Cantores...

Isabel Parra: La gloria de volver a mi país

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

No confundan las llaves de mi canto
que el trinar de canario no me basta.
No le den importancia a mis acordes
ni pongan etiqueta en mi garganta.

Irreverente; como vagando con una herida por la existencia, llega el canto de Isabel Parra. Carga una pena que no la abandonará, la de la ilusión mutilada por el odio, la de la pasión mordida de su pueblo, desde aquel 11 de septiembre de 1973.   

Qué misterioso me resulta, compañeros,
volver atrás hasta el momento de partida.
De ese camino de dolor sangra la herida,
de este camino de dolor brota la vida.

Una revolución había emergido de las elecciones de 1970, el querido presidente Salvador Allende, hombre de nobleza sin par y entrega plena por lo humildes encabezaba el gobierno de la Unidad Popular que intentaba repartir el pan y el vino, la cultura liberadora, la paz de la justicia.  

América del Sur, quiero cantarte
y en idioma sin traba quiero hablarte.
Me reconocí en todos tus rincones
y volví a desatar mis emociones.
América del Sur eternamente
te declaro mi amor públicamente.

Tras las huellas de Violeta Parra, Víctor Jara, Patricio Mans, Isabel Parra, los grupos Inti Illimani y Quilapayún… la canción chilena se volcaba hacia las calles, las escuelas, las minas, los campos, llevando la alegría transformadora, el sentimiento latinoamericanista, la esperanza de un mundo humano.

América de mi alma dolorida
nace el canto del fondo de la vida.
Me reí bajo el sol del mediodía
y me vestí con lirios de alegría.
América de vidas generosas,
de abejas labradoras, mariposas,
has puesto luz en todas las jornadas,
has puesto amor en todas las miradas.

Isabel Cereceda Parra, nació en 1939, en Santiago de Chile. Hija de Violeta Parra y principal responsable de la difusión de su legado a través de la Fundación Violeta Parra. Su vínculo con la música comienza, justamente, interpretando junto a su madre en distintos locales santiaguinos repertorio popular de los más variados estilos. Su trabajo como cantora de raíz folclórica se inicia en París, cantando a dúo con su hermano Ángel Parra y grabando el LP Los Parra de Chillán. Hace un aporte esencial a la cultura chilena con la creación, junto a Ángel, de La Peña de los Parra y con difundir en Chile las composiciones de Silvio Rodríguez. A fines de los 60 pasa a ser un puntal de la Nueva Canción Chilena y adquiere celebridad con composiciones como "Cantando por amor", "Lo que más quiero" y otras.

Imagen: La Jiribilla

El amor es un camino
que se recorre hasta el fin;
yo conozco caminantes
que no debieron partir.

Tú dices que bien me quieres
pero yo pienso que poco,
cierto que me das el agua
pero me niegas el pozo.

Abre tu vida a la mía
como la tierra al arado,
que si te duelen los surcos
las semillas han brotado.

El 11 de septiembre de 1973 los militares bajo el mando de Augusto Pinochet, bombardean el Palacio de la Moneda, Salvador Allende, no se rinde, combate como último gesto de su dignidad, lo invitan a rendirse, pero él decide defender con su vida el gobierno que el pueblo le dio. El golpe fascista de la oligarquía manejada desde la oscuridad por el gobierno yanqui desata una masacre que trae miles de muertos y desaparecidos, todo el que tuviera un mínimo pasaje en su vida de aliento revolucionario tiene que salir del país.  

Si hemos perdido la alegría
para cantar nuestra canción,
es que nos falta la guitarra
de nuestra patria, sí, señor.

Luego del Golpe de Estado Isabel Parra se radica en Francia y posteriormente en Argentina, para volver a Chile en 1987. De ese período son otros temas famosos como "Ni toda la tierra entera" y "Como una historia", dedicada a Víctor Jara. En sus versos Isabel une a su madre con el joven cantor como esencia espiritual del mundo que vendrá:     

Decía la Viola que Víctor hacía
hablar la guitarra, brotar poesía,
cantando a lo humano con el guitarrón
era joven sabio del verso mayor.

El tiempo nos pasa, nos llena de amor,
la bella Joanita te dio el corazón.
Será con tus hijas, será con Amanda
que cambie tu vida, que encuentres la calma.

Un día decides, será aquí en la Peña,
que ponga mi canto junto a mi bandera.
Son años de lucha, son años de hacer,
la patria que espera volver a nacer.

Desde la vuelta a Chile y el retorno a la democracia se dedica más al trabajo de la Fundación Violeta Parra; edita también dos discos de canciones inéditas (Lámpara melodiosa y Colores), más una antología y dos compilaciones con algunos temas inéditos (Poemas y Puras cuecas). En 2005 ganó la competencia folclórica del Festival de Viña con el tema "Cuecas al sol", interpretado por Camila Méndez. Entre los años 2004 y 2006 participó en el re-estreno del Canto para una Semilla, junto a Inti-Illimani histórico. En estos días Isabel Parra acaba de terminar grabar en Nápoles un nuevo disco titulado Con los pies en la tierra.

