Revelaciones de un titiritero de la mediana edad

Una musa revolotea sobre nuestros
20 años

Rubén Darío Salazar • Matanzas, Cuba
Fotos: Cortesía del autor
 

Uno no se enamora muchas veces. Los efluvios apasionados del cuerpo pueden ser abundantes, y casi parecernos que ese golpe de calor que sentimos de pronto es algo parecido al amor. Pero enamorarse, caer de bruces frente al ser adorado, como los devotos ante la imagen de la virgen María, del cual se deriva la maravillosa palabra marionnette, eso realmente es otra cosa.  

Cuando se llega a 20 años en el teatro, dos rondas de a diez asaeteadas de sucesos buenos, regulares y malos, se impone sacar cuentas, hacer balances, deshojar todos los colores del almanaque hasta quedarnos con el tono del tiempo presente para empezar de nuevo; entonces saltan las musas salvadoras de nuestra trayectoria, esos espíritus vivos o muertos que han emanado su soplo sobre nuestras creaciones y sobre nuestras vidas. Pienso en Dora Alonso, puedo oír aún sus palabras firmes, sentir su mano segura sobre mi hombro, su mirada directa y transparente. La personalidad inigualable de Carucha Camejo, su sentido del arte, el afecto a prueba de balas por la familia y los amigos; guardo un manojo de cartas con su caligrafía hermosa e inteligente. Dicen los expertos en gramática que no se debe adjetivar mucho al escribir, pero estoy hablando de amores, por tanto me vuelvo desbocado e incontrolable.

En el mismo año en que andaba con Zenén, Freddy, Melba, Arneldy, Carlos González, entre otros, fundando Teatro de Las Estaciones, una muchacha nacida en La Habana, en octubre de 1975, pasaba a formar parte como actriz, dramaturga y directora artística de la prestigiosa Compañía Teatro Palpito, de Arielito Bouza. No pude verla trabajar en El cochero azul o Pinocho. Nunca vi en escena su texto Historia para contar, que pude antologar años más tarde en un compendio de nuevos dramaturgos cubanos para niños. Tendría que llegar 1996 para conocer a Yanisbel Victoria Martínez Xiqués, fue en el Yorick, nombre del desaparecido festival de los teatristas jóvenes de la Isla. Percibí enseguida en su mirada tierna y pícara el duende de los títeres. Presencié  su puesta en escena Tamarita, el pozo, el gato, el cojín bailador y las siete piedritas, una versión libre sobre una narración literaria, donde pude apreciar que había allí  algo afín con mis perspectivas escénicas. Conocerla fue un deslumbramiento, ese impacto del amor a primera vista, y si la titiritera tiene 21 años y el titiritero 33, las cosas se pueden complicar para bien o para mal en los corazones y en la trayectoria profesional posterior.

Imagen: La Jiribilla

Fue para bien, colaboré en 1997 con su montaje de Feliz, una especial adaptación de un cuento de Bernard Shaw, que  significó su graduación como licenciada en arte teatral, en la especialidad de dirección, del Instituto Superior de Arte de La Habana. Ese mismo año se vino a trabajar a Matanzas como asesora del Teatro Papalote y para fungir como asistente de dirección en Teatro de Las Estaciones, en las puestas en escena El guiñol de los Matamoros, de 1998, y Pelusín del Monte, de 1999. Zenén sucumbió también ante su aureola rara, diferente, parecida a nadie. Quizá ella aún no lo sabía o sí, ¿quién puede escudriñar dentro del pecho de una muchacha llena de luz?, pero Yanisbel era para mí lo más parecido a una gaviota errante, con un nido en el viento y una residencia en la tierra. Me siento orgullosamente culpable de su partida. Le mostré los caminos posibles que yo mismo por decisión personal no alcancé a recorrer. En 1999, pasó a formar parte de la  École Supérieure Nationale des Arts de la Marionnette (ESNAM), en Charleville- Mézières, Francia. Decirle adiós fue duro, significaba renunciar a una ilusión, pero también la posibilidad de ayudar a crecer a una joven talentosa y auténtica en su vocación.

Sí algún puente seguro con el arte titeril europeo y asiático pudo tender Teatro de Las Estaciones en estas dos décadas, se debe, además de nuestro trabajo constante e inconforme, a la fidelidad y sentido de pertenencia al grupo y a Cuba de Yanisbel Victoria. Su paso entre 2001 y 2014 por experiencias y compañías de Francia, Grecia, España, Viet-Nam, Tailandia, Mali e Italia, fue también ganancia en conocimientos y descubrimientos para nosotros. Una devolución que tiene también fechas y nombres en nuestro territorio. En 2004 impartió en Matanzas el  Taller “Caza de sombras”, teatro de sombras para titiriteros y otros profesionales cubanos. Entre 2007 y 2008, ya como integrante de la compañía hermana Etcétera, de Granada, España (otra culpabilidad asumida), dictó en tierra yumurina y en la capital la conferencia El ornitorrinco indomable: tendencias del teatro de títeres contemporáneo, para artistas, intelectuales y estudiantes. Volvió en 2011 para ofrecer las conferencias “Tradiciones titiriteras en Tailandia y Malí”, y “El retablo de maese Pedro”, que esta vez, además de Matanzas y La Habana se extendió hasta la oriental provincia de Guantánamo.  En 2012 la volvimos a recibir en los predios matanceros y capitalinos con la conferencia “30 años de Etcétera”, y la aplaudimos junto su actual compañero Enrique Lanz, líder fundador del conjunto granadino, en Pedro y el Lobo. Acudió a nuestra llamada en 2014, para participar en el onceno Taller Internacional de Títeres de Matanzas y Consejo Mundial de UNIMA (Unión Internacional de la Marioneta) con el curso “Perfiles contemporáneos del teatro de títeres”, y como parte del elenco de Etcétera que representó El alma del pueblo, una historia de amor entre el ser humano y los objetos, donde además de actriz estuvo a cargo de la dramaturgia y la producción ejecutiva.

Siento que no haya tenido tiempo para continuar su proyecto personal Alánimo Teatro, que produjo entre 1997 y 2005 cerca de cinco singulares espectáculos, contentivos de su agudeza creativa, pero a cambio ha formado parte de esa magnífica escuela que han sido los montajes Soñando el carnaval de los animales, El retablo de Maese Pedro, La caja de los juguetes y El sastrecillo valiente, por solo mencionar algunos,  bajo la guía experimentada de nuestro amigo Enrique Lanz.

Imagen: La Jiribilla

Cuando se ha pasado de la media rueda y el grupo-familia teatral en que trabajamos y vivimos ha sobrevivido al número 20, no podemos ser ni farsantes, ni comedidos, ni injustos, so pena de contraer una depresión culpable sin cura. Yanisbel, ese amor que nunca murió, es uno de nuestros orgullos veinteañeros. La felicidad de sentirla parte de nosotros, puede extenderse por varias zonas del mapa nacional donde ha dejado su huella de fe y compromiso artístico titiritero. Desde las tablas del teatrico de la calle Ayuntamiento, en Matanzas, que lleva el nombre Pepe Camejo, un maestro a quien ella conoce tanto como yo, quiero agradecerle ser y estar, ser y continuar, ser y amar. Es esta mi revelación de cumpleaños y mi mejor declaración de eterno enamorado.

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