Dos por Onelio en el Guiñol
de Santa Clara

Carmen Sotolongo Valiño • La Habana, Cuba
Foto: Cortesía del autor
 

Los cuentos para niños de Onelio Jorge Cardoso siempre han estado presentes en el repertorio de los grupos cubanos de teatro para niños y de títeres. En el Guiñol de Santa Clara es Allán Alfonso el “teatralizador” por excelencia de los cuentos onelianos. El canto de la cigarra fue el primer estreno del año 1972, seguido por el de La lechuza ambiciosa, montajes con títeres planos diseñados por Allán, quien fue asimismo el autor de la adaptación de los cuentos al retablo y de la dirección artística. Ambos
espectáculos se mantuvieron activos por casi una década y tanto cubrían las funciones de la sala de teatro como eran llevados a barrios, escuelas, municipios y poblados apartados de la capital provincial.

Imagen: La Jiribilla
Guiñol de Santa Clara, El canto de la cigarra
 

En diciembre de 1982 Allán se dirige a sí  mismo en El cangrejo volador. Se trata de un unipersonal que se auxilia con un ayudante escogido entre el público infantil, y la maestría del titiritero con sus marotes propicia lo sorprendente. Antes de que cerrara el año ya se está dirigiendo en otra puesta unipersonal con texto de Cardoso: Pájaro, murciélago y ratón, también con la técnica del títere marotte. Cuatro años después (1986) vuelve a El canto de la cigarra para montarla en este nuevo estilo. Y aunque Allán Alfonso es director artístico de puestas de gran formato con las cuales el Guiñol ha obtenido muchos aplausos y numerosos premios, ha seguido actuando siempre sus sencillos y maravillosos unipersonales en la primera década del nuevo milenio. Sin embargo, veíamos arribar el
centenario de Onelio Jorge y caíamos en cuenta que hacía más de un lustro que no cantaba la cigarra ni volaba el cangrejito en el escenario del Guiñol de Santa Clara: si siempre habían estado ¿cómo podrían faltar en el homenaje por el centenario de su creador? Cada vez que le pedíamos a Allán revitalizar estas puestas evadía una respuesta que pudiera comprometerlo.

Fueron las cualidades de dos jovencísimos actores, los gemelos Miguel Antonio y Miguel Alejandro Stuart Gutiérrez, las que le decidieron a emprender los nuevos montajes que hoy constituyen los más recientes estrenos del grupo. Admiradores de la trayectoria del Guiñol de Santa Clara; asiduos, desde pequeños, a sus funciones; respetuosos con los maestros y con una inmensa vocación, talento y sed de aprender, supieron ganarse la confianza de Allán quien expresó en una entrevista para la prensa: “Ellos tienen la fuerza y yo la idea. Hacen un proceso dramatúrgico excelente porque saben actuar y dirigir. Le otorgan valor a la narración de la historia”.[1]

Así pues, con motivo del centenario del natalicio de Onelio Jorge Cardoso, el Guiñol de Santa Clara estrenó El canto de la cigarra en los festejos realizados el 17 de mayo en Calabazar de Sagua, pueblo natal del escritor. Los actores se enfrentaron aquí a un público de adultos, alrededor de 200 personas de las cuales solo cuatro eran niños, y actuaron sin perder un mínimo de concentración o energía. Su interpretación mereció los elogios de Denia García Ronda, que ha dedicado su vida al estudio de la obra de Cardoso, y que fue, junto a otras  personalidades, invitada especial de esta celebración.  Directivos de la cultura, periodistas, especialistas de teatro y literatura, escritores y artistas, alabaron el desempeño de los jóvenes titiriteros.

Por tanto, es la tercera vez que Alfonso lleva a las tablas, con diferentes concepciones, el texto de Cardoso. Le interesa por la historia que cuenta, por el tema de la utilidad del  arte no solo para el creador sino para toda la comunidad que lo disfruta, y a la cual enriquece espiritualmente;  porque enfatiza que nos hace mejores. Si ha de fundarse una nueva sociedad alejada de la hostilidad y la violencia, en ella el arte ha de tener un rol primordial. A la vez, el conflicto está bien definido entre los que consideran útil la música de la cigarra y la oposición desde la envidia, la indiferencia o el mal uso de los poderes públicos que pretenden manipular el inconsciente colectivo. Personalmente prefiere trabajar en sus montajes titiriteros con personajes animalitos —aunque ya no estén muy “de moda”—, porque los niños se identifican con ellos más fácilmente, y los de este cuento son símbolos de actitudes humanas universales y están muy bien caracterizados a través de las acciones y el diálogo. Las escenas en las que estos personajes se expresan directamente mediante parlamentos son llevadas al teatro prácticamente tal como aparecen en el cuento. Para Alfonso las palabras del texto son insuperables y su montaje respeta la narración no solo por su función de decir lo que no se ve, sino por el valor de su belleza, por el ritmo que se percibe en la alternancia de lo enunciativo y lo dialogado.

Los dos actores interpretan desde su juventud y vitalidad, narran sin poses efectistas, con aire natural aunque con los énfasis necesarios, con una voz bien proyectada, agradable, entrenada y con buena dicción. Su relato es la lectura interpretada con los matices adecuados, es más que una narración ilustrada, es narración escénica pues cuando animan los títeres toman vida los personajes, con sus voces y movimientos peculiares. Destaca el buen acople de los jóvenes, algunas veces uno sostiene el personaje del otro, que sigue poniéndole la voz. Se ven muy bien entre los muñecos, que son marottes simples —solo el sapo tiene mecanismo—  pero realizados con belleza y colorido, acorde a la cubanía del cuento original. Ellos juegan como los niños, pero son titiriteros, valorizan al títere, lo animan bien, responden a la forma de actuar a la vista, sin retablo; ambos se ven pero no se exhiben y saben dotar al espectáculo de un ritmo muy propio del teatro de figuras.

El canto de la cigarra luego de su estreno en Calabazar de Sagua se presentó el sábado 7 de junio en la función vespertina en la sala del Guiñol y, esa misma tarde, en la sala Margarita Casallas, del Mejunje,
como clausura del Panorama de Teatro de la Casas de Cultura donde de nuevo los actores recibieron la cálida felicitación de los especialistas. Volvió a las tablas guiñolescas el domingo para las dos funciones habituales y el lunes  alegró las horas matutinas de los niños del círculo y la escuela primaria anexos a la Universidad Central de Las Villas. Probó así su eficacia para niños de diferentes edades.

La buena experiencia los animó a seguir trabajando con El cangrejo volador, cuyo estreno se produjo el 4 de julio. También bajo la dirección amable de Allán Alfonso, la palabra y el títere se aúnan en este mensaje de inconformidad con etiquetas y hábitos establecidos, y de reafirmación de la voluntad y el esfuerzo para realizar los sueños. Con el mismo estilo de narración escénica titiritera,  la obra se une a El canto de la cigarra, para conformar un espectáculo enteramente consagrado al cuentero mayor en este año de su centenario.
 

[1] Laura Rodríguez Fuentes: “Guiñol de Santa Clara. 52 años y a pesar de todo”, en: El Santaclareño, junio de 2014, p. 3, y en el Vanguardia digital, 19 de junio 2014.

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