Entrevista con Pedro Pablo Oliva

Piensa, luego pinta; pinta, luego piensa

Estrella Díaz • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía del artista
 

Recientemente se informó que la exposición personal Utopías y Disidencias del maestro Pedro Pablo OlivaPremio Nacional de Artes Plásticas, 2006― anunciada para este septiembre en la sede del Museo de Arte de Pinar de Río (MAPRI), fue cancelada “por considerarse que no existen las condiciones subjetivas favorables para esa apertura” en la occidental provincia cubana.

Imagen: La Jiribilla

Por su parte el presidente del Consejo Nacional de Artes Plásticas, Rubén del Valle, determinó trasladar la muestra (febrero de 2015) para el segundo punto de su itinerario: el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, de La Habana. Igualmente del Valle aseguró que la exposición será emplazada en el MAPRI en mayo próximo como parte de las muestras colaterales de la Bienal de La Habana.

En un comunicado que circula —vía correo electrónico— el artista agradece al equipo de trabajo del MAPRI y a su director, Juan Carlos Rodríguez, la profesionalidad y entusiasmo con que acogió el proyecto desde su génesis, así como reconoce el apoyo del Consejo Provincial de Artes Plásticas y a la dirección provincial de cultura del territorio.

A Pedro Pablo Oliva —pintor, dibujante y escultor— parece no gustarle mucho las cámaras y los micrófonos, pero ¡muy amablemente! hace unos días accedió a responder las preguntas siguientes; sirvan sus respuestas para acercarnos a su mundo creativo, imaginario al que podremos acceder cuando en febrero, aquí, en la capital cubana, disfrutemos de Utopías y Disidencias.

Poco se habla de sus comienzos: ¿cuál fue la motivación primigenia que lo hizo inclinarse hacia el mundo de las artes plásticas?, ¿alguna influencia familiar?, ¿alguna anécdota?

Todo comienzo es un misterio. Uno puede intuir alguna motivación, descubrir alguna verdad evidente, pero la razón completa no siempre aparece. Viene oculta como la almendra, o colorida como el mango y la guayaba. No sé qué porciento le debo a mi obsesión por las historietas, cuánto al patio de la casa de infancia y adolescencia, cuánto a la envidia infantil por imitar a otros amigos; cuánto a mi madre decorando los manteles de la vieja mesa del comedor, repleta de ternuras. Por algún lugar entró ese afán por dejar constancia de mi tiempo con colores, papeles, pinceles y telas.

A usted se le inscribe en la llamada "Generación de los 70". Según su vivencia y pertenencia, ¿qué distinguió a su generación?, y  después de transcurridas tres décadas, ¿cuál es, quizá, el legado que ha dejado y (deja) su generación a la plástica cubana de finales del siglo XX e inicios del XXI?

Mi generación intentó prolongar el viaje que hicieron generaciones anteriores en la búsqueda de una cubanidad. Quiso aferrarse al término sin perder las experiencias de lo que se hacía fuera de su contexto y su tiempo. La nacionalidad es mucho más que un color, transparencia y temas. Es sobre todo una condición espiritual que te ata a una taza de café o al embrujo de una manera de caminar, hablar y reír. Mi generación deja un legado que dejan todas las generaciones: la utopía.

Imagen: La Jiribilla

En el ya lejano 1973 usted obtuvo el Primer Premio y Mención de Pintura en el Primer Salón de Instructores de Artes Plásticas en su natal Pinar del Río, ¿qué fue para usted ese primer lauro?, ¿para qué le sirvió?, ¿lo convenció de algo?

Los premios asustan, mucho más cuando uno no los espera. Me sentí descubierto. Me dio alegría, pero todo siempre me ha sido relativo. Los premios son criterios. Soy escurridizo, a veces francotirador. Para mí fue descubrir que podía hablar y que los demás podían entenderme. La gente empezó a confiar más en mí y yo a dudar de mi talento.

Entre 1971 y 1974 ejerció la docencia en la Escuela de Artes Plásticas de Matanzas; luego, de una manera u otra la ha continuado ejerciendo, ¿qué lugar ha ocupado la pedagogía en su vida?, ¿es importante para usted el enseñar?

No me gustaba mucho mi papel de maestro. Cuando tuve que asumirlo lo hice con total seriedad. Después descubrí que uno aprende tanto de un maestro como de un alumno. Le tomé, entonces, cariño al aula. Se enseña de maneras diferentes. Frente a un aula, o frente a una obra.Fui maestro más de 13 años. Tuve alumnos maravillosos, pero el amor puso fin a mi viaje. Matanzas fue el comienzo; Pinar del Río, el final.

El 7 de septiembre de 1984 en el Museo Nacional de Bellas Artes se realizó su primera muestra personal —Pinturas, dibujos, bocetos y pasatiempos—; en 2007, a propósito del Premio Nacional de Artes Plásticas (2006), expuso Historia de amor, también allí, ¿qué conexiones pueden existir entre ambas muestras teniendo en cuenta que transcurrieron entre ellas casi tres décadas?

A las dos las une el afán por dejar constancia del tiempo que viví. Después de tres décadas las separa la otra mirada, esa que te dice que volviste al punto inicial. Las une, un absurdo que solo podría responder cada ser humano de este país, cuando se pregunte en su soledad qué hicimos, cómo llegamos aquí, dónde dejamos colgada la alegría y el amor; qué hicieron con nuestras manos y la sonrisa; dónde perdimos la semilla de los sueños. Las une haberle dicho a los ojos: mira, esta es la vida.

¿Qué han sido para usted Antonia Eiriz y Ángel Acosta León?

Antonia: la denuncia a la hipocresía, el miedo al monstruo que uno lleva dentro. El enigma misterioso de las relaciones humanas. Ángel Acosta: el viaje cotidiano a la imaginación.Los dos, el desgarramiento interior.

Imagen: La Jiribilla

Usted y su arte están comprometidos con su tiempo e infiero que lo refrenda en la siguiente frase, que le corresponde: "tengo el derecho a la duda (....) no dejamos nunca de cuestionarnos la realidad y transformarla, aún cuando nos digan ingenuos y desinformados", ¿continúa pensando así?

Fueron palabras dichas en la defensa más sincera que hecho a la libertad de expresión. Fue mi guerra a la estrechez de pensamiento, mi batalla contra la demagogia y la simulación. Mi derecho a hablar con voz propia. Con ellas perdí el miedo a la represión. No entiendo la creación alejada de la sociedad en que vivo. Es parte y esencia de ella.

Ha dicho: "dejar constancia de mi época fue el principio y fin de mi trabajo, recoger parte del estado espiritual de los años que me tocó vivir", ¿en eso consiste la utilidad de la obra?, ¿será ella un testimonio de los tiempos vividos?

Pintar es otra forma de hablar, otra manera de comunicarse. Mi trabajo será un testimonio más de un tiempo vivido. No pasará de ser una fugaz referencia de una época donde la realidad era mucho más aplastante que cualquier palabra. La utilidad de una obra es infinita o finita. Pasado estos años algún vestigio de vida emanará de ella y alguien dirá “vivió un hombre en un sitio, que expresó su vida a su manera, que amó y sufrió, que pateó y lo patearon, qué gritó, soñó, pero que no se quedó en el silencio”.

Por la gran carga de verdad, El gran apagón (1994), está considerada el "Guernica cubano", ¿cómo enjuicia esta obra dentro de su propia producción?

Toda obra está llena de verdades y mentiras, de divagaciones y realidades. Intenté ponerme en el lugar de todos. Salió esa obra, no sé cómo. No podrá jamás tener la angustia expresiva de “El Guernica”, ni siquiera su empuje formal.

Fue un grito a una crisis.

Fue no saber el camino para salir de un laberinto. Fue la crisis de una época que nunca más se recuperó a plenitud. Fue el tiempo perdido. Fue el sentido de la independencia. Fue el comienzo del fin de la utopía. Fue un estado espiritual expresado a lo cubano, como el sonido rítmico de las claves. No podré nunca enjuiciarla con total certeza. Solo sé que la parí.

Su iconografía —además de hermosa—, es múltiple, ¿cómo la autodefiniría?

Como las historietas. Llenas de mundos y encerronas. Como los juegos digitales, con la sorpresa de convertirse en otra cosa en cada tela, unas conejo y pez; otras nube y arroyo.

En lo más personal, ¿qué es para usted el color?, ¿qué importancia le concede dentro de cada obra?

El color es la trampa, después que te atrapa te habla. Es la armonía, es el aire. A veces soy liberal con él; otras, excesivamente racional. El dibujo me apasiona.

Imagen: La Jiribilla

"Pienso que la escultura es una opción para mis limitaciones". Además de "opción" —luego del diagnóstico del 2010— ¿qué ha encontrado en la escultura?, ¿le ha abierto la tridimensionalidad otros mundos creativos?

Hacía cerámica antes de que apareciera el Parkinson. La cerámica es una forma de hacer escultura. Quería ver mis personajes compartiendo el espacio físico. Me faltó solo animarlos.
La escultura tiene el encanto de sentarse a la mesa con uno; la pintura, el maravilloso encanto de la ilusión. Sin mis maestros no hubiera podido hacer nada. Uno, Osmani Betancourt (Lolo), el otro Miguel Leiva.

En la presentación en la exposición Historia de amor, el intelectual Reynaldo González dijo: "Él piensa, luego pinta. Pinta, luego piensa. Sus cuadros son sus soliloquios, sus travesuras", ¿será cierto?

Nunca estuvo alguien más cerca de la verdad. La creación es un viaje al mundo interior. A la filosofía.

"Yo he querido hacer una obra seria, profunda, de pensamiento puro, filosófica; sin embargo, la presencia mantenida de hijos pequeños me distrae y me devuelve a la infancia. Es una extraña y placentera condena. Me tocó no salir de la infancia y de esa aparente ingenuidad debido a la presencia física y real de los niños en mivida". El mundo lúdico que está presente en su obra, ¿solamente vendrá por ahí o será un simple pretexto para todo lo demás?

No sé. La creación resulta tan misteriosa como el hombre mismo. Todo puede resultar un pretexto o no. Lo cierto es que la alusión a la infancia aparece como un fantasma real en mi trabajo. Tal vez por eso hasta los temas más serios toman un matiz de ternura que no puedo evitar.

En las palabras de elogio en la entrega del Premio Nacional de Artes Plásticas, el doctor Eusebio Leal dijo: "(...) porque el hombre es más poderoso que la obra y en última instancia es lo que queda. Cuando pase todo, como declaró una vez Jorge Manrique, la obra es la que determinará nuestra memoria (...) para triunfar hace falta combatir. Benditos los que pueden. Tú lo has hecho", ¿es para usted la vida una permanente batalla o una permanente emboscada?

Ambas son la vida. A veces te matan, otras sobrevives. Unas te traicionan, otras te llenas de glorias. He amado mucho, y me han amado. En otras he amado y no me han amado;no he amado y me han amado. La vida es una guerra por lograr una estabilidad que pocas veces llega. Los triunfos son efímeros, como los insectos que nunca llegan a ver el sol. Pinté lo que viví y por tanto, me sorprendió el asombro.

¿Quién es en realidad Utopito, acaso usted?

Tuve una amiga, Catalina Herrera, que murió hace poco en Nueva York. Me hizo esa pregunta para un libro que pretendía escribir. Permíteme reproducir mi respuesta a la interrogante.
“Utopito es un cubano aparentemente tonto que cree en la transparencia de los discursos y en la libertad de la palabra. Duerme con fantasmas, proyectos de viejos sueños de un supuesto hombre nuevo. Ejercita con amor el camino hacia una filosofía del absurdo llena de contradicciones. No tiene una forma definida y posee el don de practicar cualquier oficio. Puede ser médico, mañana pintor, biólogo o funcionario, o tal vez, ninguna profesión. Su don natural es la oratoria y vive empecinado en contradecirse. Dice que nada es cierto. Que todo es cuento, ilusión en la que se nos obliga a creer. Asume la sociedad como un enorme manicomio donde ni él mismo tiene la razón, influencias evidentes de una formación totalmente mediática y postmodernista. Llega a ser desconcertante e incoherente y se apropia de cuanto texto, historia o chisme le interesa. Dice las cosas fuera de lugar, tenga que ver o no con lo que le rodea. A veces camina con brillante lucidez, más por casualidad que por raciocinio. No es partidista, ni siquiera profesa una religión y se empecina en demostrar que es un pinareño ausente.
Pascual y Angulo son su compañía, sus socios, sus lugartenientes. Van aprendiendo y escuchando cada cosa que Utopito dice. Son el Sancho del Quijote o el Robin de Batman. Tal vez silenciosos informantes que lo cuidan de violencias o repentinos actos de repudio. Todo puede pasar, quizá por eso padece un dulce delirio de persecución que lo hace inquieto y evasivo. Como padre he hecho lo imposible por llevarlo de la mano, pero se me escapa. No aspiro a que lo entiendan. Aprendí ya a respetar su extraño mundo. Me digo que también desde la locura tiene derecho a la utopía”

¿Pintor, poeta o rebelde?

De todo un poquito, como el ajiaco.

¿Le abruma el ser catalogado como "mito de la pintura cubana"? ¿Le parece exagerado?

No soy un mito. Nada he hecho que otros no hayan hecho. Me enseñaron a pensar, qué otra cosa podía hacer sino pintar.

Comentarios

¿Qué quiere decir que no existen "las condiciones subjetivas favorables" para que el artista, Premio Nacional de Artes Plásticas exponga en su tierra natal? Resulta un contrasentido. Sea cual sea la razón, que ahora no se realice esta muestra en Pinar del Río es un daño para cultura pinareña y para la de todo nuestro país. Y la justeza de la política cultural queda en entredicho.
Saludos desde Alamar.

Adoro su obra, me parece además un ser humano grande

Fabuloso pintor y a la vez misterioso, uno nunca sabe los caminos que usa para llegar al lienzo. Sus obras siempre dejan al espectador con la sensacion de un descubrimiento.

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