Por quién doblan… las voces:
Ana Nora Calaza

Luis Alejandro Rivera • La Habana, Cuba

El lugar fijado para la conversación no podía ser otro: en el corazón del Vedado capitalino, en el Instituto Cubano de Radio y Televisión, que también se ha vuelto el corazón de esta entrevistada. Ella estaría en el estudio 14-B, ocupadísima como siempre, pero dispuesta a detener por unos minutos la maquinaria de voces que maneja.

Además de cantante de coros, compositora, asesora musical, y titiritera, Ana Nora Calaza Fortes ha dedicado gran parte de su vida al doblaje para cine y televisión, un proceso mediante el cual se sustituyen las voces originales de películas y programas, tras su producción y estreno, para grabar en su lugar otros diálogos idénticos en otro idioma. Para conversar sobre su labor en este sentido, y el estado de salud del doblaje en nuestro país, la actriz no tuvo reparos.

¿Cuándo se abrieron ante usted las puertas del doblaje?, ¿en qué circunstancias?

Desde los cuatro años yo trabajaba en la pequeña pantalla. Cuando me inicié en el doblaje ya había terminado la Escuela de Formación de Actores, tenía 20 años. Por necesidad de la televisión, y por problemas de salud que se le presentaron a Consuelito Vidal, empecé a hacer Amigo y sus amiguitos, con un personaje de una niña que se llamaba Pilín, era la prima de Amigo.

Eso hizo que entrara en el doblaje, porque tuve que hacer diferentes voces, esa es la clave en el doblaje, la variedad de timbres. Además, como estudié música, hice personajes que cantaban, porque en ese momento trabajábamos con banda sonora internacional, cosa que no hacemos ya. Trabajé también para una compañía francesa que vino a Cuba a hacer Los miserables, y le doblé la voz a un niño. Todo esto fue ejerciendo como actriz.

Sí, porque en estos momento también se desempeña como directora de doblaje. ¿Qué experiencias le han resultado más importantes dentro de esta labor?

Ya como directora de doblaje mi primer trabajo fue con Circo Dumbo. Este programa ya no llegó a nosotros con banda internacional. Con un teclado reconstruimos todos los backgrounds del programa, para que los niños pudieran escuchar esas canciones. En Castillo Ratimbum también hice la dirección musical, ese programa sí llegó a nosotros con banda sonora. Entonces me concentré en el trabajo con las voces, y utilicé a actrices como Edith Massola y Carmen Ruiz, que fueron aquellas pajaritas que decían: “¿Pajarillo, qué sonido es ese?”. Fue muy interesante el trabajo tanto con los actores como con la banda sonora en ese histórico programa. Desde entonces, también pude trabajar en el doblaje de clásicos del dibujo animado ruso, hasta llegar a los más actuales, como Misha y Masha, que adoro.

Hablando de clásicos, viene a mi memoria una versión de la Cenicienta, todavía me parece estar escuchándola…

Eso fue en un momento de pleno Periodo Especial. La cinta de Cenicienta que teníamos en la Televisión se rompió. Yo creo que esa cinta había sido traída incluso por la Warner a Cuba. Dimos con una versión de la película y conseguimos un teclado, que incluso tenía un sampler para simular sonidos.

Pero nos dimos cuenta de que en Cenicienta sucedía lo mismo que con Los paraguas de Cherburgo: la música nunca dejaba de sonar. Disney incluso solucionó que los ratones cantaran, pero no pudo lograr nunca incorporar el sonido del agua en la escena en que Cenicienta y el Príncipe están en la fuente, porque ese sonido en específico rompía con el tono de la orquestación.

Yo me dije que le iba a regalar ese sueño a Disney, quien no había conocido los teclados con los que por suerte nosotros contábamos. Grabamos el agua, y logramos ajustar su sonido al tono de la orquestación. Era emocionante sentir el agua caer en medio de tanta música. Para nosotros fue muy especial ese trabajo, de hecho lo hicimos sin cobrar por él, de tan costoso que resultaba. Es que significaba como un regalo para el propio Walt Disney desde Cuba. 

Ese gesto dice muchísimo de sus empeños, que no han sido pocos, para mantener con vida y nuevos bríos a la programación infantil de la televisión cubana.

Nosotros mismos buscamos en muchas ocasiones los programas, las películas; o nos las traen. Por eso nos hemos tenido que enfrentar más de una vez con el problema de la ideología, de la globalización. En un montón de animados he tenido que cambiar el guion, porque resulta hasta abusivo cómo les tratan temas políticos a los niños. Por ejemplo, en una película decían que el mundo se apagaba si no creíamos en Santa Claus. Esa es una manera de irrespetar la creencia de cada cual, su fe.

Quizá por ese respeto a las diferencias, se ha involucrado en uno de los proyectos más hermosos del cine cubano. ¿Me cuenta un poco?

