Interludio, para unir generaciones

Thais Gárciga • La Habana, Cuba

Fotos: Dailys Arronde

Como preámbulo a la celebración del VI Festival Leo Brouwer de Música de Cámara, este jueves quedó inaugurada la exposición Interludio en el Centro Cultural Fresa y Chocolate, un homenaje a los 75 años de vida del maestro.

El virtuoso guitarrista agradeció a los amigos de muchos y pocos años allí presentes, entre los que se encontraban estudiantes y profesores de la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, autores de las obras exhibidas.

“Esta es una exposición necesaria para unir generaciones en un elemento común: la creación. Gracias de todo corazón por el cariño, sobre todo porque la pintura cada día es más escasa en Cuba y el mundo. El racionalismo del siglo XXI, del cual ya se ha hablado tanto, provoca algunos ismos de la cultura y el arte con una misión para mí equivocada, aunque yo los haya practicado en mi juventud”.

Al referirse a las coincidencias entre la música y las artes plásticas, señaló: “hay sonidos que se les llaman temas, y a otros inspiración, tienen una vida propia que uno tiene que intuir; lo mismo ocurre con la plástica, donde le llaman formas”. 

Imagen: La Jiribilla

Alrededor de 17 artistas de la plástica entre alumnos y profesores participan en esta muestra de 20 piezas en total, en las que la música y los elementos asociados a ella fueron su principal tema de inspiración, ya fuera un instrumento, un sonido o un intérprete.

La profesora Ketty Díaz, curadora del proyecto, comenta que al principio hubo cierta rigidez porque se daba a escoger una personalidad que participara en el Festival para que las obras se ciñeran a esta figura, luego eso se modificó un tanto, y tomaron expresiones sonoras en general que pudieran transmitir la esencia del evento.

Al estudiante Robin Sánchez, el argentino Fito Paéz le ha llamado siempre la atención, por lo que fue el cantautor sudamericano el eje del óleo “Me vi sin un vestido y un amor”, nombre que nace a raíz del tema “Un vestido y un amor”. La obra forma parte de una serie sobre detalles del cuerpo humano, en el caso de la obra expuesta tiene como protagonista a los pies.

La diversidad cromática y de estilos se aprecia desde la primera hasta la última pieza, en un espacio donde lo visual se transmuta en expresión sonora y adopta forma de micrófono con alas, de manos del profesor Jormay González, o en un violín de anatomía femenina, de David Abad Fernández.

Imagen: La Jiribilla

Las inquietudes individuales y el imaginario contextual de los artistas se develan explícitamente en cuadros como “La ironía del mito”, de Erick Márquez, dedicado a los chistes de pueblo. “La música es un elemento de apoyo, como estaba trabajando con lo absurdo intenté crear un caos y relacioné la obra maestra en música y teatro, con las obras maestras de construcción”.

Imagen: La Jiribilla

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