Entrevista con Gloria Rolando

Reembarque, una historia no contada

Leandro Maceo • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía del ICAIC
 

Corrían las primeras décadas del siglo XX y Cuba se dibujaba como la “tierra prometida”, la oportunidad de lograr las riquezas que los hombres de la región no podrían tener en sus países de origen.

En respuesta a los distintos “llamados que se hicieron al Caribe” y movidos por esa imagen —alimentada por las compañías norteamericanas apropiadas de la Isla— llegaron oleadas de obreros traídos por los colonos azucareros como mano de obra barata, entre ellos muchos haitianos.

Eran los años de las "vacas gordas". El precio del azúcar escalaba y permitía una "bonanza económica". Pero cuando vinieron las crisis no convenía mantener los obreros y entonces los repatriaron como indigentes.

Un siglo después, la cineasta Gloria Rolando nos presenta un registro de aproximadamente una hora sobre una estructura no convencional que supone “volver sobre una huella fuerte y presente”, donde las voces de prestigiosos historiadores se unen a las memorias de haitianos y sus descendientes en Cuba para revivir una página poco conocida u olvidada dentro de la historia nacional.

Imagen: La Jiribilla

Reembarque indaga sobre la migración hacia Cuba en la época en que se produjo este éxodo masivo entre 1915 y 1937, a la vez que desnuda una relación que subsiste en el tiempo a través de una espiritualidad común entre cubanos y haitianos.

La realizadora vuelve a ese mundo de ausencias e intenta desde su sensibilidad particular y amor por el diálogo y el cine documental ponerle voz al silencio de siglos, una vez que se reencuentra con la riqueza de nuestra identidad.

Insiste en conocer el medio que arropa a sus protagonistas y no se conforma con decir, en tanto apela a la conciencia personal y colectiva, así como intenta conectar al cubano con su historia y mostrar en su justa dimensión al hombre haitiano capaz de preservar su esencia aún en medio de la desesperanza.

“El documental como género tiene la característica que va creciendo sobre el camino, pero es un sendero en el que tienen que estar muy alerta no solo el director, sino todo el equipo.

"En este caso trabajamos sobre la idea de que queríamos mostrar, recordar y descubrir todos los vericuetos de lo que fue la vida del haitiano en Cuba.

“En un inicio conocíamos de la existencia de estos hombres, de la injusticia a la que fueron sometidos, de cuánto los explotaron…, pero ¿quién nos narraba todo eso?

"Puedes tener un excelente historiador, una voz autorizada que te va marcando los momentos históricos, los hitos…pero, ¿dónde están los protagonistas?

"Siempre pensamos en hacer una combinación de estas voces, donde todo se fuera integrando. Hice muchas entrevistas que no utilicé. Había que depurar y quedarse con aquellas que fueran las más significativas, al estilo de lo que buscaba: donde la música, la cultura, la historia y el momento político se fueran integrando junto a los mejores narradores; esa gente que te sabe hacer el cuento de lo que pasó con su familia, de lo que vivió o escuchó. Eso se pudo lograr gracias a la noción que había en el equipo de tener esa avidez”.

Imagen: La Jiribilla

La búsqueda de aquellos portadores anónimos de historias singulares y repetidas a la vez supuso muchas veces jerarquizar la impronta de un testimonio sobre los elementos de realización.

“Cuando uno encuentra un testimonio importante no puede decir yo quiero un encuadre así, esa luz allá…Tienes que, como director, concentrarte en la persona que está dialogando contigo y dejar que los otros hagan su trabajo.

En Cuba era distinto porque aunque no conocía en trabajo de prefilmación a todos los personajes, por lo menos podía tener una batería de preguntas para encaminarme.

“El caso más significativo fue lo que encontré en Haití, donde estuve muy poco tiempo y no pude hacer una investigación de campo. Tenía los nombres de los investigadores que quería entrevistar, era un problema de sentarme con ellos y ajustar los capítulos de la historia que quería narrar.

Fuimos al Sur, en una visita relámpago y estando en el parque central de la ciudad de Les Cayes, la productora ve a un señor muy mayor al que le faltaba una pierna sentado con su muleta y dice a lo mejor este viejito tiene algo que contar.

“A través del traductor le pregunta si sabía de muchos haitianos que iban para Cuba y él dice: 'yo nací en Santiago'. Inmediatamente se movilizan todos para dialogar con ese hombre, quien resultó ser el protagonista de Reembarque y así empieza el documental.

“Él fue reembarcado cuando era un bebé, lo habían bautizado en el año 1937, lo cual recuerda muy bien. Cuenta que saliendo de la iglesia junto a sus padres lo tomaron y lo llevaron para Haití. Ese anciano no olvida que creció escuchando ese relato, es el clásico ejemplo del reembarque.

“Tuvimos además la suerte de contar con la ayuda de integrantes de la Brigada Médica Cubana en Haití, quienes nos dijeron de Anastasia, una mujer que nació en Cueto, Holguín y todavía recuerda su casa, sus hermanos…

“También está un testimonio que filmamos en Camagüey y es de esas cosas del cine documental. Habíamos terminado de hacerle una entrevista a Emilio, un haitiano de 91 años que vive en Cuba. Teníamos recogidas las cámaras y él nos dijo: 'yo estaba en la escuela primaria cuando nos sacaron afuera a ver a los haitianos que venían reembarcados', y ahí mismo comenzamos a grabar.

“Él recordó de niño haber visto la llegada de esa migración, donde venían dos primos suyos que según describe venían muy avergonzados, pues traían puesta la ropa con que los sorprendió aquella situación.