Sí, esa es una de las más recientes e interesantes experiencias que he vivido con el doblaje, las películas para ciegos. El proyecto nació en el ICAIC, y creo que solo se hacía hasta el momento en EE.UU. La primera película que se dobló fue José Martí: el ojo del canario. Para mí fue un trabajo interesantísimo, porque sentí que en cada imagen Fernando Pérez se vinculó muchísimo con los versos de Martí. Fue por eso, por ejemplo, que en una de las escenas cerré la descripción con algunos versos de “Los zapaticos de Rosa”.

En el caso de José Martí pude interpretar cada elemento, porque me siento muy martiana, y creo que logré transmitir esos sentidos. Pero en la película Conducta sí tuve que localizar a Ernesto Daranas. En un momento de la película yo veía el Capitolio, y sentía que estaba impuesto por alguna razón especial para el director, por eso quería saber si para el director era importante mantener vivo ese detalle aunque fuese en palabras. Él me confirmó que el Capitolio no estaba por gusto en ese momento, y así lo intencioné también para los ciegos.

En proyectos como este, el trabajo colectivo debe resultar crucial, ¿cómo logra esa química imprescindible con el equipo, con los actores?

A pesar de los resultados evidentes de nuestro trabajo, no hemos logrado que se entienda la importancia de los team work (equipos de trabajo). Así es como verdaderamente funciona lo que hacemos, es necesaria la empatía entre los miembros del equipo. Por eso yo les digo a todos los actores que hay que colgarse de la cortina para hacer doblaje. Lo primero es tener fe y sentido de la verdad, como dice Stanislavski; creerte que de verdad eres un conejo y que tienes dos dientes grandes delante. Eso es fundamental, y los estamos perdiendo. Y en el animado, como digo yo habitualmente, es necesario un 1,5 de “bomba” por encima de la actuación normal. 

¿Compite esa “bomba” a la que usted se refiere con los adelantos tecnológicos pare el doblaje?

Las nuevas tecnologías son una ventaja en muchos sentidos. Se ha humanizado mucho el difícil proceso de sincronización de voces, e incluso es posible cambiar los tonos para hacerlas diferentes. Pero me siento preocupada, porque no hace mucho escuché a alguien apasionado por hacerse de un aparato que según dijo le permitía hacer todas las voces imaginables con solo dos actores.

Dios quiera que nunca lleguemos a ese nivel tecnológico; porque los grandes maestros norteamericanos del doblaje tienen esos y muchísimos otros aparatos, pero tienen un verdadero elenco de voces, no se confunden. Un aparato no sustituye al carisma propio de una voz, al histrionismo del actor. Un solo actor no puede ser genérico, característico, y antagónico a la vez. A veces queremos ser muy novedosos, y tener la última tecnología, pero hay que saber manejarla para bien.

Entonces, si no me equivoco, y tomando en cuenta nuestras limitaciones técnicas, el doblaje en Cuba se basa completamente en ese histrionismo. ¿Qué considera usted?

Yo digo que los mejores dobladores que puede tener América Latina están en Cuba. De hecho, la Warner lo doblaba todo aquí en nuestro país. ¿Por qué tiene que doblarse todo en México? Casi no hay lugares donde se trabaje esta rama, y sin embargo, nuestro trabajo no está siendo todo lo reconocido que debiera. Pienso que no existe una buena gestión al respecto. O simplemente no se piensa en ello, quién sabe. Estoy segura de que si grandes empresas como O Globo vieran trabajos nuestros, como El monstruo en París, o El grillo feliz, nuestro quehacer fuese mejor considerado dentro y fuera de Cuba.

Y entre esos excelentes dobladores a los que se acaba de referir, ¿destacan los jóvenes actores?, ¿se puede hablar de una nueva generación del doblaje en el cine y la televisión en nuestro país?

Los jóvenes sí se interesan por el doblaje, y les gusta. Este es un trabajo anónimo, pero sí que les gusta; y lo hacen muy bien. Lo que pasa es que, razonablemente, si aparece una oferta de trabajo mejor remunerada hay que estar consciente de la vida diaria y asumirla. Es difícil, es real, pero el doblaje sí les gusta, lo disfrutan. Y además le ponen una cuota de estudio, de práctica, lo hacen mejor. Constantemente llegan jóvenes actores pidiéndome trabajar el doblaje, eso me da tranquilidad.

Basándose en ese mismo placer, y en la pasión que siente por su trabajo, ¿se atreve a definir en una ―o pocas― palabras la labor de doblaje?

El doblaje es… el disfrute. (Ana Nora permaneció en silencio casi por medio minuto, y volvió a mirarme a los ojos, como convencida de una gran verdad). Es hacer lo que yo quiero, y disfrutarlo mucho.

Comentarios

Buen articulo sobre los doblajes, hemos perdido la ventaja que teniamos, ahora se dobla todo en Mexico sin saber que Cuba era la vanguardia, cuanta historia, soy de la generación del castillo ratimbum y siempre me tragué el cuento de que los doblajes eran de otro pais, mi ignorancia no me permitia saber y mi niñez que el doblaje era cubano.

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