Cantores…

Víctor Jara:
No habrá nunca olvido por lo que pasó (II)

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

Imagen: La Jiribilla

Guitarra, guitarra grito,
guitarra, guitarra historia, guitarra nombre,
guitarra de este y oeste, guitarra de norte y sur,
guitarra Blanca o Violeta, guitarra de miel o de sal.

Guitarra para Víctor Jara” es una canción que escribió el trovador Augusto Blanca desde el dolor y esas ganas de reventar por no poder acudir a salvar a un hermano; momentos en que la canción dispara contra la oscuridad tratando de extender un rayito de alivio o amor hacia el futuro.

Guitarra, guitarra daga,
guitarra, guitarra antigua, guitarra joven,
guitarra de la montaña, guitarra de la ciudad,
guitarra de un solo canto canta el idioma universal.

Imagen: La Jiribilla

Publiqué hace unos días aquí, un artículo sobre Víctor Jara y recibí un mensaje de Augusto Blanca (un trovador al que debo ya unas líneas en este espacio); fundador del movimiento de la Nueva Trova, estuvo en Chile en los días en que el imperio yanqui, tejía con la oligarquía chilena y sus militares (luego carniceros de humanos) el golpe de estado fascista; días de 1973, en que saboteaban y desestabilizaban la economía para sumir en el caos al país. El mensaje de Augusto Blanca dice:

“Fide querido: muy interesante este trabajo sobre Víctor Jara, y pudiera darte un dato inédito que complete esta historia: dos meses antes del golpe en Chile, nos encontrábamos Vicente (Feliú), Los Cañas y yo realizando una serie de conciertos allí. En muchos momentos estuvo Víctor con nosotros al igual que los Parra. Los últimos días dada la tensa situación en la que se encontraba ese país, nos pasaron del hotel a la embajada para protegernos y el día que regresábamos para Cuba, nos despidió en dicha embajada, Víctor; brindamos con crema de platanito y recuerdo perfectamente la última frase que nos dijo de despedida: "No se preocupen compañeros, esto tira «p’arriba» y venceremos! Tristemente fuimos los últimos trovadores que lo vimos vivo, dos meses después nos enteramos de su trágica pérdida.
Un abrazo, Augusto.”

Imagen: La Jiribilla

Guitarra, ve, engrasa tus cuerdas,
guitarra, hazte la trinchera,
guitarra, prepara tu canto,
guitarra, mira tu enemigo.
Apunta, no pierdas un tanto y ¡dispara!

Mucha falta nos hace en estos días que la canción no pierda el espíritu de combate poético. No son menos cruentos los inviernos de hoy; el imperio globaliza sus guerras, descomunal el despliegue armamentista y los métodos desestabilizadores de gobiernos, mediante los medios de desinformación masivos, y la filtración de bandas terroristas a las que llama mediáticamente luchadores contra el terrorismo. Hasta en su propio país se arma la policía con artefactos como en las películas de guerras intergalácticas. La irracionalidad con la que se despliega la violencia yanqui en el mundo caotiza vertiginosamente a la humanidad, que se va tornando un infierno incontrolable. 

De nuevo es septiembre, dolor que se siente,
es de madrugada, te espera la muerte.
No habrá más consuelo para este dolor.
No habrá nunca olvido por lo que pasó.

La cantora chilena Isabel Parra, hija de Violeta, vivió aquellos momentos duros de 1973, tuvo que exiliarse y cargar con esas penas cantándole a los suyos, a los nuestros, a aquel Víctor Jara que anduvo con ella cantando en plazas, centros laborales y estudiantiles, agitando con su canto a las fuerzas populares para lograr la justicia social que iba conquistando Chile en el gobierno de Salvador Allende.    

Son años pasados presentes en mí,
era allá en Santiago y te conocí.
Sería en el parque, yo creo que sí,
dieciocho en septiembre te veo venir.

