Intersecciones

Bayamo: Filtro de campaña (II)

Omar Valiño • La Habana, Cuba

La programación, que iremos comentando en la continuidad de esta serie, fue diseminada por varias salas y espacios de Bayamo, y buscó, como regla, la presencia de un espectáculo por cada grupo de la provincia. Y así fue, con dos excepciones. El Colectivo Teatral Granma, que dirige Norberto Reyes, no pudo estrenar por una dificultad insalvable de última hora, y el grupo
Tiempo presentó dos puestas en escena. Por él comenzamos.

Tiempo venía gestándose en las entrañas de La Guerrilla de Teatreros desde el estreno de Inopia. El hasta entonces actor Ariel Hernández, comenzó a explorar el mundo del clown de una forma muy particular y luego de su debut vino Tiempo y ahora Subterfugio.

En este último, que vimos allí, el referente técnico y poético del clown, que yo llamaría clown triste, aparece más borrado, solo base o soporte de otras técnicas y lenguajes. El montaje trata de las múltiples desesperaciones del amor, es decir, del sexo y de sus sorprendentes transacciones en medio de soledades, compras y ventas, falsos encuentros y otros sorprendentes.

Imagen: La Jiribilla

Los personajes, el Viejo, la Prostituta, el Policía, el Travesti… llevan sus vidas en sus maletas que se convierten en mesitas, en carga de todo lo que arrastran. Eluden por completo la palabra y comunican mediante el gesto y la acción, aunque en algunas secuencias la caligrafía escénica podría ser más precisa y más rica la imitación de los referentes que sirven a estos arquetipos. La música resultaría más efectiva si cumpliera su protagónica función acudiendo a composiciones originales. Subterfugio puntualiza escapatorias,  modos de actuar que se filtran debajo de la vida cotidiana de estos seres.

Junto a Álvaro Torres, quien realizó la adaptación y firma la puesta en escena, Ariel Hernández comparte la dirección artística de La noche, sobre el original de Abilio Estévez. Aquí el grupo Tiempo desanda otro camino.

Se trata de una versión curiosísima. Un universo escénico para el que no fue concebida la obra, en tono sarcástico y humor negro, sirve muy bien a esta rescritura con títeres para adultos (con técnica, en lo esencial, de piso y excelentes muñecos). Vehículo que también aporta natural síntesis y concentración de los presupuestos de Estévez, sin faltar a lo mejor de su palabra y de sus atrevidas disquisiciones filosóficas sobre Dios, el goce, el Mal, la Verdad.

Imagen: La Jiribilla

El escenario se presenta en penumbras, la iluminación solo atiende a los personajes en sus escenas específicas. Adivinamos los vestuarios en ripios. Se teje una imagen que transmite con fuerza, hasta con espanto, el oscuro mundo de la pieza, de clara intertextualidad bíblica. La Madre que busca al Hijo y en su peregrinar encuentra la destrucción y sus múltiples representantes, en medio de una lucha contra el pensamiento, el sueño, el amor, siempre atravesados por la corrosiva ironía abiliana.

El montaje desvela con densidad la estrategia de Abilio Estévez cuando sublima o satura un discurso para resaltar justamente lo contrario. Hiperboliza para hacernos ver la otra cara de la luna que alumbra el feo carnaval nocturno.

Tiempo sorprende, muestra facetas y marca lugar.

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