Música electroacústica en Cuba

Con historia y con mañana

El Laboratorio Nacional de Música Electroacústica (LNME), surgió en 1979, a partir de las iniciativas y el ímpetu creador del maestro Juan Blanco. Desde entonces ha sido, y hoy se esfuerza por continuar siendo, un núcleo promotor de apoyos para el ingenio, el talento y la creación vanguardista en tan particulares predios de la música.

Ahora, en el aniversario 35 de la institución, además de los festejos, se imponen también los recuentos como buena manera de seguir hacia delante. Por eso, La Jiribilla recibe en sus predios la voz de Enmanuel de Juan Blanco Hernández, actual director del LNME, con quien sostuvimos un amplio y variopinto diálogo. De orígenes, de planes diversos, y de mucho trabajo, se habla en estas páginas. 

Imagen: La Jiribilla

Hágase la electroacústica

Como no todo el mundo sabe a qué se refiere tan resonante término, lo ideal sería comenzar por definir un poco qué es la música electroacústica. Enmanuel nos explica:

“Cuando el movimiento comenzó en Francia, en 1948, se le llamó música concreta. Porque el material sonoro en el que se basaban los primeros trabajos, era obtenido desde sonidos ambientales, naturales, o de instrumentos convencionales. En una emisora de radio se utilizan tomas de grabaciones para efectos de puertas, chirridos, el viento, un tren, en fin, diversos efectos que se tienen en stock. Entonces los músicos comenzaron a trabajar con esas fuentes sonoras, mezclándolas para obtener diversos resultados.

“Más adelante, en 1951, en Alemania, se comienza a hacer este mismo trabajo de creación musical, pero la fuente sonora se obtiene de los primeros osciladores de audio. Este es un equipo que se utiliza para la reparación de aparatos electrónicos y que trasmite diversas señales. En 1956, un compositor llamado Karlheinz Stockhausen, un músico alemán, une ambas fuentes sonoras en una obra llamada El canto de los adolescentes, la que se considera la primera creación electroacústica.

“Como se ve, se hacía música con aparatos que no estaban diseñados para eso. En las emisoras de radio se adelantaba o atrasaba una grabación, para obtener frecuencias más graves o más agudas; se rompían las estrías de un acetato para lograr reiteraciones y determinados loops. Ahora luce un poco ingenuo y rudimentario todo eso, pero eran las posibilidades de la época. Por entonces no había sintetizadores, ni computadoras...”.  

Cuba experimental y sonora

Por supuesto, en tiempos de recuerdo, no es posible dejar de escudriñar en los orígenes del LNME. Enmanuel, además de su cargo actual, es hijo del maestro Juan Blanco. Por lo cual su narración trae muy cercanas reminiscencias. Pero también deja ver cuánto puede hacerse con deseos, y apoyos, para que germine y crezca una idea.

“Mi padre venía trabajando con el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), para hacer las bandas sonoras de unos materiales publicitarios. A través del comandante René Rodríguez, el Instituto le creó este lugar, donde hoy radicamos, en función de proporcionarle mejores condiciones de trabajo. No con la idea de hacer un centro de promoción cultural, o una institución para la música electroacústica, ni nada por el estilo. Era para ese trabajo. Así comenzó en el 1979.ç

“Pero ya en el 80, mi papá tenía un curso abierto para jóvenes estudiantes de Composición del Instituto Superior de Arte (ISA). Por ahí pasaron unos cuantos. Eso, además de los colegas que quisieran entrar en el trabajo de la música electroacústica. Llegaron entonces los nombres de Juan Piñera, Edesio Alejandro, Jesús Ortega, Roberto Valera, comienzan a trabajar y se acercaron al Laboratorio. Después el ISA abre un taller, a través del maestro Carlos Fariñas, el Estudio de Música Electroacústica por Computadora. Hoy se llama Estudio Carlos Fariñas de Arte Electroacústico Musical, y está también de aniversario, porque cumplen 25 años, surgió en 1989”.

El regreso de la primavera

Un importantísimo aporte del LNME estuvo en los festivales Primavera, de música electroacústica, con presencia internacional. Organizados inicialmente en Varadero, luego en la capital, nuestro país fue el único que logró articular con sistematicidad un evento de tal naturaleza.

“El evento surge en 1981, como el festival Primavera en Varadero. En aquella época, se circunscribía a la música electroacústica de concierto. Pero se creaba un ambiente muy íntimo entre los participantes, cubanos y extranjeros.

“Recuerdo, por ejemplo, que Juan Blanco diseñó unos espectáculos de multimedia. Por entonces, en ese festival participaban artistas de muchas manifestaciones. Y estos espectáculos se hacían en la arena de la playa, frente al Hotel Internacional, con bailarines, con estudiantes de las escuelas de arte, que asistían al evento y eran los mismos actores. Muchas veces lo dirigió Roberto Blanco. Y la banda sonora era un montaje de Juan a partir de la música de todos los compositores participantes.

“Después de 1993 hubo una interrupción, por el Periodo Especial. El festival ahora como Primavera en La Habana, regresó en 1998, a partir de un proyecto autofinanciado, que propusimos a Alicia Perea mi padre Juan Blanco y yo, para hacer el festival en la capital. Así logramos hacer regresar el evento, ahora como Primavera en La Habana. Y fue una continuidad muy buena, vinieron toda una serie de personalidades, se logró hacer los mismos espectáculos, en la Plaza Vieja, en la Plaza de la Catedral. Hubo conciertos en la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís. Incluso eso propició que en el año 2010 se reuniera en Cuba la Asamblea de la Confederación Internacional de Música Electroacústica de la UNESCO.

“Finalmente, se dejó de hacer por problemas económicos. Y hasta este momento no ha habido el interés, o la voluntad, de rescatarlo.

“Sería bueno que este aniversario sirva de recordatorio a las autoridades para rescatar el festival Primavera en La Habana. Porque es un evento que se hace muy necesario. No sólo para motivar a nuevos compositores a acercarse a la música electroacústica, sino para ampliar los espacios de promoción de  estos géneros. Eso ayudaría a que Cuba recuperara posiciones que tuvo, de vanguardia, de un nivel elevadísimo, a la altura de países de gran desarrollo. Aquí fue el único lugar donde se hizo un festival periódico, y además fuimos vistos como un eje, un centro, con una capacidad y un poder creativo sorprendente”.

 ¿Electrodiscjockey?

Una figura que hoy se asocia a la vanguardia de la música electrónica en todo el mundo es la del discjockey o simplemente Dj. A pesar de que en Cuba todavía no hay una imagen del todo nítida a la hora de evaluar las capacidades creativas de estos artistas, el LNME ya ha dado pasos al respecto.
“ El Dj de hip hop, o los que acompañan a grupos de reggaetón, no son los mismos que atendemos en el Laboratorio. En nuestro caso, agrupamos Djs productores de música electrónica. Es ese artista que compone, dentro de distintos género como el chillout, el ambient, el house, el dance, en un espectro amplio.

“Durante muchos años, desde el 2004 hasta el 2011, el Laboratorio hizo todo un trabajo para identificar y promover a estos muchachos. Sobre todo en aras de educar a los especialistas, a los funcionarios de la cultura, en las esencias de este modo de crear música y sus diferencias. La imagen del Dj en Cuba se mezcló con aquel boom de discotecas que tuvimos y muchas personas vincularon el fenómeno de las drogas y el desafortunado final de ese boom, con la música y la labor de los Djs. Al final, con la colaboración del Instituto de la Música y el apoyo de Orlando Vistel, su presidente, hemos logrado que se cree un catálogo profesional de Djs productores de música electrónica.

“El Laboratorio tiene un estudio de grabación para que los Djs creen, hagan la masterización de su música, en fin. Y tenemos un equipo de producción que se encarga de los conciertos, de los eventos... Y tiene un proyecto artístico, que dirige el maestro Juan Piñera.

“Incluso, la mayor parte de los discos que graban nuestros artistas, se hacen con la colaboración y el apoyo del Laboratorio. Claro, no somos un sello discográfico, pero ayudamos a hacer esa música. Y hace dos o tres años el Festival Cubadisco incluye la categoría de música electrónica. Lo cual es un logro indiscutible y abre muchas posibilidades para este género”.

Hoy, como ayer, para mañana

Y del modo en que los cumpleaños traen las remembranzas, también es vital mantener bien despierto el presente. Solo así podrán hacerse realidad los caminos que llevan al futuro.
“El Laboratorio se concibió como un espacio de soporte tecnológico. Muchas veces, los compositores no podían disponer de los recursos, porque eran muy costosos. Ahora hay más facilidades para el comienzo del trabajo, para grabar en casa, pero aún así, la masterización, la edición, siguen

necesitando de tecnologías modernas y muy caras. El Laboratorio mantiene hoy esa misma razón de ser, de apoyo tecnológico, y como centro para la promoción, para la educación de los Djs y los compositores. Mantenemos los cursos, tenemos varios ahora mismo en funcionamiento, en colaboración con la Asociación Hermanos Saíz, y tenemos planes de abrir otros, y este año somos la sede de las clases prácticas de la Facultad de Composición del ISA, pues sus estudios están obsoletos del todo.
“Estas instituciones siguen en el mundo, aunque la tecnología se ha hecho más asequible, se han diversificado los géneros. Y aquí proporcionamos profesores, maestros con experiencia, que pueden aportar mucho a los jóvenes, esos artistas que están en desarrollo y que reciben una formación de un nivel que no pensaron nunca encontrar.

“Además hacemos una labor promocional, de difusión, nacional e internacional,  además de mantener la coordinación y los enlaces con las instituciones homólogas de diversos países. Tenemos conciertos próximos con compositores suizos, españoles, en fechas venideras de octubre y noviembre. Y se mantiene el intercambio y la participación nuestra en concursos y otras actividades. En dos palabras, seguimos trabajando”.

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