El regreso a través de sus cuadros

Eyder La O Toledano • La Habana, Cuba

Cundo Bermúdez (1914-2008) es para muchos nacidos en la Isla un desconocido, aunque es considerado una de las figuras más trascendentales de la segunda generación de la vanguardia criolla del pasado siglo junto a una pléyade de nombres entre los que se encuentran Amelia Pélaez, René Portocarrero, Jorge Arche, José Gómez Sicre, Antonia Eiriz, Mariano Carreño, Wifredo Lam y Carlos Enríquez. Su admirable obra ha recorrido prestigiosas galerías del mundo como el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMa).

Imagen: La Jiribilla

Una exposición, muestra de su indudable riqueza plástica, se exhibe en la sala transitoria del Museo Nacional de Bellas Artes, edificio de Arte Cubano, bajo el título Pasión y lucidez, a propósito de su centenario. Las 25 piezas seleccionadas por Roberto Cobas Amante, tienen la particularidad se haber sido realizadas entre las décadas del 40, 50 y 60 mientras aún residía en la Isla.

Cundo regresa a ahora Cuba a través de sus cuadros. Será el momento para que muchos descubramos a este cubano universal, uno de los protagonistas que jalonaron la Escuela Cubana de pintura (conocida como Escuela de La Habana), en la primera mitad del siglo XX. Su obra devendrá, también, un reencuentro para no pocos coterráneos, con el pincel de un hombre influenciado por las más disímiles tendencias de la plástica.

Fue un artista que abordó sin prejuicios ni dogmas temas y personajes de indudable cubanía y con el barroquismo distintivo de los de su generación. Dueño de un discurso reflexivo y al mismo tiempo contemplativo y fascinante se le conoció también como el más dramático de los pintores criollos de entonces por atrapar piezas fundamentales del teatro tal como lo hiciera con la tragedia shakesperiana Romeo y Julieta, al “colocar” a los amantes de Verona en el trópico desnudos en un balcón habanero arropado por enredaderas.

Él nunca se puso límites para experimentar, supo acercarse a los movimientos pictóricos, o al menos de manera efímera a aquellos que se le antojaban necesarios ejercicios, como hiciera con la influencia del caballete mexicano, país a donde llego atraído por el muralismo. Sin duda, “jugó” entre varios ismos, pero logró ser contemporáneo en todo momento, no estuvo ajeno a casi nada, de ahí su interés, por ejemplo, por la abstracción concreta, la estilización geométrica con marcado referente del cubismo; sin embargo nunca renunció a la figuración.

Reconocido a nivel internacional, Cundo estudió pintura en la academia de San Alejandro. Vivió y murió en Miami, ciudad donde continúo su fecunda obra iniciada en la Isla y que le permitió ubicarla en la escena galerística de los EE.UU., entre ellos el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMa). También el Palacio de Bellas Artes de Ciudad México y el de La Plata, Argentina, se cuentan entre los inmuebles culturales donde se expusieron o atesoran obras del creador.

Se trata, sin duda, de uno de los artistas más atrayentes de la pintura cubana por el uso del color, las temáticas visitadas con personajes arquetípicamente  criollos, así como la utilización de la acuarela, la tempera y el óleo.

A la obra de Cundo tendremos que volver una y otra vez, su esencia profundamente cubana, no se aprehende con una sola mirada al conjunto de las pinturas que conserva el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba.

Comentarios

Excelente dossier a la memoria de Cundo. La oportuna introducción de Eyder La O Toledano constituye por sí sola una ficha de su legado, que puede ser consultada por escolares y docentes. Estos maestros de Cuba deben poblar las listas que se aprenden en las aulas. Es el único modo de hacer pausas ante la universalidad del arte cubano. Felicidades...

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