"Hablo de estos testimonios que están en el documental, porque dan fe de una historia que aún vive en el imaginario y en la cotidianidad de la gente. Como ellos hay muchos otros casos con millones de anécdotas variables y recuerdos familiares. Hablamos de personas que recitan sus vidas, no del historiador que te hace una evaluación del proceso, sino de quien lo vivió”.

Imagen: La Jiribilla

La separación y la migración son temas recurrentes en el arte que se produce en la región, reflejo tangible en la labor de Gloria como creadora, quien ve en Reembarque un "complemento" que fortalece la línea de investigación que ha desarrollado durante casi cuatro décadas de trabajo, siendo Haití el país del Caribe que más ha ocupado a la cinematografía cubana.

“Está Cumbite de Titón; Simparelé de Humberto Solás; Puerto Príncipe mío de Rigoberto López, Marta Jean-Claude en Haití de Juan Carlos Tabío; mi propio documental con Santiago Villafuerte Haití en la memoria, producido en los años 80 con un recorrido más pequeño.

"Es hermoso saber que esa historia está ahí y aún se puede recoger. Hace el trabajo fascinante y revaloriza al cine documental. Todos esos senderos históricos de dominación, de sujeción económica…salen en estos capítulos y quedan enganchados a la vida de toda esta gente".

Reconstruir la memoria colectiva es un trabajo que supone una investigación rigurosa; donde cualquier pista por aislada que parezca puede contribuir al resultado, al rescate de procesos y personas que los protagonizaron y que sin saberlo conforman una parte imprescindible de nuestra historia como nación.

"Una de las cosas que más me impresionó en Haití fueron los archivos, con una gran cantidad de expedientes con las fotos formato carné de los haitianos que emigraban.

"La experiencia de ver los rostros de aquellos protagonistas fue tremenda. No solo los que llegaron a nuestro país, sino los que fueron dejando sus huellas desde allá a través de un pequeño documento.

"Era un mar de aquellas hojitas no muy grandes con las fotografías de muchos rostros jóvenes, a veces hasta niños. Todos venían para Cuba.

“Bajo ese mismo nivel de abarrotamiento dije hay que filmarlo. En una secuencia se pueden ver todos esos expedientes en su conjunto, no filmados uno a uno, porque así llegaban y así los botaron".

Reembarque es un concepto, una síntesis de las deportaciones cruentas de familias separadas, quienes experimentaron la esclavitud aún siendo hombres y mujeres libres.  

"Se nombra Reembarque por una sugerencia del equipo. Todo el mundo coincidió en ello. Como título de producción se llamaba así, pero para mí era entre sueños y golpes porque era un poco lo que iba a describir en el documental: la vida del haitiano en Cuba, de ese bracero antillano que venía a buscar el pan y volver a su país a hacer una vida.

"El sueño de estos emigrantes, como ha sido hasta hoy día, era venir, hacer un dinero y regresar a seguir sus vidas. Pero también estaban los que hacían una familia.

"Los golpes están dados en todo lo que pasaron: eran una mercancía, vivían en barracones, les cambiaban sus nombres, eran discriminados por ser negros, emigrantes, no poseedores de la cultura inglesa, practicantes del vudú… Algunos historiadores consideran esta migración como una reedición de la esclavitud en pleno siglo XX”.

Imagen: La Jiribilla

Rolando antes de viajar a Haití visitó la Sierra Maestra, Santiago de Cuba, Holguín y Camagüey donde existieron los asentamientos haitianos. El encuentro supuso conocer fragmentos no recogidos en la historia nacional.

“Todo está relacionado. Estamos saliendo de la guerra de independencia, inicio del siglo XX, ocupación norteamericana, masacre de los Independientes de Color, gran carestía de mano de obra barata en toda la zona oriental después de la masacre, ¿a quién hay que traer?

“Están las cosas encadenadas y no es así como estudiamos la historia de Cuba, sino totalmente desconectada de una serie de hechos.

“Siempre ha predominado una visión de los eventos ocurridos en el occidente del país y no trayendo toda la amalgama de sucesos tan fuertes que ocurrieron en el oriente con repercusión en el devenir de la nación”.

Este documental reivindica el carácter caribeño de los cubanos, nuestra pertenencia a una región diversa y vital en cuanto las dinámicas culturales y sociales que la atraviesan y se interconectan para formar un tejido poderoso.

"Es fundamental reconocernos caribeños y en ese sentido el tema de la migración —recurrente en mi trabajo— nos enlaza. A veces cuando se alude al complejo afrocubano: la santería, la rumba, la salsa… no se habla de todo este componente.

“Al presente te llegan expresiones como 'este es pichón o descendiente de haitiano', pero la verdadera historia no se conoce. No basta con que los pequeños bailen las danzas, practiquen el vudú o hablen un poquito el creole, tienen que conocer de dónde vienen.

“Por eso es importante que el documental se conozca para que la gente pueda reconocer cuánto compartimos con el Caribe.

“En este caso hablamos de un capítulo doloroso, de una página que invito a visitar, a que se conozca cuáles fueron las distintas posiciones adoptadas al respecto, a que la gente hable más de todo esto, indague sobre este vínculo de Cuba como isla caribeña con otros territorios de la región.

“Es un tema que puede ser estudiado de muchas formas y que no debería solamente abordarse desde una perspectiva cultural (el vudú, el folclor, las danzas) porque detrás hay un origen y porque los reembarques como la injusticia están todavía presentes en el mundo”.

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