Oscar Valdés: el sentido del cine

Héctor Veitía • La Habana, Cuba

 

Ediciones La Memoria, sello editorial del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, prepara en estos momentos el libro Oscar Valdés: el sentido del cine, de Ana Busquets Fariña, con el que reafirma su vocación de rescate de los hechos y personajes que nos ratifican como cubanos, en este caso en el séptimo arte. Hoy les adelantamos el prólogo del volumen, a cargo de Héctor Veitía:

El tiempo se hace mínimo para abordar la tarea de recordar, reflexionar y ordenar los pensamientos para sentarse a escribir sobre Oscar Valdés y razonar sobre su obra y su persona ―entrañables para mí―, pues él, Humberto Solás y yo comenzamos juntos en el ICAIC. Éramos tres “novatos” de diferentes edades y personalidades disímiles, pero siempre unidos por lazos de amistad que ni siquiera ahora puedo explicar con claridad, pero que siempre existieron independientes del estatus que cada uno adquirió posteriormente y el camino que cada cual tomó. Era algo que siempre estaba latente y existía aparte de otros lazos y relaciones que cada cual fue adquiriendo con el tiempo.

Imagen: La Jiribilla

Así fue como hicimos Variaciones Humberto y yo; El retrato, Oscar y Humberto y también, Minerva traduce el mar. Esto fue el resultado inmediato de nuestras aspiraciones en el cine desde el punto de vista estético y temático, pues estos proyectos eran producto de las conversaciones que sosteníamos los tres con entera libertad, sin el temor de recibir burlas y de ser apabullados por los “grandes proyectos” y lanzamientos de directores que germinaban a nuestro alrededor. En aquella época todavía Humberto no estaba dentro de la producción, pues trabajaba en la revista Cine cubano y estas oportunidades hicieron posible que él pasara primero a la asistencia de dirección y posteriormente a la dirección.

Ese fue el Oscar Valdés que yo bien conocí junto con Humberto Solás. Su carácter y su temperamento no parecían nunca ajustarse a la imagen que comúnmente se tiene de un artista o de un intelectual, nada más alejado de su verdadera personalidad. Se acercaba más a lo que hoy llamamos una persona de low profile o “bajo perfil”, para distinguir a alguien que posee conocimientos y cultura y que no está demostrándoselo todo el tiempo a todo el mundo, pero que hace de estas cualidades un hecho cotidiano, orgánico y necesario para vivir, como lo sería comer o dormir, pulsando así el verdadero sentido y razón de la cultura para el ser humano.

Oscar solamente utilizaba estos conocimientos cuando era estrictamente necesario y funcional y los presentaba como algo de sobra conocido, que todo el mundo sabía y que él iba a mencionar una vez más. Y cuando lo hacía hablaba con pasión y entusiasmo, como si su decir fuera esperado de parte nuestra y devuelto con ese mismo entusiasmo e interés al interlocutor.

Sus conocimientos de pintura, literatura, filosofía, música, eran extensos y sabía llevarlos a la práctica, aunque no lo apreciáramos así en ese momento y pensáramos que todo aquello era algo quimérico, difícil de realizar, pero su persona, a veces con su presencia aparentemente estática, de alguna manera provocaba que estas cosas sucedieran de forma sorpresiva, con admirables resultados por parte de todos los que participaban.

Sucedía como con los famosos poemas de Bretón con palabras sacadas de un sombrero. Con Oscar pasaba lo mismo. Otra persona sacaba las palabras del sombrero y los resultados nunca eran iguales que cuando el poeta lo hacía. Exactamente igual sucedía con Oscar. Los colaboradores más variados se unían con estéticas diferentes para trabajar con él y todo resultaba de la manera en que él se lo había propuesto.

Recuerdo que era un apasionado conocedor de la obra de Oscar Strauss y me decía que él esperaba que toda la familia saliera a pasear para escuchar la ópera Electra, sin subir mucho el volumen pues los vecinos también protestaban. Recuerden que Oscar vivía en el barrio de Los Sitios.

Todavía me resulta sorprendente que se mantuviera siempre viva la conexión entre nosotros tres: Oscar, Humberto y yo, solo rota con la muerte de Oscar. Yo me enteré de su fallecimiento después que había sido enterrado, quizá sea por eso que siempre pienso en él como alguien vivo, alguien que simplemente está momentáneamente ausente y que en algún momento aparecerá de nuevo.

Como toda recopilación, considero que esta recoge muchos interesantes puntos de vista sobre el personaje abordado, aspecto que creo necesario en este tipo de publicación, sobre todo por ser Oscar una figura controvertida en muchos sentidos, como sucede con personalidades de “bajo perfil” a las que muchas veces no se sabe dónde situarlas, pues son figuras que desbordan o no encajan en los conceptos que tenemos comúnmente de ellas.

Imagen: La Jiribilla

Pienso que esta recopilación sobre la obra de Oscar Valdés ―más que merecida― se acerca mucho a esta imagen de la “figura elusiva” que muchas veces se nos escapa de Oscar, creando un amplio marco donde se perfila su estatura como cineasta y nos alienta a seguir más sus huellas para poder un día encontrarnos definitivamente con él y con su obra.

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