De vuelta al pasado aterrador y al presente milagroso

Joel del Río • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía del ICAIC
 

Viaje al país que ya no existe, el más reciente documental dirigido por la actriz Isabel Santos y estrenado por el ICAIC, describe un doble itinerario de regresos, uno geográfico, al país de los anamitas, que ocupa la porción oriental de la península Indochina; y otro retorno más espiritual y emotivo, a la nación reducida a cenizas por el salvajismo de una guerra concluida a mediados de los años 70. Decenas de documentales memorables se han construido al modo de viajes cronicados o travelogues, pero el de Isabel Santos propone otras dos estrategias que amplían las limitaciones de este formato: legitima su visión sobre el pasado a partir de numerosos fragmentos cuidadosamente extraídos de cuatro documentales cubanos de los años 60 y 70, además de rendir merecidísimo homenaje al cinematógrafo Iván Nápoles, quien fuera el encargado de registrar las tremendas imágenes.

Imagen: La Jiribilla

Con una agenda tan compleja, y este conjunto de estrategias narrativas en mente, el documental de 42 minutos subordina, inteligentemente, tanto el viaje de regreso a Vietnam como las imágenes de archivo, a la evocación emocionada de Iván Nápoles;  cuya parquedad y emocionados mutismos resultan en ocasiones mucho más elocuentes que la obligatoriedad a que profiriera textos no siempre marcados por la espontaneidad o la sencillez. Porque la trascendencia del documental tiene mucho menos que ver con la profundidad o carácter informativo de los textos que le escuchamos decir al protagonista que con la auténtica habilidad del material para que el espectador se motive con estas visitaciones memoriosas de un célebre, y modesto, reportero de guerra, fotógrafo de excepción, capaz de atrapar en unas cuantas imágenes icónicas la tragedia de aquella guerra.

Respecto al proceso de construcción de un documental de complicada estructura, Isabel Santos ha dicho que le tomó mucho tiempo convencer a Iván Napolés para que  compartiera parte de su diario con el espectador: “Iván es un hombre especial con una sensibilidad increíble y con muchas cosas que contar. Escribí el guion junto a la periodista Arleen Rodríguez y presenté el proyecto a la embajada vietnamita en La Habana para conseguir financiamiento. Esperamos un tiempo y pudimos realizarlo. Viajamos entonces a esa tierra que me atrajo por su colorido y la sonriente hospitalidad de sus habitantes. El documental se basa en el relato de las vivencias y anécdotas de Nápoles como corresponsal de guerra junto al histórico fundador y artífice del Noticiero ICAIC Latinoamericano, en un contexto diametralmente distinto, que muchas veces le hizo llorar por las radicales innovaciones que percibió. De un país en blanco y negro que filmó, se encontró con otro lleno de color y vida, de un niño aterrado en un refugio que captó su cámara en Hanoi, martes 13 a un gozoso tropel infantil que le abrazó. Funciona como una suerte de tributo en vida— porque no soporto los homenajes póstumos— a este prestigioso camarógrafo que aún sigue activo con más de 80 años”.

Imagen: La Jiribilla

El viaje de Iván Nápoles conducido por sus recuerdos, por Isabel Santos y por la guionista Arleen Rodríguez Derivet, incluye, como se menciona antes, fragmentos de los documentales Hanoi, martes 13 (1965), 79 primaveras (1967), y Abril de Vietnam en el Año del gato (1975), los tres de Santiago Álvarez, y Tercer Mundo, Tercera Guerra Mundial (1970) de Julio García Espinosa. De modo que el filme deviene, indirectamente, loa no solo a la brillante expresión audiovisual del compromiso de los cineastas del ICAIC con la causa de los vietnamitas, sino también apología de la generosidad, el desinterés y la solidaridad que siempre caracterizó a los cubanos como pueblo. Porque en pasado y en presente, mediante las terribles imágenes del latrocinio o las estampas coloridas y turísticas de hoy mismo, adquieren dimensiones totalizadoras los vínculos de afecto entre muchas personas de ambas naciones.

Ese amor de los cubanos por Vietnam, el tremendo compromiso con las épicas conquistas  y también con sus triunfos en lo económico, lo político y lo cultural, fue uno de los móviles que impulsó a Isabel Santos a emprender este proyecto, verificado gracias al apoyo del ICAIC y el Ministerio de Información y Comunicaciones de la República Socialista de Vietnam. Al igual que en su documental anterior, San Ernesto nace en la Higuera, codirigido con el fotógrafo Rafael Solís, la actriz devenida realizadora, parte de un mito concreto, un recuerdo emocionado de su infancia (las imágenes en el recuerdo del Che o de la heroica lucha de los vietnamitas) para develarnos los matices de la supervivencia en el presente, porque ambos documentales intentan convencernos, y lo consiguen, que la muerte es mentira cuando el futuro continúa marcado por la impronta de aquellas utopías.

En el año 1975, o 1980, parecía un lema marcado por el idealismo positivista, e ingenuo, cuando los vietnamitas repetían la idea de Ho Chi Minh respecto a la reconstrucción del país, y convertirlo en un lugar diez, veinte, cien veces más hermoso. El documental comprueba, con el ímpetu de las hermosas imágenes hasta su mismo título, el absoluto cumplimiento de aquel sueño, y el espíritu de alabanza de los realizadores (Isabel, Arleen, Solís, el propio Iván Nápoles) respecto a los inmensos logros de una nación pequeña, con alrededor de 90 millones de habitantes, y considerada hoy uno de los países con más vertiginoso y ascendente crecimiento económico del mundo. Y tal bonanza se comprueba en las imágenes del documental, porque sus hacedores huyeron de la aproximación del reportaje colmado de cifras, para corroborar semejantes milagros a través de los ojos sorprendidos y emocionados de Iván Nápoles, quien comprueba, en varias ocasiones, el luminoso presente de aquellos escenarios donde gobernaban, 40 años antes, la destrucción y la muerte.

Imagen: La Jiribilla

Además de encontrarse últimamente enfrascada en la tarea de reactivar su carrera interpretativa en filmes de próximo estreno como La pared de las palabras, de Fernando Pérez; Vestido de novia, de Marilyn Solaya, o Regreso a Ítaca, de Laurent Cantet, Isabel Santos continúa demostrando que sus esfuerzos en el género documental trascienden el embullo ocasional de una persona inmersa en el mundo audiovisual, y con la posibilidad de practicar cierto intrusismo profesional que ella misma menciona con demasiada frecuencia. Paso a paso, despacio, una de nuestras mejores actrices viene demostrando que tiene mucho que decir, y hacer, en el mundo del documental y los resultados distan de la casualidad de quien practica oportunistamente un oficio que no es el propio. Porque a la célebre protagonista de Se permuta (1983), Clandestinos (1987), Adorables mentiras (1992) y Miel para Oshún (2001) le sobra instinto, responsabilidad y habilidades para construir, en paralelo, una segunda carrera como realizadora. Viaje al país que ya no existe es un aval para tener en cuenta.

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