El mendigo

 

Y yo, tan solamente
un sol enflaquecido,
bajo el cual la ancha tierra
había cambiado de sitio las colinas.
Adonis

 

I

 

En el momento en que escribo este poema
tengo 29 años
tengo 29 años y un cuervo abre sus alas a mi espalda
solo 29 años y soy tan frágil ahora
que no soporto el peso de mi piel
29 años y estoy dentro de un juego de abalorio
         /camino
         /soy cuanto puedo ser
         /tengo conciencia
         /no me detengo a esperar
duele tanto remar
el peso de los remos
es como el de una cadena que se ahoga
y el agua no es una maldita circunstancia
el agua hasta los huesos evapora
también la muerte es un escalofrío
la noche derrama sus temblores
        /en el viento
y yo adentro de ella
soy un puente de arenas movedizas
ando sobre una cuerda
a punto de caer y fundirme con los arrecifes:
         /doce horas para morir
         /y doce para caer en la vida
paso a paso sobre el humo del tiempo
         /grito
         /me como el mundo por los bordes
         /pero el mundo también comadreja
el mundo me come por los bordes
estoy dentro del mundo
y el mundo está dentro de mí
no tengo vísceras
y no me tengo yo
a punto de ser mutilado por la mentira
llevo los ojos ciegos
y estoy en la pradera
días hay en los que soy la pradera
y estoy dentro de mí
         tengo 29 años
en el momento justo en que miro los ojos
        /de la vida
y solo encuentro el agua tenebrosa
soy una fracción de muerte sentada
        /sobre un vivo.

II

¿Qué son 29 años?
¡29 años qué pobre evidencia para un vivo!
29 años y sin embargo
¿de cuánta muerte he sido espectador?
también la vida es un escalofrío
qué pobre cosa
ese desnudo temblor sobre una aguja
he visto los caballos /juntos
como tirados por una misma madre
ese relámpago sobre cuatro hélices
los he visto pasar de un estado a otro
como pasar el agua puede
o como pasan también Dios
y las orugas
         /las orugas mueren tres veces
        /para ellas la vida es un aprendizaje
        /de la muerte
        y los hombres
¿qué somos sino orugas bípedas?
nuestra primera muerte
        /ocurre en la niñez
tengo 29 años
29 años y estoy a punto de mi segunda muerte
también la vida es un escalofrío
que huye /la búsqueda
de la belleza más pura
donde el hombre dialoga con Dios
         /frente a frente
uno muere cada día
mientras duerme y se despierta otros
porque el sueño perfecto no es
sino la perfección absoluta
ando por un andar de ciego
con los ojos clavados en las cosas
leyendo en ellas los signos
que me dictan su ser
estoy adentro de la vida
y la vida está adentro de mí
nos conjugamos /somos
          29 años
en el momento en que urdo
el frío de las horas
9 años y la vida es un espinoso puente que va
como en un sueño
un sueño de un no-ser a otros.

III

29 sablazos
29 años viviendo de esperanzas
que vivían de mí como parásitos
dentro de una granada
con la miseria al hombro/a punto de estallar
dentro de un lirio
que el casco de las bestias
y la soledad como un óxido corrompe
                                              así
por la pradera desolada
llevándome a mí mismo
viendo morir la vida a cada paso
                                             así
¿qué es todo este tiempo ido
sino un paseo por el sueño
         /una jugarreta circular?
¿qué es este andar a tientas
por el río de Heráclito
sino un mirarse en el espejo
         /y caer de rodillas
         /ante el pasado?
y sin embargo
la vida está en el mismo sitio
y yo de este lado cumpliendo un año más
como quién corta flores
sentado en la mañana
         /yo con la vida al hombro
         /yo con mi pan
         /yo con los hombros hundidos en la tierra
         /yo con los ojos en el bosque
donde la luz esparce como trigo la miseria
he vivido 29 años sentado sobre un lobo
                                             estoy aquí
ni vivo ni muerto
tengo manos con las que he dado la vida
/y he dado el no-ser
he visto las ciudades perderse en el polvo
la muerte es el graznido de un cuervo
/el grito de un cadáver vigilante
                                             estoy aquí
esta colina es un camino
un día también me compraré
unas rosas de Francia
con todos mis muertos al hombro
                                             ando
veo las casas transidas en los bajíos
         /hablo con Dios
         /y Él
         /me niega su respuesta.

IV

Yo nací un día de abril
un día de abril cuando la lluvia arañaba las tejas
que no eran tejas /y mi casa
más pobre que las lavanderas del Nilo
su rostro me volvía
toda casa es un escalofrío
y todo hombre una isla
estoy sobre el mulo de Lezama
          /un mulo y un mar de bocas negras devora mi costado
          /un cuervo se sentó sobre mi rostro
          /un cuervo blanco con cara de fantasma
he vivido 29 años /29 años ciego
29 años agarrado a la mano de la ausencia
isla soy /ella ordena mi vida
administra la tierra donde piso
toda casa es un escalofrío que regresa
soy lo que no soy
y lo que veo es lo que no veo
no tengo ojos
29 años con la cabeza
        /sobre una guillotina
        /que no
                         c
                         a
                         e
no tengo ojos y no me tengo yo
¿qué era mi casa?
¿de qué materia estaba hecha?
puedo pensar que nunca tuve casa
como no tuve nunca ser
          /sino apariencia
y sin embargo camino
sobre el susto de una bala perdida
como quien va a morir no sabe dónde
toda casa es un escalofrío /una sombra
rodeada de muerte por todas partes
y el hombre es un delgado hilo
en el centro del centro de la casa
29 años
sentado sobre el mulo de Lezama
cayendo siempre en el abismo
mulo por otro mulo arrastrado a la hoguera.

V

He aquí que el desierto
abrazaba mi casa
que se hundía como una cripta
adentro del silencio /mi casa
no parecía jamás una tumba
pues una tumba es algo
donde reposa el hueso de una historia
y el hueso de mi casa se borraba
como se borra una imagen
en la sala de un cine
cuando la luz se borra
mi casa adentro de una boca de lobo
yo en la casa /ciego
y por ella mordido
mientras veía pasar la vida ante mí
como el novio que siempre llega tarde
y el vacío lo encuentra
era invierno /siempre
un hombre no puede convivir con el invierno
sin que llegue a sentir cerrarse
como una garra sobre sus huesos
la mano de la nieve
una vez entré a la cocina
y me cocí a mí mismo
         /yo en una cazuela vigilado por Dios
         /esperando a que sus  manos intervinieran
         /y llegaran para multiplicar
         /panes y peces
era invierno y Dios adornó la mesa
como quién va a servir a sus amigos
y mi carne de joven dinosaurio de 29 años
perdido en otro tiempo
fue como una callada explosión
en el paladar del dios que era yo mismo
éramos yo y mi casa
parados frente a frente
          /ella y yo
poseídos de un extraño dolor
          /yo y ella
          /como duelistas
dispuesto cada uno a condenar al otro
a la existencia.

 

Ficha: Idiel Alberto García Romero. (La Criolla, 1980). Poeta y narrador. Ha publicado los libros de poesía Los días de mi muerte. Editorial Capiro, 2007; El jardín de las delicias. Editorial Sed de Belleza, 2010; Cementerio de sombras, Editorial Capiro, 2013. Textos suyos aparecen en las antologías Faz de tierra conocida, La calle de Rimbaud, y El árbol en la cumbre. Es miembro de la AHS y egresado del Taller de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Conduce el taller literario “Julián de Casal”. Ha colaborado con las revistas Umbral, Cómo, Guamo, Esquife, Hacerse el cuerdo, Viento y Marea, El Sacapuntas, Ariel, entre otras. En la actualidad se desempeña como Presidente de la Asociación Hermanos Saíz en Villa Clara.

 

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