Colección Espiral: pequeñas grandes joyas

Estrella Díaz • La Habana, Cuba

De los 30 libros soñados, hasta el momento solamente seis han sido publicados y aunque la cifra no es abultada, hay que ponderar el empeño de la Colección Espiral y, sobre todo, valorar la trascendencia e impacto que tiene este tipo de literatura para los interesados en acercarse a la vida y obra de un grupo de creadores de las artes visuales contemporáneas cubanas.

Imagen: La Jiribilla

La novedosa iniciativa se hace realidad gracias al Convenio Cuba-Venezuela y al interés de Ediciones Arte Cubano, de conjunto con el Consejo Nacional de las Artes Plásticas (CNAP), y un pequeño grupo de especialistas que forman parte del mencionado sello editorial que dirige Isabel María Pérez y está conformado por Ana María Muñoz Bachs (revisión de estilo), Fabián Muñoz Bachs (imagen de la colección), Heidy Fernández y Kelly Núñez (diseño), Virginia Alberdi, Patricia Martínez, Analei Ibarra, Shirley Moreira, Deborah de la Paz y Patricia Martínez (edición).  

Cada monográfico de la Colección Espiralde apenas 94 páginas— incluye textos, dossier de obras representativas y cronología actualizada sobre el creador en cuestión, enriquecido con fotografías personales, caricaturas, recortes de prensa y otros elementos que contribuyen a comprender su producción. La selección hasta el momento está conformada por una treintena de nombres, 21 de los cuales corresponden a los Premios Nacionales de Artes Plásticas otorgados hasta hoy por el CNAP. De ellos, ya son una realidad tangible los monográficos dedicados a Alfredo Sosabravo, Antonio Vidal, Adigio Benítez, Raúl Martínez, Julio Girona y Rita Longa.

El de Sosabravo (Villa Clara, 1930) cuenta con cuatro enjundiosos textos; en el firmado por Carol Damian —titulado “Sosabravo, teatro de lo absurdo” se afirma que el maestro “se enorgullece en su inventiva, y una parte de su vida la ha dedicado a perfeccionar un único y original estilo que puede ser trasladado a otra diversidad de medios, sin perder en ningún momento su significado como forma y enigmática y personal de expresión”. 

Imagen: La Jiribilla

Por su parte Luciano Caprile —“De la poesía de la tela a la luminosa nostalgia de la transparencia”asegura que Sosabravo “recoge todas las herencias para hacerlas completamente suyas, para transformarlas en singulares imágenes que traduce sobre la tela luego de cargarlas de feliz, espontánea e impetuosa ironía”, mientras que el reconocido crítico cubano Alejandro G. Alonso en “Las tres dimensiones de Sosabravo”, subraya que “ha cruzado barreras, derribó tácitos límites interdisciplinarios para, en etapa avanzada de madurez, tentar otras opciones”. Por su parte José Veigas con sus reflexiones denominadas “La constancia, la humildad, la seguridad… en fin, Sosabravo”, afirma que “con plena certidumbre este creador pertenece a la estirpe de artistas que imponen un estilo irrepetible, y a pesar de practicar la humildad como principio de vida, su obra alcanza, por sí misma, el calificativo de clásica”.

Imagen: La Jiribilla

El monográfico Antonio Vidal (La Habana 1928-2013), agrupa tres textos y un poema; el primero de Orlando Hernández —“Aunque yo nunca fui al café Las Antillas”—, seguido por una entrevista de José Cid en la que, ante una pregunta, Vidal responde: “no importa la forma que escojas para expresarte, ninguna es mejor ni peor. Las tendencias no implican jerarquías, solo que en algunas uno se siente más cómodo, se mueve con más libertad, está más de acuerdo con su personalidad y su sensibilidad, se expresa mejor, dice más". Antonio Eligio, Tonel, con su trabajo “Antonio Vidal, absorto en su silencio”, confirma que es un creador “indiscutiblemente, ganado por la pintura pero además extendido al grabado, a la escultura y a las obras ambientales”, mientras que el ya desaparecido Rufo Caballero en su ensayo “Antonio Vidal, el astuto ardor del fuego lento”, deja en claro que “el artista genuino suele establecer una íntima y apretada empatía con su entorno, al cual tratará de estetizar indiscriminadamente, por mucho que este se resista con una desconcertante rispidez” y cierra el monográfico con el poema de Fayad Jamís, “Antonio, silencioso”, escrito en 1997, que en una de sus estrofas versa: “solo puedo decir que eres un raro explorador de la realidad”.

Imagen: La Jiribilla

Surnai Benítez, hija del pintor Adigio Benítez (Santiago de Cuba 1924-La Habana, 2013), tuvo a su cargo la elaboración del texto “El arte de Adigio: la parábola pictórica de un ideal social”, en el que plantea que “esta es también la lección que nos deja el magisterio de Adigio: la ética de quien se sabe fabulador de realidades y no se permite quedar atrapado en el tiempo, y la convicción del compromiso raigal del arte con la vida en pos de un ideal social”.

Imagen: La Jiribilla

El profesor Jorge R. Bermúdez centró su mirada en la vida y obra de Raúl Martínez (Ciego de Ávila, 1927-La Habana, 1995) quien “encarna, como pocos artistas cubanos, esa capacidad de renovación desde los más diversos presupuestos estéticos, tecnológicos  y de géneros, sin que por ello mengüen un ápice la originalidad y capacidad regeneradora de su poética visual. La causa de esta obra única y diversa haya, quizá, que buscarla en la propia naturaleza de su personalidad, indagadora, sin olvidar las particularidades políticas y sociales de la época en que le tocó vivir y crear, caracterizada por el triunfo de una revolución en demasía convulsa, cambiante y transformadora”.     

Imagen: La Jiribilla

Sobre Julio Girona (Granma, 1914- La Habana 2002), reflexionaron dos especialistas: Elisa Vega Dopico y Orlando Hernández; la primera en su trabajo “En pentagrama plástico de Julio Girona” puntualiza que los rasgos de esta personalidad enérgica, positiva, llena de humor, de excelsa cubanía y emprendedora, por sobre todas las cosas, en los caminos del arte, fueron desde los inicios debidamente reconocidos, entendiéndose, por supuesto a su consecuente impronta en el desarrollo de la plástica  nacional”, mientras que Hernández en “Sin título”, argumenta que Girona utiliza lo que cualquier artista. Un lápiz, un pincel, una pluma, tinta, óleo, pastel. Y telas, papeles. Aguarrás. Trapos. A veces unas tijeras. Goma de pegar. Y las manos. Los dedos. Los ojos (los de la cara y los del corazón). Y con eso pinta, dibuja, graba, hace collages, escribe”.

Imagen: La Jiribilla

El sexto monográfico corresponde a Rita Longa (La Habana 1912-2000) y atesora dos textos; el primero firmado por  Enma Álvarez-Tabío y titulado “Desde el jardín”; en él la autora enfatiza en que “a pesar de que las piezas más logradas de Rita Longa pertenecen a la pequeña y mediana escala, no dudó en exponerlas a la luz cruda cuando se lo pidieron o pensó que era necesario. Y esa rara generosidad en la entrega de su obra es una de las cualidades que la distingue como ser humano”. Por su parte, María de los Ángeles Pereira en “Las manos de Rita” asegura que “su obra abarcó más de dos tercios de la centuria pasada para el pueblo, que desde siempre fuera su principal destinatario, Rita Longa más que la escultora, es la escultura cubana. Y no anda desencaminada esa intuitiva homologación que revela, al cabo, el mayúsculo alcance de su itinerario”.

Y así, gracias a esos textos —todos de la autoría de reconocidas plumas— y a la muy inteligente selección de obras y fotografías se nos develan algunas pinceladas de la vida y la obra de estos seis grandes artistas cubanos. Pero lo más destacable y sobre todo aplaudible, no es lo ya hecho hasta el momento sino la voluntad de la Colección Espiral de continuar completando su catálogo: esos monográficos son en sí mismos pequeñas grandes joyas.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato