A viva voz, en el 14-B

Luis Alejandro Rivera • La Habana, Cuba
Foto: Cortesía de Ana Nora Calaza
 

Casi a oscuras, se hace la magia. Algunas mesas de trabajo, pequeñas luces para iluminar cada guion. Una voz, desde el otro lado del cristal, indica a los actores las precisiones de la siguiente escena. Otras voces se escuchan entonces, a través de un gran monitor. La pantalla puede convertirse lo mismo en ventana, en impulso, o en realidad paralela. El secreto está siempre en dar a luz otra voz.

Imagen: La Jiribilla
Yumié Rodríguez, una de las actrices del estudio 14-B
 

Durante muchos años, el Departamento de Doblaje de la Televisión Cubana, único de su tipo en el país, se ha encargado de traducir y sustituir las voces originales de películas, series dramatizadas, documentales y programas extranjeros con diálogos idénticos en nuestro idioma; con el grueso de su producción inclinado a favor del público infantil, por la urgencia que estos programas demandan dentro de la programación. Es una labor colmada de detalles técnicos, de sacrificios colectivos, de interminables jornadas de trabajo y estudio.

Todo comienza con la traducción. El guion del espacio llega a manos del especialista en su idioma original, y tras ser reescrito en español, es ajustado por el director, para adecuar expresiones idiomáticas, acortar las distancias culturales a través de equivalencias con nuestro imaginario, con nuestro lenguaje.

Con el guion ya ajustado, son citados los actores, a través de un casting. Adentrarse en un personaje del que ya otro actor se ha apoderado resulta incluso más difícil que crearlo. Los seleccionados pasan a estudiar el proyecto, e incorporar otras características a cada personaje, de ser necesario. Es momento de grabar las voces, y el proceso se lleva a cabo de manera analógica. En el monitor guía se reproducen las escenas a doblar, y sobre la cinta quedan grabadas las voces de nuestros actores mientras doblan, en español.

Aún cuando ya los actores que llevaron toda una vida en el medio no estén, tenemos un doblaje que ha resurgido con un poco más de calidad, así lo aseguran los miembros del equipo técnico del estudio 14-B. Esa también es la percepción de Jorge Lázaro Fernández, quien se ha encargado de grabar innumerables voces por más de 30 años. Casi siempre es en su casa donde se digitaliza, sincroniza y mezcla el trabajo, debido a las limitaciones que afronta el Departamento de Doblaje, y también a ese carácter “insoportablemente quisquilloso” que lo obliga a hacerlo perfecto.

Es que para ver ―y escuchar, sobre todo― un producto terminado, pueden ser necesarias unas tres semanas, dependiendo de la complejidad y duración del espacio a doblar. Por otra parte, la mayor parte de los materiales extranjeros que llegan a nuestra televisión lo hacen sin pista internacional, sin una banda sonora original disponible para el doblaje. Por lo general, los grabadores tratan de respetarla, y con su archivo personal, música a la que difícilmente acceden por Internet, o con la ayuda de amigos y colegas, tratan de ser lo más fieles posible a la producción original.

Que al televidente le guste, es prácticamente la mayor retribución que pueden recibir estos traductores, directores, técnicos y actores. Es sencillamente trabajar. Les satisface palpar la utilidad de su trabajo para alguien más. Ya el doblaje es parte de sus vidas. Algunos llegaron a ese mágico mundo a media luz, con apenas 20 años; otros recién lo descubren, y juran dedicarle el resto de sus vidas. Y aunque puedan trabajar en otros lugares, satisfacer otras necesidades, todos necesitan volver allí, al 14-B.

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