El día del golpe militar, el 11 de septiembre de 1973, Isabel Parra iba a cantar con Víctor Jara en la inauguración de una exposición que presidiría Salvador Allende. Llamado por el pueblo “querido presidente” fue un hombre culto, sensible, de nobleza extrema. Isabel Parra lo tuvo cerca muchas veces, como un amigo, pues, antes de ser presidente, visitaba con frecuencia la peña de los Parra. En una entrevista Isabel lo recuerda: 

“Allende siempre ha estado por lo menos en mi corazón como algo muy importante y para mí, es un símbolo de miles de cosas que tienen que ver con mi vida y me encanta lo que me pasa con Allende, porque este sentimiento yo lo he tenido siempre... ¿Por qué lo queremos tanto los músicos? Porque él nos quería a nosotros, tan simple como eso. Yo creo que Allende gozó de algo que no todos los presidentes han gozado en Chile ―y que no todos los presidentes han tenido y que a lo mejor es el único que lo ha tenido― que todos los artistas de sus país estaban con él.Eso tiene que ver por una parte con que estaba de verdad interesado en el trabajo que nosotros hacíamos hacia la comunidad. Que de verdad le gustaba este canto renovado... le gustaba ese folclor de la Violeta, le gustaba la nueva canción chilena. Andaba acompañado de artistas populares...Por ejemplo, él iba a la peña (la Peña de los Parra), la peña era un lugar que no era taquillero... para nada. Llegaba con un grupo de gente, se sentaban en esas incómodas sillas, se tomaban ese vino malo (porque era un vino ahí no más)... pero había mucha música, mucho canto. Y había una comunión increíble del público con los artistas...

“Y por otra parte siento que esta preocupación y este gusto por nuestra música era para nosotros un motivo de inspiración muy grande también. Porque yo creo que a Allende lo único que le faltaba era ponerse a cantar con nosotros, (si es que no lo hacía desde su sillón)... él siempre nos estaba hablando de la música, de las canciones...

“Estar en una concentración, en una manifestación con Allende, se convirtió para nosotros en una hábito exquisito. Eso nos hacía sentir que nuestro canto tenía sentido. Que este candidato era un candidato que le gustaba nuestra música. Que nos pedían ir a cantar a los actos y nosotros éramos felices. Además Allende no era de los que llegaban, daba el discurso y se iba como lo hacen los políticos, Allende no era como el resto de los políticos, que se acuerdan de los artistas cuando necesitan votos”.

Imagen: La Jiribilla

En estos días en que la América Nuestra se integra, debemos hurgar en nuestra cultura, en esa memoria que nos tratan de borrar, suplantándola con la seudocultura consumista. Por ello, en este septiembre, es bueno traer a primer plano, aquellos días, aquel proceso del gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende, que fue esencialmente una revolución cultural como recuerda Isabel Parra:

“Este movimiento artístico no era solamente con los músicos, era con los pintores, los escritores. Dicen los que saben y los que han hecho trabajos sociológicos y estadísticos, que durante los años de la Unidad Popular, Chile realmente era un paraíso de creatividad. Fue el momento en que se imprimieron más libros, donde la gente leyó mucho más, donde se hicieron más recitales que nunca, donde los artistas iban a las poblaciones, iban a cantar, se integraban al mundo comunitario.

“Para nosotros (por lo menos para mí) la experiencia de la Unidad Popular significaba que yo estaba comprometida con mucha gente en Chile.... Que estaba cambiando el destino de nuestro país y que estaba apostando por un proceso por un mundo más justo.

“La gente estaba ahí, el Víctor Jara estaba ahí siempre lleno de gente, iba a la población y la gente lo tocaba... no iba a ir a cantar dos canciones y chao... iba a colaborar. Había una relación muy estrecha con la gente. La gente sabía que nosotros estábamos en lo mismo que estaban ellos. Y eso era muy impactante, porque no era chivas, era algo real, era algo verdadero que uno se lo guardaba en el corazón y se iba con ese sentimiento pa’ la casa y amanecía con ese sentimiento al otro día: que nosotros estábamos haciendo algo que valía la pena hacer y que lo estábamos haciendo con la música y estaba dando resultados, hasta que no dio resultados. Hasta que paró y vino lo que vino...

“Esos años fueron tremendamente intensos y era la perspectiva de tener un Chile más bueno para todos, no solo para algunos... era resimple el cuento, no era una cuestión complicada: derecho a educarse, derecho a ir a la universidad , derecho a elegir su vida, derecho a tener una educación que te permitiera ser persona, eran cosas fundamentales”.

La canción, el arte, acompañando al pueblo con hondura poética, buscando en sus esencias la obra que traduce la vida, que la mejora, que nos ayuda a conocernos, a crecer espiritualmente; a eso se entregó pleno Víctor Jara, con su teatro, con canto; en una canción Isabel Parra lo recuerda:

Con paso seguro traes el color
y el campo de Chile te llena la voz.
Estudiante, quieres hacer lo mejor,
tu chaqueta humilde sabe del dolor
del que llega un día de verdes montañas
y habita la pieza de una casa extraña,
no recuerdo el nombre de la población.

