A sus 80 años:

Seguir trazando los caminos de la esperanza

Paquita Armas Fonseca • La Habana, Cuba

He entrevistado a Natalia Bolívar Aróstegui no sé en cuantas oportunidades, he almorzado en su casa, he ido a pasear con amigos y amigas, he estado en sus fiestas, he reído con sus cuentos, conozco historias de sus amores y también de sus enemigos, pero siempre me sorprende. Hay personas que son como bolsos inmensos de donde se van sacando conejos, música, hadas, y todo lo que una no se pueda imaginar.

Hace unos días me comentó que estaba cansada luego de trabajar por un disco que arma con Descemer Bueno, X Alfonso, Kelvis Ochoa, entre otros músicos y que tiene que escribir sobre Graham Greene y ahí mismo le pregunté desde cuándo se dedicaba a escribir sobre literatura. A lo que ella me respondió:

“¿Tú no sabes que cuando Greene estuvo en La Habana en 1957, para entrevistar a Fidel, yo lo puse en contacto con Nidia Sanabria para que lo llevara a Santiago de Cuba? Fue tremenda odisea porque el FBI andaba detrás de él”.

En el mismo tono siguió narrando todos los esfuerzos que al final no fructificaron en la añorada visita a la Sierra. El escritor y periodista británico volvería a Cuba en 1959 y muchas veces más, pero Natalia metida en diferentes misiones, “trabajaba 14 horas diarias”, ―me dijo― no tenía tiempo para entablar relaciones ni con Greene, ni con nadie, que no estuviera vinculado a la tarea en la que se había enrolado.

Imagen: La Jiribilla

Pongo este ejemplo porque de pronto puede parecer que Natalia tuvo que ver con todos los acontecimientos de los años 50 y 60 en Cuba. En todos no, pero en una buena parte sí. Fue integrante del Directorio 13 de Marzo, cargó armas, trasladó medicinas, combatientes y como afirmara en una entrevista para Telesur integraba “el grupo de mujeres que manejaba los carros, alquilaba las casas y movía a los compañeros clandestinos, además de poner alguna bomba”.

Escucharle esas historias y ser testigo de cómo se esconde de los truenos porque les tiene pánico, parece contradictorio, como resulta incomprensible que siendo descendiente de Simón Bolívar y pariente de la Duquesa de Luxemburgo, por lo que pertenecía a la más alta aristocracia cubana, aprendiera de su nana Isabel Cantero, nieta de esclavos, sobre la Regla de Ocha y otros componentes de las religiones africanas. Esa mezcla le permitió acercarse a Lidia Cabrera, trabajar junto a ella y aprehender los secretos de la investigación en ese tronco de la cultura cubana.

Estudiante de pintura en La Habana y Nueva York, dejó los pinceles hasta hace poco tiempo que volvió a sentarse frente a un lienzo; sin embargo, cultivó ―cultiva― la amistad de reconocidos artistas de la plástica, como también en “sus saraos” se unen cineastas, teleastas, dramaturgos, músicos, católicos, abakúas, santeros, paleros, espiritistas… no importa su cosmovisión: si ha tocado a la puerta de Natalia, ella le dirá que pase y tratará de ayudar a esa persona ―un barrendero o un ministro― a conocer un dato, o le dará un consejo.

Polémica, irreverente, culta, esta mujer que ha entregado y entrega su vida a Cuba, nos llega a los 80 años sin que olvide una fecha o le resbale el pensamiento. Con dolor en una cadera, molestia en un ojo, anda rodeada de perros como cuando adolescente los recogía de la calle.

Y sigue con amigos y amigas porque la lealtad es una de las características, de esa hija de Obatalá, que ha confesado que un hombre ―Luis Gómez Wangüemert― le cambió su vida.

Imagen: La Jiribilla

Hace poco le pregunté a propósito de la clandestinidad por qué le gusta esa canción que dice: “Reloj no marques las horas…”

“Me encantaba escucharla por el Trío Los Panchos. Yo di clases de guitarra en el Lyceum y recuerdo que aprendí muy rápido a tocarla porque era, además, la canción preferida de Wangüemert, por eso “Reloj” se convirtió en nuestro bolero”.

¿Qué sintió una mujer enamorada hasta la médula cuando pierde a su novio en medio de la lucha contra Fulgencio Batista?

Mucho dolor, impotencia y rabia, que te hacen crecer y fortalecerte. Los sentimientos muchas veces son difíciles de explicar, quedan marcados para siempre en todo momento de tu vida.

¿Cómo se soporta la tortura sin delatar a los compañeros y compañeras? ¿Recuerdas quién te torturó?

Es muy difícil, pero se logra soportar cuando eres leal a tus ideas, a tus sentimientos y a tus compañeros. Hay que tener mucha valentía para que no te quiebre el dolor y el miedo. Yo creo que todos los miembros del D.R. (Directorio Revolucionario), estábamos preparados para lo peor, porque la ciudad estaba que ardía y sabíamos que en cualquier momento podíamos quemarnos. Por supuesto que recuerdo muy bien en las manos de quienes caí un 18 de julio: Laurent, Orlando Piedra y los tenientes González y Calzadilla.

Con historias de amor apasionadas, combates armados o de palabras, estudiosa de centenares de libros, pintora, coleccionista de música afro, espléndida cocinera, exquisita anfitriona, me dice que cuando se ha vivido tan intensamente se siente “que la vida trae cada día una misteriosa sorpresa para seguir trazando el camino con esperanzas. Por suerte, hasta el momento, considero que mis actos y acciones han dado buenos frutos que he podido trasmitir a todos los que me rodean”.

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