Entrevista con Alejandro Ramírez

La esperanza como anhelo

Leandro Maceo • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía del entrevistado
 

Alejandro Ramírez se fue a los barrios cubanos junto a Silvio Rodríguez. En una primera entrega nos regala un archivo de los dos primeros años del periplo del trovador, recogidos en su más reciente documental Canción de barrio.

Imagen: La Jiribilla

Una película sin un guion preconcebido pero con la "esperanza" como anhelo, donde coexisten las canciones de Silvio, la gente que recita sus mensajes y los barrios profundos que los abriga en medio de una realidad que nos sintetiza a todos como cubanos.

Sobre esta, su canción más inmediata, su letra más cercana y su instinto más personal Ramírez habla con La Jiribilla.

"El proyecto empezó realmente como un registro de los conciertos de Silvio, desde el primero. En el tercero o cuarto nos dimos cuenta de que solo captar el hecho de la presentación nos daba una parte del problema.  

"Pero esta gira surgió por motivaciones específicas y la posibilidad de estar en un barrio, enfrentarlas y vivirlas te da otra dimensión del asunto. Entonces fue cuando empezamos a replantearnos todo e ir a las causas que motivaron el proyecto".

Si bien Silvio y su obra tienen un gran peso, el eje temático del audiovisual está dividido, donde el barrio se desdobla como protagonista y receptor activo de la melodía del trovador.

"Silvio y la gira son el hilo conductor. Una puerta para entrar a los barrios. Pero pensar el documental sin la realidad de estos no tendría la misma emotividad, como mismo juega un papel esencial todo el background sonoro que está detrás.

"De alguna manera logramos un engranaje entre los textos de las canciones y lo que se está viviendo, donde la música apoya dramatúrgicamente muchas de las escenas.

"La canción de Silvio tiene una poesía contenida. Más allá de la obra artística tiene que ver con un momento de Cuba, con una ideología, con valores humanos que se están defendiendo y viene muy bien.

“De alguna manera él salió de la gente común de este país y entonces es como un reencuentro, en un momento en que el contexto cubano presenta una crisis en muchos aspectos".

Imagen: La Jiribilla

Conjugar los fragmentos de las canciones con la fotografía siempre supone retos, pero sobre todo parte de conocer en profundidad el trabajo de Silvio como creador y la intensión que se persigue.

"Soy su seguidor desde hace mucho tiempo. Conozco bastante bien su obra como muchos del equipo, por lo que tenemos esto en común. Está además el hecho de haber compartido con Silvio tantos conciertos y poder ver al público, sus reacciones, sus rostros…todo ello hace que se despierten ideas.

"De todos modos como trabajo metodológico por decirlo de alguna manera, no solo intuitivo, nos dimos a la tarea de escribir y analizar las letras y ver qué podía ser más beneficioso para crear la estructura final.

“Las canciones de Silvio como toda obra de arte pueden tener muchas intenciones. A veces no es exactamente literal lo que quiere decir, pero nosotros la usamos para resemantizar y ponerlas en el contexto que nos convenía".

Visitar estos barrios ha sido un acto de crecimiento para todo el equipo. Un encuentro con su condición más esencial como seres humanos, como sujetos sociales que intentan absorber lo cotidiano desde la honestidad y el respeto.

"Para mucha gente la gira fue descubrir una realidad que tenemos en frente y que a veces no palpamos bien. Vivimos en Cuba, muchos en estos mismos barrios, pero llegar con una cámara y que la gente te exprese lo que siente, te hable de su circunstancia, te abra las puertas de su casa y te muestre su intimidad es como ordenar y conjugar de repente un cúmulo de  ideas que andan sueltas.

"Ha sido darse cuenta cuántos están viviendo en estas condiciones y cómo está funcionando su pensamiento.

"Como realizador puedo decir que nunca habíamos emprendido un proyecto tan grande. Llevamos cuatro años filmando, aunque el documental solo recoge los dos primeros. Hicimos un corte. Esta primera etapa tenía más de 200 horas de filmación, por lo que hacer 80 minutos fue una tarea titánica que nos llevó tiempo.

"Como equipo tenemos una larga experiencia, pero realmente este documental ha tenido sus particularidades por todo lo anterior y además por abordar un tema tan delicado, por saber éticamente cómo te vas a dirigir a las personas, por encontrar el equilibrio de respeto adecuado ante el entorno que encontramos, para no exagerarlo o disminuirlo, para no autocensurarte y ser honesto con lo que se está poniendo.

"Nos propusimos no hacer un melodrama ni una cuestión lastimera de la situación, simplemente mostrar lo que veíamos. Parece fácil y da la impresión de que es la fórmula más sencilla, pero a veces tener ese tacto es complicado y hay que ser muy cuidadoso".

Imagen: La Jiribilla

El proceso de selección de imágenes siempre es complicado, más cuando son largas horas de grabación que deberán condensarse sin perder la coherencia.

"Muchas veces la imagen está movida o la que más te gusta sobreexpuesta, aunque es un material de mucha impronta: llegar y filmar lo que estás viendo sin mucho aparataje. Donde no hay luces puestas en función del documental y hay que aprovechar el momento.

"La fotografía está jugando su papel. A lo mejor no es aquel retrato lindo que se podría tener en otro tipo de película, pero es el que la misma circunstancia te obliga a hacer, en función del discurso y en consonancia con todo este fenómeno. De la misma manera que se filma se va a la mesa de edición".

La relación orgánica entre las personas que habitan los barrios visitados por Silvio y las cámaras era algo esperado, aunque siempre se contempló el riesgo de mudar lo íntimo al colectivo.

"Es increíble como muchas veces nos tomaban de las manos, nos llevaban y nos sentaban en sus casas. Creo que no hubo que hacer mucho esfuerzo. También nos encontramos personas que no querían hablar y otras que asumían un discurso muy oficial, muy formal —una actitud bastante frecuente— pero la mayoría hacían catarsis de su realidad ante la cámara".

Todo el tiempo fueron testigos de un testimonio lo suficientemente fuerte como para tener voz propia, cuya captación desde el punto de vista audiovisual no estuvo exento de las rutinas propias de toda realización.

"Todo proceso de esta naturaleza parte de un hecho o fenómeno real del pasado o el presente, pero nunca debemos olvidar que es una obra de arte y pasa por el tamiz de los realizadores.

"Lo que uno tiene que procurar es vivir como esponja de esa realidad para absorberla todo lo posible. Después la digieres y la devuelves como un producto terminado, pasando por la subjetividad de todo el equipo de realización".

Las lecturas que se puedan hacer de este material de Alejandro Ramírez serán sin lugar a duda disímiles, todas estarán permeadas por la historia personal de cada uno de los espectadores. 

"Creo que en el documental hay un balance exactamente como lo encontramos. La mayoría está contenta con que Silvio llegue, lo reconoce como un gran artista y agradece el proyecto.

"Cuando uno habla de un concierto de Silvio en un barrio la gente se pone como extrañada. Hay un cliché de que allí solo se escucha un tipo de música y los encajonan en ciertos grupos, pero invito a todos los que piensan así a ir, que vean como los niños cantan sus canciones, las mujeres se conmueven y los hombres se emocionan. Es increíble el fenómeno que se genera. De repente logras sentir la energía del lugar. Todo el mundo tranquilo, todos disfrutando.

"También están a quienes no les gusta o no le encuentran mucho sentido, como lo dice una persona al principio del documental. Estas siempre fueron la minoría. Quizá uno de cien. Pero si hablamos de honestidad hay que empezar por ser honestos".

El documental sería en vano si no toca a la gente, si esta no se mira en él y encuentra fidelidad y esencia.

"Aspiro a que ayude a que las personas se reconozcan, vean en el estado que están, a que los decisores se conmuevan y se divulgue la situación que vivimos y muchas veces escondemos.

"Reconocer los problemas que tenemos es la única manera de resolverlos. De lo contrario nos olvidamos de ellos, pasa el tiempo y la gente sigue a la espera. El documental puede abrir las puertas a una gran discusión donde la opinión de las personas tenga validez".

De barrio en barrio las historias se repiten. Un sentir común toma distintas formas y matices.

"Las situaciones de vida son repetidas y por lo tanto las opiniones también los son. En ese sentido fue complicado el proceso de selección. Partimos de buscar un balance e identificar dónde estaba el equilibrio".

Ochenta minutos donde el público ríe y suspira a la vez.

"Mientras el documental genere emociones, ya sea de risa, de contradicción, de llanto, de nostalgia, de esperanza, de conmoción… creo que habremos ganado un pedazo de lo que nos corresponde como realizadores".

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