El Guajiro Mirabal:

“Dejaré de tocar cuando ya no esté”

E. Toledano • La Habana, Cuba

Fotos: Roberto Ruiz y Eyder La O Toledano

 “Aquel día que tocamos en Nueva York (Carnegie Hall), el teatro estaba repleto. Fue un impacto muy grande, eso estaba repleto de gente, y cómo aplaudían. La ovación más grande fue cuando salió Rubén González al escenario, la gente no se cansaba de aplaudirlo y aplaudirlo. Ibrahim, Rubén, Compay y todos los demás fuimos rescatados por el Buena Vista. Todos le debemos mucho al grupo, todos los que estamos aquí”, así rememora Manuel Mirabal Vázquez, “Guajiro”, sus primeras andaduras con el Buena Vista Social Club.

Imagen: La Jiribilla

Conocido como el Guajiro Mirabal es el trompetista de una de las agrupaciones más universales que ha dado la música cubana en la actualidad. También uno de los pocos ancianos rescatados, como así él lo define, del ostracismo gracias al Buena Vista, y que para suerte nuestra todavía se mantiene activo. Su trompeta y sus composiciones ya son un patrimonio dentro del proyecto visualizado por Juan de Marcos González y Ry Cooder.

Y es que el Buena Vista marca un antes y un después en la vida del Guajiro, un hombre que desde un primer momento resultó una pieza decisiva en la gracia sonora de la agrupación. Su trompeta ya había sonado en importantes ensembles de la música popular cubana como las orquestas Riverside, bajo la batuta de Tito Gómez, y Rumba Habana; aunque su mayor estancia la hizo en los cabarets Tropicana y Parisien.

“Tito Gómez fue quien me puso el apodo de Guajiro cuando yo tocaba en la Riverside, eso fue por 1960. Él me preguntó, «de dónde eres», y yo le respondí, «de Melena del Sur». Entonces me dijo: «pero si tú eres un guajiro», y ahí se me quedó, ya sabes cómo son las cosas y más en una agrupación, desde entonces soy Guajiro Mirabal y así me he dado a conocer en el mundo con el Buena Vista”, comenta de manera jovial, como si fuéramos viejos conocidos. Mirabal es un músico con fama, con reconocimiento mundial, sin embargo, no ha perdido la humildad de ser un hombre de la tierra.

En su acogedora casa de Marianao, una mañana de lunes, entre un ensordecedor ruido de barrio, una atmósfera cargada de voces y cláxones de carros transcurre el diálogo. El Guajiro, zigzaguea entre las palabras, las ideas, como queriendo hilvanar cada cosa para no dejar algún aspecto que considera interesante, como sus inicios en la música.

“Comencé en Melena del Sur, mi pueblo natal, estudiaba con mi padre, se llamaba Luis Mirabal Mirabal, él era director de la banda municipal. Él me enseñó solfeo, pero no me pudo enseñar la técnica de la trompeta, porque tocaba el saxofón y el clarinete, pero sí me enseñó cómo colocar el instrumento, la posición de las notas, luego yo seguí solo y es como llego a la trompeta cuando tenía 18 años”.

Los inicios musicales en su natal Melena del Sur constituyeron el preámbulo de una profesión que confiesa le apasiona, “si volviera a nacer sería músico”, y a la que se ha dedicado en cuerpo entero. A su padre le agradece cada lectura de pentagrama, cada nota robada por su persistencia, pero también por darle la posibilidad de escoger salir de casa a probar suerte en la capital, donde llegó muy joven con ilusiones de convertirse en grande, pues no se conformaba con la idea de tocar solo para ganarse el pan. Buscó aquí y allí, ya dominaba el saxofón y el clarinete, pero la trompeta se avecinaba como una deuda, su ideal de instrumentista, hasta que la hizo suya. Desde entonces la música popular bailable fue por opción, oportunidad y gusto, la expresión preferida de canalizar sus dotes de trompetista.

“Fui fundador del conjunto Rumba Habana y estuve tres años tocando con Lino Borges, Armando Romeu, en el Parisien. También, y fue a la que más tiempo le dediqué, estuve en la  Orquesta Show de Tropicana. En el cabaret hay que tocar bastante y de todo. Vengo de ese mundo, es muy rico, como músico aprendí a tocar todos los géneros de la música cubana y muchos más.

Imagen: La Jiribilla

“Yo soy de los primeros integrantes del Buena Vista Social Club, fui de los primeros que llamó Juan de Marcos González, el director de Sierra Maestra, él se dirigió a mí y me propuso tocar en el proyecto. Él fue el encargado de agrupar a todos los músicos que iniciamos: Cachaito, Ibrahim, Rubén…, pero yo era el único trompeta. No sé por qué Marcos se fijó en mí, sé que le gusta como toco. En ese momento yo todavía estaba en Tropicana y al poco tiempo me jubilé”, dice.

A sus 81 años cumplidos dice no sentirse cansado: “A mí me gusta la música, por eso la  estudié y me ha dado buen resultado. No quiero retirarme jamás, dejaré de tocar, como mis compañeros del Buena Vista, cuando ya no esté”.

Una larga carrera musical, varias agrupaciones de renombre en el panorama popular bailable de Cuba; noches y madrugadas sacando notas al aire bajo el desnudo cielo de Tropicana, aún así el Guajiro Mirabal confiesa sin ambages que el Buena Vista Social Club ha significado en su vida “una gran escuela. Me he codeado con buenos músicos, de los mejores en Cuba, empezamos hacer giras por importantes escenarios del mundo. El Buena Vista ha sido la agrupación que más ha prestigiado a Cuba en el extranjero, porque le abrió las puertas a muchas orquestas cubanas en otros países, como dijo en cierta ocasión Issac Delgado”.

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