Tacones cercanos

Zoila Sablón • La Habana, Cuba

En la apretada sala Osvaldo Dragún del Complejo Cultural Raquel Revuelta, nos espera una mujer para, supuestamente, ofrecernos una especie de terapia, un viaje al interior, ejercicios de respiración que nos ayudarán a relajarnos. Pero algunas señales enseguida nos dicen que no, que estamos en una trampa de emociones y descarga personal.

Tres mujeres, jóvenes actrices, se han unido para concebir Tacón tacón, uno de los más recientes estrenos bajo el rótulo de Teatro El Público. Annieye Cárdenas y Lida Morales Cepero firman el texto, Lida es también la actriz principal y para la relevante intérprete Ismercy Salomón, es su primer trabajo de dirección.

La bienvenida a la salita es de la mano de la propia Ismercy quien nos sirve, solícita, un buen café o té, nos acomoda y vela porque estemos bien ubicados. Nos sentimos a gusto a pesar de la estrechez de nuestro asiento. El incienso y la “decoración” completan el confort.

En el teatro cubano hemos asistido a monólogos y unipersonales que expresan las frustraciones en tanto mujer y actriz ―Adria Santana― en Las penas que a mí me matan, de Abelardo Estorino; Miriam Muñoz, en Las penas saben nadar, de Albio Paz. La lista es abundante y de larga data.

Aquí, las tres aclaran que se trata de una “acumulación para la creación de un espectáculo”. Suponemos ―también― que el montaje es el resultado de materiales, vivencias, experiencias propias o testimonios que han ido construyendo una biografía compartida y encarnada en esta “actriz”, que no lo es en puridad. Lo que percibimos es una mujer que pretende ofrecernos algunas herramientas para sobrellevar nuestra tensa vida; luego comprobaremos que detrás de ese rostro apacible, se oculta una mujer desgarrada, desesperada y caótica.

Su “misión” por instruirnos es interrumpida por pasajes de su vida ―como madre, esposa, profesional― en los que la actriz representa esos roles. Ese juego de entradas y salidas descoloca al espectador y muestra la conversión de esta mujer, aparentemente autocontrolada y armónica, en una histérica desbordada. Emergen así sus conflictos familiares, domésticos, íntimos, con grandes dosis de humor y gran fisicalidad expresiva.

Lo que esconde el iceberg es un relato común a una mujer en medio de una crisis, pocas cosas nos sorprenden y solo al final nos preguntamos si es una simuladora y si nos ha timado.

Lo que pareciera ser un acertado juego de roles, se convierte en una desviación justamente de esa tensión entre lo que quiere aparentar y lo que realmente es. El caos que domina la vida de esta mujer se traslada por defecto a la línea dramatúrgica de la narración del espectáculo. La actriz salva, de alguna manera, esos saltos, gracias a la simpatía y comicidad en sus registros. Hay material, buen material para hacernos mirar, desde una perspectiva de género, la situación de esta mujer que quiere simular una complacencia con el estado de cosas, cuando resulta todo lo contrario. Pero quizá hubiera hecho falta una mayor selección de ese material, hacerlo más conciso, contraponer aún más esos dos espacios: el del deseo y el real. En este mismo sentido, la intervención del actor, como pareja de baile de la protagonista, rompe, de alguna forma, el discurso referencial que sostiene el personaje durante la obra.

Lida Morales ha sido una gran sorpresa. Es lamentable que apenas la veamos en los escenarios; y por otra parte, es oportunísimo que sea ella quien complete la triada. También tiene mucho que decir y hacer en su trayectoria profesional.

No es fortuita esta acumulación y su concreción sobre la escena cuando detrás están las manos de mujeres. Responde a una necesidad orgánica de crear. Para Ismercy es otro camino que se abre, una experiencia artística en ciernes a través de la cual tendría mucho que expresar. Su carrera como actriz ya tiene anotados hitos del teatro cubano y en su formación está la huella de maestros como Celdrán y Carlos Díaz: Roberto Zucco, Las relaciones de Clara, Las amargas lágrimas de Petra Von Kant, son algunos de ellos solo en el teatro; el cine completa otros.

En términos de producción, el programa de mano del espectáculo indica por dónde van algunos de los avatares de la escena cubana actual. Acompañan las palabras de Roberto Gacio, un pequeño suplemento, ataviado con un lacito amarillo, en el que vemos anunciados los patrocinadores del montaje, cuyos aportes constatamos en la escena: Modas Raquel, Atelier Café, Leo&Migue, Mobiliario Habana, Q’bolá, Cafetería, D’Brujas y Café Galería Mamainé. Arte diluido en café.

Llevar a escena una aventura de este tipo, aun cuando sabemos que no todo está dicho y hecho, en un tortuoso y adverso camino hasta el final, es un acto de fe, una buena señal ante la desidia y el abandono.

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