Juan Blanco:

Un músico adelantado a su tiempo

Joaquín Borges-Triana • La Habana, Cuba
Fotos de Internet

Hace escasas semanas, en una entrevista que le realicé a Leo Brouwer, al preguntarle por cuáles músicos cubanos de su tiempo nunca ha dejado de sentir admiración, nuestro compositor vivo más importante dentro del ámbito de la llamada música académica, me respondió:

“En particular, por uno muy poco analizado, Juan Blanco, el compositor de electroacústica y que murió hace algunos años. La admiración que profeso por él es por múltiples razones: por la persona que fue, por el reto de componer determinadas cosas, por su generosidad, él antes era un abogado que en los 50 atendía los casos de personas pobres, de artistas y de los comunistas, y no cobraba un centavo. Ese hombre fue excelente músico y colega”.

Imagen: La Jiribilla

Ciertamente, como con lucidez meridiana señala el maestro Leo, el notable aporte de Juan Blanco a nuestra cultura aún no se ha reconocido como se merece, en gran medida porque su obra está por ser estudiada y, en consecuencia, valorada a tono con su significación. Nunca podría soslayarse lo mucho y bueno que Juan, en compañía de figuras como el propio Brouwer o el director sinfónico Manuel Duchesne-Cuzán, hicieron en pro de poner a los creadores cubanos en contacto con la atmósfera de renovación y vanguardismo de la música académica, a partir de lo que estaba sucediendo en Europa y en especial en un país como Polonia. Desde los tempranos 60, Juan Blanco empezó a experimentar con la electrónica, en una impronta que marcó el discurso de toda una época.

Llama la atención que entre nosotros la música electrónica ha estado asociada a las corrientes de vanguardia y de experimentación en la música culta o académica. En tal sentido, resulta fundamental y a la vez sorprendente, el nivel de desarrollo que en nuestro contexto ha registrado la música electroacústica, de la cual Juan Blanco fue su principal propulsor, desde que en 1961 compusiera su obra titulada Música para danza, registrada con un oscilador de audio y tres magnetófonos domésticos.

Tristemente hay que decir que por mucho tiempo y a tono con la etapa en que Cuba reproducía el modelo de la Unión Soviética, país donde se consideraba que la música electroacústica era un ejemplo elocuente de lo que el realismo socialista valoraba como «arte degenerado de Occidente», Juan Blanco fue hostigado desde criterios estéticos, políticos e ideológicos por parte de especialistas y funcionarios dogmáticos, que no estaban aptos para comprender la propuesta artística de quien en nuestro contexto resultó un adelantado a su tiempo.

Imagen: La Jiribilla

Pese a los muchos problemas a los que tuvo que enfrentarse, Blanco no renunció en ningún momento a sus principios ideoestéticos y así nos legó una copiosa obra, entre la que pueden mencionarse títulos como Estudios I y II, Ensamble V, Texturas para orquesta Sinfónica y cinta magnetofónica, Estructuras, Interludio con máquinas, Ensamble VI, a las que habría que añadir el importantísimo trabajo de elaborar ambientaciones sonoras de exposiciones, hospitales, hoteles y espacios públicos interiores y exteriores.

Si hubiese que acudir a un único ejemplo de lo hecho por Juan Blanco durante su fecunda existencia, solo bastaría mencionar que en 1942 él presentó en el Registro de Marcas y Patentes la memoria descriptiva y la información gráfica de un instrumento de su invención al que dio por nombre el de multiórgano. Este consistía en un set de 12 loops (bucles) de alambres magnetofónicos (aún no existía la grabación en cinta), en cada uno de los cuales se pregrababa una nota de la escala cromática, ya fuese por una voz humana o por cualquier otro instrumento.

Es importante resaltar que cada loop pasaba por una cabeza reproductora y la señal era interrumpida por un teclado que solamente la dejaba llegar al amplificador en el caso de que la tecla correspondiente fuese oprimida. De ese modo, se contaba con un instrumento polifónico de teclado con distintos timbres según el set de loops que se le instalara. La novedosa creación de Blanco disponía de un pedal para variar la intensidad del sonido y otro para modificar la velocidad a que los alambres pasarían por las cabezas reproductoras para obtener así cambio de alturas en todo el teclado.

En 1991, durante el Simposium Internacional «Musical Inventions and Creations: Denial of Utopia», llevado a cabo en Bourges, Francia, el maestro Blanco mostró a los participantes del evento el diseño original de su inventiva y el aparato fue valorado por muchos como un antecedente del afamado melotrón, instrumento fundamental en las últimas tres décadas del pasado siglo XX y todavía en el XXI con plena vigencia sonora. Por su valía, la creación de nuestro compatriota fue propuesta para ser incluida en el proyecto del «International Memory Archives of the Science and Art of Electronic Music», que auspiciarían la UNESCO y otras instituciones de la capital gala.

Imagen: La Jiribilla

Otro aspecto que no puede obviarse al referirnos a la rica trayectoria del maestro Juan Blanco es que él, en conjunción con su hijo Enmanuel, puso el Laboratorio Nacional de Música Electroacústica (LNME), que dirigió hasta su muerte, en función de un elevado número de jóvenes DJs cubanos. Para ellos, el LNME ha sido una suerte de taller creativo, en el que han podido adiestrarse en toda clase de equipos y medios electrónico-digitales, a la vez que se les ha facilitado organizar sus presentaciones en salas al efecto y diferentes espacios de la capital cubana.

Algunas semanas después de la muerte de Juan Blanco, acaecida el miércoles 5 de noviembre de 2008, otro grande de nuestra cultura ya desaparecido y también muy incomprendido, el musicólogo Danilo Orozco, escribió un precioso texto acerca de este genuino compositor, del cual reproduzco un fragmento para concluir mi trabajo:

«Hombre fundamentalmente afiliado al sentir sociopolítico de izquierda, desde los primeros años de su creación con los medios electroacústicos (que pronto sumaron a otros colegas), se ve inmerso como casi un alien transgresor creativo-estético, aún dentro de lo que se ha considerado vanguardia musical cubana de los tempranos 60. Tiempo después, se sitúa “más equilibradamente sedimentado” en las diferentes corrientes ya “establecidas”, en la continuidad de aquella denominada vanguardia y sus nexos con la élite compositiva internacional. Al cabo de muchos años, mediante el activismo de su laboratorio electroacústico y de los efectos indirectos de su inserción vivencial en el reparto Alamar, un número de practicantes de este sector sociomusical de barrio lo redimensiona como vinculado a un nuevo sentido de lo "alternativo resistente", en el ámbito de las vertientes más radicales del hip-hop, house, acid-jazz y otras, que se asocian o derivan (en su génesis) de la enrevesada problemática económico-social de los 90 en el panorama cubano, cuyas secuelas, de un modo u otro, aún repercuten.

«Así pues, tenemos delante a esta figura, como foco de permanente e incisiva transgresión estética y sociocultural, incluido el no directamente planificado nexo (dentro de un accionar partícipe de un complejo proceso) con manifestaciones alternativas y contestatarias, aun aquellas distantes y diferenciadas de lo que representó su espacio creativo electroacústico, en la continuidad de la denominada vanguardia a lo largo de años. Sirvan, entonces, las presentes líneas para honrar la memoria de Juan Blanco, su infatigable y no pocas veces inusitado quehacer creativo y promotor en diferentes dimensiones, amén de su imperecedero legado».

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