Con tu risa franca me siento mejor.
Será en los momentos de todo buscar
que el teatro alimenta tu sed de crear.
El canto del pueblo, la vida, el amor,
orillando el río se rompe mi voz.
Escenario humilde donde el Cuncumén
sabe que ha encontrado al fin su clavel,
cantando tonadas que saben querer
bailando la cueca hoy te vuelvo a ver.
Decía la Viola que Víctor hacía
hablar la guitarra, brotar poesía,
cantando a lo humano con el guitarrón
era joven sabio del verso mayor.

Traer los rostros y hechos desde 1973, no es sencillamente recordar, es la necesidad de entender el presente, de rescatarnos de la desmemoria, para evitar la justicia, para seguir dominándonos con armas que nos inculcan su “alegría insustancial” para que vivamos flotando en la ignorancia y la falta de identidad.

Dijo Pablo Milanés en una de sus canciones dedicada a Chile:

Retornarán los libros, las canciones
que quemaron las manos asesinas.
Renacerá mi pueblo de sus ruinas
y pagarán su culpa los traidores.

 

Increíblemente aún no se ha hecho justicia; a propósito propongo un cable informativo en el que se dan detalles de la muerte del cantor chileno:

El tiempo nos pasa, nos llena de amor,
la bella Joanita te dio el corazón.
Será con tus hijas, será con Amanda
que cambie tu vida, que encuentres la calma.
Un día decides, será aquí en la Peña,
que ponga mi canto junto a mi bandera.

Debemos llevar con nosotros las luchas y sueños malogrados, como savia para mirarnos hoy, para evitar que días tan oscuros se impongan nuevamente, tenemos que levantar como banderas toda esa poética asesinada. Ahora mismo en Venezuela, los métodos desestabilizadores son similares, detrás de los cuales están los mismos homicidas de Chile en 1973, con otros rostros, pero idéntico odio. De ahí que sea tan importante traer aquel septiembre hacia este, de la mano de canciones como la que Isabel Parra dedica a Jara:

Son años de lucha, son años de hacer,
la patria que espera volver a nacer.
No sé cómo puedes cambiar de lugar
con tanta paciencia, tanto trabajar,
oír a los otros, cantar y enseñar,
tomarte un tecito junto a los demás.
Quien a tu guitarra le vio su razón
mordió las raíces de Nueva Canción.
Cuando el pueblo dijo canción combatiente,
te cantaba entonces, te cantará siempre.
De nuevo es septiembre, dolor que se siente,
es de madrugada, te espera la muerte.
No habrá más consuelo para este dolor.
No habrá nunca olvido por lo que pasó.

En los momentos más duros, en sus últimas horas de vida, Víctor Jara escribió un poema que milagrosamente logró salir ileso, en manos de un sobreviviente, del Estadio Nacional de Chile, entonces un campo de torturas y asesinatos masivos. Es su último grito de dolor, y también de esperanza y de combate. Aquí está el poema de ese gran cantor y ser humano, en medio del salvajismo dantesco creado por (no olvidemos a esos autores, que están actuando ahora mismo) la oligarquía nacional y el imperialismo yanqui.

Somos cinco mil aquí
en esta pequeña parte la ciudad.
Somos cinco mil.
¿Cuántos somos en total
en las ciudades y en todo el país?
Sólo aquí,
diez mil manos que siembran
y hacen andar las fábricas.
Cuánta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura.

Seis de los nuestros se perdieron
en el espacio de las estrellas.
Uno muerto, un golpeado como jamás creí
se podría golpear a un ser humano.
Los otros cuatro quisieron quitarse
todos los temores,
uno saltando al vacío,
otro golpeándose la cabeza contra un muro
pero todos con la mirada fija en la muerte.
¡Qué espanto produce el rostro del fascismo!
Llevan a cabo sus planes con precisión artera
sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es un acto de heroísmo.
¿Es este el mundo que creaste, Dios mío?
¿Para esto tus siete días de asombro y de trabajo?
En estas cuatro murallas sólo existe un número
que no progresa.

Que lentamente querrá más la muerte.

Pero de pronto me golpea la conciencia
y veo esta marea sin latido
y veo el pulso de las máquinas
y los militares mostrando su rostro de matrona
llena de dulzura.
¿Y México, Cuba y el mundo?
¡Qué griten esta ignominia!
Somos diez mil manos
menos que no producen.
¿Cuántos somos en toda la patria?
La sangre del compañero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas.
Así golpeará nuestro puño nuevamente.

Imagen: La Jiribilla

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