Cundo en su Isla

Estrella Díaz • La Habana, Cuba

Cuando Cundo Bermúdez se fue a Puerto Rico —a inicios de la década de los años 60— se llevó un pedazo de Cuba en el alma y ese sentimiento lo acompañó hasta octubre de 2008 cuando falleció en Miami. Pero eso no sería lo más relevante: lo que conmueve es que esa insularidad la continuó plasmando en sus lienzos, cartulinas, murales y esculturas hasta su deceso, ocurrido a la venerable edad de 94 años.

Imagen: La Jiribilla

Por estos días —y hasta finales de octubre, quizá se extienda un poco más— el Museo Nacional de Bellas Artes, considerado la Meca del arte cubano, le rinde un merecidísimo y doble homenaje a Cundo, en el centenario de su natalicio: conmemoración que hasta el momento solo se ha hecho en Cuba.

Pasión y lucidez se titula la muestra (óleos, cartulinas, dibujos y gouaches) —abierta al público desde el pasado 24 de agosto en la tercera planta del museo— que ha sido organizada a partir de muy bien preservados fondos de la institución y que abarca un abanico temporal: desde el año 1944 hasta 1964. Recorrer la exposición nos sumerge en el mundo onírico de Cundo y sus obsesiones: peces, piñas, instrumentos musicales, mujeres, jarras, vitrales, ventanas, sillas… son iconos que se repiten una y otra vez y que van conformando el imaginario de este artista que, por su brillantez, también, hizo una muy personal utilización del color.

En el 2004 dijo Cundo: “añoro a Cuba y, a veces, siento como si no hubiera salido de Cuba. No veo lugares extraños; siempre me veo en las calles de Cuba”, y esa sensación-certeza, tal vez, fue el motivo de que el señor Conrado Basulto, representante y albacea de la obra de Cundo, decidiera organizar una muestra documental que desde el 3 de septiembre —día del nacimiento del pintor— se exhibe en el Centro de Información “Antonio Rodríguez Morey”, ubicado en la planta baja del museo.

Ana Cristina Perera Escalona, directora del Museo Nacional de Bellas Artes, en conversación con La Jiribilla confirmó que la exposición documental Encuentro con Cundo Bermúdez  la conforman más de 70 documentos entre bocetos, catálogos, invitaciones y recortes de prensa. También, aseveró, “se muestran los bocetos de los últimos murales en los que trabajó fuera de Cuba. La muestra se completa con la bata de trabajo que usó el artista hasta sus últimos días, así como otros objetos que le fueron cercanos como pinceles, espejuelos y otros aditamentos y dos esculturas que dan la bienvenida al visitante y que fueron traídas, especialmente (y en carácter de préstamo), para complementar la exposición”.

Imagen: La Jiribilla

Reiteró Perera Escalona que Encuentro con Cundo Bermúdez redondea la exposición pictórica que se exhibe en el tercer piso de la institución, y agregó que “un valor muy especial de esta papelería es que el propio artista coleccionó y guardó los recortes que constituyen, de alguna manera, su paso por los distintos museos que lo acogieron: es un transitar de vida a partir de documentos”.

Insistió en que la propuesta nació de Basulto y el museo la acogió y la hizo suya porque “tiene el valor agregado que es una muestra única en Cuba”. Ante la pregunta de  si el museo, como política cultural, ensanchará su mirada internacional en relación con el arte, la actual directora manifestó: “En estos meses de verano, el museo ha tenido la oportunidad de inaugurar varias exposiciones. Una fue la dedicada a Dalí, de gran impacto para el público nacional porque es la segunda vez que se presenta su obra en La Habana —esta fue una muestra mucho más amplia que la primera, además, habían transcurrido unos 20 años de la anterior—; luego tuvimos la de los artistas afroamericanos y la abstracción. La de Dalí se realizó gracias a la colaboración del coleccionista norteamericano Alex Rosemberg y otros coleccionistas privados que contribuyeron a que fuera muy completa. La relacionada con los abstractos afronorteamericanos, lo mismo: fue la obra de un grupo de artistas creada, especialmente, para ser vista en La Habana; incluso, algunas de esas piezas van a ser donadas al Museo. Ahora estamos exhibiendo a Cundo, que es un artista nacional, pero que vivió la mayor parte de su vida fuera de Cuba. Esto nos demuestra, una vez más, que la cultura extiende puentes, y ni los artistas ni los que trabajamos hoy en los museos y en instituciones culturales, podemos tener esas barreras frente a los lugares donde los creadores decidan vivir o estar. Simplemente, hay que verlo así: el arte es universal”.

Ante la interrogante de si este importante y vital acercamiento a la obra de Cundo traerá otras posibles colaboraciones, la directora de Bellas Artes explicó que “el señor Conrado Basulto ha sido muy colaborador con nosotros y nos va a facilitar el escaneo y digitalización de toda la información que trajo y, a su vez, nos va a aportar audiovisuales de la última etapa de Cundo; todo esos materiales serán incorporados a los fondos de nuestro Centro de Información para ponerlo a disposición de los interesados. Igualmente se están haciendo las coordinaciones para la donación de algunos equipos de reproducción de imágenes”.

Imagen: La Jiribilla

Instantes después de inaugurada la muestra documental, sostuvimos un improvisado diálogo con el señor Basulto y la primera inquietud fue conocer cómo es que nació la idea.

“Cuando vi el amor con que se hizo el homenaje cubano por el centenario de Cundo, decidí colaborar y me sumé con gusto y entusiasmo. Propuse preparar un proyecto que complementaría la exposición. Trajimos ocho dibujos de Cundo —que serán donados al Museo—; también muchos recortes de periódico que se fotocopiarán. Igualmente varios documentales que le brindarán a los interesados un poco más de información sobre su proceso de trabajo.

Usted fue una persona muy cercana a Cundo, quien vivió la mayor parte de su tiempo creativo fuera de Cuba. ¿Cómo valora el homenaje que Bellas Artes le ha tributado?

Es un acontecimiento muy interesante e importante. Cundo siempre fue un cubano ciento por ciento y, por lo tanto, merece una exhibición en este museo, al igual que otros artistas. Andamos por el mundo, pero esta es nuestra patria, el lugar que nos vio nacer y si se ha hecho una obra, es muy justo que exponga en este museo o en cualquier otro del país. En lo personal, me sumo al interés de promover la creación y que todo vaya caminando por la privilegiada senda del arte.

La obra de Cundo es raigalmente cubana. En lo íntimo, ¿cómo se manifestaba Cundo en relación con su patria?

Fue muy interno en su pensamiento sobre Cuba: muy flexible y siempre miró a la Isla de una manera romántica; siempre repetía la frase: “mi Cuba”. De la forma en que él pronunciaba la palabra ‘Cuba’, transmitía una mezcla de nostalgia y añoranza: era impactante. Él hablaba sobre la patria de una manera especial.

En la muestra hay un retrato de Cundo que está firmado por usted…

Fue un retrato que tuve el placer de hacerle sentado frente a mí y se lo regalé. Luego de tenerlo un tiempo, me lo entregó para que lo conservara.

Imagen: La Jiribilla

De Cundo, el artista, ¿qué es lo que más usted admiraba de él?

Su gran humanidad; él era una persona muy correcta y, a la vez, práctica en sus decisiones. En lo personal tengo mucho que agradecerle por regalarme excelentes consejos; fue un amigo entrañable y también un gran apoyo: así fue que descubrí su tremenda humanidad, reflejada en un documental que se llama Cundo como ser humano, donado al Centro de Información del museo.

¿Se documentará esta exposición?, ¿se realizará algún tipo de memoria?

Editaremos un catálogo que incluirá todo lo sucedido alrededor de la obra de Cundo en su centenario. Haremos un documental para desenterrar este diamante que, por alguna razón, ha permanecido un poco escondido.

En algún momento de su vida sentenció Cundo: “pintar es el bastón de mi vida. Vivo para pintar”, y los que hoy nos adentramos en la obra de este artista comprendemos mejor la frase que en el ya lejano 1965 escribió Graziella Pogolotti: “Cundo Bermúdez en su fidelidad a un mismo modo expresivo es pintor característico de un momento, de ese que puede situarse un poco antes y después de 1940. Búsqueda de lo cubano, unida a una actitud entre irónica y bonachona, en que la tragedia se deja a un lado y la realidad inmediata se proyecta hacia un pasado que está dejando de existir. (…) Siempre fiel a cierto voluntario puerilismo y a una temática muy cubana, la composición de Cundo Bermúdez evolucionará hacia un progresivo esquematismo, sin perder en su concepción los rasgos típicos de esta primera época”.

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