Cantores

Víctor Jara: Con el alma llena de banderas

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

Ahí, debajo de la tierra,
no estás dormido, hermano, compañero.
Tu corazón oye brotar la primavera
que, como tú, soplando irán los vientos.

Imagen: La Jiribilla

Pareciera que se cantó a sí mismo cuando escribió estos versos al Che, unos cinco años después de estremecer al mundo su asesinato en La Higuera, era torturado y ultimado a balazos el cantor del pueblo chileno Víctor Jara, en aquel septiembre negro de 1973.

A tus pies heridos llegarán,
las manos del humilde, llegarán
sembrando.
Tu muerte muchas vidas traerá,
y hacia donde tú ibas, marcharán,
cantando.

La misma mano detrás de la bala, detrás del puñal, detrás de las torturas, detrás de las bombas, la mano del imperialismo yanqui: bombardeando Vietnam en los años 60, dando la orden a los militares bolivianos en 1967 (pensando que el Che Guevara podría morir), o planeando y ejecutando en las sombras el Golpe de Estado fascista de Pinochet en Chile en 1973. La misma mano que llega repitiendo sus modus operandi hasta nuestros días.

Allí donde se oculta el criminal
tu nombre brinda al rico muchos nombres.
El que quemó tus alas al volar
no apagará el fuego de los pobres.

Aquí hermano, aquí sobre la tierra,
el alma se nos llena de banderas
que avanzan,
contra el miedo,
avanzan,
venceremos.

Imagen: La Jiribilla

Junto a su poderío militar, el imperio incrementa la “ciencia” del espionaje, apoyado por el monopolio mediático e informativo global, oculta sus masacres, desvirtúa o silencia acontecimientos, difama a gobiernos, desestabiliza pueblos, siembra recelos, odios, racismos. El imperio ha creado una “cultura” para aniquilar las culturas, una seudocultura masiva para borrar la memoria de los pueblos, para desmovilizarnos, des- socializarnos, desalmarnos; para ensimismarnos, aislarnos del mundo real suplantándolo con una feria de ilusiones plagada de marcas y etiquetas:

Las casitas del barrio alto
con rejas y antejardín,
una preciosa entrada de autos
esperando un Peugeot.

Hay rosadas, verdecitas,
blanquitas y celestitas,
las casitas del barrio alto
todas hechas con recipol.

Imagen: La Jiribilla

Es deber y urgente rescatar la memoria de los pueblos latinoamericanos, amenazada de extinguirse. Nos envuelven en la bruma, con la globalización de la cultura consumista, el arte, la historia nuestroamericana; nos machacan con modelos desideologizados, despoetizados mediante la música, el cine, la TV (seriales, video clips, telenovelas), las revistas, creando una imagen del latino tonta, vacua, sexualista, efectista, nos inventan “la belleza latina” con sus clichés para adormecernos, para que nos vanagloriemos de ser lo que no somos, ni queremos ser; esas postales para turistas con las que anulan la inteligencia, las hermosas tradiciones, la poesía creativa que viaja en el tiempo dándole espesura y arte profundo a nuestros pueblos.

Levántate y mira la montaña
de donde viene el viento, el sol y el agua.
Tú que manejas el curso de los ríos,
tú que sembraste el vuelo de tu alma.

Se acerca el 11 de septiembre, y es preciso que recordemos los sucesos de 1973 en Chile. De seguro los medios globalizados pondrán su acento en las Torres Gemelas cayendo “inolvidablemente”; aunque hay tanto ruido y sospecha acerca de la mano que estuvo detrás de quienes las derribaron (y ya conocemos bien esa mano que vive en la oscuridad tejiendo muertes), quienes tal vez  van también diluyendo ese pasaje tenebroso, para evitar que se abra la caja de Pandora. En todo caso, y también solidarizándonos con aquellas víctimas, debemos contarle, especialmente a los más jóvenes, de aquel gobierno de la Unidad Popular del querido presidente Salvador Allende. De cómo la mano imperial, oculta en el traje de la oligarquía, desestabilizó el país que crecía repartiendo justicia; sabotajes económicos, calumnias en la prensa, “guarimbas” o cacerolazos de la oposición… lo mismo que hoy en Venezuela, he ahí la vital importancia de no dejar que se extinga la memoria.

Señores voy a contarles
lo del abastecimiento,
que causa tanto tormento
a gente tan refinada.

