Carlos y Marta

Hermosa Cuba tu brillante cielo…

Joaquín Borges-Triana • La Habana, Cuba

Sin la menor discusión, el trinitario Carlos Gómez, en opinión de no pocos especialistas, resulta  una de las personas que en la actualidad posee un mayor dominio acerca del repertorio trovadoresco tradicional de la región de Sancti Spíritus. Durante años, él llevó adelante un dueto con su compañera, la vocalista canaria Marta Ramírez, un proyecto artístico dado por concluido en 2013. El dúo Carlos y Marta, a contracorriente de la industria, logró registrar su quehacer en más de un fonograma, entre ellos, Carlos y Marta en Concierto (Duque Production Inc., 2002) y Hermosa Cuba tu brillante cielo… (Trova Bolero Publishing, 2009).

Una de las vertientes del trabajo de Carlos como compositor es musicalizar poemas de diversos escritores, entre los que ha puesto el énfasis en José Martí. Por semejante vocación de indagar en lo más granadino de la lírica de todos los tiempos, ha trabajado con textos emblemáticos de las literaturas española e hispanoamericana, en un recorrido que va desde el renacimiento hasta los días que corren.

En tal repertorio encontramos autores de tanta valía como San Juan de la Cruz, Gutiérrez de Cetina y Sor Juana Inés, entre los poetas del llamado Siglo de Oro; así como Pablo Neruda, César Vallejo y Nicolás Guillén entre los contemporáneos, sin que falten clásicos del siglo XIX como la Avellaneda. Justo de uno de los poemas musicalizados de esta destacada mujer, el denominado “Al partir”, es de donde surge el verso que da nombre al trabajo discográfico del 2009.

Para quienes somos amantes de grabaciones en las que todo gira en torno al exquisito sonido de la guitarra y a las combinaciones entre voz prima y segunda, escuchar las diecisiete canciones registradas en el álbum Hermosa Cuba tu brillante cielo… resulta “una fiesta innombrable”, como diría José Lezama Lima.

Piezas como “Noche cubana” e “Interludio”, de César Portillo de la Luz; “El amor de mi bohío”, de Julio Brito; “Habanera ven”, de Graciano Gómez; y “Lágrimas negras”, de Miguel Matamoros, entre otras, adquieren en el dueto de Carlos y Marta un nivel interpretativo pocas veces registrado en un formato semejante en la actualidad.  

En el sentido antes expresado, la voz de Marta es sencilla y llanamente preciosa, a lo que añade un saber decir estas melodías dentro de lo más auténtico de nuestras tradiciones, que uno llega a cuestionarse que ella no sea nacida y criada en nuestro país. Como cantante, Marta pertenece a esa clase de intérprete que nos hacen dar gracias a la vida por la existencia de la música.

En mi caso personal, confieso que disfruto al máximo oír un disco como este y que ha motivado que en sentidas palabras, el crítico Carlos Olivares Baró haya expresado una valoración que hago mía en su totalidad:

“Lo noble cristaliza cada frase de estas canciones inolvidables. Vaya ardor que se destila en sus vibraciones. Este es un disco ineludible, en una época marcada por la orfandad, el desconcierto y la diáspora: los cubanos necesitábamos este aguacero melodioso”.

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