Pancho Céspedes

Entre gente de barrio

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba
Fotos: Yander Zamora

No le gusta decir que vive fuera de la Isla, sino que la muestra en México y otros lugares del mundo. Tampoco que la lleva en la sangre, pues es sangre suya, irrenunciable. Prefiere decir que ha estado de gira, que la gira se ha prolongado por más de dos décadas, que el regreso a casa, a la gente de su barrio, como llama al público de su tierra, es cosa natural. Así lo sintió él, Pancho Céspedes, y lo sintieron todos, en el transcurso de una noche grávida de buen gusto, sensibilidad y cubanía, que dejó inaugurada la sexta y última edición del Festival Leo Brouwer de Música de Cámara, en el teatro Karl Marx, de La Habana.

Imagen: La Jiribilla

La presencia del cantante y compositor implica varias lecturas. Una de ellas, la conjugación de amplitud y rigor de los presupuestos artísticos sobre los cuales el maestro Leo Brouwer y su compañera, la musicóloga Isabelle Hernández, han llevado adelante un Festival, en el que cabe legítimamente la canción popular. Otra, la factibilidad de acometer una dimensión espectacular de la entrega sin  concesiones al divismo, logro que se asienta tanto en la estructura y desarrollo del concierto por parte de su director general, Juan Pin Vilar y los músicos acompañantes, como en la propia visión del artista. Una tercera tiene que ver con la presencia misma de Céspedes en la escena, que deja atrás episódicos desencuentros y eventuales desaguisados, para afirmar algo esencial: un compartido y responsable sentido de pertenencia del artista y su público a partir de un denominador común: el compromiso con los valores espirituales de la nación cubana. Esto último no lo entenderán, al parecer jamás, los intolerantes y antipatriotas que desde el otro lado del Estrecho de la Florida, han atacado y pretendido descalificar a Céspedes por estar en el lugar donde ha querido estar.

Imagen: La Jiribilla

Por su inserción en la industria del espectáculo, Pancho Céspedes podría ser tomado por alguien circunscrito a la dinámica del pop más comercial, pero por su proyección artística no lo es. No sigue los patrones de la moda, aunque varios de sus temas, asociados a portadas y bandas sonoras de telenovelas mexicanas, lo hayan puesto de moda. Su distinción pasa por un modo de hacer, que lo vincula a la tradición de los trovadores y al ámbito del bolero que se entrecruza entre Cuba y México.

Satisfizo al público que se ha apropiado a lo largo de los años, y casi sin promoción mediática doméstica, de canciones incombustibles como “Donde está la vida” (con la que tituló su presentación), “Qué lejos” (vibrante declaración de la nostalgia), “Señora”, “Pensar en ti”, “Qué hago contigo” y la infaltable “Vida loca”, pero fue mucho más allá al entregar otras más recientes que prueban su madurez estilística y vital como “Por aquí, por allá” y “Esta noche”.

"Fue como una especie de resumen de su
arte poética y la confirmación de que
cada vez deberá ser,
como dijimos al comienzo de esta nota, más natural
y orgánica su presencia en la vida cultural cubana de nuestros días.
Esa madurez se hizo aún más evidente en el capítulo de los homenajes. Con una muy concentrada expresión y sumo respeto cantó a su aire, a veces desgarrador, “Alma mía”, de la mexicana María Grever, y “Adiós felicidad”, un clásico del filin de la cubana Ela O’ Farrill; abordó al antológico Armando Manzanero de “Esta tarde vi llover”, y, pensando y queriendo a Bola de Nieve, sorprendió a todos con la originalidad de su versión de “La flor de la canela”, de la peruana Chabuca Granda.

Anticipó la llegada de su único invitado de la noche al interpretar la exultante “Yo no te pido”, para dar entrada a su autor, Pablo Milanés, y asumir a dúo “La felicidad”. Pablo, quien le enseñó a Pancho a colocar las palabras en la canción, está de vuelta a los escenarios, con 71 años de edad, y luego de haberse sometido a un transplante renal.

Al cabo de casi dos horas y media, Pancho, a capela, entonó “Vida vida”. Fue como una especie de resumen de su arte poética y la confirmación de que cada vez deberá ser, como dijimos al comienzo de esta nota, más natural y orgánica su presencia en la vida cultural cubana de nuestros días.

Comentarios

Buen artículo. Solo que el periodista hace una afirmación que pudiera interpretarse de modo erróneo. Porque tiene razón cuando declara que "casi sin promoción mediática doméstica" el público se ha apropiado de las canciones de Pancho Céspedes. Pero también es cierto que quienes trabajamos en los medios cubanos no hemos sido los culpables de semejante olvido. La ausencia de "promoción mediática doméstica" se ha debido a la censura que se nos impuso durante años. Y Pancho Céspedes integraba la lista de los prohibidos. Aún hoy pertenece a la categoría de los "limitados".

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