Imagen: La Jiribilla

Dicen los libros que una isla es un desierto
aprisionado por la fuerza de las aguas,
pero la historia ha demostrado que unos pocos
pueden cambiar las geografías solitarias.

Cuba ha estado en el corazón de Isabel Parra desde aquellos días en que la trova cubana se fundió al canto chileno. En los días de Allende por allá estuvieron nuestros trovadores Silvio, Vicente, Augusto, Pablo, Noel, Sara, y muchos otros llevando el aliento de la revolución cubana.

Eran los hombres que soñaban, que veían
toda la tierra convertida en poesía
del pan de todos, de la vida, la alegría;
eran los hombres que muriendo renacían.

Escuchando a Isabel Parra me asalta un día hermoso de febrero de 2004, durante la Feria del Libro. Por azares, o consecuencia, se me dio el privilegio de hacer un viaje a Matanzas con Isabel Parra, su hijo Antar y Gladys Marín. La Casa Editora Abril estaba presentando el libro La vida es hoy donde Gladys repasa su vida de incansable luchadora, al frente de las Juventudes Comunistas, al lado de Allende, o luego en el exilio agitando la voz de su pueblo, o entrando clandestina en Chile para organizar la lucha. Niurkita, la directora de la editorial en aquel momento, conociendo mi pasión por la canción latinoamericana, me pidió que la acompañara en aquel viaje. Ya Gladys estaba enferma pero dedicaba todas sus energías a expresar el amor de su pueblo. 

Imagen: La Jiribilla

Ciertamente flotaba por debajo de la amabilidad y el cariño hacia el pueblo cubano, debajo del canto de Isabel o la palabra  poética de la eterna combatiente, Gladys Marín, el aliento de la tristeza. Compartimos todo un día, estuvo también Vicente Feliú, recorrimos Matanzas, presentamos el libro, cantó la Parra. Mirando desde la distancia lamento no haber conversado más con ellas, me hubiera gustado preguntarle a Isabel acerca de Violeta, de Jara, a Gladys por tantos momentos de su abnegada vida; pude haberles hecho una entrevista, pero no me atreví a romper aquel encanto; aquellas mujeres iban dando alegría a los demás, pero cargaban con los dolores de su pueblo. Me limité a tomarles unas fotos, sin molestarlas; guardo especialmente una en que están sentadas en un contén, como dos sencillas mujeres que pasan ante uno en la vida cotidiana, quien no las conoce ni sospecha que en esa simple charla de dos amigas, gravita una buena parte de la historia de Chile, de la América nuestra.

Las observé en todo momento, a discreción, pero muy pendiente; especialmente cuando íbamos por carretera (esa Vía Blanca tan marina) sentí, no pocas veces, el dolor de sus silencios, o una mirada que se pierde ensimismada en el oleaje.

Imagen: La Jiribilla

Dicen los libros que una isla es un desierto
aprisionado por la fuerza de las aguas,
pero la historia ha demostrado que unos pocos
pueden cambiar las geografías solitarias.

Isabel Parra es la cantora sufrida por la lejanía del exilio, por su pueblo que se empinaba con el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende; sueño justiciero tronchado por un golpe militar fascista, como siempre orquestado desde el gobierno de los EE.UU. Hija de un símbolo de rebeldía, la cantora Violeta Parra, tuvo que salir de Chile tras el Golpe. Casa de las Américas, en la figura de Haydée Santamaría, fue apoyo pleno en todo momento. En esos años tan duros para Isabel, recibió una carta de Haydée fechada, el 17 de septiembre de 1975. En ella comparte penas y da aliento; esa Yeyé (como le llamaban sus compañeros cercanos): gran heroína de la Revolución cubana, que es apresada en julio de 1953 tras el asalto al Cuartel Moncada, testigo de los asesinatos de sus compañeros, que soportó la burla de los esbirros que acaban de torturar y matar salvajemente a su novio Boris Luis Santacoloma y su hermano Abel Santamaría; esa Yeyé, cargando en su alma tantos hermosos jóvenes caídos por la mano del odio, se tragó ese dolor colosal y lo convirtió en obra incesante, en ternura, en el canto auténtico del arte de nuestros pueblos; arte por la memoria, por los caídos, por los que vienen.

Imagen: La Jiribilla

¡Qué gran mujer de la América Nuestra! Solo esa entrega total, humanista, pudo estirar su existencia, hasta que su alma, de crecer acunando en silencio tantos amores muertos no pudo soportar más. En aquella carta a Isabel Parra, Haydée está viendo sus penas repetidas en aquella muchacha y saca fuerzas de esa experiencia para dar aliento:

“…La vida te ha impuesto algunas tareas no solo como luchadora, sino como mujer y si haces el gran esfuerzo y cumples las dos, tendrás tu recompensa, llegará el día que sientas que todo eso te ha hecho más fuerte, más buena, más comprensiva, mucho más humana, mejor comunista. Es dura la tarea, Isabel, pero no queda más remedio que empinarte un poco más cada mañana. No siempre es necesario hacerse mejor de esta forma, pero si la vida nos lo impone debemos saberlo aprovechar. Ten paciencia, sobre todo con Ángel, los hombres por educación de miles de años son orgullosos y hay veces que no encuentran la mejor salida, y aunque ellos no lo crean necesitan mucho de la madre, de la hermana, de una mujer. No conozco bien a Ángel, pero creo que debe haber habido casi siempre soledad en él. Es difícil para un muchacho salir adelante emocionalmente sin un padre a su lado y con una madre que estuvo por encima de la época que le tocó vivir; y después de haber pasado todo eso, cuando ya pudo haber madurado, también tocarle vivir lejos de la tierra, de la única y verdadera madre, la patria.

“Bueno Isabel, siempre digo que en estas cosas los consejos están de más, pero si no te los dijera, haría como con la despedida, no habría carta; y quiero que haya carta.

“Puedo decirte me siento bastante tranquila, veo estás encontrando lo mejor: la energía que tan necesaria es, el trabajo. Pero, recuerda siempre, que dentro de ese trabajo la mejor arma para ayudar a tu pueblo es tu voz en canción. Dedica algún tiempo a estudiar música, saca de todo ese dolor cosas hermosas, tienes talento y herencia. Eso es un privilegio que la vida te ha regalado. Cuántas veces hubiese querido cantar a la vida, a la lucha, al dolor, a los que ya no estaban, y si habría la boca solo salía un quejido.”

Fuera de casa cualquier amparo es solo alivio, y más cuando la lejanía deja atrás a compatriotas desgarrados por la tortura, por la humillación, por la impotencia, por la muerte. Un sueño ha quedado mutilado por la bota fascista y la distancia carga también un sin remedio, una lágrima eterna. Isabel se lleva a los suyos —ocultos o desaparecidos, o penantes— y los convierte en versos.

Escucho el lamento y la rebeldía que se funden en el canto de Isabel afluyendo desde el verbo encendido de José Martí arengando a sus hermanos desterrados desde una tribuna en Nueva York:

Vivimos entre sombras, y la patria que nos martiriza, nos sostiene. Con las manos tendidas, con la señal del cuchillo en la garganta, con los vestidos sirviendo de últimos manteles a los ladrones, comida hasta la rodilla — ¡hasta la rodilla no más!— de gusanos, la imagen de la patria siempre está junto a nosotros, sentada a nuestra mesa de trabajar, a nuestra mesa de comer, a nuestra almohada. Desecharla es en vano; ni ¿quién quiere desecharla? Sus ojos, como los ojos de un muerto querido, nos siguen por todas partes, nos animan cuando estamos honrándola con nuestros actos, nos detienen cuando nos sentimos tentados a alguna villanía, nos hielan cuando pensamos en abandonarla. ¡Cierra los ojos y parece que se cierra la vida! Queremos ir por donde nos manda el interés, y no podemos ir sino por donde nos manda la patria. Cuando el sol brilla para todos, menos para nosotros; cuando la nieve alegra a todos, menos a nosotros; cuando para todos menos para nosotros, tiene la naturaleza cambios y fragancia, —un aire sutil viene por sobre el mar, cargado de gemidos, a hablarnos de dolores que todavía no han logrado consuelo, de vivos que desaparecen en el misterio, de derechos mutilados, más tristes de ver que los mismos hombres muertos. El alma no duerme, ni sabe del día: ásperos, y como soldados sin armas, salen de la mente, llenos de vergüenza, los pensamientos. ¿Qué importa el sol? ¿Qué importa la nieve? ¿Qué importa la vida? La patria nos persigue, con las manos suplicantes: su dolor interrumpe el trabajo, enfría la sonrisa, prohíbe el beso de amor, como si no se tuviese derecho a él lejos de la patria: una mortal tristeza y un estado de cólera constante turban las mismas sagradas relaciones de familia: ¡ni los hijos dan todo su aroma! Aturdidos, confusos, impotentes, los que viven lejos de la patria sólo tienen las fuerzas necesarias para servirla.

 

Ni toda la tierra entera

Autora: Isabel Parra

Ni toda la tierra entera
será un poco de mi tierra.
Dondequiera que me encuentre
seré siempre pasajera.

Mi trabajo cotidiano,
mis estrellas, mis ventanas,
se convirtieron cenizas
de la noche a la mañana.

Puedo hablar, puedo reír
y hasta me pongo a cantar,
pero mis ojos no pueden
tanta lágrima guardar.

A pesar de lo que digan
no me olvido, compañero,
de que el pan que me alimenta
siempre será pan ajeno.

Quisiera estar en mi puerta
esperándote llegar.
Todo quedó allá en Santiago,
mi comienzo y mi final.

Si me quedara siquiera
el don de pedir un sí
elegiría la gloria
de volver a mi país.

Comentarios

La vida de los que cantan, la canción de protesta, importa tanto como su canto y la ignorancia nos convierte en dilusores de un potente mensaje de “bien que me doy cuenta como me estas matando, pero ya tengo mi canto que me esta salvando”
Agradeciéndote inmenso tan bonito documento, de Cuba vienen los vientos y también viene el aliento. Un mexicano pobre pero contento.

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato