Entrevista con Jesús “Aguaje” Ramos

“Los músicos estaban aquí”

Eyder La O Toledano • La Habana, Cuba

Fotos: Roberto Ruiz

“El Buena Vista Social Club es el niño que crié”, así confiesa Jesús “Aguaje” Ramos, un trombonista que dirige el afamado proyecto Buena Vista Social Club. Él lo dice con orgullo, un orgullo que se traduce en sentido de pertenencia; hay cierto aire pretencioso en sus palabras por aquello de comandar una institución que, desde su surgimiento, ha paseado con calidad los ritmos tradicionales cubanos por el mundo.

Imagen: La Jiribilla

Hace una retrospectiva de los logros del proyecto en cuanto a discografías, presentaciones en escenarios de relevancia en el mundo y el haber “rescatado” lo más tradicional de la música cubana. “El Buena Vista ha contribuido al prestigio de nuestra música, hay un público en el mundo que ha llegado a conocer como suena Cuba por la orquesta”, dice.

Nacido en San Luis, Pinar del Río, Aguaje, como más se le conoce es un hombre que deja lucir campechanía y confiesa que la música es para él una mujer, una pasión que despertó a temprana edad, se impuso a imponderables para hacer realidad el sueño de ser artista.

“No puedo decir que soy un músico de academia. Aprendí a tocar en la adolescencia. Cuando tenía 12 o 13 años recibía lecciones de música y del instrumento con el trombonista Mateo Gutiérrez, en una pequeñísima academia de barrio. Al mismo tiempo trabajaba en un taller de mecánica e iba a la escuela.

“Ya de adulto, en La Habana, y de las manos de Generoso Jiménez, arreglista del Benny Moré, que conocía de mi interés por aprender más, me lleva a casa de Linares, entonces profesor de la Escuela Nacional de Arte (ENA), este me pone a tocar unas lecciones, dijo que me oía muy bien, aunque técnicamente no, porque hacía giros innecesarios, pero que si me enseñaba, me deformaría la sonoridad”.

¿Por qué el proyecto toma el nombre de Buena Vista Social Club?

En el barrio Buena Vista, en Playa, había un club social de negros, donde iban a tocar diferentes conjuntos. Hoy es una casa de vivienda, queda por 31, dicen los vecinos que hasta hace poco estaba la tarja que la señalaba.

El nombre del proyecto sale de un danzón nombrado así, compuesto por Coralia López, hermana de Cachaito, dedicado a esa sociedad. Ese tema fue de relleno para el primer disco. Así surgió el nombre del proyecto, pegó, nos gustó, además de que hacía honor al club social que llevaba el nombre del barrio.

Varios de los integrantes fundacionales ya no están, ¿qué has hecho para mantener la misma línea sonora?

Hemos tenido en cuenta varios aspectos para escoger a los músicos; primero, que les guste tocar los géneros tradicionales de nuestra música cubana; segundo, que sean excelentes intérpretes, y tercero, que sean buenas personas.

La selección fue rigurosa y ha valido la pena. Los actuales músicos respetan la impronta que dejaron los viejitos, por ejemplo, por Orlando “Cachaíto” López está Pedro Pablo, un buen guitarrista que ya tenía experiencia con Richard Egües; por Rubén González en el piano está Rolando Luna, un joven pianista que es un buen conocedor de todos los géneros, se desenvuelve muy bien con el jazz y todos los ritmos cubanos, es muy integral, además respeta todo lo que hizo Rubén; la inolvidable voz de Ibrahim Ferrer hoy asume ese liderazgo vocal Carlos Calumba, magnífico sonero, tiene toda la gracia y sabrosura de los cantantes de son; por Roberto García en el bongó está Alberto Hernández (“la noche”, como le decimos), por la guitarra de Manuel Galbán, vino Papi Oviedo, pero con el tres e Idania Valdés, una muchacha que siempre estuvo en los coros de Ibrahim Ferrer, muy buena como intérprete.

Dicen que fueron “descubiertos” por Ry Cooder, ¿qué consideras del término y cuánto de provecho es para la música cubana Buena Vista Social Club?

Ellos no descubrieron nada, los músicos estaban aquí. Lo que no hubo fue una cabeza pensante en Cuba, que los rescatara y acogiera. Ry Cooder sí le interesó, por eso es que sale el proyecto. Los miembros originales todos conformábamos el Afron-Cuban All Stars, que dirige Juan de Marcos González. Nos fuimos de viaje a Londres, Reino Unido, donde ofrecimos dos conciertos, es cuando me dice Juan de Marco, ¿puedes dedicarte a trabajar con los viejitos? Le digo que sí, y es como sale el grupo pequeño liderado por Rubén González, él al piano; Ángel Terry en las congas; Ibrahim Ferrer, voz; Armando Valdés, percusión; Roberto, bongó; Cachaíto López, contrabajo; Manuel Galbán, guitarra, y yo, “Aguaje”, en el trombón, voz y dirección.

¿Estos nombres y personas fueron los fundadores del Buena Vista Social Club?

Sí, todos los que estuvimos en el concierto de Ámsterdam en 1998 y el del Carnegie Hall, en Nueva York, los que participamos en la película de Wim Wenders, incluimos a Omara Portuondo, Compay Segundo, Pio Leyva, Raúl Planas, Manuel Licea “Puntillita” y Eliades Ochoa, todos somos miembros fundacionales del proyecto Buena Vista Social Club. Yo dirigí las agrupaciones de Rubén González, Ibraim Ferrer y Omara Portuondo.

Se comenta que se despiden. ¿El Buena Vista Social Club tendrá fin?

No por ahora, incluso, no lo creo. Habrá continuadores, siempre habrá alguien que defenderá las raíces nuestras: el danzón, el son, el bolero, el chachachá… Como Buena Vista hemos aportado un granito a la preservación de la música tradicional cubana. Haremos varias giras hasta el 2017, pero los proyectos seguirán, Barbarito Torres, le interesa hacer música campesina; Idania Valdés, le interesa el filing, y yo tengo necesidad de hacer mi música, cada uno de ellos son Buena Vista Social Club.

Imagen: La Jiribilla

Precisamente, el Buena Vista surge en Cuba en un momento que las orquestas de música cubana apostaban y apuestan por otras fórmulas de hacer bailar, por ejemplo, la timba.

En Cuba se reían de nosotros al principio, incluso directores de orquestas, porque hacíamos música tradicional, no tenían en cuenta que estábamos defendiendo nuestras raíces. Creo que el surgimiento del proyecto en ese momento fue necesario, un respiro para nuestra sonoridad eso fue lo que impactó en el mundo.

Comparado con ellos es usted más joven y asumió la responsabilidad de dirigirlos y actualmente se mantiene como el líder del proyecto Buena Vista Social Club, ¿quién es Aguaje dentro de la música cubana?

Un hombre que ama la música cubana infinitamente y toda la música en sentido general. Un trombonista que se fue abriendo caminos con esfuerzo y estudio. Te reitero, soy muy estudioso y gracias a eso he llegado a donde he llegado; además, todo lo he hecho respetando a mis compañeros.

Ha pasado el tiempo, ya es un proyecto que, desde sus inicios se granjeo un nombre, que no lo ha logrado una agrupación cubana en el exterior en tan poco tiempo, qué ha significado para usted asumir esta responsabilidad.

Fue un gran reto, dirigir esas personalidades, hablo de, Ibrahim Ferrer, Cachaito, Manuel Licea “Puntillita” y un hombre como Rubén González, considerado una autoridad en Cuba en el piano, él pasó por la sinfónica. Estar frente a ellos fue una responsabilidad, soy una persona con idea fijas y de luchar, me di a la tarea de estudiar bien cada cosa, cada partitura, cada género, ver cómo ellos se desenvolvían, gané en experiencia y conocimiento al tenerlos, gracias a la ayuda que me dieron logramos seguir adelante.

¿En Cuba dónde se presenta, como los cubanos pueden disfrutar del Buena Vista Social Club?

Nos presentamos en el café cantante del hotel Cohíba tres veces a la semana. También trabajamos en Varadero, principalmente en temporada alta, y hacemos conciertos didácticos en las escuelas de arte. Pronto estaremos en el conservatorio Caturla trabajando con ese fin.

Tienen muchas presentaciones en el extranjero y bastante trabajo dentro de Cuba, cómo es un día del calendario de “Aguaje” y su gente.

Estudio mucho para estar bien preparado. Tengo por rutina hacerlo todas las mañanas hasta casi las 12 del día, además, reviso el repertorio, porque siempre lo actualizo con temas nuevos. En las tarde ensayo con el grupo, desde las 2:00 p.m. hasta las 4:00 p.m. y a las 9:30 p.m., comenzamos a trabajar hasta la media noche. O sea, no hay descanso.

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