Conversación con la antropóloga Silvia Mancini

En busca de un sueño: Ejercicio de simetría

Analía Casado Medina • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía del Centro Pablo
 

Silvia Mancini regresa a La Habana cada año, en varias ocasiones. Unas imparte seminarios de antropología en el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, otras indaga sobre las convergencias entre los simbolismos religiosos y civiles en la Isla; siempre aprovecha para descubrir nuevas realidades en la Cuba contemporánea, intercambiar puntos de vista, visitar a las amistades que ha construido en tanto ir y venir por estas tierras, y nunca deja de acudir a uno de sus lugares preferidos: el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, en la parte vieja de la capital cubana.

Imagen: La Jiribilla

La poesía y la música cubanas la deslumbran —dice—, como la maravillan también las maneras “abiertas y cercanas” en que los cubanos se relacionan.

Para la docente de la Universidad de Lausana no hay dos geografías tan contrastantes como las que proponen Suiza y Cuba en cuanto a niveles adquisitivos, formas de socialización y propiedad, modos de interacción públicos, por poner algunos ejemplos. Si en Suiza priman posturas individualistas o el estado tiene apenas presencia en la vida del ciudadano promedio, en Cuba las dinámicas con respecto a la otra persona son más horizontales e inclusivas; y el estado aparece continuamente en la existencia cotidiana. “Y eso cualquier extranjero puede notarlo al instante”, apunta.

A pesar de las divergencias obvias, la directora del Instituto Religiones, Culturas y Modernidad de la Universidad de Lausana se ha empeñado desde su primer viaje a Cuba (2011) en establecer diálogos artísticos y científicos entre ambas naciones. El proyecto de colaboración que ha impulsado en alianza con el Centro Pablo y el Juan Marinello ha llevado a los trovadores matanceros Lien Rodríguez y Rey Pantoja y al investigador Jorge Bermúdez (2013), y a los cantautores Roly Berrío, Norge Batista y Yamira Díaz (2011) a exponer por diferentes ciudades europeas, ante públicos entusiastas —según destaca Silvia— una muestra del arte cubano. Y es que para la profesora interactuar con el arte y la cultura autóctonos deviene la mejor forma de conocer un país. “En Suiza hay mucha ignorancia sobre Cuba, mucha reticencia hacia lo que Cuba significa”, explica.

Imagen: La Jiribilla

Extensión de su voluntad de transformar prejuicios e impulsar proyectos culturales participativos en este lado del mundo resulta Música y Revolución, que llevará por diversos escenarios y espacios académicos suizos, en un mano a mano con el Centro Pablo de La Habana, al grupo Jade y al periodista y musicólogo Joaquín Borges-Triana. Sin embargo, este conjunto de presentaciones y conferencias, a celebrarse en noviembre próximo, será apenas vitrina de una labor mayor, alerta Silvia. La pregunta llega, inevitable, y la docente comienza el relato sobre la Asociación “En busca de un sueño. Intercambios culturales y humanistas con Cuba”, creada en julio de 2014.

Quiénes conforman la asociación, qué objetivos tiene, cómo funciona, son algunas cuestiones clave para comenzar esta historia. “Somos apenas cinco personas las que nos reunimos para fundar la asociación: nos urgía echar a andar una plataforma de promoción artística y cultural que pudiera conectar ideas y espacios de movilización en Cuba con instituciones y empresas suizas que garanticen financiamientos, apoyos materiales o de cualquier otra índole”, resalta. Pero este es apenas el núcleo constitutivo: “a mi regreso circularemos la información a posibles interesados de múltiples ámbitos, de modo que todo aquel que de buena voluntad quiera sumarse a nuestra asociación lo haga”.

Ahora bien: ¿qué fines persigue esta organización? Silvia dice que la premisa es funcionar como mediadores entre proyectos o ideas con necesidades concretas en Cuba, de un lado, e instituciones, individuos o empresas de la más diversa naturaleza en Suiza, del otro: como las realidades entre nuestros países son tan distantes se trata de traducir a la cosmovisión suiza propuestas cubanas culturales o artísticas, que impulsen la acción ciudadana, las confluencias comunitarias, el concepto de participación.

Para acceder a la asociación, explica Silvia, las instituciones cubanas o los representantes de los proyectos que se gesten en la Isla podrán contactarla directamente a ella, pues son habituales sus viajes a Cuba; igualmente, “pronto tendremos nuestra página web, que será otra vía de comunicación efectiva”. Una vez presentada la propuesta para su aprobación —paso que tendrá en cuenta elementos como viabilidad, importancia e impacto social del proyecto— será discutida en la junta directiva de la asociación, “de ser considerada novedosa y factible pasaremos a buscar financiadores para su realización”, comenta Mancini.

Las razones de esta idea son claras para la investigadora: si bien abundan en Cuba programas que apuestan por la participación, el empoderamiento ciudadano, el rescate de la memoria, la multiplicación del capital cultural —algunas de las áreas de interés incluidas en los estatutos de la asociación— en no pocas ocasiones faltan los recursos para materializar este cúmulo de propósitos:“por poner ejemplos concretos, podemos ser utilizados para publicar un libro, concretar la grabación de un disco o producir una gira, apoyar talleres sobre técnicas de ciencias sociales… hablamos de llevar a cabo un ejercicio de simetría desde la asociación y en este camino nos articularemos con otras organizaciones solidarias de Suiza, como Cuba sí”.

¿En busca de un sueño? Mancini subraya que tomaron el verso del trovador Silvio Rodríguez para nombrar la asociación por la dimensión utópica que enarbola.

Otra interrogante se torna casi obligatoria luego de estas confesiones: ¿está vinculado el surgimiento de esta asociación con los debates recientes sobre cultura y economicismo en el blog Segunda cita, que tomaron como casos los Estudios Abdala o el Centro Pablo? Silvia cuenta estar al tanto de estos intercambios, pero no fueron detonante para la puesta en marcha de la asociación: “siempre me ha parecido imprescindible apuntalar los espacios humanistas y culturales en Cuba que promueven el desarrollo general de la población”.

Para concluir, preguntamos a Silvia por su cercanía al Centro Pablo: “fue por azar, tenía en Lausana una alumna, prima de María Santucho (su coordinadora) que me recomendó visitar la institución cuando viniera a Cuba, y así mi primera experiencia con el universo cultural cubano fue a través del Centro”. Los aprendizajes desde el comienzo de esta interacción son varios y comienzan con la postura cultural del Centro, con su estructura participativa —“ojalá se generalizara esta forma de operar”, subraya—, que le ha develado la dimensión poética de la Revolución: “la aprendí a valorar desde el Centro Pablo”, concluye.

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