Intersecciones

Veinticinco años de Teatro D’Dos: primera campanada

Omar Valiño • La Habana, Cuba

Con suficiente tiempo de antelación, como debe ser, Teatro D´Dos, ha anunciado, en la voz de su director Julio César Ramírez, la celebración de su 25 aniversario, en marzo de 2015.

Imagen: La Jiribilla

La primera campanada del empeño ha sonado con su temporada en la Sala Raquel Revuelta de Sábado corto, de Héctor Quintero, en puente con la clásica Contigo pan y cebolla, estrenada por el grupo allí mismo meses atrás. Una prueba, con aciertos y desaciertos, de diálogo y confrontación con el gran público a partir de la probada efectividad de Quintero para la comedia, ahora subrayada por cierta condición vernácula, bufa en la asunción de los personajes y las situaciones. Vieja y guardada inspiración en Teatro D’Dos desde que hicieron El hombre de la gallina, de Chacón y Nuza o La gran temporada, de Ricardo Muñoz.

En apenas unos días, partirán al XV Festival Nacional de Teatro de Camagüey con Delantal todo sucio de huevo, una obra brasileña actual cuyo montaje recibió el Premio Villanueva de la Crítica 2013, y en el cual la agrupación demuestra sus artes para los formatos ultra pequeños.

De particular trayectoria entre los destacados grupos teatrales contemporáneos entre nosotros, el núcleo de Teatro D´Dos, liderado por Julio César Ramírez, partió de la Escuela Nacional de Instructores de Teatro (ENIT) en 1985 y se instaló, sucesivamente, en Cienfuegos, Isla de la Juventud, Sancti Spíritus y Caimito, hoy municipio de Artemisa. Eso que he llamado su peregrinar hacia una identidad, se verificó por supuesto, a la par que en su itinerario físico, en las búsquedas para cristalizar una poética.

No ha sido una trayectoria rectilínea, las hay pocas en arte. Pero, en general, la cohesión en torno a ese núcleo duro, ha permitido a las nuevas incorporaciones compartir los rasgos característicos del trabajo y permanecer en el colectivo por largo tiempo. Esa inusual distinción del teatro cubano hoy, permitirá el amplio diapasón que, simultáneamente, D’Dos desplegará como centro de la festividad, al mostrar su variado repertorio activo.

Imagen: La Jiribilla

Volverá a escena La casa vieja, talismán de la agrupación y gran obra de Abelardo Estorino, autor a cuyo universo Teatro D’Dos acudió en varias ocasiones. La más reciente de ellas al integrar como trilogía El robo del cochino, Morir del cuento y El baile en “Tres estaciones de Estorino”, la propuesta que el grupo ofreció íntegra, en serie, durante dos noches del pasado Festival Nacional de Teatro de Camagüey.

En cuanto a La casa vieja, tal vez no haya en Cuba un montaje protagonizado por tres actores que se haya mantenido activo por casi 20 años con las mismas presencias de su triada fundadora: Daisy Sánchez, Jorge Fernández, El Chino, y el propio Ramírez.

También retornarán a las tablas La edad de la ciruela, del argentino-ecuatoriano Arístides Vargas, Fausto, de Reinaldo Montero e Ignacio y María, de Nara Mansur, así como Esquinas, a partir de El tío Vania, de Chéjov.

Imagen: La Jiribilla

Tanto La casa vieja como esa cadena de puntos en el mapa permitirán comprobar las saetas y los contrapesos en la construcción de una estética que tiene entre esas líneas fundamentales acercamientos sucesivos a un amplio espectro de la dramaturgia cubana, como puede comprobarse en parte de los autores mencionados aquí y en otros como Virgilio Piñera, José Milián, José Triana o autores cubanos de otros géneros como Excilia Saldaña y Dulce María Loynaz. Pronto se sumará Salvador Lemis con Un girasol pequeño, asumido por la parte del colectivo que dirige su labor a los niños.

Sobre ese ya largo camino, Ramírez prepara su testimonial libro de dirección que engrosará la colección “Cuadernos Tablas”, de Ediciones Alarcos.

Imagen: La Jiribilla

Con esos ricos antecedentes, el grupo estrenará en los próximos meses a otros dos autores cubanos, jóvenes y en plenitud creativa, la pinareña Agnieska Hernández Díaz y el villaclareño Yerandy Fleites, en lo que constituirá, sin duda, el centro del festejo cumpleañero. Curiosamente, ambos textos tienen varios puntos en común hasta en cierta semejanza en los títulos. Agnieska brinda El deseo Macbeth y Yerandy Pasión Lear, los dos a partir de los emblemáticos textos de Shakespeare.

Fuertes retos que verificarán ese contrapunteo permanente de cada buen grupo de teatro en la lucha por mantenerse vivo y actuante. Marcada por el trabajo y el expreso contacto con el público, la fiesta de su primer cuarto de siglo está planteada sobre los escenarios.

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