Doblar en animación: una diversión compleja

Lisandra Puentes Valladares • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía de Ernesto Piña

Para Ernesto Piña el trabajo es un divertimento. Este animador, que se expresa con humor y desenfado, colma sus proyectos de buena vibra y, por ende, al público. En sus trabajos canta y actúa, tal vez por eso se le hace más fácil entender las complejidades de doblar para la animación. Sobre este proceso, el realizador conversó con La Jiribilla.

¿Cómo se hace un doblaje en animación?

La experiencia que tengo es de ahora en el mundo digital, pero lo que me han contado los maestros Juan Padrón, Aramís Acosta y Tulio Raggi, es que antes los actores veían la imagen y grababan encima de ella.

Actualmente, lo que hacemos es lo contrario, o sea, grabamos las voces y después animamos. Lo primero que hacemos es grabar unas voces de referencia para conformar el storyboard y ver los tiempos. Este trabajo lo puede hacer cualquiera porque es simplemente una referencia, luego es que se llama a los actores para el doblaje definitivo.

Imagen: La Jiribilla

El director tiene primero que darles el guion; explicarles de qué va el personaje y preguntarles y colegiar la voz que mejor le quede a ese personaje. Después se hace un trabajo de mesa con el staff, en el cual es muy importante que esté el director de animación, para ponerse de acuerdo.

Cuando voy a dirigir actores prefiero darles libertad, dejo que enriquezcan los diálogos, que le impregnen su sello y me hagan sugerencias si estas no afectan el guion. Por ejemplo, cuando estaba trabajando en la serie Pubertad, el actor Roberto Perdomo leía el guion y me proponía cambios, y como él tiene gran experiencia en la actuación, pues yo se lo permitía. También me pasó así con Yory Gómez, con Mariela Bejerano y con Liéter Ledesma.

¿Y cuando trabajas con niñas y niños como en Pubertad?

La idea en Pubertad era precisamente que sonaran a ellos mismos, yo no podía decirles que me falsearan las voces, sino que más bien trataran de lograr que el doblaje quedara orgánico y suelto.

Con los niños hay que tener más cuidado en cuanto a los textos, sobre todo en Pubertad. También se estudian mucho los diálogos, se piensa muy bien lo que se va a poner en boca de los niños y tratamos de que actúen tal y como está en el guion, aunque a veces algunos textos suenan un poco incómodos en voces de los niños; entonces se cambia un poco sin que pierda la esencia, si el guionista está presente, mejor.

¿Cómo es el trabajo en el estudio de grabación? ¿Se graban las voces por separado?

Trabajamos las voces de manera independiente, las grabamos por separado. Creo que es por un problema tecnológico. Aunque en el trabajo de mesa sí se ensayan los diálogos completos, sobre todo con los niños para que puedan interactuar y se preparen mejor.

Cuando vamos a grabar yo los ayudo, les doy el pie para que digan sus textos. Con una muchachita me pasó que le daba trabajo un diálogo determinado y yo le dije: “a ver que te voy a hacer la pala”.

Entonces me ponía a actuar como si fuera la otra y le hacía piruetas, y así ella se enganchaba y le salía hasta de la primera toma. Eso me ha pasado incluso con actores adultos, ahora en esta temporada de Pubertad que se está haciendo, a Michel Labarta le pasó lo mismo. Y es que no sabía cuál era la intención del personaje, un profesor de Física del que se enamora una alumna.

Cada vez que se hace una sesión de grabación uno como director debe describirle la escena al actor o a la actriz para que se ubique y sepa bien qué es lo que quiere.

Imagen: La Jiribilla

¿Y cuando eres tú mismo el que actúa?

Ahí se vira todo al revés, porque soy yo diciendo cualquier cosa. Pero tengo a mi equipo que me guía: las editoras que siempre trabajan conmigo. El sonidista también me ayuda y me indica cómo debe sonar mejor un texto.

Doblar y cantar es una frescura mía, porque no tengo la técnica de los actores, más bien me pongo a inventar, a jugar a ser actor. De hecho con mi trabajo como animador siempre ha sido así porque lo que hago en la animación lo aprendí solo… nos hace falta una escuela de animación. Aquí tenemos grandes maestros de la animación, pero necesitamos algo que nos ayude.

Si finalmente se hiciera una escuela de animación tú serías profesor…

Yo iría para allá de atrevido a dar mi experiencia, pero los maestros serían los que se gradúen de esa escuela. Nosotros aprendimos de los grandes como el difunto Tulio Raggi, que nos daba muchos consejos. Los nuevos realizadores de Cuba estamos criados a base de consejos y de videítos de internet.

En Disney y Pixar, sin hablar de los presupuestos, el proceso de doblaje es totalmente diferente a lo que se hace aquí. El modus operandi es como más libre, trabajan con unos actorazos como el mismo Robin Williams haciendo del genio de la lámpara en Aladino, los actores de Madagascar, o de Cómo entrenar tu dragón.

Para que se inspiren les presentan una tira leika con las escenas. Trabajan con más de una cabina y graban a los actores juntos para que se miren las caras y se pongan de acuerdo, como si estuvieran en el teatro. Yo vi un making de Aladino y aquello era increíble.

¿Y es cierto que se usan rasgos o gestos del actor en la conformación del físico del personaje?

Cuando los actores doblan se graban. Eso es un gran negocio, porque saben que si le impregnan a la caricatura del Genio un poquito de las facciones de Robin Williams, va a funcionar. Tú ves al Genio de Aladino, y sabes que detrás está Robin Williams. También pasa con Will Smith, con Robert de Niro, en Espanta tiburones le pusieron a un tiburón un lunarcito y todo, imagínate.

En Cuba se le tiene mucho cariño a los doblajes de nuestros animados clásicos como Elpidio Valdés y Vampiros en La Habana

Es que en esa época estaba detrás de todo eso Juan Padrón, que era un maestro del doblaje, y solamente con Manuel Marín y Frank González hizo maravillas. Cada uno hacia cinco o seis voces diferentes: el andaluz, Cetáceo, Resoples... Hasta Juan Padrón doblaba.

El doblaje de Vampiros en La Habana es genial. Yo hubiera querido tener una máquina del tiempo para estar en una sesión de grabación, porque lo que me han contado es que aquello fue espectacular.

A nosotros los jóvenes nos falta muchísimo por aprender, estamos logrando cosas porque el talento se desarrolla haciendo constantemente y tenemos que dar la talla, que producir.

Yo me refugio en los grandes, hice la asistencia de dirección de un animado que hizo Juan Padrón al que invitó a Frank González y le salían genialidades, porque saben lo que quieren.

La idea del doblaje y de la dirección de actores es que el director tenga muy claro qué es lo que quiere en cada escena para sus personajes y trasmitirle esto a los actores. Si el personaje está molesto eso tiene que sentirse en la voz. Los actores que trabajan en la radio saben de lo que estoy hablando, eso hay que educarlo, pulirlo. Es difícil porque el que viene del teatro tiende a exagerar, aunque en el mundo de animación eso funciona.

Yo el otro día revisité ¿Quién engañó a Roger Rabbit? y es lo más grande. Esa es una gran película para estudiar el doblaje porque cada personaje tiene algo especial. Cuando las voces se escuchan con intensidad obligan al animador a trabajar más la caricatura, la enriquece y logra una mayor conexión con el público.

 

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