronta es transgresora, no ve muy bien las diferencias entre los géneros: le parece que los géneros encasillan y reducen la libertad de expresión de los autores, que la diferencia entre el ensayo y la novela no está tan bien marcada, y que fijarse mucho en los géneros puede empobrecer la expresión del autor. Más que proponérselo es algo que nace de su propia creatividad, de su propio filón artístico, de su sensibilidad artística, ese “ser transgresor”.

Sin embargo, el Cortázar reflexivo, el Cortázar ensayista, es impecable desde el punto de vista racional. Esto se verifica, por ejemplo, en una conferencia que dio en Casa sobre el cuento. Las cosas que él dice sobre el cuento están tan bien dichas, tan racionalmente dichas... Era un hombre muy inteligente que, aparte de su veta creadora-artística, poseía una cultura impresionante y una inteligencia muy aguzada. Entonces, cuando habla en serio, es sumamente objetivo y racional lo que está diciendo, pero eso no quita que al mismo tiempo como creador tenga sus demonios y sueña que la casa se la están tomando y aparece “Casa tomada”, o está a lo mejor con 40 de fiebre y tiene una especie de delirio, ve algo y lo cuenta, y de ahí salió un cuento.

Regresando a la “noción de figura”, ¿a qué signo paralelo o estructura constelar estará perteneciendo Cortázar en el año de su centenario?

Está por una parte todo lo nuevo que se está publicando de él. Han salido una cantidad de cosas que están siendo leídas y disfrutadas, que hacen sentir que es un autor vivo. Había algo que llamaba mucho la atención sobre él, aparte de que era muy alto y tenía unas manos muy grandes etc., parecía un muchacho. Hay fotos de Cortázar con 40 años que parece un estudiante universitario. Estaba el mito de que nunca envejecía. Creo que Carlos Fuentes cuenta que fue a verlo y le dijo: “Muchacho, le puedes avisar a tu papá que yo llegué…”, y era Cortázar el que había abierto la puerta. “No, yo soy Cortázar…”. “¡Ah, usted es Cortázar!”. Esa misteriosa apariencia física que de alguna manera no envejecía, que lo hacía tan joven, creo que tiene que ver con ese espíritu fresco que tuvo Cortázar hasta los últimos años de su vida: un hombre sin convencionalismos reales, ni aunque se los propusiera, simplemente no le venían bien, no formaban parte de su vida. Un hombre muy atento a la gente joven y que tenía esa facilidad para llegar a ella. Ahí hay algo como de energía vital y de juventud que era muy evidente en el Cortázar ser humano-físico. Diría que ahora, después de su desaparición, el hecho de que su nombre siga sonando con obras inéditas, con ese epistolario maravilloso que te devela una enormidad de mundo es como una forma de estar vivo. Se habla mucho de que la gente no muere, sigue viva, eso es más que un lugar común, pero ante esta pregunta que tú me haces, de en dónde, en qué figura, yo lo vería como muy actual.

Estuve en la tumba de Cortázar en Montparnasse, y es increíble la cantidad de flores, cepillos de dientes, poemas escritos a mano, florecitas de papel, laticas… Había una cantidad de gente que iba allí a dejarle cosas a Cortázar. Es como una veneración, digamos, no sé de quiénes porque estaban ahí en la tumba cuando llegué, lazos, prendas… Creo que lo han hecho trascender.

Hay un trabajo de Ariel Dorfman, que dice que en los grafitis en Argentina vio, eso fue en el 2000 o 2006: “¡Biban los cronopios!”, vivan los cronopios con “b” alta, y “¡Volvé Cortázar! ¿Qué te cuesta? Tú que manejaste tanto la fantasía, y la ósmosis entre realidad y fantasía, pues entonces regresa”. Esto es una de las cosas más importantes que estoy tratando de decir: que es una figura que más allá del reconocimiento  que puede haber alcanzado de la crítica literaria, de la academia, de que sea un escritor que esté incluido en los cursos de estudios, que se hagan cientos de tesis de diploma, de maestrías y doctorados sobre su obra, es un escritor que de alguna manera se convierte en leyenda también, él como figura, como ser humano, para sus lectores. Va más allá de la gente que lo lee. Hay gente que se acerca a él, que lo busca, porque lo admira y lo respeta, no solo por su obra literaria sino por su actitud como ser humano, las posiciones que asumió en determinados momentos, y eso crea como un mito, como una leyenda.

Creo que Cortázar es, de muchos autores, de esos autores del boom, él que yo siento más. Está también García Márquez, pero estaba pensando en eso de la tumba llena de pajaritos y cositas, que le llevan gentes que evidentemente no son grandes intelectuales ni críticos literarios. Se ha convertido de alguna manera en una especie de mito y personas que a lo mejor no se han leído Rayuela, adoran a Cortázar, porque también se ha hecho cine, fotografías… Es una figura que se abre.

Entonces, las “armas” de Cortázar están abiertas…

Creo que están abiertas, no son secretas. Es una figura que con el paso del tiempo se ha ido perfilando cada vez con mayor nitidez, cosas que quizá no se comprendieron en su época como que se han ido limpiando y abriendo y haciendo más nítidas.

En el fondo Cortázar es un gran humanista, el ser humano está en el centro de su atención y no solo le interesa esa liberación del ser humano desde un punto de vista económico, social, sino desde el punto de vista espiritual. Esa idea cortazariana de que el hombre tiene posibilidades en su cerebro que todavía no ha explotado lo suficiente, de que puede crecer intelectual y espiritualmente mucho más allá de lo que se ha propuesto… Esa especie de estar volcado hacia el futuro y las posibilidades de realización del hombre es lo que lleva un poco a esa mitificación o creación de una leyenda en relación con él.

En esta ocasión, ¿qué nos puede decir del Premio Iberoamericano que lleva su nombre a pocas horas de su entrega?

A mí me ha dado mucha alegría ver la participación de otros latinoamericanos, porque el Premio está en Cuba, se lanza en Cuba, es lógico que haya una amplia participación de cuentistas cubanos y efectivamente la hay de todas las edades, muchachos jóvenes, pero también me llamó mucho la atención cómo de distintas partes de América Latina: de Perú, Colombia, Ecuador, México, Argentina, Uruguay, de pronto estás leyendo y te das cuenta por lo que dicen los textos: “Esto es en Perú, esto en Colombia,  en Argentina”.

El Premio, que se ha mantenido ya en varias ediciones, ha logrado ir rebasando el marco de lo cubano para acercarse más a América Latina que es su verdadera intención. No es un Premio para cubanos, sino para escritores latinoamericanos, y también me sorprendió cómo hay muchos relatos que vibran muy en consonancia con ese elemento cortazariano de lo fantástico, de ese tipo de cuentos. Tampoco se trata de que los premiados tengan que responder a una poética cortazariana, no se trata de eso, pero sí me llama la atención ver cómo hay elementos, acercamientos, que recuerdan mucho esa poética de Cortázar.

Se quedó en Argentina el Premio este año, que también es una linda coincidencia en el 100 aniversario de su muerte.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato