Un nuevo “delirio” en la escena cubana

Lilien Trujillo Vitón • La Habana, Cuba
Fotos de Internet
Miércoles, 17 de Septiembre y 2014 (1:48 pm)

Unos años después, elenco renovado y mucha seguridad; Raúl Martín, director de Teatro de La Luna, reestrena Delirio habanero. La exquisita obra de Alberto Pedro, cuyo argumento se sumerge en la historia de tres personajes que se encuentran en un bar abandonado y –en medio de su demencia– asumen la personalidad de Celia Cruz, Benny Moré y Varilla, se repondrá a partir de este martes y hasta el jueves 18, en la sala Llauradó de la Casona de Línea.

La puesta, defendida en escena anteriormente por Mario Guerra y Laura de la Uz, entre otros, llega a la escena esta vez con Yasel Rivero interpretando al Benny, Luis Manuel Álvarez en el rol de Varilla y una Celia Cruz reencarnada en Yordanka Ariosa, por segunda vez.

Para Raúl Martín, “lo que distinguirá esta puesta es la juventud –es uno de los elencos más jóvenes que la ha interpretado– y la profundidad con que se ha trabajado en tan poco tiempo”. Otra marca de la obra es la buena energía que fluye entre los tres personajes, hay una comunicación muy grande que vino a salvar la falta de tiempo, aparte del talento, que era la condición primera para elegir a los actores”.

Yordanka Ariosa dijo sentirse “de maravilla” con el elenco que la acompaña en escena y señaló una particularidad de la obra: “los personajes son islas, se comunican entre ellos, pero a la vez no. Como no están del todo bien de la cabeza, tienen también su propio espacio”.

Imagen: La Jiribilla

Es un hecho que el elenco original de Delirio habanero creó precedentes icónicos en los espectadores. Por ello, quizás no pocos duden de la calidad artística de la puesta que se exhibirá durante estos días. Sin embargo, Raúl Martí, el director y el espectador, aseguró estar muy contento con lo que ha visto hasta el momento.

“A Yasel lo había visto en muchas obras y había percibido su versatilidad. A pesar de su juventud (28 años), es un actor con muchas vivencias, ha experimentado muchas cosas que tienen que ver con El Bárbaro. En el caso de Luis Manuel, lo elegí por el poder de desdoblamiento que le vi en Antigonón. Ya él había trabajado con nosotros en Mujeres de la Luna –cabaret político– y le noté esa posibilidad de convertirse y sus ganas de hacer Varilla. En el caso de Yordanka, había interpretado a La Reina anteriormente. Pero lo más importante es que siempre supe que quedaría un trío con una energía muy positiva”.

La misma vibra positiva y orgánica que percibe el director desde su silla central al final de la sala, se mueve libremente por el escenario y hace que los actores se liberen de aquel posible temor a la elogiada reputación de sus predecesores –que no despojarse del respeto a estos.

Yasel Rivero, por ejemplo, dejó claro su enorme admiración por los actores que interpretaron al Benny antes que él en la puesta original; sin embargo, dijo sentirse muy cómodo en el rol. “Tuve que estudiar mucho al Benny –en muy poco tiempo–, buscar su sonoridad dentro de mi calidad sonora; garantizar que no fuera ni el Benny de Mayito Guerra ni el de Iván Albelo, pero a la larga ha sido muy rico porque Alberto Pedro maneja la palabra de forma muy musical. Estaba loco por hacer una obra así. Un personaje bien construido a nivel dramatúrgico y dramático”.

En el caso de Luis Manuel Álvarez (23 años), el montaje de Varilla ha implicado un crecimiento profesional inmenso y un alto nivel de compenetración. “Nunca había interpretado un personaje con este tipo de sueños que, muchas veces, me hacen reflexionar sobre los míos propios”.

“Creo que la crítica va a alabar mucho el trabajo de estos actores, porque han hecho ensayos de un nivel increíble, de entrega, de propuestas, de limpieza de emociones, de conocimiento. La crítica es muy subjetiva, quizás señalan que son muy jóvenes para el personaje, aunque este requisito no es necesario para la obra –el peso en escena es el que marca la edad de los personajes–. En general se ha trabajado para que el público vea una propuesta diferente, pero que la acoja, la acepte y la aplauda”, aseguró con regocijo Raúl Martín.

Tras asistir al último ensayo técnico antes del reestreno –insuficiente para evaluar con precisión y acierto cualquier desempeño artístico–, uno llega, sin embargo, a conmoverse. Lo ideal: ver la obra, juzgar y disfrutar. La recomendación está hecha para los próximos tres días en la Llauradó y para el venidero Festival de Teatro de Camagüey.

Tomado de: Cuba Contemporánea

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