Banda y arte lírico musical en el Teatro Martí

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba
Viernes, 19 de Septiembre y 2014 (11:57 am)

La idea de hacer coincidir este septiembre en la escena del Teatro Martí a la Banda Nacional de Con­ciertos y solistas del Teatro Lírico Nacional (TLN), más allá de consideraciones puntuales, hizo justicia a una razón histórica.

Al fundamentar el espectáculo, su director artístico Juan R. Amán resaltó la importancia que tuvo el co­liseo de Dragones y Zulueta, tardía pero felizmente rescatado por la Oficina del Historiador de la Ciu­dad y el infatigable Eusebio Leal, para el desarrollo de la escena lírica cubana; y recordó que uno de los íconos de esa manifesta­ción, el maestro Gonzalo Roig, fue el director por excelencia de la Banda.

Roberto Chorens, reconocido pe­dagogo y comunicador, al frente ha­ce pocos meses del TLN, abundó acerca de las posibilidades de colaboración entre su institución y la Banda, alianza de añejas raíces que debe ser retomada con todo rigor, con la inclusión del Coro del colectivo lírico, dirigido por la maes­tra Denisse Falcón, requerido de fo­gueo en estas lides.

El programa quedó estructurado en tres bloques: selecciones de arias operáticas famosas, con énfasis en Verdi, Puccini y Rossi­ni, páginas an­tológicas de dos de las tres más célebres zarzuelas cubanas —Ce­cilia Valdés, de Roig; y María la O, de Er­nesto Lecuona (solo faltó Amalia Batista, de Ro­drigo Prats)—, y un mues­trario de la cancionística cubana a base del propio Lecuona y Eli­seo Grenet, Cé­sar Portillo de la Luz, María Teresa Vera y Adolfo Guzmán.

Entre los solistas destacó la so­prano Milagros de los Ángeles, ver­­sátil y ajustada a las exigencias de Un bel di vedremo, de Ma­da­me Butterfly, de Puccini; el Sem­pre libera, de Verdi; la Canción de cu­na, de la Cecilia; y la Canción del amor triste, de Lecuona. Entre los más jóvenes agradó el barítono Eleomar Coello por su aproximación virtuosa al difícil Largo ad factótum, de El barbero de Se­villa, de Rossini.

Pero lo más estimulante fue ve­rificar la espiral ascendente de la Ban­­da Nacional de Conciertos, aho­ra bajo la batuta del joven maes­tro Igor Corcuera, y la pertinencia de las orquestaciones de Rafael Carter, lo­gros para tener muy en cuenta.

Fuente: Granma

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato