Un completo Carlos Fariñas

Eyder La O Toledano • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía del LNME y tomadas de Internet
 

Sin duda, Carlos Fariñas (1934-2002) fue un hombre multifacético, plural desde el punto de vista musical. Fue un músico si se quiere iniciático, innovador, investigador, insatisfecho, al punto que no encontró una definición cabal, acerca de qué es música; porque él, hombre dotado para esta expresión del arte, llevaba en sí, muchos sonidos y silencios, por lo cual le era imposible encasillarse en un concepto que él entendió inabarcable.

 “La música electroacústica o la música hecha por computadora es y tiene que ser ante todo, música. Ahora, ¿qué quiere decir eso? Yo nunca me he atrevido a sumarme a las definiciones de “música”, porque siempre me han parecido muy limitantes y nunca he encontrado una definición que me satisfaga plenamente, por lo que me es muy difícil también definir qué es para mí la música electroacústica o la música hecha mediante una computadora”.

Así lo corroboraba Fariñas en una entrevista concedida a Rubén Hinojosa Chapel y Clara Cabrera Valdés, el primero uno de sus primeros compañeros de labor en el universo de la música con computadora y en alguna medida un discípulo.

Imagen: La Jiribilla

Es precisamente en esa avenida de diodos, sintetizadores, máquinas que es la música electroacústica que Fariñas suma uno de los méritos más trascendentales dentro del corpus sonoro de la Isla. Autor de significativas piezas entre las que se destacan Corales (1972); Madrigal, obra de gran elaboración realizada con multimedia acompañada por textos de Miguel Barnet hechos para la composición y una selección de la flora del artista de la plástica Luis Martínez Pedro (1980); Aguas territoriales, un homenaje a la serie homónima de Martínez Pedro (1983); e Impronta (piano, con cuatro percusionistas y cinta magnetofónica) (1985).

Concertgebow, una pieza estrenada en Ámsterdam y que paseó por escenarios de EE.UU., la sala José Félix Ribas de Caracas, Venezuela y en el Mozarteum, de Austria con aprobados reconocimientos del público y de la crítica, según dan cuenta las publicaciones mostradas por su esposa Ela Egozcue, quien se ha convertido en fiel albacea del patrimonio del artista y profesor.

Buena parte de sus obras tuvieron como nido de creación el Estudio de Música Electrónica y por Computadora (EMEC), abierto el 7 de septiembre de 1988, en el Instituto Superior de Arte (ISA). Un espacio, actualmente lleva su nombre, cuya creación fue resultado de su persistencia, dedicación y amor por la música, sentido de renovación y de querer colocar a Cuba en los lugares cimeros de la electroacústica en el mundo, a partir de una sólida formación de los alumnos de esa manifestación.

Imagen: La Jiribilla

Ela Egozcue también subraya que la conformación del EMEC tiene tres objetivos esenciales fundamentados por Fariñas: docencia, investigación y creación con tecnología electrónica, que se articulaba con los planes de estudios de computación que Fidel Castro impulsó a partir de mediados de la década del 80.

Con tal finalidad el incansable creador recorrió varios países donde aprehendió y ganó experiencia en el campo de la electroacústica durante la década del 70 cuando ya perfilaba el EMEC. Carlos Fariñas hizo estudios en Italia, de la mano del músico Luis Ginono; en Polonia y en los conservatorios de Moscú y Leningrado hoy San Petersburgo, en la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, lugares donde se enriqueció de un caudal de conocimientos y experiencias, que unido a su talento musical resultaron un buen maridaje y piedra angular para la conformación del proyecto, hoy una realidad.

Según palabras de Egozcue “en el 1982 él elabora los primeros proyectos para crear el estudio y en el 88 es aprobado por la comisión de especialistas del Ministerio de Educación Superior (MES), entidad que brinda el primer apoyo material. También llega una asignación sugerida por Fidel, a la que le sigue otra de manos de Armando Hart, a la sazón Ministro de Cultura, y la otra mano cooperativa provino de Alicia Perea, quien fungía como directora del Instituto Nacional de la Música”.

Imagen: La Jiribilla

Carlos Fariñas y Juan Blanco, pioneros de la música electroacústica en Cuba
 

Entre las primeras figuras que se incorporan al EMEC está Roberto Valera, y el entonces joven licenciado en computación Rubén Hinojosa. Del Estudio salen las primeras ideas para realizar las investigaciones que concluyeron en la elaboración de los software bajo los nombres: Música fractals y Orbis musicae, ambos programas para la creación musical.

“Con el primero Fariñas crea la obra Cuarzo: variaciones fractales, y con el segundo, compone Orbistas electicas. Ambas fueron mecanismos para darle validación a los programas. Simultáneamente trabajó con la colaboración de otros especialistas, el maestro de arte polaco y que fuera ingeniero de sonido de la EGREM, Jelzy Bls, y el ingeniero Enrique Fernández”, rememora.

La facultad de música del ISA fue quizá su espacio más sagrado luego de su casa y la familia, a ella se dedicó por entero en la formación de músicos y específicamente a la búsqueda de soluciones profesionales para fortalecer los programas de enseñanza de la manifestación en el país y todo el proceso de creación que la conforman, como especialistas en sonidos, compositores.

Fariñas creó las especialidades de Musicología y Dirección de sonidos, la primera en colaboración con Argeliers León y la segunda con Enrique Fernández y Jelzy Bls. En ambas contribuyó con el diseñó de los planes de estudios de las carreras.

Sin descuidar ni un instante su dedicación a la música electroacústica y a la importancia que desempeñaría a partir de entonces el EMEC, Fariñas crea el Primer Taller de Música Popular y Arreglo, con la notable presencia de Armando Romeu. En ese contexto dejó elaborado el proyecto para hacer un estudio latinoamericano de música con auspicio de la Unesco.

A la par de este trabajo creativo e investigación, Carlos promueve la realización de clases, conferencias y talleres de destacadas figuras internacionales de la música electroacústica en el ISA, algunos de los conferencistas fueron Luis Ginono, Peter Schat, de Holanda; Wlodzimiersz Kotonski, de Polonia; Ramón Barce, de España; Giusseppe Di Giugno, físico, jefe del Centro de Electroacústica del IRCAM, en París, y creador de varios procesadores electrónicos (máquinas digitales que devinieron en el sistema 4x, la primera enteramente dedicada a la música digital); Sylviane Sapir, científica y músico francesa del IRIS, Instituto de investigación del grupo Bontempi Farfisa, especialista en informática musical y co-creadora del procesador Mars, uno de cuyos equipos fue donado al ISA.

También Len Chiller, de EE.UU., músico, tecnólogo, creador de uno de los primeros lenguaje musicales por computadora; Max Mathews, físico, músico y profesor de la Universidad de Stanford; Mariano Etkin, de Argentina; Alfredo Rújeles, de Venezuela; Marlon Nobre, de Brasil; Nicola Sani, compositor italiano y miembro de la sociedad informática de Roma, figuraron entre las selectas personalidad que contribuyeron con la dedicación y persistencia de Fariñas a que Cuba diera el gran salto en el universo de la música electroacústica. Se trataba de una pléyade de nombres que se ubicaban en su momento entre los de mayores referencias en ese sentido.

Como resultado de los encuentros, los obstinados estudios y la voluntad de involucrar a los estudiantes y colegas en el proceso de experimentación de la música electroacústica, del EMEC comienzan a salir las primeras obras compuestas por profesores y discípulos.

Creadores como el maestro Roberto Valera, por ejemplo, legaron piezas iniciáticas como Ajiaco, en 1989; Almas, en 1991; Ultimátum; periodo espacial, de 1993; Loa del camino y Las sombras no abandonan. También aportaron obras Ileana Pérez, con Crisálida, el mismo Rubén Hinojosa con Desde el jardín del tiempo y El camello; Carlos Puig, Stealing; Bárbara Llanes, Éxodos, lo que hasta la actualidad constituye una larga lista.

La intensa obra musical y académica, además de su rol de explorador incansable en el anchuroso camino de la música electroacústica cubana, convierten a Carlos Fariñas en un hombre de referencias cuando de especialización se trata.

Es, sin duda, una de la figuras significativas, sobre todo por su calidad de pionero, sus aportes como compositor, su persistencia y la constante búsqueda para que la realizada en Cuba, con sus particularidades, gozara de universalidad, no por azar fueron “invención” suya los Estudios de Música Electrónica y por Computadora del ISA, una fórmula probada en países de gran desarrollo tecnológico, pero adaptada al contexto cubano y sus características singulares,  que ha favorecido desde entonces el conocimiento y la formación de los músicos de la Isla.

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