Se quejan de que no hay nada,
que no soportan las colas,
cuando quieren juntar rabia
golpean las cacerolas.

Por la utilidad de la belleza poética de su canto es que quiero traer hoy a Víctor Jara, y especialmente y como causa de ella su propia vida. Jara fue el hombre que iba cantando por los centros laborales, por los campos, que se metía en las minas para conocer los sueños y dolores de su pueblo y llevarlos después a las canciones; con esa mirada escudriñadora de dramaturgo y poeta va a las esencias espirituales y nos moviliza.

Líbranos de aquel que nos domina
en la miseria.
Tráenos tu reino de justicia
e igualdad.
Sopla como el viento la flor
de la quebrada.
Limpia como el fuego
el cañón de mi fusil.
Hágase por fin tu voluntad
aquí en la tierra.
Danos tu fuerza y tu valor
al combatir.
Sopla como el viento la flor
de la quebrada.
Limpia como el fuego
el cañón de mi fusil.

Imagen: La Jiribilla

Víctor Lidio Jara Martínez, nació el 28 de septiembre de 1932, en Chile. Muere asesinado por la dictadura fascista de Augusto Pinochet el 16 de septiembre de 1973. Cantautor, profesor, destacado director de teatro.

A los 21 años, después del Servicio Militar, entra en el coro de la Universidad de Chile y comienza su trabajo de investigación y recopilación folclórica. En 1957 entra a formar parte del grupo de cantos y danzas folclóricas Cuncumén y conoce a Violeta Parra, quien lo anima a seguir cantando. En 1960 recibió el título de director teatral. Dirigió varias obras y obtuvo el Premio Laurel de Oro como mejor director del año.

En 1968 pasó a ser el director artístico del conjunto de música popular Quilapayún. En 1967 publicó su primer álbum musical, titulado Víctor Jara. Su segundo álbum, Pongo en tus manos abiertas (1969), coincidió con el respaldo que prestó a la candidatura de la Unidad Popular de Salvador Allende como militante de las Juventudes Comunistas. En 1970 publicó “Canto libre”, “El derecho de vivir en paz” y “La población”, creaciones de gran belleza y fuerza poética que lo convirtieron en uno de los máximos exponentes del resurgimiento y la innovación de la canción popular en Latinoamérica.

Junto a Isabel Parra e Inti-Illimani entra en el Departamento de Comunicaciones de la Universidad Técnica del Estado. Con la casa Dicap edita el disco El derecho de vivir en paz, que le vale el premio Laurel de Oro a la mejor composición del año.

El derecho de vivir
poeta Ho Chi Minh,
que golpea de Vietnam
a toda la humanidad.
Ningún cañón borrará
el surco de tu arrozal.
El derecho de vivir en paz.

Indochina es el lugar
ás allá del ancho mar,

donde revientan la flor
con genocidio y napalm.
La luna es una explosión
que funde todo el clamor.
El derecho de vivir en paz.

Trabaja como compositor de música para continuidad en la Televisión Nacional de Chile desde 1972 hasta 1973, e investiga y recopila testimonios en “Herminda de la Victoria”, en los cuales basaría su disco La población. Viaja a la URSS y a Cuba, y dirige el homenaje a Pablo Neruda por la obtención del Premio Nobel.

Si yo a Cuba le cantara,
le cantara una canción
tendría que ser un son,
un son revolucionario,
pie con pie, mano con mano,
corazón a corazón,
corazón a corazón.

Víctor Jara dejó recuerdos imborrables entre los cubanos; especial relación tejió con los trovadores cubanos, Silvio Rodríguez, Vicente Feliú, Pablo Milanés, Sara González, y Noel Nicola, con quienes compartió en múltiples ocasiones, especialmente cuando varios de los cubanos fueron a cantar al pueblo chileno.

Si quieres conocer a Martí y a Fidel
a Cuba, a Cuba, a Cuba iré,
si quieres conocer los caminos del Che,
a Cuba, a Cuba, a Cuba iré,
si quieres tomar ron pero sin Coca Cola,
a Cuba, a Cuba, a Cuba iré,
si quieres trabajar a la caña de azúcar,
a Cuba, a Cuba, a Cuba iré,
en un barquito se va el vaivén.

Entre sus principales canciones se encuentran: “Plegaria a un labrador”,

“A Cuba”, “Las casitas del barrio alto” (que es una traducción y versión de Jara sobre la pieza “Little box” de la cantora norteamericana Malvina Reynolds), “El alma llena de banderas”, “El derecho de vivir en paz”, “Te recuerdo Amanda” y “Ni chicha ni limoná”.

Arrímese maspa' ca
aquí donde el sol calienta,
si uste' ya está acostumbrado
a andar dando volteretas
y ningún daño le hará
estar donde las papas queman.

Usted no es na'
ni chicha ni limoná
se la pasa manoseando
caramba zamba su dignidad.

El Golpe de Estado del general Augusto Pinochet contra el presidente Salvador Allende el 11 de septiembre de ese año lo sorprende en la Universidad Técnica del Estado, y es detenido junto a profesores y alumnos. Lo llevan al Estadio Chile donde permanece detenido varios días.

Somos cinco mil
en esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil
¿Cuántos seremos en total
en las ciudades y en todo el país?
Solo aquí
diez mil manos que siembran
y hacen andar las fábricas.
¡Cuánta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura!

Según numerosos testimonios, lo torturan durante horas, le golpean las manos hasta rompérselas a culatazos y finalmente lo acribillan el día 16 de septiembre.

¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!
llevan a cabo sus planes con precisión artera
sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es acto de heroísmo.
¿Es este el mundo que creaste, Dios mío?

Fue un destacado militante del Partido Comunista de Chile, siendo miembro del Comité Central de las Juventudes Comunistas de Chile hasta el momento de su asesinato. Estando preso escribió su último poema y testimonio: “Somos cinco mil”, que vengo citando; en otra de sus estrofas dice:

¿Y México, Cuba y el mundo?
¡Que griten esta ignominia!
Somos diez mil manos menos
que no producen.

¿Cuántos somos en toda la Patria?
La sangre del compañero Presidente
Golpea más fuerte que bombas y metrallas.
Así golpeará nuestro puño nuevamente.

En 1990 la Comisión de Verdad y Reconciliación determinó que Víctor Jara fue acribillado con 44 disparos, el 16 de septiembre de 1973 en el Estadio Chile y que fue arrojado a unos matorrales en los alrededores del Cementerio Metropolitano, ubicado a orillas de la Carretera 5 Sur. Como homenaje a su memoria, a 30 años del golpe militar, en septiembre del 2003 se le puso su nombre al, hasta ese momento, Estadio Nacional Chile.

Te recuerdo, Amanda,
la calle mojada,
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.

En 1967 Víctor Jara fue invitado a Gran Bretaña, donde recibió un premio por su dirección teatral. Estando allí, lejos de su tierra, compuso esta pieza inspirada en sus padres Amanda y Manuel. Una eterna historia de amor, del mundo obrero, de las luchas por la justicia social. Siempre que escucho esta canción me veo con apenas diez años caminando hacia la escuela, en una mañana nublada, en la que La Habana radiaba constantemente las últimas palabras de Salvador Allende en La Moneda:

“Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición”.

Yo caminaba hacia la escuela, era septiembre de 1973, iba a encontrarme con una muchachita del aula, por la que ya suspiraba; yo no era Manuel ni ella Amanda, pero la impotencia y el sentido de justicia quedaban sembrados para siempre en mí con la voz de un ser que se inmola por sostener un sueño, porque no cese la canción redentora.     

Te recuerdo Amanda

Autor: Víctor Jara

Te recuerdo, Amanda,
la calle mojada,
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.

La sonrisa ancha,
la lluvia en el pelo,
no importaba nada,
ibas a encontrarte con él,
con él, con él, con él, con él...

Son cinco minutos,
la vida es eterna
en cinco minutos.
Suena la sirena,
de vuelta al trabajo
y tú, caminando,
lo iluminas todo,
los cinco minutos
te hacen florecer.

Te recuerdo Amanda,
la calle mojada,
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.

La sonrisa ancha,
la lluvia en el pelo,
no importaba nada,
ibas a encontrarte con él,
con él, con él, con él, con él...

que partió a la sierra,
que nunca hizo daño,
que partió a la sierra
y en cinco minutos
quedó destrozado.
Suena la sirena,
de vuelta al trabajo
muchos no volvieron,
tampoco Manuel.     

Te recuerdo Amanda,
la calle mojada,
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato